ORIENTACIONES PASTORALES

2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IGLESIA MISIONERA Y MISERICORDIOSA EN LA CIUDAD

NUEVO ROSTRO PARA LA PASTORAL DIOCESANA

 

La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre…

…Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero,

debe llegar a todos, sin excepciones.

(EG 47-48)

 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús.

 

Las presentes Orientaciones Pastorales del 2016 sean un homenaje y una plegaria por Mons. Alberto Márquez Aquino, por su acompañamiento pastoral a esta Iglesia desde el II Sínodo Arquidiocesano.

 

1. Demos gracias al Padre Providente por todos los dones que nos sigue regalando. Y pidamos la sabiduría que proviene del Espíritu para que sepamos comunicar la alegría por la cercanía del Salvador mediante una actitud de sencillez pastoral: disminuir para que Jesús crezca (Cfr. Jn 3,30).

 

2. Cuando nos dejamos interpelar por el Evangelio las exigencias para la vida de nuestra Iglesia local se hacen fuertes y profundas. Los exhorto a que superemos el temor de enfrentar los desafíos que tenemos delante, pues es el mismo Espíritu Santo quien continúa provocando las circunstancias para que vivamos un fuerte impulso de renovación pastoral.

 

3. Les invito a dejar que la esperanza que nos trae el Salvador alimente nuestro espíritu apostólico, para convertirnos en portadores de la alegría que está destinada para todo el pueblo (Cfr. Lc 2,10). Ese es el encuentro que renueva nuestra vocación de servicio al Evangelio.

 

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INTRODUCCIÓN

 

ACONTECIMIENTOS ECLESIALES QUE NOS FORTALECEN

 

4. Al dar la bienvenida a los participantes en la XXI Asamblea Diocesana, comenté que no solo tenemos que mirar hacia nosotros, nuestros planes y programas pastorales. Este año tenemos varios acontecimientos que tienen que ver con toda la Iglesia, los cuales no deben ser vistos como distractores de nuestro caminar pastoral, sino por el contrario, como acontecimientos que vienen a fortalecer el proceso que hemos vivido desde el II Sínodo Diocesano.

 

5. Les invité a dejar a un lado cualquier prejuicio que nos impida continuar asumiendo poco a poco el proyecto sinodal de hacer realidad la pastoral misionera en la Ciudad. Hemos iniciado una nueva etapa de la Misión Permanente y estas orientaciones pastorales, en sintonía con los acontecimientos eclesiales extraordinarios, buscan fortalecer nuestro caminar.

 

 

 

A. Sínodo de la Familia

 

6. Como saben, el pasado mes de octubre se celebró la XIV Asamblea General Ordinaria de los Obispos, con el tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo” y, como fruto, el pasado 24 de octubre se entregó al Santo Padre Francisco la relación final del Sínodo con 94 puntos. Su servidor tuvo la fortuna de participar en el Sínodo, una experiencia eclesial única. El tema es de gran actualidad y refleja la preocupación que el Papa tiene y que es desafío para todos en la Iglesia: acompañar mejor a la familia para apoyarla en su ser y quehacer.

 

7. En este objetivo tenemos plena coincidencia con la Iglesia universal, pues también para nuestro II Sínodo la Familia es uno de los interlocutores prioritarios de la Misión Permanente. Por ese motivo, esperamos con una gran expectativa la Exhortación Apostólica post-sinodal que el Papa Francisco presentará a toda la Iglesia.

 

8. Entre los aspectos que destacan en la relación final, y que es bueno considerar para nuestro caminar, está el de aprender a “mirar de otro modo” a la familia, con los ojos de la caridad y la misericordia. La Iglesia no está para condenar sino para recibir con misericordia y ofrecer la salvación de Dios. Debemos superar la imagen de la Iglesia de los “anatemas”, y madurar como Iglesia que es madre misericordiosa, que acoge y acompaña a todos sus hijos.

 

9. Esta actitud pastoral es especialmente importante en las situaciones especiales que viven hoy en día muchos Matrimonios, que en la práctica son segregados de la participación comunitaria. Estas situaciones exigen de nuestra parte delicadeza y comprensión para mantener integrados a quienes siguen siendo parte de la Iglesia. Para la pastoral familiar, la situación de los “divorciados, vueltos a casar” se ha convertido en una urgencia a la que hay que dar respuestas concretas.

 

10. Al mismo tiempo que cuidamos la atención de las familias que son marginadas, debemos procurar que nuestra pastoral sea capaz de realizar el acompañamiento de los Matrimonios y de las familias en sus distintas etapas, desde su gestación hasta su madurez. Así nos lo propone el Directorio Arquidiocesano para el Sacramento del Matrimonio.

 

11. El tema de la educación de los hijos es muy importante, así aparece en los documentos de preparación y realización del Sínodo, incluyendo la necesaria educación sexual. Devolver a la familia el protagonismo en la educación de los hijos es fundamental, es la clave en el futuro de la integridad de la familia. En eso deben concentrarse los principales esfuerzos de las diferentes instancias y estructuras de nuestra organización eclesial arquidiocesana.

 

12. Otro tema que reclama la sensibilidad eclesial es el fenómeno mundial de la migración y la familia. La crisis de Siria lo ha hecho especialmente actual, pero no es algo nuevo para nuestro País. De frontera a frontera miles viven esta experiencia, padeciendo los efectos de la migración que divide y separa familias.

 

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B. Aniversario de la Clausura del Concilio

 

13. El pasado 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, se recordó el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Nuestro proceso pastoral es fruto del Concilio, pero todavía hay muchas cosas que aún no hemos puesto en práctica. Así que el Concilio sigue vigente y continuará como referente para nuestro caminar pastoral.

 

14. No dejar de aspirar a ser una Iglesia que se mantenga discípula de Jesús, Pueblo de Dios que peregrina hacia la Casa del Padre. Una Iglesia comunión, Cuerpo de Cristo, donde el Espíritu suscita la unidad en la diversidad en beneficio de la misión evangelizadora en el mundo. Una Iglesia sensible a los sufrimientos y aspiraciones de la humanidad. Capaz de purificarse volviendo constantemente a su raíz que es la Buena Noticia de Jesús. Esa traducción conciliar de la fe en Jesucristo es una herencia que nos sigue alimentando.

 

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C. Jubileo de la Misericordia

 

15. También el pasado 8 de diciembre, el Santo Padre inauguró el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la apertura de la Puerta Santa. ¡Cuántas acciones pastorales se pueden generar en este Jubileo que pueden fortalecer nuestra opción pastoral! Tenemos la ocasión para multiplicar los signos de misión si hacemos actuales las obras de misericordia en nuestro actuar pastoral, y así tocar a la persona en todas sus dimensiones. Profundicemos en la Bula Misericordiae Vultus para que su espíritu impregne la espiritualidad de la Misión Permanente.

 

16. En el Año Jubilar, el lugar de la Santísima Virgen es fundamental para comprender y vivir mejor este año de la Misericordia. La que el Papa ha proclamado “Madre de la Misericordia” (Cf. MV 24), se ha manifestado para nosotros en la tilma de Juan Diego. Vino para quedarse en su imagen inculturada de madre que consuela con la fuerza del Salvador que lleva consigo.

 

17. La Misericordia está presente en toda la Escritura, su plenitud se manifiesta en la Encarnación del Hijo de Dios. En el Año Jubilar, el contacto con la Palabra será un alimento indispensable para la oración y para que la misericordia pueda comunicarse en el anuncio kerigmático, en la catequesis, en la homilía y en el núcleo de toda formación cristiana.

 

18. Los Evangelios, corazón de toda la Escritura deberán ser la fuente principal para alimentar la opción por la práctica de la Misericordia. En las parábolas de Jesús, los bautizados tenemos el camino para optar por el perdón y la reconciliación (Cf. MV 9- 10). “En nuestro tiempo, en el que la Iglesia está comprometida en la nueva evangelización, el tema de la Misericordia exige ser propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con una renovada acción pastoral” (MV 12).

 

19. Un signo central del Año Jubilar será la “Peregrinación” para atravesar la Puerta Santa. Puerta que es signo de Cristo Jesús. Es por eso que “pasar a través de la puerta” pide una actitud de conversión. Experimentar la misericordia del Padre en el perdón del Salvador realiza el milagro de que podamos ser, también nosotros, instrumentos de la misericordia del Padre.

