ORIENTACIONES PASTORALES

2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una nueva etapa de la Misión Permanente

 

Tiempo para madurar nuestra pastoral misionera

 

                      “La verdadera novedad es la que Dios mismo

misteriosamente quiere producir,

la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta

y acompaña de mil maneras”

(EG 12).

 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús,

 

1. Deseo saludar a todos y, en especial, manifestar mi solidaridad a quienes están sufriendo por causa de la violencia. A quienes sienten que ya no tienen motivos para la esperanza y a quienes necesitan consuelo y solidaridad, invitarlos a vivir la fortaleza y la paz que nos trae nuestro Salvador.

 

2. Ruego al Señor por quienes siguen luchando día a día porque están convencidos que es posible un mejor ambiente social. A quienes no se han dejado doblegar por las adversidades. Y a quienes mantienen su confianza en las personas y buscan ser mejores seres humanos. Les puedo asegurar que los sostiene el Amor de Dios presente en su corazón.

 

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I. EL ESPÍRITU PARA CONFIGURAR UNA NUEVA ETAPA

 

Un samaritano que iba de viaje,

llegó a donde estaba el hombre herido y,

al verlo, se conmovió profundamente.

(Cfr. Lc 10,33)

 

3. Las circunstancias que viven nuestra ciudad y nuestra patria, hacen cada vez más urgente que todos los bautizados asumamos nuestra responsabilidad social. Esto no es algo ajeno a nuestra fe, sino consecuencia de la práctica del evangelio, que nos hace capaces de compasión y de involucrarnos en la situación de nuestro prójimo (Cfr. Lc 10,25-37).

 

4. Esa es la Buena Noticia de la que tenemos que ser testigos: que sí es posible la cercanía fraterna entre los seres humanos. El Papa Francisco nos recuerda que Jesús se identifica especialmente con los más pequeños (Cfr. Mt 25,40) y que los cristianos estamos llamados a cuidar a los más frágiles de la tierra (Cfr. EG 209).

 

5. Si así comprendemos nuestro compromiso evangelizador y la reafirmación del camino eclesial que venimos recorriendo juntos, entonces nuestra presencia en medio de la ciudad se convertirá en verdadera levadura (Cfr. Mt 13,33), capaz de ser factor de cambio en bien de todos los que habitan la urbe. Siempre conscientes de nuestra pequeñez, como la semilla de mostaza (Cfr. Ídem 13,31-32),para que la fuerza de Dios se manifieste (Cfr. 2Cor 4,7).

 

6. “Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre nueva” (EG 11).

 

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II. NUEVA ETAPA: CONTINUIDAD Y AUDACIA CREATIVA

 

Como aquel hombre prudente

que edificó su casa sobre roca.

(Cfr. Mt 7,24)

 

7. Con gran alegría y esperanza doy testimonio de lo que el Espíritu del Señor ha ido construyendo y sigue suscitando en el seno de nuestra Iglesia Diocesana. Todo ello para que podamos ser instrumentos del evangelio en la Ciudad de México.

 

8. El camino que hemos recorrido juntos desde el II Sínodo Diocesano, se puede describir como el insistente llamado que nos ha hecho nuestro Salvador Jesucristo a seguirlo como sus discípulos misioneros en la Ciudad.

 

9. En ese trayecto, a pesar de nuestras inconsistencias, el Espíritu Santo ha hecho posible que se genere un cimiento de renovación eclesial, ruta que está señalada por las intuiciones sinodales, y que se ha venido fraguando con el impulso misionero que ha motivado a muchos miembros de nuestra Iglesia local a avanzar en su conversión pastoral en los últimos veinte años.

 

10. Los invito a reconocer y apreciar con toda seguridad, como edificación del Espíritu, este punto de referencia pastoral de nuestra Iglesia diocesana que llamamos Misión Permanente.

 

11. Al final del año 2000, Jubileo de la Encarnación, realicé una convocatoria en la Arquidiócesis para hacer de la Misión una opción permanente. Esa iniciativa pastoral fue ratificada siete años después por los Obispos de América Latina y el Caribe reunidos en Aparecida: ...en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la Gran Misión Continental... Será un nuevo Pentecostés... Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda (DA, Mensaje Final, 5).

 

12. Y también, recientemente el Papa Francisco afirmó:

una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora... invoco una vez más al Espíritu Santo; le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos (EG 261).

 

13. Reconocer la obra del Espíritu en nuestro camino nos hace sentir agradecidos del amor de Dios y nos compromete a perseverar como discípulos, seguros que Jesús camina con nosotros (Cfr. EG 266).

 

14. Pero hay que tener presente que la Misión Permanente en nuestra Iglesia local no es una obra terminada, es un cimiento, cuya base ya perfila el edificio. Es un proyecto que se ha venido gestando en muchos años de experiencia pastoral, siempre buscando responder a las características y necesidades de los habitantes de la Ciudad.

 

15. Su continuidad está apoyada en la entrega y servicio cotidianos de muchos agentes de pastoral, laicos, religiosos, religiosas y pastores, que de forma perseverante han transmitido la fe de generación a generación.

