Logo de VIII ASAMBLEA DIOCESANA
 
 

INTRODUCCIÓN


VIII ASAMBLEA DIOCESANA

Las Asambleas antecedentes

Las siete asambleas diocesanas que hemos celebrado, en el periodo postsinodal que llevamos transcurrido, han ayudado a marcar pasos importantes para la vida pastoral de la Arquidiócesis. Con justa razón el señor Cardenal Ernesto Corripio, en su momento, valoró la instauración de la asamblea diocesana como "una feliz iniciativa", porque es "la oportunidad de recibir la riqueza de los diversos sectores de la vida de la Iglesia local" (ECUCIM 4117). Igualmente el señor Cardenal Norberto Rivera siempre ha dado un lugar relevante a las asambleas que ha venido dirigiendo, acompañando e impulsando en beneficio de la pastoral orgánica en nuestra Arquidiócesis.

También los agentes de evangelización, en la medida en que van conociendo el significado de las asambleas, las van tomando como punto de referencia para distintos aspectos de su compromiso apostólico y, desde luego, particularmente para los planes de las diversas instancias de organización pastoral, en donde ellos trabajan.

Los ámbitos de renovación pastoral que, a partir del II Sínodo, han recibido un especial impulso por medio de las asambleas, se podrían esquematizar, desde mi punto de vista, de la siguiente manera:


a) La sectorización de las parroquias, como medio para la inserción en los territorios que ellas deben atender y para hacer más operativas sus acciones pastorales.

b) La toma de conciencia de la importancia que tienen los ambientes socioculturales como espacios concretos a los que debe llegar la evangelización.

c) El lugar prioritario que se va dando a los laicos, en la planeación y ejecución de las tareas evangelizadoras, así como en la consecución de su propia formación para que ellos puedan desempeñar la misión que les corresponde en la Iglesia.

d) El compromiso con la misión permanente, entendida ésta como un proyecto concreto que debe convertirse en la forma habitual de nuestra pastoral y que implica, fundamentalmente: la evangelización intensiva de los alejados, la renovación de los agentes y de las estructuras pastorales con espíritu misionero, y el fortalecimiento del proceso evangelizador con sentido catecumenal.


La reciente Asamblea

En la asamblea del año pasado nuestra reflexión avanzó a la luz de dos importantes documentos que, en verdad, nos han ayudado a ver con mayor claridad el nuevo horizonte que se abre, para afrontar los retos que se le presentan a nuestra Iglesia local, en su camino de nueva evangelización. Estos documentos son la carta apostólica del Papa Juan Pablo II, "Novo Millennio Ineunte" y el plan pastoral arquidiocesano para el 2001 del señor Cardenal Norberto Rivera, "La Misión Permanente en nuestra Iglesia Local".

En este cauce de inspiración eclesial y de compromiso evangelizador, nuestra comunidad arquidiocesana recibió de su Pastor el plan para este año, "Consolidar el Proceso Misionero", que nos lleva a afianzar la dirección que arranca desde el Concilio Vaticano II y que ha sido remarcada por nuestro II Sínodo Diocesano: la evangelización de las culturas.

Al volver nuestra mirada y contemplar el recorrido realizado, espontáneamente brota de nuestro interior una acción de gracias a Dios por las luces y por los impulsos recibidos del Espíritu.

En este contexto, también resulta oportuno reconocer la actitud de compromiso eclesial al que, una y otra vez, particularmente mediante las asambleas diocesanas, el señor Arzobispo nos ha llamado y por el que nos va abriendo espacios para llevar a la práctica ese espíritu de corresponsabilidad.

El tema de la Parroquia

Seguramente a todos nos parece muy acertado que el señor Cardenal nos convoque ahora a esta VIII Asamblea Diocesana para que afrontemos, con seriedad y profundidad, el desafío que ya nos plantea en el no. 153 de "La Misión Permanente": "presentar nuestras parroquias como comunidades evangelizadas y evangelizadoras y no como meros lugares de servicios cultuales y administrativos".