 

20. De esta manera, durante el Año Jubilar cobrará especial importancia el sacramento de la Reconciliación. El Señor Jesús ha encomendado a la Iglesia la reconciliación. “Somos, pues, embajadores de Cristo, es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios. A quien no cometió pecado, Dios lo hizo por nosotros reo de pecado, para que, gracias a él, nosotros nos transformemos en salvación de Dios” (2Cor 5,20).

 

21. Todos estamos invitados a experimentar el paso por la Puerta Santa de la Misericordia. Quienes acudan al sacramento de la Reconciliación buscarán encontrar una verdadera acogida, y por el perdón recibido poder sentirse con su familia, en su hogar. Por eso es necesario que los confesores seamos un verdadero “signo de la misericordia del Padre”. Por ser ésta una invitación para todos, a buscar la paz interior, se reforzará con el envío que hará el Papa Francisco de los Misioneros de la Misericordia, sacerdotes que tendrán la facultad de perdonar los pecados reservados a la Sede Apostólica. Así, todos, sin excluir a nadie, están llamados a percibir el llamamiento de la misericordia (Cfr. MV 18).

 

22. La verdadera reconciliación es un proceso de reencuentro con el Amor de Dios y con nuestros semejantes. Así, vivir la conversión es una experiencia de misericordia, que nos lleva a una vida diferente. La profecía de Isaías (Cfr. Is 26,19;29,18;35,5-6;61,1) se actualiza: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia (Lc 7,22). Jesús Salvador lo realiza hoy en nosotros. Dejamos de vivir sólo para nosotros mismos y, entonces, recobramos la vista y comenzamos a ver a nuestros hermanos que sufren, que eran invisibles para nuestros ojos. Comenzamos a escuchar las voces de los desheredados de este mundo. Comenzamos a ser sensibles al sufrimiento de los demás.

 

23. Se hace nuestro el lenguaje de la misericordia, actitud de humanidad en su sentido más profundo y concreto. Es el lenguaje de la Encarnación, misterio donde tiene sus raíces la misericordia: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos, dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos (MV 14-15). Estas obras son “el secreto” para descubrir a Dios con nosotros, que en el ocaso de nuestra vida nos juzgará sobre el amor (Cfr. Mt 25,31-46).

 

24. Los invito a considerar este camino de purificación, de compromiso personal y comunitario especialmente en la Cuaresma de este año. “La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios” (MV 17). El Santo Padre nos propone que: la iniciativa “24 horas para el Señor”, a celebrarse el viernes y el sábado que anteceden al IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis” (ibid.). En esta línea sería conveniente que al iniciar la Cuaresma se propongan itinerarios, para descubrir y vivir la Misericordia con la misma temática que nos ofrece la Palabra de Dios y vivir con mayor intensidad este tiempo litúrgico.

 

25. Un aspecto que el Papa resalta con respecto a la Misericordia, es su relación directa con la justicia: “No será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y Misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor” (MV 20). A ese contexto, nos será útil recordar la reflexión de los obispos mexicanos en el documento Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna, que seguramente puede darnos muchas luces para nuestro quehacer pastoral.

 

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D. Visita del Papa a México

 

26. Sin duda, la cercana visita del Santo Padre será un momento de gracia, no sólo para las diócesis que visitará, sino para todo el País. Si ya en su enseñanza y testimonio el Papa Francisco ha confirmado la dirección de nuestro itinerario pastoral, su presencia y palabra serán ocasión para fortalecer la opción misionera en todos los bautizados comprometidos con la tarea evangelizadora.

 

27. Francisco lleva consigo toda la tradición de nuestra Iglesia latinoamericana, el Magisterio del CELAM y, en especial, el más reciente: Aparecida. Él participó en su redacción, y el espíritu de Aparecida se replica en Evangelii Gaudium. Desde la preparación de Aparecida nos dimos cuenta que muchas de sus intuiciones estaban en sintonía con nuestro II Sínodo y la opción por la Misión Permanente.

 

28. En Evangelii Gaudium, el Papa nos ha recordado que tenemos que ser una Iglesia en salida, del “Éxodo”, que vea hacia las periferias existenciales, la de los marginados y pobres. Como él mismo lo ha dicho, viene a la Ciudad de México porque es obligada la visita a nuestra amada morenita y gracias a ella lo tendremos muy cerca, para verlo y escucharlo. Pero Él quiere hacerse presente en lugares que han sido especialmente marcados por el sufrimiento, donde familias mexicanas viven realidades de violencia, marginación y pobreza. Estará con los indígenas en el sureste, una de las regiones más pobres de nuestro País; visitará Michoacán, en el occidente y, Ciudad Juárez en el norte, lugares donde la violencia, el crimen y la inseguridad se han acrecentado rebasando la capacidad de las autoridades.

 

29. Roguemos para que la visita del sucesor de Pedro fortalezca a toda la Iglesia de México en su misión de servicio al Evangelio en los más vulnerables de nuestra sociedad. Que veamos la presencia del Papa Francisco como un signo de los tiempos, por medio del cual el Espíritu del Señor nos envía a todos los que necesitan la Buena Noticia de la misericordia y de un trato que los dignifique como personas e hijos de Dios

 

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E. Año de la Vida Consagrada

 

30. Por su gran importancia para la vida de la Iglesia, quiero hacer un reconocimiento a los Hermanos y Hermanas de Vida Consagrada que, desde su carisma, prestan un servicio invaluable a la tarea evangelizadora. Con motivo del 50 aniversario de la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, que en el capítulo sexto trata de los religiosos, así como del Decreto Perfectae caritatis sobre la renovación de la vida religiosa, el Santo Padre convocó a celebrar un año dedicado a la Vida Consagrada, que inició el 30 de noviembre del año pasado y culminará el próximo 2 de febrero.

 

31. Si bien en nuestra Arquidiócesis hubo varias actividades para reflexionar sobre la Vida Consagrada y celebrar este don que se manifiesta en múltiples carismas al servicio de la Iglesia y de la sociedad, no quisiera que el fruto de esta convocatoria especial quedara sólo en algunos eventos extraordinarios. Conviene que nos preguntemos, en el contexto social y pastoral en que vivimos, ¿qué prioridades tenemos en la Arquidiócesis de México hacia la Vida Consagrada? y, ¿a cuáles desafíos de comunión y pastoral orgánica debemos responder conjuntamente?

 

32. Con la culminación del Año de la Vida Consagrada y la celebración de la Jornada Anual en nuestra Arquidiócesis, le pido a la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada que se recoja la voz de los Religiosos y Religiosas al respecto, de tal manera que manifestadas las prioridades y desafíos, logremos clarificar un itinerario de trabajo para profundizar la comunión y complementación pastoral en las diversas áreas que se vean necesarias.

 

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I. ESPIRITUALIDAD PARA LA NUEVA ETAPA DE LA MISIÓN PERMANENTE

 

A. La Espiritualidad centrada en Jesucristo, fuente de Misión

 

33. Antes de presentarles los énfasis pastorales que nos darán la dirección para el presente y los siguientes años, les propongo los rasgos de la espiritualidad para esta nueva etapa de la Misión Permanente, haciendo énfasis en cómo debe estar cimentada la tarea de los pastores, aunque podemos decir que de los mismos principios se deriva la espiritualidad para todo bautizado que acepta el envío de Jesús. También, todos los acontecimientos especiales que mencioné antes, y que vienen a enriquecer nuestra pastoral habitual, tienen su vinculación profunda con la Misión Permanente en esta misma fuerza interior que proviene del Espíritu.

 

34. El Santo Padre Francisco en la Bula del Año de la Misericordia nos dice de entrada en el primer párrafo del documento: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret” (MV 1). Es decir, la Misericordia no es un concepto abstracto, es la revelación de Dios en su Verbo hecho carne: “Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre” (Jn 1,18).

 

35. Jesús es el hombre lleno del Espíritu, movido por el Espíritu: Toda la existencia de Cristo fue una entrega para dejarse conducir por este Espíritu del Amor y de Misericordia. Ciertamente, no es suficiente empezar con Dios, hay que terminar en Él. Por esto se precisa fidelidad a toda prueba. He aquí la entrega radical que Cristo mantuvo durante toda su vida. Es formidable el ver cómo se deja conducir por el Espíritu.

 

36. Primeramente, Jesús vive por el Reino para introducir la justicia de Dios en el mundo. Es a causa de este Reino que él se sale de la lógica de su mundo y de su pueblo. Es a causa del Reino, y esto es más difícil de conseguir, que Cristo abandonó el sistema de valores de su cultura religiosa. Él abandona el sistema mesiánico concebido por los suyos. Él debe abandonar lo que constituye su mundo para hacer llegar el Reino. Cristo debe pasar por un loco a los ojos de su familia. Él va a ser confundido con Satanás por su pueblo. Él va a ser acusado de blasfemia por las autoridades de su pueblo. Él va a ser condenado como un subversivo que se opone al César. Él vive como un signo de contradicción.