 

16. Su consistencia está apoyada en la reflexión de la Palabra, en la profundidad del Magisterio de la Iglesia, en especial, del Concilio Vaticano II, de la Evangelii Nuntiandi, y en la reflexión comprometida de la Iglesia en América Latina para vivir el evangelio.

 

17. La evolución cultural y plural de la sociedad urbana suscitó paulatinamente la reflexión en los evangelizadores para buscar responder a las nuevas situaciones, formas de pensar y vivir de los habitantes de la ciudad, a la luz de la renovación propuesta por el Concilio.

 

18. Así, la renovación pastoral surge como un nuevo proyecto misionero, con prioridades definidas en la familia, las nuevas generaciones, los más pobres y marginados y los alejados del influjo del evangelio.

 

19. Propone una actitud pastoral dispuesta a renovarse de raíz por medio de la encarnación, del diálogo y del testimonio. Asumiendo la evangelización como proceso, para que sus momentos --primer anuncio, catequesis y servicio apostólico-- se dinamicen e impulsen uno al otro cíclicamente.

 

20. Es un camino de nueva evangelización que hay que construir con el espíritu que impulsó el Papa San Juan Pablo II: con nuevo ardor, es decir, con la fuerza interior que nace de la conversión. Con nuevos métodos, nuevos medios y nuevas modalidades para encarnar el Evangelio en nuestras realidades. Con nuevas expresiones, nuevos símbolos y un nuevo lenguaje que tenga empatía con las culturas de nuestro tiempo en la Ciudad; que hagan eco en sus aspiraciones, y creen sintonía en los valores y motivaciones que se identifican con el Reino de Dios.

 

21. Es una plataforma eclesial pensada para una participación amplia y corresponsable, impulsada por una formación integral y progresiva de todos los bautizados. Con unas columnas resistentes, por la búsqueda constante de conversión, comunión y servicio.

 

22. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús (EG 120).

 

23. Nuestro proyecto pastoral, don del Espíritu, convoca a todos y busca llegar a las periferias. Da pautas que permiten evaluar sobre la marcha la coherencia de los agentes, exigir que se privilegie el testimonio entre los medios de evangelización, y tener el valor de purificar la organización pastoral para que transmita evangelio.

 

24. Es un cimiento que tiene suficiente profundidad y amplitud para que la Iglesia diocesana desarrolle sus dones y carismas, para acompañar la pluralidad y diversidad de los ambientes culturales de la ciudad.

 

25. Y es que el Espíritu Santo ha regalado a nuestra Arquidiócesis una gran riqueza en personas, experiencias y procesos pastorales. Gracias a ello se fraguó la vivencia eclesial que significó el II Sínodo y la conciencia de la urgencia de una pastoral misionera para la Ciudad.

 

26. Así, en los veinte años de caminar postsinodal se han ido gestando los puntos de apoyo para responder a los grandes retos que nos presenta la evangelización de las culturas de la Ciudad de México.

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III. RETOS PASTORALES PRIORITARIOS

 

Formamos un solo cuerpo en Cristo,

dependemos unos de otros

y tenemos carismas diferentes

según el don que hemos recibido.

(Rom 12,5-6)

 

27. El camino de renovación por el que nos ha llevado el Espíritu de Jesús, ha hecho cada vez más evidentes los retos que tenemos como Iglesia con la encomienda de llevar la Buena Noticia a los habitantes de la Ciudad de México. Uno de los principales desafíos es la participación de todos los bautizados en la misión evangelizadora, teniendo presente que estamos llamados a ser piedras vivas de la construcción que realiza el Señor (Cfr. 1Pe 2,5).

 

28. Tanto la evaluación del año 2012, como los análisis realizados en los distintos ámbitos pastorales, así como la consulta en la XX Asamblea Diocesana, han ido clarificando las prioridades y algunos caminos para su concretización.

 

29. En la misión de evangelizar en nuestra Ciudad son muchas las tareas por realizar y muchos los ambientes en los cuales hacer presente la Buena Noticia. Es por eso que señalar las prioridades orienta la pastoral orgánica para conjuntar esfuerzos en la construcción de las columnas que sostienen el edificio pastoral:

 

 la opción misionera que le da identidad a nuestra pastoral,

 y la formación de agentes como discípulos misioneros, que hace posible su puesta en práctica.

 

30. Estas dos columnas que sostienen e identifican nuestro proyecto pastoral deben partir desde la base de nuestras estructuras y organización que son nuestras comunidades parroquiales. Esto ya ha empezado a suceder en varias parroquias, pero debemos intensificar la reflexión y motivación hacia los pastores, religiosas, religiosos y evangelizadores laicos, para que hagan suya la convicción y el proceder misioneros.

 

31. La experiencia pastoral nos sigue diciendo que los programas que no logran tener cimiento en el ámbito parroquial no perduran mucho tiempo. Por ello debemos tener presente que la renovación pastoral está dirigida a la parroquia, sobre todo en tres vertientes:

 

para que se convierta en comunidad misionera abierta a todos;

para que sea una comunidad testimonial que siente la responsabilidad de transmitir la fe;

y, para que llegue a ser una comunidad solidaria capaz de cercanía con todos, especialmente los marginados.