La parroquia, indudablemente, es una de las instituciones más sólidas que tiene la Iglesia y al mismo tiempo es una de las más necesitadas de ser transformadas. El tema resulta particularmente interesante, porque a todos nos afecta muy de cerca y también es importante, porque la parroquia es soporte y concreción para muchas realidades de la evangelización y hasta del entramado social. Por todo esto fácilmente podemos deducir que una asamblea no basta para abordar tan trascendental institución eclesial; tendremos que reflexionar mucho, hacer muchos proyectos y, sobre todo, comprometernos intensamente en distintos aspectos de la conversión relacionados con nuestras actitudes en y hacia la parroquia.

El objetivo de esta asamblea lo hemos formulado de la siguiente manera: Impulsar la renovación de las parroquias, para que se transformen en comunidades evangelizadas y evangelizadoras, en continuidad con el proceso pastoral de la Arquidiócesis.

Se trata, entonces, de que toda esa visión misionera que hemos venido cultivando en la Arquidiócesis y, en general, todas las iniciativas y esfuerzos de revitalización pastoral se viertan ahora en la transformación de las parroquias.

Preparación inmediata

De distintas formas, un amplio número de personas han participado en la preparación inmediata a esta Asamblea. Primero, la Comisión permanente de la Vicaría de Pastoral elaboró el documento que se tituló "Dimensiones de una Parroquia Urbana en la Ciudad de México a partir del Plan Pastoral Arquidiocesano". En un segundo momento, este mismo escrito se estudió, durante una jornada, por un grupo numeroso de párrocos, ochenta y cinco, para ser enriquecido. Por último, el documento en cuestión, que la mayoría de ustedes tienen, fue ampliamente distribuido. Muchos de nosotros sabemos que ha sido bien recibido y que fue aprovechado como tema de estudio en algunos decanatos y en algunas asambleas de Vicaría. Esperamos que nos siga sirviendo de iluminación para nuestro trabajo en esta Asamblea.

Por su parte el Senado Presbiteral, en su última sesión ordinaria, tocó el tema desde los agentes primordiales de la vida de la parroquia: los párrocos. La reflexión se centró en torno a la pregunta: ¿Cómo se percibe a los párrocos y cómo se sienten ellos mismos? Las consideraciones hechas en esa ocasión nos servirán también para reflexionar en estos días.

Esta preparación inmediata, nuestra experiencia viva de la parroquia y nuestra convicción de que, como dice el Papa Juan Pablo II en Catechesi Tradendae (n. 67), "ella sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano, incluso para los no creyentes", son el bagaje de fe con el que llegamos a esta Asamblea.

Expectativas de esta Asamblea

En estos tres días queremos trabajar con verdadero espíritu de Iglesia, es decir, queremos ser la asamblea convocada por la fuerza del Espíritu que, a la luz de la fe, pretende tocar fuertemente la realidad y desde ella hacer un discernimiento, animada por la presencia y por la palabra del Pastor, para que con él descubra los mejores caminos para la evangelización de nuestra Ciudad. No me detengo a describir los pasos de nuestra reflexión, porque tienen una estructura muy conocida y fácilmente se deducen de la lectura atenta del programa que todos tienen en sus manos.

Quisiera terminar con una consideración. Los principios que muchas veces formulamos en este tipo de reuniones, nos son muy útiles, nos iluminan en nuestro caminar, pero pueden dejarnos insatisfechos porque aspiramos a algo más concreto. Es necesario que, sin menospreciar ese tipo de aportaciones, en las propuestas que vamos a presentar al Pastor de nuestra Iglesia local, lleguemos a conclusiones operativas, de las que puedan generarse metas evaluables a corto y a mediano plazo. Es ésta la pretensión con la que se han abierto los cauces mediante el programa para esta asamblea. Muy en particular en lo que se refiere al tercer día. De parte de la comisión organizadora los invito a hacer este esfuerzo.

Confiando en la intercesión de santa María de Guadalupe y del santo evangelizador de nuestra Ciudad, Juan Diego, pongamos nuestro mejor empeño en dar un paso adelante para que hagamos de nuestras parroquias una Casa para todos.

A 19 de septiembre del 2002


Mons. Alberto Márquez Aquino
Vicario General y Episcopal de Áreas de Pastoral

Ir a página principal

Página Principal