 

37. Tenemos pues que Cristo es libre, por el Epíritu, incluso de su familia, para fundar otra familia. Él es libre ante su pueblo para reunir el nuevo pueblo de Dios. Él viene precisamente para llevarnos la libertad a todos. La renuncia a su familia y al mundo en Jesús, no es la negación de su familia ni del mundo, sino la apertura de este mundo, de esta familia. Es mediante la libertad del amor, mediante esta fuerza del Espíritu que Cristo consigue su misión.

 

38. En el discurso de adiós, que es a su vez testamento y programa de vida para la comunidad apostólica, el evangelista Juan nos da a conocer el sentido de una auténtica espiritualidad cristiana. Los discípulos reciben el acceso al Padre por Jesús que es el camino, la verdad y la vida. Quien les garantizará llegar a la verdad plena será el Espíritu. La misión de Jesús, enviado por el Padre, se precisa como comunión: «Aquel día comprenderán que estoy en mi Padre y ustedes en mí y yo en ustedes… Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él… El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, se lo enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho» (Jn 14,20.23.26). La vida del Espíritu tiene una clara perspectiva trinitaria, precisamente porque es cristológica. Es una vida que comienza en la fe y se despliega en el amor y la esperanza.

 

39. La vida espiritual es un vivir en Cristo y de Cristo, o lo que es lo mismo, un dejar vivir a Cristo en nosotros (Cfr. Gal 2,20;4,6). Es también un vivir en el Espíritu, un marchar en él (Cfr. 1Cor 12,3- 11). El Evangelio ha sido y será siempre el fundamento de la vida en el Espíritu. Sólo quien permanece en Cristo produce los frutos del Espíritu (Cfr. Gal,5,22).

 

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B. La “compasión”, punto de partida y motor de la acción

 

40. El fundamento, por tanto, de toda espiritualidad cristiana es Jesucristo, el que nació, murió y resucitó por nosotros. No estamos ante un personaje del pasado, sino ante el viviente, como lo recuerda el testimonio apostólico. Los Evangelios serán siempre un punto de referencia obligado pues son, por la acción del Espíritu Santo, la palabra viva que el mismo Jesús nos dirige en el hoy de la historia. Cristo, como dice el Concilio, «está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es él quien habla.» (SC 7) Y en otro texto leemos: «En los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. Por eso se aplican a la Escritura de modo especial aquellas palabras: La palabra de Dios es viva y eficaz (Hb 4, 12), puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido consagrados (Hch 20, 32; cf 1Ts 2, 13)» (DV 21).

 

41. Miremos a Jesús, rostro de la Misericordia del Padre en los Evangelios:

  1. “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos’.” (Mt 9, 35-37).
  2. “Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor. Y los acogió. Y curó a los enfermos. Los apóstoles dijeron a Jesús que enviara a esta gente a comprar alimentos para comer. “Más Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; denles ustedes de comer’.” (Jn 6,5; Mc 6,34-35; Lc 9,11-12; Mt 14,14-16).
  3. “Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino y algunos de ellos han venido de lejos’” (Mt 15,32; Mc 8,1-3).
  4. “Sacaban a enterrar un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: ‘No llores’. Y acercándose, tocó el féretro y dijo: ‘Joven, a ti te digo: Levántate’. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre” (Lc 7,12-15).
  5. A la muerte de Lázaro, “Se conmovió Jesús interiormente, se turbó y dijo: ‘¿Dónde lo han puesto?’ Le responden: ‘Señor, ven y lo verás.’ Jesús derramó lágrimas. Se conmovió de nuevo en su interior, fue al sepulcro y dijo: ‘Quiten la piedra’ (Jn 11,33-39).

 

42. De la lectura atenta y orante de estos textos evangélicos, se puede concluir: La compasión es el fundamento de la caridad de Jesús. Es el primer sentimiento que debe adueñarse también de nuestra alma cuando vemos a cualquier persona en desgracia. Quien permanece frío, insensible ante los males, es incapaz de toda obra solidaria y misericordiosa. Algo le hace a Jesús, ver a esa mujer llorar por su hijo que estaba siendo sepultado. Algo le hace ver llorar a Martha y a María a causa de la muerte de su hermano Lázaro, y Jesús, a su vez, no puede contener sus propias lágrimas. Algo le hace también ver a toda esa gente que corre detrás de él, porque venidos de todos lados, ya no saben a quién encomendarse y necesitan oír palabras de esperanza. Algo le hace ver a Jerusalén, la ciudad santa, su ciudad, cerrarse al mensaje de paz que habría podido procurarle felicidad.

 

43. La espiritualidad de la Misericordia es muy concreta si ponemos realmente a Jesús en el centro de nuestra atención y en la atención de las comunidades: Jesús ve. Esto le llega a las entrañas. Esto lo hace actuar. Y en consecuencia, él habla. Sus palabras van de conformidad con lo que él siente. Él actúa y llama a la acción. Es el encuentro de aquellas y aquellos que sufren en su propia carne, tanto en el plano personal como en el colectivo, que conmueven a Jesús en su humanidad. Él vio. No se volvió ante lo que vio. Se dejó conmover. Dejó entrar en él situaciones de angustia. Habló y actuó de acuerdo con esto. Llamó a ver, a dejarse conmover, a actuar.

 

44. Es importante para nosotros mirar así a Jesús y aprender de él. El camino de Jesús es el camino de la Encarnación. Es el camino de un Dios que se hizo carne, que se puso a sí mismo en movimiento a la manera de los hombres, a partir de nuestros sufrimientos y de nuestras angustias. Esa es la raíz de la pastoral misionera de la que habla el II Sínodo: pastoral de testimonio, de diálogo y de encarnación. Sólo unidos a Jesús podemos ser capaces de una actitud pastoral así.

 

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C. Formación espiritual de los sacerdotes para la Misericordia

 

45. Pablo recordaba a los presbíteros de Éfeso que habían sido “constituidos pastores vigilantes de la Iglesia de Dios” (Hech 20, 28-29). Pero ¿qué entender por un auténtico ministerio de la vigilancia pastoral? ¿De qué medios equiparse para desarrollar una real espiritualidad de la vigilancia? De entrada conviene clarificar que la vigilancia pastoral no se entiende al estilo de la sociedad. El presbítero ni es un gendarme ni el controlador de la comunidad para someterla a unos planes prefijados por los hombres. El ministerio de la vigilancia es un servicio a la libertad y unidad de la comunidad para que sea signo e instrumento de salvación en el mundo.

 

46. Para vivir y desarrollar una espiritualidad de la vigilancia es importante recorrer la tradición proveniente de Dios. El salmista afirma: «Tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel… El Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre» (Sal 120). El ministerio de la vigilancia es comunión con el Dios atento y solícito al caminar de su pueblo hacia la meta de la alianza. Es, pues, un compromiso que lleva a un descentramiento radical de uno mismo.

 

47. El pastor-centinela permanece despierto y atento en la noche o en el invierno, en medio de un pueblo carente de luz y vida. Y permanece despierto porque es hombre de fe, de esperanza y de caridad. Sabe que el Señor no dará nunca la espalda al pueblo, criatura de su amor y elección. Aguarda la visita favorable de Dios, pues se producirá en el tiempo fijado, aun cuando los tiempos y caminos de aquél no sean los suyos. Vive una solidaridad radical con la casa rebelde, pues su fe es inquebrantable: participará de los bienes de la alianza, si está unido a él. La espiritualidad del pastor está hecha de presencia, atención, y solicitud amorosa.

 

48. Por otra parte, el pastor está llamado a discernir el espíritu de la verdad y el espíritu del error. «No se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo… Todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es del Anticristo.» (1Jn 4, 1-6) Este discernimiento conlleva un trabajo serio e inconfortable, pues introduce una tensión importante en las relaciones de las personas.

 

49. El pastor vela para que los hombres caminen en la verdad. Y esto supone introducir una cierta contradicción en el mundo. Jesús se presentó como señal de contradicción en el mundo; y el siervo no está por encima de su Señor. El que camina en el Espíritu de la verdad trabaja por la reconciliación y la comunión, pero sin olvidar las palabras de Jesús: «No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.» (Mt10, 16-36) Pues «la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Ef 6, 17), «penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón» (Heb 4, 12). El pastor realiza este discernimiento para preservar a la comunidad del error y para desarrollar el depósito de la fe con la ayuda del Espíritu.