 

32. Diseñar comunidades que acojan y reciban a todos es un reto grande para nuestras parroquias, es una necesidad urgente en el ambiente urbano, que cada vez más resiente la carencia de espacios de encuentro humano y fraterno, donde no se hagan diferencias que marginan y excluyen.

 

33. Exhorto a los pastores y a los agentes laicos a considerar que en la construcción de una comunidad parroquial que se caracterice por su ambiente fraterno es de primordial importancia, la cercanía con todos, el trato personal y familiar. Por este motivo, hay que revalorar los elementos propuestos al inicio del proceso postsinodal para “humanizar” nuestra atención pastoral: delimitando sectores territoriales afines; identificando sectores ambientales prioritarios; motivando la integración de comunidades menores como expresión capilar de la gran comunidad parroquial. Esto requiere de un conocimiento previo de las personas que tienen capacidad de convocatoria y de los lugares adecuados para realizar esta vivencia fraterna de fe.

 

34. En un buen número de parroquias, uno de los caminos más seguros para ir motivando esa organización parroquial son las tradiciones y prácticas que nacen de la piedad y religiosidad popular. Los sectores, sean por afinidad en las características territoriales o por las características de las personas, podrán encontrar un camino para fortalecer su identidad si los signos y los nombres que se sugieran coinciden o están cercanos a sus raíces de grupo, de familia o de pueblo.

 

35. Tengamos la aspiración de que nuestras parroquias vayan configurándose como escuelas de comunión y de servicio. Éste es un proceso que requiere perseverancia, pues hay que integrar y preparar equipos eclesiales que sean formadores en los distintos niveles: inicial, básico y específico. Para ello habrá que facilitar que los medios y subsidios de formación estén al alcance de todos. Siempre dispuestos a conjuntar fuerzas con las parroquias vecinas.

 

36. De esta manera, una comunidad se configura en Misión Permanente cuando comienza a moldear su organización y actividad para darle prioridad al anuncio de la Buena Noticia a los más pobres y alejados, cuando cuida como su tarea más preciosa cimentar la fe de todos los bautizados para que vayan madurando como discípulos y como misioneros, y cuando busca que su vivencia de fe culmine siempre en acciones significativas de caridad y de servicio.

 

37. Una Comunidad que vive el impulso de la Misión Permanente comienza a atraer a muchas personas que se sienten recibidas y partícipes. También por ese camino, las nuevas generaciones pueden convertirse en protagonistas y encabezar las acciones parroquiales.

 

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IV. ÁREAS PRIORITARIAS Y METAS A LOGRAR

 

Fortalezcan, pues, sus manos cansadas

y sus rodillas temblorosas,

y preparen caminos planos a fin de que

el pie torcido sane y no vuelva a dislocarse.

(Heb 12,12-13)

 

38. El resultado de la consulta en la XX Asamblea Diocesana vino a confirmar las áreas de pastoral que debemos atender con más esmero en esta nueva etapa de la Misión Permanente:

 

  1. el acompañamiento a la familia, en sus distintas etapas y realidades;
  2. el apoyo a las nuevas generaciones, renovando la confianza en los jóvenes y en su potencial presente y futuro;
  3. el hacerse presente en las periferias, yendo al encuentro de los pobres y alejados;
  4. cultivando las vocaciones que sigue sembrando el Espíritu;
  5. retroalimentando el espíritu y el ministerio de los pastores para que animen y encabecen la opción misionera;
  6. todas esas prioridades deben ir construyéndose desde la base de la organización pastoral, que se identifica con la parroquia, sin olvidar la perspectiva sinodal: la ciudad necesita una atención de sectores territoriales y de ambientes culturales.

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A. La Familia: cimiento de humanidad y fe.

 

39. La importancia de la atención pastoral hacia la familia es una constante desde el II Sínodo y que se ha venido corroborando en cada etapa que hemos vivido. Sin duda, un imperativo importante será delinear con claridad un itinerario parroquial para organizar la pastoral familiar, en la cual deben colaborar distintas instancias pastorales, además de la comisión específica: pastoral misionera, pastoral catequética, pastoral social, pastoral de la vida, pastoral de la cultura y los movimientos con carisma familiar.

 

40. El Directorio Pastoral para el Matrimonio orienta sobre las etapas de acompañamiento que es necesario implementar para conformar una pastoral del matrimonio y de la familia. Esta tarea requiere de la organización de varios equipos eclesiales, cuya integración debe ser animada y supervisada por las Vicarías Funcionales, de tal manera que participen diferentes agentes de pastoral.

 

41. La preparación del conjunto de las etapas de acompañamiento debe considerar, además del objetivo de cada una, el perfil de los agentes específicos, su camino de formación, el perfil y la espiritualidad de los equipos eclesiales y el itinerario de acompañamiento para los matrimonios y familias de las que se trate.