 

50. Pero existe otra cara del discernimiento. El Espíritu no cesa de trabajar de forma silenciosa en la historia. No cesa de conducir a todo hombre a la Pascua del Hijo (Cfr. GS 22). Pues bien, el pastor está llamado a ser un contemplativo de los signos del Espíritu en el corazón de las personas, de las culturas y de los acontecimientos gozosos o luctuosos de la historia. En el ejercicio del ministerio de la reconciliación, el presbítero avanza como un auténtico colaborador de la acción silenciosa, pero incansable, del Espíritu. En los signos de los tiempos, la mirada del pastor desentraña los signos de la presencia operante del Don del Padre y del Hijo.

 

51. Insertos en la misión del pastor mesiánico, los presbíteros no se limitan a ejercer unas funciones perfectamente delimitadas. Están llamados a ser auténticos contemplativos de la acción del Espíritu en la historia. Y esto debe determinar su manera de orar y de actuar. Su misión de guía y educador de personas y comunidades, sólo la puede desarrollar si su acción fluye de la contemplación. Por ello, la espiritualidad pastoral alimenta una circularidad entre acción y contemplación, entre la vida del mundo y la palabra de Dios. En el corazón del pastor se establece un diálogo permanente entre la experiencia de los hombres y la palabra hecha carne.

 

52. Todo esto supone un aprendizaje continuo de la mediación verdadera. La oración y acción de Moisés fue un ir continuo de Dios al pueblo y del pueblo a Dios. Y, en Jesús, el nuevo Moisés, vemos cómo contemplaba en el Padre a los suyos y, en ellos, la acción de su Padre. Ante la confesión de Pedro en Cesarea como Mesías, respondió: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Por otra parte, desde el Padre, desde la soledad de la montaña, ve las fatigas de los suyos en alta mar y acude a socorrerlos (cf Mc 6, 46-52). La oración y la acción del pastor se enmarcan en la dinámica del único Mediador. Es el camino para conseguir una unidad de vida.

 

53. Para caminar en el Espíritu, por tanto, los presbíteros están llamados a cultivar una real ‘contemplación apostólica’, esto es, la actitud propia del ministerio profético de la vigilancia. Es camino de esperanza y de creatividad apostólica. Quien contempla, hará frente con confianza a las dificultades y oposiciones provenientes del mundo. El pastor contemplativo da gracias a Dios en todo momento y colabora humildemente con la acción del Espíritu. No desespera de sus comunidades, pues en él se halla afincada esta convicción: «Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes…; firmemente convencido de que, quien inició en ustedes la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús» (Fil 1, 3-11).

 

54. Recapitulando: la espiritualidad misionera y misericordiosa, que estamos llamados a vivir, tiene como centro y fuente a Jesucristo, el que se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz (Flp 2,7-8). Recibamos esta exhortación nacida del amor: si vivimos unidos en el Espíritu, tendremos un corazón compasivo, buscaremos tener los mismos sentimientos, no haremos nada por rivalidad ni vanagloria y consideraremos a los demás como superiores a nosotros mismos, no buscaremos el propio interés, sino el del prójimo (Cfr. Flp 2, 1-4). Y, finalmente, estaremos atentos a la voz del Espíritu, sin temor, con paciencia, creatividad y alegría para impulsar el crecimiento de la comunidad, de la cual somos servidores.

 

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II. EL INICIO DE NUESTRO CAMINAR EN LA NUEVA ETAPA DE LA MISIÓN PERMANENTE

 

 

55. En esta “Nueva Etapa de la Misión Permanente”, el año que acabamos de terminar ha sido de muchos frutos pastorales. Hemos podido constatar que cuando procuramos actitudes de comunión se logran avances significativos en nuestra convicción misionera de ir hacia las periferias humanas y existenciales presentes en nuestra ciudad.

 

 

A. La visita Pastoral

 

56. También los frutos de mi visita pastoral a las ocho vicarias territoriales son elementos importantes que nos dan una idea clara de la situación pastoral y administrativa de esta Arquidiocesis. El esfuerzo de los agentes de pastoral por la formación y la comunión para la misión, la cultura de la planeación, el empeño en la administración a nivel vicarial, decanal y parroquial son signos de una Iglesia que busca dar respuesta a los retos y desafíos pastorales que se nos plantean en la actualidad. Sin embargo, todavía quedan tareas a realizar responsablemente para bien de nuestra Iglesia.

 

57. El diálogo fraterno y cercano con los jóvenes fue muy alentador, escuche sus inquietudes incluso sus cuestionamientos, sus necesidades, sus esperanzas; por ello, nuevamente pido a todos en general, principalmente a los responsables de la pastoral juvenil y vocacional que pongan más empeño y creatividad en la atención a las nuevas generaciones, especialmente a los jóvenes. Ellos son la puerta que nos pueden conducir a los ambientes en los que se desarrollan. Además, otra prioridad recurrente en la que también tenemos que enfocarnos es la atención a la familia, en las vicarias territoriales se requiere de una pastoral familiar a la altura de los retos y necesidades que viven los fieles en la vida cotidiana, es importante hacer un frente común para anunciar la buena nueva a las familias.

 

58. Esta visita pastoral ha sido un momento de gracia en nuestro caminar pastoral en esta ciudad, agradezco a todos los agentes de evangelización su interés para seguir caminando en la línea de la Misión Permanente.

 

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B. Primera reunión de Decanos y Vicedecanos

 

59. Manteniendo la estrategia de considerar al Decanato como la instancia pastoral donde se puede aterrizar en programas la Misión Permanente y dinamizar su puesta en práctica, las reuniones de Decanos y Vicedecanos son cada vez más importantes en el caminar conjunto de nuestra Arquidiócesis. Por sus características, el Decanato es un ambiente pastoral donde se valora de forma directa, porque las necesidades de las comunidades apremian y hay que decidir los “cómos” concretos y realizables para responder a las prioridades pastorales.

 

60. Al inicio de año, en el mes de marzo de 2015, en la primera reunión con los decanos y vicedecanos, reflexionamos sobre un tema vital para concretar la Misión Permanente: la comunión eclesial. El ambiente de unidad para poder realizar la misión, se hace realidad mediante la participación y corresponsabilidad de los distintos agentes e instancias de pastoral arquidiocesanas.

 

61. Fue un buen ejercicio revisar cómo una participación plena y una corresponsabilidad madura están en dependencia directa de los vínculos de comunión fraterna que existan entre las personas involucradas, que forman parte de los distintos niveles organizativos o encabezan las instancias de coordinación pastoral.

 

62. Organizados por vicarías funcionales y territoriales, se les pidió a los decanos y vicedecanos que hicieran propuestas prácticas para dinamizar, en decanatos y parroquias, los programas con que se configura esta nueva etapa de la misión permanente. Se puso de relieve que esto implica convocar a los agentes, prepararlos y organizarlos para echar andar, a través de programas específicos, cada una de las prioridades pastorales, que han sido fruto de este camino de reflexión comunitaria.

 

63. En un segundo momento de trabajo, llegaron a acuerdos las vicarías territoriales y las comisiones diocesanas, para colaborar en el seguimiento de los programas pastorales específicos que se decidieran conjuntamente con los decanatos y parroquias según fueran sus principales prioridades.

 

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C. Segunda reunión de Decanos y Vicedecanos

 

64. El tema de la Segunda reunión del año con Decanos y Vicedecanos, llevada a cabo en octubre del año pasado, fue: La pastoral orgánica, impulso renovado de la Misión Permanente. Dicha reunión nos dispuso hacia la XXI Asamblea Diocesana. En ella se reflexionó sobre la necesidad del trabajo orgánico como factor determinante para articular la nueva etapa de la misión permanente. Se comentó sobre cómo modificar actitudes y adaptar estructuras para hacer realidad la pastoral orgánica; se consultó sobre la necesidad de la renovación eclesial en nuestra Arquidiócesis, y se llegó a conclusiones que sirvieron de base para la elaboración de Documento de trabajo previo a la XXI Asamblea.

 

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D. XXI Asamblea Diocesana

 

65. En Noviembre del año pasado, celebramos la XXI Asamblea Diocesana, que ha servido para consultar, escuchar y proyectar lo relativo a la pastoral diocesana. El proceso vivido en esta 27 asamblea desde su preparación ha sido muy rico, constatando que, cuando se trabaja en comunión, compartiendo los dones y carismas recibidos, se logran pasos significativos a favor de nuestro caminar pastoral.

 

66. Al inicio de la asamblea motivé a los asistentes a valorar los obstáculos que encontramos en nuestro caminar juntos como verdaderas oportunidades de madurar y crecer, analizando lo que nos impide avanzar, pero no detenernos en lamentaciones. También hice énfasis en integrar todos los acontecimientos que se presentan como providenciales en nuestro proyecto pastoral, con creatividad, ánimo y alegría. El programa continuó con un ejercicio sobre los obstáculos que nos impiden crecer y caminar juntos en corresponsabilidad y comunión.

 

67. En esta Asamblea, se ha hecho un esfuerzo para que juntos veamos si vamos en la misma dirección, si las prioridades que tenemos son verdaderas prioridades en nuestras comunidades, o sólo son prioridades de discurso; pedí a todos que ayudaran a su pastor a encontrar los cauces por los que habremos de conducirnos para lograr la renovación tan anhelada y atender de manera eficaz las prioridades que ya tenemos.

 

68. El desarrollo de la Asamblea fue dinámico, se notó una participación activa en donde la mayoría intervino en los trabajos en grupo, se tomaron acuerdos de manera consensuada, en libertad, con creatividad, con madurez. Como es normal en nuestra Arquidiócesis, hubo algunas voces discordantes que también fueron tomadas en cuenta y, que de alguna manera, permitieron darnos cuenta que es necesario que en la planeación de la asamblea intervengan todas las personas que de manera directa tienen que ver con la puesta en marcha del proyecto misionero en nuestra Arquidiócesis.

 

69. Esta asamblea ha servido para orientar el camino de este año, porque sigue siendo el espacio en donde podemos verificar si lo que hemos planeado se ha llevado a cabo y ha dado los frutos deseados. En este punto de la reflexión, nos pueden ser útiles las preguntas que el Papa Francisco hacía en la Homilía de Pentecostés de Mayo de 2013: “¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”. Debemos estar preparados a las novedades del Espíritu y a las sorpresas de Dios, pues son ellas las que nos seguirán ayudando a dar los pasos cualitativos en nuestro caminar juntos. Con ese espíritu asumamos los resultados de esta asamblea diocesana.

 

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III. LA PASTORAL ORGÁNICA AL SERVICIO DE LA NUEVA ETAPA

DE LA MISIÓN PERMANENTE

 

En qué momento estamos de nuestro proceso pastoral

 

70. Las Orientaciones Pastorales 2015 llevaron como título: Una nueva etapa de la Misión Permanente, tiempo para madurar nuestra pastoral misionera. De esa manera, enfocamos el nuevo momento en el proceso pastoral postsinodal que, desde la entrega del Decreto del II Sínodo ya ha cumplido 22 años. Con la revisión de ese camino andado vamos teniendo mayor conciencia de lo que han significado estos años pasados y la experiencia pastoral vivida.

 

71. Apoyados en la valiosa experiencia pastoral alcanzada, con la decisión de asumir el desafío de una pastoral misionera en la Ciudad de México, los estoy convocando a configurar una práctica participativa en las áreas pastorales prioritarias. Este objetivo ya estaba enunciado desde el inicio del proceso, pero entonces no teníamos los elementos y experiencia que considero tenemos en esta etapa. No como un ensayo aislado, sino como una secuencia, programemos el itinerario a seguir para preparar a los equipos eclesiales específicos que nos permitan apoyar a las familias, a las nuevas generaciones y a los más necesitados en el nivel parroquial y en los ambientes urbanos marginados. Esta etapa se configurará con solidez en la medida en que fortalezcamos la formación de los bautizados para la comunión y para la participación en la misión.

 

72. Aquí toma toda su fuerza el tener como propósito lograr que nuestra pastoral habitual sea misionera. Ese objetivo no se alcanza sólo por algunos eventos aislados o una práctica esporádica. Es más bien un proceso de madurez eclesial que se va gestando en una conciencia cada vez más clara de que el Espíritu del Señor habita en la Ciudad, en sus habitantes; y, por tanto, necesitamos estar siempre atentos a su voz. Es, también, un cambio paulatino de actitudes pastorales, que se va dando por el descubrimiento del Dios con nosotros, verdaderamente presente en nuestros ambientes urbanos. Es la vivencia de la vocación de discípulo misionero que se va fraguando en el testimonio cotidiano de la propia experiencia de encuentro con Cristo. Es la reiterada constatación de que es el Señor el que llama, y llama a quien quiere, y nos va reuniendo en el camino, a los diversos, en la misma senda. Es un proceso de cambio, personal y eclesial. Esta es una de las razones por la que la Misión no puede ser sino Permanente.

 

73. Una de las implicaciones más importantes en este momento de nuestra vida eclesial es intensificar los vínculos de comunión en todos los ámbitos pastorales. En un dinamismo circular, la conversión lleva a la comunión, y ésta dispone los corazones para la misión; y el ejercicio de la misión exige una comunión cada vez más fuerte y una conversión siempre más profunda. Conversión, comunión y misión se necesitan entre sí y son la experiencia eclesial que impulsa el Espíritu dentro de nosotros.

 

74. Necesitamos la acción del Espíritu dentro del ambiente eclesial porque en nuestra organización pastoral hay muchos vínculos de coordinación que no funcionan. Está ausente una más clara voluntad de comunión. Especialmente se ha analizado la urgencia de superar los prejuicios entre Ministros Ordenados y Laicos, la escasa comunicación con los Hermanos y Hermanas de Vida Consagrada, el desfase entre comisiones diocesanas y vicariales, la ausencia de colaboración transversal entre comisiones y una tibia participación de los movimientos en la pastoral diocesana.

 

75. Un ejemplo de la transformación que se necesita es la realidad de las comisiones arquidiocesanas. Son los equipos pastorales a los que he encomendado la animación diocesana de alguna de las vertientes pastorales. Pero para cumplir su cometido, no deben olvidar mantenerse en actitud subsidiaria hacia las Vicarías Territoriales. Esto implica comprender la descentralización, tener una comunicación y coordinación constante y alimentar el ambiente fraterno en este servicio.

 

76. Otro ejemplo práctico de la necesidad de fortalecer los vínculos de comunión es el desafío de la comunicación pastoral. En gran medida, continuamos padeciendo una comunicación ineficaz porque los vínculos entre los distintos niveles de coordinación son muy débiles. Los agentes de pastoral involucrados en las iniciativas evangelizadoras sufren la carencia de una red de difusión adecuada. Esta es una muestra de la tarea que aún está pendiente y que debemos emprender con decisión. Ya tenemos incluso ordenamientos muy precisos para comenzar a organizar las pastorales específicas prioritarias, pero deberemos ir avanzando de forma consistente en los vínculos de comunión fraterna para que las iniciativas programadas se conozcan oportunamente.

 

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IV. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

DE LA XXI ASAMBLEA DIOCESANA

 

 

77. La Asamblea Diocesana sigue siendo un foro privilegiado de discernimiento eclesial, que permite medir el pulso de nuestras acciones pastorales y me aconseja para orientar el camino sobre el que vamos avanzando. En sus etapas de preparación, realización y seguimiento, la Asamblea da continuidad a los momentos anteriores del proceso diocesano y aporta pistas sobre nuestras principales urgencias y desafíos. Deseo agradecer a los responsables de organizarla y a sus participantes por haber atendido mi petición de que, asumiendo los núcleos señalados como prioritarios en las Orientaciones 2015, se hayan esforzado por ubicarlos en la pastoral orgánica y aterrizar los modos concretos de realizar nuestro compromiso misionero.

 

78. La Iglesia ejecuta una pastoral orgánica cuando integra a todos los bautizados como un verdadero cuerpo, cubriendo todas las dimensiones de la misión que Cristo le ha confiado. El panorama es muy amplio. Por ello, la identificación de áreas urgentes y prioritarias de atención y la definición de programas específicos, busca ser la respuesta fiel y diligente al momento histórico que estamos viviendo. Ellas deben tocar puntos neurálgicos para garantizar que, como sal de la tierra, nutran a nuestra Arquidiócesis con la fuerza del Evangelio.

 

79. Hemos podido revisar los niveles estructural y operativo de nuestra organización pastoral, y constatamos que es pertinente mantener la descentralización y la simplificación de muchos de nuestros procesos. Sin embargo, el nivel más sensible de la conversión pastoral tiene lugar en nuestros corazones y en nuestras actitudes. La historia de la salvación y la acción pastoral se verifica en personas concretas. Para fomentar la comunión y la corresponsabilidad propia de la pastoral orgánica, debe ser la caridad del Espíritu el principio que nos anime, con un auténtico sentido de servicio y una apertura generosa a los demás que se manifieste en colaboración solidaria y subsidiaria. La participación de cada uno en su vida de fe y en su propio ámbito evangelizador es insustituible.