 

42. Conforme la preparación de este proyecto avance, sería conveniente implementarlo como experiencias piloto en diferentes lugares de la Arquidiócesis, de tal manera que ese ejercicio permita enriquecer y delinear las modalidades que se necesiten en los distintos ambientes sociales y culturales de la ciudad.

 

43. Cuando en nuestra atención pastoral habitual seamos capaces de acompañar a los matrimonios y familias, apoyándolos en su vocación y misión, entonces estaremos tocando uno de los factores decisivos para que la convivencia social reciba el influjo de los valores del evangelio.

 

44. En nuestra sociedad urbana la realidad de la familia es plural y diversa. Como Iglesia debemos estar atentos para acompañar, humana y pastoralmente, a las familias que viven en estas situaciones especiales. Esto pide de los cristianos comprometidos y de los agentes de pastoral familiar, incluyendo a los pastores, un conocimiento más profundo de esas situaciones con lo cual se capaciten para acciones evangelizadoras diferenciadas.

 

45. Una petición oportuna y justa, propuesta en la Asamblea Diocesana, es que si vamos a tomar el compromiso de generar una organización pastoral para tratar como verdadera prioridad a la familia, los Obispos de cada Vicaría Territorial, y por supuesto el Arzobispo, seamos los primeros en impulsar y animar cada paso de este proceso.

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B. Ir al encuentro de las Nuevas Generaciones

 

46. La opción por las nuevas generaciones no es una moda pastoral, es una opción vital para la Iglesia y, ya urgente para nuestra Iglesia arquidiocesana. No sólo está de por medio pasar la estafeta generacional, sino también, la vitalidad de la fe en nuestras comunidades.

 

47. Durante la visita pastoral fue evidente que los pastores se experimentan rebasados por las exigencias que tiene la atención a los jóvenes. Por tanto, resulta indispensable establecer un programa que afronte esta pastoral integrando equipos. Este criterio incluye la necesidad de que el párroco, y en general los pastores, estén involucrados de lleno en el proceso de trabajo y sean sus animadores principales.

 

48. De forma similar a lo indicado para la pastoral familiar, en la atención de las nuevas generaciones deben colaborar diferentes pastorales. Desde hace dos años ya existe una Comisión de seguimiento de la Misión Juvenil. Ésta instancia debe continuar dando seguimiento a estos trabajos e impulsar la colaboración de todas las Comisiones, personas y organizaciones especializadas que se requieran.

 

49. Un criterio a tomar en cuenta es continuar escuchando, estudiando y analizando la voz y la realidad de los jóvenes en la ciudad, pues como ninguna otra pastoral, la atención a las nuevas generaciones necesita de una confrontación y participación directa de los jóvenes en el análisis, planeación y evaluación de los programas que se decidan. La misión juvenil ha de ser un medio para sintonizar con las nuevas culturas en nuestra acción evangelizadora.

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C. La evangelización de las culturas y sus periferias existenciales

 

50. Sin duda, ésta es la gran prioridad sinodal que aún nos reta más fuertemente. No es porque no existan experiencias o iniciativas notables, sino porque en el conjunto de la Arquidiócesis aún no hemos logrado comprender y asumir las implicaciones de los nuevos areópagos y de los lugares de exclusión y de pobreza de nuestra ciudad. Requerimos una conversión pastoral más a fondo, para romper muchos estereotipos que condicionan a toda la comunidad creyente.

 

51. Es necesario orientar las vertientes principales en esta área de pastoral:

 

  1. Que todo equipo o iniciativa misionera busque siempre, en primer lugar, ir hacia los más pobres o excluidos; o se enfoque hacia un ambiente cultural específico.
  2. Que todo itinerario formativo, como parte substancial de su estructura, incluya una iniciativa de servicio hacia los más pobres o excluidos; y, también tenga el objetivo de hacerse presente en un ambiente cultural específico.

 

52. También, veo conveniente tomar una dirección más firme para formar, fortalecer y facultar a los laicos para que se hagan presentes, como Iglesia, mediante ministerios específicos en los ambientes culturales donde la fe está ausente. Esta decisión debe formularse como un conjunto de programas de las comisiones del Secretariado de Pastoral Socio- caritativa y de la Comisión de Cultura, aunque requiere también de la cooperación y supervisión de toda la organización pastoral.

 

53. Nuestra visión pastoral habitual pocas veces se ha enfocado en acompañar y alimentar a las personas en los distintos ambientes de trabajo. Este es un desafío que en la urbe tendría grandes repercusiones de humanización. Sería necesario profundizar en esa realidad múltiple con la intención de configurar una presencia de carácter kerigmático y, a partir de ese perfil, desarrollar un ministerio específico. Con ello, se abriría para la Misión Permanente una gran brecha de compromiso apostólico diversificado, tan amplio como múltiples son los lugares de trabajo formal e informal en donde deberán hacerse presentes los agentes de pastoral.

 

54. En el mismo sentido, es urgente fortalecer el acompañamiento y los vínculos de colaboración con tantas organizaciones civiles que están atendiendo las necesidades de sectores sociales desfavorecidos. Muchos de estos esfuerzos han nacido de la motivación de la fe, o de la solidaridad humana. En ambos casos debemos descubrir allí la acción del Espíritu, pues están siendo un camino concreto para estar fraternalmente presentes en las periferias.

 

55. En la vinculación con las organizaciones de servicio y promoción humana, habrá que continuar los pasos que se han dado desde el pasado Congreso de Laicos, manteniendo la coordinación entre COMOLAI, Cáritas, Cultura, Pastoral Juvenil y la Vicaría para los Laicos. También para mantener la reflexión con las Universidades y las Organizaciones interesadas en fortalecer la conciencia social hacia el voluntariado y la solidaridad.

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D. La vocación cristiana, fuente de la comunión y la misión

 

56. Aunque sin duda vivimos una fuerte crisis vocacional en lo cuantitativo, sobre todo debemos trabajar por mejorar el acompañamiento vocacional para enfrentar la crisis cualitativa. Se necesitan más vocaciones. Pero sobre todo se necesitan mejores vocaciones.

 

57. Debemos reconocer que la debilidad de la pastoral vocacional no sólo radica en la organización o en las estrategias, sino en el débil testimonio que damos los bautizados y, en especial, los consagrados religiosos y los ministros ordenados.

 

58. Por tanto, revisar la pastoral vocacional significa un llamado a todos los que nos ha llamado el Señor Jesús a una conversión seria, revisando nuestro estilo de vida y nuestro trato hacia el prójimo. Ese es el factor fundamental para que la pastoral vocacional comience a tener resultados, incluso por encima de todos los factores externos de la cultura de nuestro tiempo.

 

59. Este es un interés urgente de toda la Comunidad Arquidiocesana, en el que todos debemos incluirnos y colaborar, especialmente para cultivar las vocaciones a la Vida Consagrada y al Sacerdocio, que el Espíritu no deja de sembrar en muchos corazones.

 

60. En especial convoco a los Párrocos y a los Hermanos y Hermanas de los distintos Institutos de Vida Consagrada para que estemos dispuestos a colaborar en una campaña permanente de oración, de promoción y de generosa colaboración en favor de las vocaciones. Con el espíritu y el criterio de que todas las vocaciones son para la Iglesia y para la Misión. Confío en que cada vez podamos tener una mejor organicidad en el trabajo diocesano, que integre más activamente a todas las comunidades religiosas y grupos apostólicos, especialmente en el ámbito parroquial.

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E. El Pastor Misionero para la Ciudad de México.

 

61. Animo a los sacerdotes a que sean los primeros promotores del discipulado y de la misión. Hemos sido llamados para estar con Jesús y enviados a predicar (cf. Mc 3, 14). Mis hermanos obispos tienen la encomienda de atenderlos de manera preferencial, pues ustedes, los párrocos, son los primeros agentes de una auténtica renovación de la vida cristiana en el pueblo de Dios.

 

62. Procuremos tener a Jesús como fundamento y centro de nuestra vida, para que podamos experimentar la alegría y la fecundidad de nuestra vocación. El sacerdote es ante todo un hombre de Dios (1 Tm 6, 11), que tiene una profunda amistad personal con Jesús, que comparte con los demás los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2, 5). Sólo así un sacerdote – pastor será capaz de llevar a los hombres hacia el Salvador, y ser signo de su amor.

 

63. Un planteamiento insistente durante todo el proceso postsinodal es la necesidad de una comunión más profunda entre pastores y laicos. Hay que comenzar por valorarse mutuamente para distinguir los caminos de complementariedad. Tanto el presbítero como los laicos aportan a la Iglesia elementos indispensables para el cumplimiento de la misión. Por ello, les pido que no nos dejemos atrapar por prejuicios, enfrentamientos vanos y descalificaciones sin sentido. Escuchemos al Espíritu que está hablando a todos para hacer realidad el Cuerpo de Cristo entre nosotros.

 

64. En todos los niveles de reflexión y de evaluación se ha seguido insistiendo sobre la importancia de los presbíteros, especialmente de quienes son Párrocos, en el desarrollo y continuidad del proceso pastoral. Son varias las necesidades apuntadas, pero las principales tienen que ver con la persona y vida de los pastores; con su tarea y misión de servicio pastoral en la comunidad; y, finalmente, con su relevancia en la organización y coordinación pastoral de la parroquia, en el decanato, vicaría y arquidiócesis.

 

65. En cuanto a lo que tiene que ver con su persona y vida, existe preocupación de que las necesidades básicas de los presbíteros sean atendidas, tanto en salud, comunicación con los obispos y el arzobispo, que se sientan partícipes de la planeación diocesana y en la actualización en su formación espiritual y pastoral. La problemática de aislamiento, por diferentes motivos, de un número significativo de presbíteros repercute en su ministerio y en su comunión con la Iglesia local.