 

80. La coordinación pastoral de la Arquidiócesis nos reclama una creciente docilidad al Espíritu Santo y un renovado compromiso evangelizador de todos. Para que la vitalidad de la fe impregne todos nuestros procesos y cunda en las variadas culturas de nuestros interlocutores, es necesario que cuidemos los “puentes” entre las diversas instancias y áreas de nuestra pastoral, de modo que la comunicación y la interacción entre todos fluya de manera más eficaz. No ignoramos que somos instrumentos siempre débiles en las manos del Señor, y por ello mismo nos disponemos a acoger en lo personal y en lo institucional la gracia divina, que nunca deja de asistirnos.

 

81. El itinerario diocesano nos ha mostrado la urgencia de reconocer y respetar los diversos roles e instancias que intervienen en nuestra labor pastoral. En la actual coyuntura, deseo ratificar la importancia del decanato como bisagra entre las acciones parroquiales y vicariales, así como el papel destacado que los delegados de pastoral han ido asumiendo al integral las labores vicariales con las arquidiocesanas. Este ejercicio, aunque no carente de sombras, ha sido fundamental para hacer más compacto nuestro trabajo y nos ha señalado el rumbo que hemos de seguir como Iglesia Comunión.

 

82. Cada agente de pastoral está llamado a crecer en su sentido de pertenencia al cuerpo eclesial. Ello se constata en su capacidad de ocupar el lugar que le compete y ser corresponsable, en su perseverancia en la formación permanente, en la asunción de la cultura de la planeación, y en un espíritu de libertad evangélica (“perresía”) que le mueva a expresarse simultáneamente con franqueza y caridad. En este sentido es decisivo que las opciones diocesanas sean asumidas por todos, y que cada uno aporte sus propios talentos y perspectivas a la acción conjunta. Los núcleos que estamos trabajando no son improvisados, sino que han resultado de una labor paulatina y discernida, y su continuidad depende de la integración de todos los esfuerzos eclesiales para su eficaz ejecución.

 

83. El empeño de toda nuestra Arquidiócesis y de cada uno de nosotros, ministros ordenados, laicos y religiosos, no ignora que quien construye la obra es ante todo el Señor. En sus manos, como ofrenda, ponemos el resultado de nuestro trabajo, confiando en que su misericordia cubrirá los vacíos que hayamos dejado por negligencia o equivocación, y hará fructificar en su gracia la buena semilla que hayamos logrado sembrar.

 

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V. PROGRAMACIÓN DEL TRABAJO PASTORAL ESPECÍFICO

 

 

84. Desde el año pasado se identificaron claramente las áreas prioritarias y las metas a lograr: la familia, cimiento de humanidad y de fe; ir al encuentro de las nuevas generaciones; la evangelización de las culturas y sus periferias existenciales; la vocación cristiana, fuente de la comunión y la misión; el pastor misionero para la Ciudad de México; la formación de los laicos como discípulos misioneros; y, la parroquia, comunidad misionera y testimonial.

 

85. En la pasada Asamblea Diocesana se acordaron los pasos a dar para responder a cada uno de estos ámbitos, buscando que se vaya haciendo realidad la acción orgánica, entrelazando las áreas mencionadas, buscando que la familia sea nuestro punto de referencia. Se vio necesario que a partir del mes de marzo se programen los encuentros por pastorales específicas para que se precise qué se hará, cómo, cuándo, quiénes, dónde y cómo se evaluará.

 

86. De forma sencilla enumero algunos criterios pastorales y pasos metodológicos que surgieron del proceso de reflexión realizado, para que se tomen en cuenta en la realización de los encuentros por pastorales específicas:

 

  1. Debemos fomentar la espiritualidad misionera y misericordiosa que fundamenta la Misión Permanente en esta nueva etapa.
  2. Identificar los “puentes” de comunión-comunicación que se deben fortalecer o construir en la coordinación pastoral. Tomar en serio la comunión pastoral.
  3. Cuidar el equilibrio pastoral que se da en nuestra arquidiócesis, apoyándose en el Plan Diocesano, la Misión Permanente: por un lado la unidad de nuestra Iglesia local, por el otro, la peculiaridad de las Vicarías, Comisiones, Movimientos, grupos, etc.
  4. Mantener la descentralización y la subsidiaridad, sin que haya dispersión, aislamiento o inmovilidad.
  5. Los Programas Prioritarios deben desarrollarse planteándose de qué manera colaboran o influyen en la atención de la familia, su ser y quehacer.
  6. Para los encuentros de pastorales específicas:
  1. Considerar en la planeación a representantes de los distintos niveles pastorales donde se aplicará el programa, algunos asesores que tengan experiencia y preparación en esa pastoral específica, así como representantes de las pastorales afines o transversales.
  2. No perder de vista que estructurar un programa pastoral necesita un objetivo general y algunos objetivos específicos, que ayuden a marcar las etapas necesarias para cumplir el objetivo general.
  3. También se requiere determinar el itinerario de formación para los agentes específicos y que dicha formación se diseñe pedagógica y didácticamente para tener multiplicadores para evitar centralizarla.
  4. Los equipos que se constituyan necesitan profundizar en el sentido de Iglesia para que su servicio tenga ese espíritu.
  5. Y, finalmente, señalar los tiempos y formas para evaluar y revisar.

 

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VINCULACIÓN SUGERIDA PARA EL TRABAJO DE CONJUNTO

 

87. La agrupación que se sugiere a continuación para relacionar las diferentes áreas de pastoral es sólo una opción. Por ejemplo, si se va a trabajar sobre las Nuevas Generaciones, ciertamente puede colaborar Pastoral Familiar, Misión y Catequesis, como está sugerido. Pero en el encuentro o foro pueden también decidir que sea necesaria la presencia de Pastoral de la Cultura o de Pastoral Social. Los convocados dependerán de la amplitud del objetivo que se propongan y los énfasis que vean que son necesarios según la realidad a la que se quiera responder.

 

88. La realización de los encuentros de las pastorales específicas deberán ser programados y preparados por la Coordinación Permanente para la Pastoral Arquidiocesana (COPPA), buscando hacerlo de común acuerdo con los Comisionados Arquidiocesanos. Les pido a los Delegados de Pastoral acompañar el conjunto de este trabajo y animar a los Decanos de su Vicaría a estar al tanto y participar especialmente en aquellos encuentros de la pastoral o pastorales específicas que hayan privilegiado en su Decanato. Se les informará a los Vicarios Episcopales de las etapas que se programen y de las fechas de evaluación para que directamente supervisen los avances.

 

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A. Núcleo: Familia, Misión, Catequesis, Nuevas generaciones

 

89. Para la pastoral familiar será indispensable interactuar con varias comisiones que le permitan acercarse a los padres de familia, por ejemplo catequesis. Así como establecer una relación fuerte con los movimientos con carisma familiar. Una petición insistente de las vicarias territoriales ha sido que se tomen en cuenta a los responsables nombrados por el Vicario territorial como parte del equipo de la comisión diocesana. Habrá que atender esa petición para favorecer una coordinación fuerte en las acciones que respondan a las situaciones específicas de cada zona de la Arquidiócesis.

 

90. El Sínodo y la futura exhortación apostólica post-sinodal han de ser un estímulo para implementar acciones de acompañamiento para las parejas desde su etapa de preparación para el matrimonio, como el acompañamiento como esposos, especialmente en sus inicios. En esto, nuestro Directorio Pastoral del Matrimonio es un instrumento útil para ir organizando los equipos de atención para las distintas etapas que viven las familias.

 

91. La Catequesis, indudablemente, como se afirmó desde el II Sínodo Diocesano tiene que ser un medio importantísimo para la nueva evangelización, por eso es necesario seguir trabajando para liberarla de cualquier estereotipo o estancamiento, como puede ser limitarla sólo a los niños que se preparan a los sacramentos. La catequesis tiene que ver con todo bautizado y hay que descubrir en la práctica su importancia que puede tener para la familia y para las nuevas generaciones.