 

66. En su misión de servicio pastoral hacia la comunidad, los pastores, tanto diocesanos como religiosos, tienen necesidad que se fortalezca el vínculo con el Obispo y con sus hermanos presbíteros. Esta relación fraterna le da mayor certidumbre al servicio de cada pastor. También, es indispensable que la relación de comunión entre laicos comprometidos y pastores se apoye en valores evangélicos y de apostolado para que sea profunda y no esté sujeta a condicionamientos humanos.

 

67. Con respecto a que el pastor es el centro de la comunión y participación en la comunidad, el crecimiento del número de laicos que están dispuestos a participar en la tarea de evangelización está significando para muchos presbíteros un desafío, pues hay que hacer evolucionar el esquema organizativo centralizado en el Párroco, a un esquema que permita delegar funciones y responsabilidades, donde la participación es plural y hay espacio para iniciativas en acciones que ordinariamente no eran contempladas. La perspectiva misionera así lo va provocando.

 

68. En medio de todas estas exigencias, cada vez mayores para todos los pastores, quiero reiterar mi apoyo fraterno de Obispo para cada uno de los ministros ordenados. Su vocación y su ministerio es un don invaluable del Espíritu para nuestra Iglesia diocesana. Junto a cada uno de ellos, quiero afrontar estos retos, antiguos y nuevos, con serenidad y confianza, pues la fuerza del Señor siempre nos acompaña. Desechemos el temor, llenemos de esperanza nuestro servicio diario, siempre buscando la comunión, y el Señor Jesús completará amorosamente lo que nuestra fragilidad no alcance a realizar.

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F. La Formación de los Laicos como discípulos misioneros

 

69. Como expresé antes, la formación de todos los bautizados es una de las dos columnas en que se apoya nuestro proceso pastoral misionero. Y, cuando hablamos de la formación de los bautizados laicos nos estamos refiriendo, de manera central, al trabajo pastoral que está dinamizando con mayor fuerza nuestro caminar diocesano.

 

70. El proceso que ha estado viviendo la formación de los laicos describe con claridad el momento que vivimos como Arquidiócesis y el potencial que se va revelando. Paso a paso se ha ido estructurando el itinerario de formación en sus distintas etapas y, paralelamente se ha ido desarrollando la capacitación de laicos que acompañan a otros laicos en su formación inicial y básica. Esto ha favorecido que se vislumbre la posibilidad de multiplicar los lugares y modalidades de formación para que esté al alcance de más bautizados. Este potencial requiere ser acompañado y supervisado por los pastores para que se realice con eficacia.

 

71. Hace casi 19 años, en mayo de 1996, presenté la Orientación Pastoral acerca de la formación de agentes laicos para acciones específicas. Y, es ahora que se da la posibilidad de ofrecer la formación específica de manera más organizada y formal, porque han ido confluyendo los elementos que nos hacían falta para el apoyo de los apostolados específicos.

 

72. Un ejemplo de este crecimiento es la concretización de los subsidios para la formación de catequistas de adultos y la presentación de la catequesis de adultos por ciclos litúrgicos. Avanzar en la evangelización de los bautizados laicos adultos será un paso decisivo hacia la madurez de nuestras comunidades cristianas.

 

73. La formación de los agentes de pastoral apenas está repuntando, somos una Iglesia Arquidiocesana privilegiada, pues contamos con una serie de elementos que nos pone en ventaja pastoral para hacer de nuestras parroquias verdaderos centros de formación, desde la etapa inicial hasta la etapa del compromiso apostólico. No dejemos en el tintero el “Marco General para la Formación de los Agentes de Pastoral en la Arquidiócesis de México”, es un instrumento esencial para generar los itinerarios de formación según las necesidades de cada comunidad, los materiales impresos (manuales), fruto del caminar diocesano y la visión de la formación como acompañamiento; todo ello, es un verdadero tesoro para que las parroquias lo aprecien y lo utilicen en su propio desarrollo como comunidades misioneras.

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G. La Parroquia, comunidad misionera y testimonial

 

74. En esta nueva etapa de la Misión permanente es de vital importancia avanzar aún más en la comprensión de la Parroquia como espacio clave para la renovación e impulso de nuestra pastoral. Mucho he insistido en otras ocasiones en que la Parroquia tiene que ser considerada como una comunidad misionera y solidaria que está más allá de su concepción geográfica, en donde su pastor es clave para su renovación.

 

75. Por eso, la V CELAM con justa razón, afirma que: “La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración." (DA n. 201)

 

76. La llamada nueva evangelización abre los horizontes al clarificar que en una parroquia se pueden atender situaciones que en el pasado solo se comprendían dentro de la misión ad gentes o en pastorales especializadas. Debemos sostener el objetivo de que se convierta en casa para todos, pues tiene una vocación de servicio inclusiva, de manera especial hacia los más pobres y necesitados, como el Papa Francisco lo ha insistido.

 

77. Los fieles anhelan una Parroquia cercana, sencilla, comprensiva y misericordiosa. Pido a todos los agentes de pastoral, principalmente a mis hermanos obispos y sacerdotes, especialmente a los párrocos, que se empeñen en hacer de las vicarias, de los decanatos y parroquias escuelas de verdadera caridad, de atención fraterna, de formación cristiana, de comunión corresponsable, de administración transparente, de organización y planeación pastorales.