 

92. Este año puede darse un crecimiento cualitativo en la catequesis arquidiocesana impulsando la preparación de catequistas específicos: de niños, de adolescentes, de jóvenes, de adultos, de la tercera edad y de familias. Se presentarán dos subsidios como alternativas para la catequesis infantil: la catequesis como iniciación cristiana para niños y la catequesis para niños siguiendo los ciclos litúrgicos. Ya se tiene el itinerario catequístico para adolescentes y la catequesis de adultos siguiendo los ciclos litúrgicos. También la Catequesis nacional cuenta con un itinerario para adultos desde la Iniciación cristiana, siguiendo el proceso evangelizador, que puede ser de gran utilidad.

 

93. Las Nuevas generaciones han sido una prioridad desde el II Sínodo, y habrá que intensificar los programas planteados en el proyecto de la Misión Juvenil, con la decisión de ir al encuentro de las Nuevas generaciones, donde se incluyen adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes, y todas las personas que viven en la cultura digital y de la imagen.

 

94. Aquí también se percibe claramente la necesaria interlocución de diferentes instancias y comisiones arquidiocesanas. Especialmente entra en juego la pastoral misionera, sobre todo por lo que tiene que ver con la pre-evangelización y el Primer anuncio o Kerigma; así, también la pastoral de la cultura y de la comunicación.

 

95. En la Arquidiócesis, además de los mencionados arriba, contamos con otros instrumentos y herramientas que pueden ser útiles para perfilar los programas que dinamicen la atención pastoral en estas áreas:

  1. El Taller para dar a conocer el Directorio pastoral arquidiocesano para el Sacramento del Matrimonio.
  2. El subsidio para el acompañamiento a las parejas previo al Matrimonio.
  3. El Taller para aprender a acompañar y educar a niños y niñas de 0 a 6 años.
  4. El subsidio kerigmático Buena Noticia para la Familia.

 

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B. Núcleo: Parroquia, misiones, periferias y cultura

 

96. Por la creciente secularización de la sociedad urbana y la indiferencia religiosa que provoca, la práctica del visiteo misionero tendría que ser habitual en nuestras comunidades. El mero hecho de salir hacia los fieles de nuestras parroquias, de involucrarse con ellos, de acompañarlos, nos pone en contacto con las llamadas periferias existenciales. La exhortación del Papa Francisco de ir al encuentro de las personas está en plena coincidencia con la Misión Permanente de nuestra Iglesia local y debemos insistir en ese espíritu y práctica.

 

97. Descubrir las “periferias existenciales” nos mueve a superar y terminar con la mentalidad acomodada en que inconscientemente podemos caer en la Iglesia. Aparecida la llamó pastoral de conservación: simplemente se espera a que las personas vengan a la iglesia y esta actitud puede generar un esquema de atención de carácter administrativo, alejado por completo del espíritu de misión.

 

98. Este año, espero que muy pronto, será presentada la segunda edición del Manual Parroquial, que ha sido fruto de reflexión, práctica y revisión de muchos párrocos de nuestra Arquidiócesis. Espero que este subsidio pueda ser un incentivo para impulsar un paso más en la renovación misionera de la parroquia. Necesitamos comunidades parroquiales evangelizadoras en nuestra Ciudad. Dispuestas a ser fermento evangélico en la sociedad urbana.

 

99. El contacto con las periferias existenciales puede ser un factor de purificación y de renovación para las comunidades parroquiales. Así que pido a mis hermanos sacerdotes que en la programación habitual de su parroquia esté considerado esta visita constante y sistemática a todos los rincones del territorio parroquial. Sepan involucrar a los jóvenes en esa acción misionera. Y no descarten programar esa misma acción a sectores o ambientes de personas no necesariamente ubicadas en una fracción territorial.

 

100. El Jubileo de la Misericordia es también un año de gracia para

 volver a poner la cultura de la Misericordia en medio de las relaciones sociales. Para avanzar en esa conciencia, procuremos que en el modo de vida compartido de nuestra gran metrópoli la voluntad de servicio y de velar por los demás brille como una luz constante. Les propongo que como parte de las acciones a desarrollar con las nuevas generaciones, se fomente el espíritu de voluntariado como un compromiso serio de vida aprendiendo a tener espacio para los demás. Será una gran ocasión para consolidar en cada Vicaría la organización y motivación. Sirva de ejemplo el trabajo que hace más de un año se viene realizando en la VIII Vicaría en la zona Chinampera, en donde los jóvenes han consolidado un espacio que ha servido de acogida para muchos otros deseosos de ejercer la misericordia con los más necesitados.

 

101. Un esfuerzo que está relacionado con la configuración de la comunidad parroquial en una comunidad misionera es que la parroquia recupere su vocación de ser escuela de comunión y misión. Que no se limite el trabajo parroquial a la liturgia y a los sacramentos. Es necesario que se ofrezca la necesaria formación a todos los bautizados para que conozcan y vivan su ser discípulos y misioneros. Para esto hay que convocar y preparar a las personas que puedan colaborar con el Párroco en esa tarea fundamental, que de manera especial se debe ofrecer a los padres de familia para apoyarlos en la transmisión de la fe a sus hijos.

 

102. Y no habrá que olvidar que toda comunidad cristiana que mantiene viva su fe en Jesús, el Espíritu suscitará en su seno la inquietud del servicio y de la caridad. La comunidad cristiana siempre da fruto de caridad, que es la principal forma de realizar la misión. Así que la comunidad que testimonia el Evangelio lo hace de palabra y obra, compartiendo desde su pobreza con los más pobres. La comunidad parroquial en salida evangeliza y es evangelizada.

 

103. En este año Jubilar de la Misericordia abramos las puertas de la parroquia a esta experiencia de darle a la comunidad creyente un corazón sensible a los sufrimientos del prójimo, un corazón capaz de compasión y de misericordia. Ciertamente la parroquia es una de nuestras prioridades pastorales, pero enfoquemos bien: en primer lugar no hablamos del edificio parroquial. Hablamos de las personas, de las familias, de quienes integran la comunidad parroquial. Las personas deben ser nuestra prioridad, especialmente las más lejanas, las excluidas. La parroquia está donde está cada persona.

 

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C. Núcleo: Pastor Misionero para la Ciudad, Vocaciones, Vida Consagrada

 

104. Desde que vivimos la experiencia de la Misión 2000, existía la conciencia clara de que si los pastores, los párrocos, no se subían al tren de la misión, no iba a prender la máquina que impulsaba en la dirección de divulgar la buena noticia. La presencia y el testimonio del pastor para su comunidad es fundamental. Es por eso que, al inicio de estas orientaciones, en el punto de la espiritualidad, los puntos principales están dirigidos a los sacerdotes.

 

105. Ser pastor requiere una maduración integral de su persona y de su vocación, que se sostiene y alimenta en ser consciente que necesita una constante conversión.

 

Identidad del Pastor Misionero:

 

  1. Cada Sacerdote está llamado a ser misionero, buscando una pastoral de puertas abiertas y siempre en salida. Siempre dispuesto a servir en cualquier lugar, convencido de que es el Señor el que lo envía.
  2. Cada Sacerdote está llamado a la Santidad, a imagen de Cristo servidor. Un camino en esa dirección es el de la propia conversión pastoral: servidor de todos.
  3. El Sacerdote es signo de comunión. Desde ese rasgo, su misión es ´hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión” (NMI 43). En ese tipo de comunidad es donde florecen la participación y los ministerios.

 

106. Será también el Sacerdote, como presencia que convoca a la comunión, quien tendrá también una gran responsabilidad para crear los puentes de comunicación y comunión con las Comunidades de Vida Consagrada que coincidan en la jurisdicción parroquial o que participen o influyan de alguna forma en la vida de la comunidad. Cuando así se da, se vive una riqueza eclesial de la que todos salen beneficiados.

 

107. El pastor no puede ser dispensado de la responsabilidad de las vocaciones que el Espíritu suscite en su comunidad parroquial. En esto se necesita especial atención y sensibilidad para apoyar y cultivar los brotes que surjan, no sólo a la consagración, sino también a la vida matrimonial. Una de las principales formas de fomentar esta pastoral es que sea el pastor quien encabece la oración de la comunidad por las vocaciones.

 

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D. La Formación como eje transversal

 

108. Esta prioridad pastoral aparece sola, pero en realidad está relacionada con todas las prioridades pastorales. Sin la formación de agentes de evangelización se limita la participación de todos los bautizados en la misión evangelizadora. Así, el II Sínodo consideró necesaria la formación para contar con agentes capaces de llevar adelante el proyecto de la evangelización de las culturas de la Ciudad. Y determinó dar prioridad a la formación de los laicos, asignar recursos para ello, crear centros de formación, entre otros ordenamientos (cf. ECUCIM 2070, 2072, 2486).