 

78. Pido a ustedes que redoblen sus esfuerzos personales y pastorales para ofrecer respuestas de continuidad confiables en los cambios de párrocos. Una casa con el corazón y las puertas abiertas para lo nuevo, pero también manteniendo una línea continua con las prioridades diocesanas, los programas vicariales y con el plan pastoral parroquial, aunque sea fruto de otra etapa parroquial encabezada por otro pastor.

 

79. La XX Asamblea Diocesana nos dio la oportunidad de retomar la reflexión propositiva sobre la Parroquia, en donde todos tenemos tareas pendientes a realizar. Quiero poner un énfasis en lo que se refiere a la propuesta de la Misión Juvenil, ahí encontramos una serie de pasos a dar comenzando por acciones testimoniales que nos ayudan a “preparar el corazón” de las personas para recibir el evangelio de nuestro Redentor. Es en las parroquias en donde se hará operativo el proceso con rostro joven de la Misión Permanente. La tarea es mantener una actitud Kerigmática, al estilo de Jesús; procurando situar la Palabra de Dios en el centro de toda acción, ella es la fuente del proceso evangelizador con sentido misionero.

 

80. El Encuentro con Cristo siempre es un camino de revitalización de la vocación y misión de la parroquia. Para que se viva esta retroalimentación constante es necesario que cada miembro de la comunidad asuma su compromiso de conversión y servicio cristiano. Con ese espíritu, la comunidad parroquial podrá transmitir la fe a otros hermanos que no se han encontrado con Cristo, utilizando los procesos de Iniciación y re-iniciación cristiana.

 

81. También el Directorio Pastoral para los Sacramentos de Iniciación Cristiana (DIPSIC) es un punto de referencia en este rubro, pero según constaté en la pasada visita pastoral, falta mucho para ponerlo en marcha en su totalidad. Aún son muchos los decanatos en los que se nota una gran divergencia de criterios para la administración de los sacramentos de la Iniciación cristiana; además de que se provoca desconcierto entre los fieles, no se avanza en la evangelización de los más alejados.

 

82. Quiero subrayar la urgencia de relanzar también los equipos misioneros parroquiales, el año pasado en mis orientaciones los señalé como una de las tareas primordiales a retomar. Los equipos misioneros asumen un servicio de animación e impulso de la Misión permanente, son estos equipos los que garantizan que no se pierda el ritmo de trabajo pastoral en las comunidades, colaborando corresponsablemente con el Consejo de Pastoral Parroquial, el proceso evangelizador va siendo observado y evaluado de manera continua.

 

83. El equipo misionero debe renovarse mediante el itinerario de formación y espiritualidad misionera. Su misión es ser animador en todos los ámbitos de la parroquia, motivando la participación de todos. Su servicio deberá tomar en cuenta dinámicas y actividades pre-evangelizadoras para ir al encuentro de los más alejados, especialmente de los adolescentes y jóvenes; en fin, de las nuevas generaciones.

 

84. He visto con mucho gusto que en algunas parroquias se han confiado a los laicos algunos ministerios y otros servicios pastorales, como celebradores de la Palabra, animadores de asamblea y de pequeñas comunidades de formación, de oración y de caridad.

 

85. Aprovecho para reconocer y animar a los agentes laicos de pastoral que cumplen una magnífica labor dentro y fuera del ámbito eclesial. Les invito a mantenerse firmes en el compromiso que adquirieron en el bautismo y en la confirmación (cfr. DA n. 211). Tenemos que continuar trabajando porque aún nos falta mucho que recorrer al respecto de los ministerios laicales.

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V. HORIZONTE DE LA NUEVA ETAPA DE LA MISIÓN PERMANENTE

 

Están cimentados en el edificio

cuyas bases son los apóstoles y los profetas,

cuya piedra angular es Cristo Jesús.

(Ef 2,20)

 

86. El camino para madurar nuestra pastoral misionera aún pide mucha entrega y perseverancia, comunión, servicio, audacia, creatividad y confianza en el Espíritu del Señor. Este camino tiene un horizonte de mediano y largo plazo, pero esta Nueva Etapa de la Misión Permanente está llena de esperanza por todos los dones que hemos recibido del Espíritu Santo, que nos dan la certeza que el Señor camina con nosotros.

 

87. En este documento he querido marcar la dirección por la que el Espíritu nos pide responder. Estas orientaciones ahora deben ser convertidas en programas, en guías de trabajo, en itinerarios formativos, en subsidios adecuados a las personas y ambientes. Tanto las Vicarías Funcionales como las Comisiones Arquidiocesanas y los diversos movimientos apostólicos aporten y apoyen a las Vicarías Territoriales, Decanatos y Parroquias para que se concreten los programas y acciones adecuados.

 

88. En nuestro proceso pastoral tenemos una tarea pendiente que debemos abordar: la comunicación pastoral. Esperamos que la coordinación que se ha conjuntado para ese efecto nos comparta pronto el proyecto para que la red de comunicación pastoral comience a funcionar. Desde ahora ya todos nosotros, como agentes de pastoral, debemos tener el interés de comunicar y compartir las distintas iniciativas y resultados de nuestro trabajo pastoral.

 

89. Delante de esta nueva etapa de la Misión Permanente y sus retos pastorales, quiero exhortar a todos los agentes de pastoral, en especial a quienes tienen responsabilidad de encabezar o coordinar los diversos grupos, apostolados, e instancias pastorales: no se abrumen ni se agobien. Vivamos con confianza y apertura este nuevo desafío. El Espíritu Santo nos conduce. El criterio es la continuidad y la comunión. Cada tarea ordinaria y habitual tomará un matiz nuevo y dinamizador en la medida en que lo impregnemos de espíritu misionero.

 

90. Además, tengamos presentes los acontecimientos de la Iglesia Universal que enriquecen nuestro proceso eclesial, y que en este año 2015 tienen una especial sintonía con nuestras prioridades pastorales.

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A. SEGUIMIENTO DEL SÍNODO DE LA FAMILIA

 

91. El Papa Francisco al convocar a la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización, pidió a los presentes en el Sínodo, cardenales, obispos, sacerdotes y laicos, hablar con la máxima libertad. “No tengan miedo a hablar”, dijo el papa Francisco. Tengan presente que la familia, cualquiera que sea su situación o sus crisis, debe ser “acogida”, “escuchada” y “acompañada”, porque la Iglesia tiene siempre “las puertas abiertas” a todos los hombres, por muy irregulares o difíciles que sean sus vidas, por muy cercanas o alejadas de Dios.

 

92. Deberemos estar muy atentos a los resultados de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos que se llevará a cabo este año y que seguramente nos dará muchas luces en la tarea a la que nos estamos abocando para implementar el acompañamiento de las familias en nuestra pastoral de base.

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B. AÑO DEDICADO A LA VIDA CONSAGRADA

 

93. Otro acontecimiento eclesial importante es el año dedicado a la Vida Consagrada, que dio inicio el 30 de noviembre pasado y culminará el 2 de febrero del 2016. El Santo Padre ha pedido a los religiosos que “contagien su alegría”, “sean valientes” y “vivan con alegría” su vocación para “mostrar a todos que seguir a Cristo y poner en práctica su evangelio llena su corazón de felicidad”.

 

94. En nuestra Iglesia local la presencia activa de la Vida Consagrada en todas sus expresiones es de suma importancia. Desde su origen, la Iglesia Católica en la Ciudad de México, ha contado con el valioso aporte evangelizador de Religiosos y Religiosas. Este año especial nos da la oportunidad de aquilatar el testimonio y los carismas de los numerosos institutos de Vida Consagrada que son parte de nuestra Iglesia Arquidiocesana.

 

95. Saludo afectuosamente a todos los Institutos masculinos y femeninos, los invito a que reflexionemos cómo podemos intensificar nuestra comunión en favor de la misión evangelizadora en la ciudad. De las prioridades que propongo en estas orientaciones, su experiencia, preparación y organización pueden resultar muy importantes para dar un impulso fuerte a la pastoral vocacional, a la pastoral juvenil y a la formación de agentes.

 

96. Invito a todos los agentes laicos, a los Párrocos y Obispos a motivar a toda la comunidad de bautizados a realizar a lo largo de este año especial encuentros de oración, de reflexión y celebraciones especiales invitando a los religiosos y religiosas para dar gracias a Dios por su presencia de consagrados y alimentar en toda la comunidad arquidiocesana el aprecio por esta vocación y la comunión fraterna con quienes consagran su vida al Señor.

 

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VI. CONCLUSIÓN

 

97. En comunión con la enseñanza del Papa Francisco hago eco de su exhortación a todos los que quieren seguir a Jesús: La evangelización se hace de rodillas. La fuerza del hombre es la oración y también la oración del humilde es la debilidad de Dios. El Señor es débil sólo en esto; es débil frente a la oración de su pueblo. Seamos constantes en la oración para que el Señor nos mantenga fuertes al servicio del Evangelio.

 

98. En esta nueva etapa pastoral

te ruego Padre que sigas alimentando con tu Espíritu a la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México.

Señor Jesús reafirma en nuestros corazones la vocación misionera que nos has dado,

para que continuemos construyendo comunidades de fe y servicio,

capaces de testimoniar con alegría la Buena Noticia en las periferias urbanas.

 

99. Padre Bueno,

con tu Espíritu modela nuestro corazón

con los mismos sentimientos de tu Hijo Jesús.

Danos un corazón nuevo,

como el de María de Guadalupe,

siempre valiente y mostrando tu compasión.

Modela nuestro corazón y pon en él la sencillez de Juan Diego

para ser fieles misioneros de tu Palabra.

Que tu amor sin medida nos transforme para que nuestra alegría

sea dar testimonio de tu amor

a todos los que lo necesitan.

 

10 de enero de 2015.

Peregrinación de la Arquidiócesis de México a la Basílica de Guadalupe.

 

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