 

109. Convencidos de la importancia de la formación de agentes, en el camino postsinodal se han dado pasos significativos: la creación de los CEFALAEs y la insistencia de que cada decanato cuente con al menos un centro de formación (cf. OP 2001), la clarificación de las etapas del itinerario formativo; la insistencia de que la formación de agentes es la columna vertebral del proyecto de renovación pastoral (cf. OP 2010); la elaboración del Marco General para la Formación y la generación de los subsidios para las diversas etapas.

 

110. Hoy consideramos un signo alentador y un don del Espíritu el hecho de contar con directrices (Marco general para la formación), con la ruta (formación inicial, básica, específica y permanente), con algunos materiales (manuales con metodología pastoral y contenidos catequéticos), con centros de formación decanales y parroquiales y con facilitadores entusiastas. Los recursos están a la espera de ser promovidos, utilizados y adaptados a las necesidades de cada vicaría, decanato, parroquia, comunidad menor o ambiente.

 

111. Conforme avanzamos en la conciencia de ser una Iglesia en misión permanente, se revela cada vez con mayor claridad la estrecha interacción entre la formación y la misión. La misión requiere de agentes que sepan dar razón de su fe, den testimonio, sirvan con la alegría de sus convicciones, colaboren con sus pastores de modo corresponsable, lo cual solo se logra con la formación. Pero también porque formar a los bautizados es poner en marcha la dinámica del proceso evangelizador. Así, formación y misión son recíprocas, mutuamente necesarias, piezas fundamentales en la renovación misionera de nuestra Iglesia local.

 

112. La relación entre formación y misión pide ampliar nuestra visión y considerar necesaria la formación no solo de los agentes en servicio, sino de todos los bautizados. El proyecto de la evangelización de las culturas nos hace anhelar que todo bautizado de esta Iglesia particular se configure como discípulo misionero, que haga la experiencia del encuentro con Jesús (formación inicial); afiance su fe; se integre a la comunidad eclesial (formación básica) y se capacite para servir en alguna pastoral en la Iglesia o en el mundo (formación específica).

 

113. Mirar la formación básica como una opción para todos los bautizados, y no solo para los agentes, pide multiplicar las opciones formativas y los facilitadores. Hasta ahora, los CEFALAEs han sido la principal instancia formativa en el decanato y es muy importante seguir fortaleciéndolos; pero esto no se contrapone con la creación de otras modalidades de formación: parroquiales, movimientos, comunidades menores… Al contrario, la multiplicidad de opciones formativas es una riqueza, nos alegra el corazón, es un impulso de salida hacia las periferias, permite ir hacia donde viven y trabajan los bautizados, donde se reúnen las comunidades.

 

114. Para hacer operativa la formación, las parroquias y los decanatos requieren contar con un equipo de facilitadores. La formación básica, al tener como ejes la conversión, la comunión y el apostolado, posee un carácter no solo doctrinal, sino vivencial y pastoral-misionero, el cual pide generar centros de formación participativos, de cercanía y comunión, solidaridad y compromiso eclesial. Las características de la formación básica hacen necesario que los facilitadores sepan aprovechar la metodología propuesta en los manuales. Por esta razón, quien acompaña el proceso es un facilitador.

 

115. El facilitador es un agente cuya vocación va madurando y tomando forma en nuestra Iglesia local. Éste no ejerce su función como en una enseñanza escolar o instituto religioso, sino como un creyente laico que acompaña a otros bautizados, con el fin de hacerles fácil y posible el encuentro con Cristo, a la manera de Jesús. Los facilitadores constituyen una pieza clave tanto en la formación como en el proceso evangelizador y la misión. Por tal motivo son agentes que requieren entender bien su función y ser capaces de proponer y adaptar itinerarios formativos al contexto y a los interlocutores.

 

116. Para lograr que la formación realmente sea la columna vertebral del proyecto misionero, se requiere de la participación corresponsable de todos los agentes: que los obispos, delegados de pastoral, encargados de formación, decanos, párrocos y facilitadores laicos conozcan los itinerarios de formación y los subsidios con los que se cuenta, que motiven a sus facilitadores a capacitarse adecuadamente; que los párrocos y decanos cuenten con un equipo de facilitadores laicos; que identifiquen a los facilitadores formados de sus comunidades y los promuevan para que encuentren espacios para poner sus talentos al servicio de la formación.

 

117. Las metas son que cada decanato cuente con uno o varios centros de formación y que pongan en práctica varias modalidades de formación para acercar los itinerarios a más personas; que en todas las parroquias haya facilitadores formados en acción y numerosos laicos en proceso de formación; que los presbíteros apoyen el trabajo de los CEFALAEs, porque sus egresados pueden constituirse en un apoyo clave para la parroquia; que motiven a los agentes comprometidos de su parroquia a integrarse en ellos.

 

118. Por la importancia de los facilitadores, la Vicaría de Laicos ha puesto al servicio de los decanatos y las parroquias el Programa de Facilitadores, que propone un itinerario específico para ellos. En este momento, el facilitador cuenta con recursos para afianzar su formación integral: el itinerario de formación inicial y básica, el Manual del Facilitador, los manuales Crecer como facilitador 1, 2 y 3; así como diversos centros para acceder a la formación. La meta a lograr es que todos los facilitadores, (independientemente del lugar donde realizan su servicio) se sumen a este programa. Al culminar este proceso se ha propuesto un proceso de certificación.

 

119. La certificación de facilitadores es un medio para mostrar a la comunidad eclesial quiénes son los agentes facilitadores que han alcanzado el fortalecimiento de su identidad, saberes y habilidades para desempeñar el servicio en la formación básica; que cuentan con experiencia, están ligados a una comunidad en la que dan servicio y se integran en programas de formación permanente. Ha sido planteada con miras a poner las bases para que en el futuro este servicio llegue a convertirse en Ministerio.

 

120. La formación pide dar pasos decididos en la generación de materiales para la formación específica, para lo cual se requiere la estrecha colaboración entre las Comisiones y el equipo de Ediciones Pastorales.

 

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VI. CONCLUSIÓN

 

121. La nueva etapa de la Misión Permanente aún debe ser configurada, debe darle rostro el compromiso generoso de todos con la Misión. Tengamos presente que el Año Jubilar nos da una oportunidad providencial para impulsar la práctica de la misericordia como la actitud misionera fundamental.

 

122. Recibamos al Papa Francisco con mucha alegría y esperanza. Todos los mexicanos necesitamos su palabra de aliento y de exhortación que nos recuerde la gran responsabilidad que tenemos de engrandecer nuestra patria sembrando la paz, el cuidado de la naturaleza, la equidad y la justicia para todos. Compromisos que los bautizados debemos asumir en primer lugar.

 

123. Con el Papa meditamos la raíz de la misericordia con la que Dios viene a nuestro encuentro: “‘Dios, rico en misericordia, - no lo olviden nunca: es rico en misericordia - por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados,nos ha hecho vivir con Cristo’ (Ef 2,4). La Cruz de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús nos ha amado ‘hasta el fin’ (Jn 13,1), es decir no sólo hasta el último instante de su vida terrenal, sino hasta el extremo límite del amor. Si en la creación, el Padre nos ha dado la prueba de su inmenso amor donándonos la vida, en la pasión y muerte de su Hijo nos ha dado la prueba de las pruebas: ha venido a sufrir y a morir por nosotros. ¡Y ello por amor: tan grande es la misericordia de Dios! Porque nos ama, nos perdona. Con su misericordia Dios perdona a todos y Dios perdona siempre.”

 

124. En Santa María de Guadalupe hemos recibido una manifestación prodigiosa de la misericordia que el Padre nos regala. Presencia y palabra llena de consuelo porque se ha conmovido por el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¡Que María de Guadalupe, que es Madre de Misericordia, nos ponga en elcorazón la certeza de que somos amados por Dios. Y como san

Juan Diego no dejemos de dar testimonio de su cariño de

madre.

 

125. Este año, nuestra peregrinación también ha sido pasar por la Puerta Santa, que es Cristo mismo. Que sea el comienzo de una profunda conversión para llegar a ser verdaderos misioneros, instrumentos de la misericordia del Padre. Con las palabras del Papa Francisco, pongamos en las manos del Señor nuestro caminar pastoral, y así, la nueva etapa de la Misión Permanente se transforme en anuncio de misericordia para todos los habitantes de la Ciudad de México:

¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! (MV 5).

 

9 de enero de 2016.

Peregrinación de la Arquidiócesis de México

a la Basílica de Guadalupe.

 

 

+Norberto Cardenal Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México

 

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