ORIENTACIONES PASTORALES

2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I - INTRODUCCIÓN [1-9]

 

II - Continuar a la escucha de la Ciudad [10-25]

 

Nueva actitud hacia los desafíos del mundo actual (15-16)

Es el momento de rejuvenecer la Misión Permanente (17 - 25)

 

III - Líneas programáticas para nuestro caminar pastoral [26-52]

La transformación misionera de nuestra Iglesia (27-30)

Renovar la conversión a la Misión (31-33)

Que se haga vida la comunión fraterna(34-36)

Sentido de la espiritualidad misionera (37-38)

Catolicismo popular: un precioso tesoro (39-40)

La novedad del Kerigma (41-42)

Lo primero: anunciar el evangelio a los pobres (43-46)

Desafíos pastorales sobre la familia(47-50)

Configuremos una nueva etapa de Misión Evangelizadora(51-52)

IV - La alegría de los discípulos misioneros [53-59]

 

V - Estructuras claves para relanzar la Misión [60-84]

 

Para renovar las estructuras y organización pastorales (66)

La parroquia y su responsabilidad misionera (67 - 73)

Que la homilía en la Liturgia comunique el Evangelio (74-76)

Sectorizar para personalizar la evangelización (77 - 79)

El Equipo Misionero Parroquial y la reactivación de la Misión (80)

Equipo Misionero Decanal, expresión de comunión misionera (81 - 82)

Posibilidad para madurar la acción misionera urbana (83-84)

 

VI - Programas diocesanos prioritarios [85-132]

 

Renovar la entrega de los agentes de pastoral (90-93)

El futuro hoy: los Jóvenes y las nuevas generaciones (94 - 104)

La família, atención pastoral que involucra a todos (105-110)

Las vocaciones: el Espíritu del Señor sigue llamando (111 - 115)

La Parroquia: espacio de encuentro y de envío en la fe (116 - 121)

Los equipos misioneros, animadores de toda la comunidad (122 - 126)

La sectorización territorial y ambiental: hacia la evangelización capilar (127-128)

Cercanía al servicio de los más pobres (129 - 130)

Oportunidad de consolidar una coordinación pastoral misionera (131 - 132)

 

VII - Enviados por el Espíritu [133-136]

Los discípulos, por su parte, estaban

llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Hech 13, 52

 

I. INTRODUCCIÓN

 

1. Doy gracias al Señor porque en nuestra experiencia eclesial nos va mostrando con claridad cómo su Espíritu nos acompaña y nos enseña el camino a seguir. Eso ha quedado patente en la riqueza del II Sínodo Diocesano y en los 20 años de proceso postsinodal que hemos caminado juntos.

 

2. Como tendrán presente, en el año 2012, en que se cumplía el vigésimo aniversario de la realización del Sínodo, les propuse llevar a cabo una amplia evaluación pastoral, para que a la luz de esa revisión y análisis pudiéramos renovar e impulsar nuestra opción por la Misión Permanente.

 

3. Así lo hicimos, y por medio de los Foros de reflexión y la Consulta sobre las Culturas Religiosas en la Ciudad de México, hemos obtenido una valiosa iluminación que estamos comenzando a aprovechar para impulsar nuestra tarea evangelizadora y, seguramente, aún podremos profundizar más en el análisis de la realidad que describen los datos recogidos.

 

4. En una primera proyección, el año pasado llamé a todos a renovar nuestras actitudes y práctica pastorales mediante el proyecto arquidiocesano Misión Juvenil: Conexión, al encuentro de las nuevas generaciones, que propone asumir la prioridad sinodal por los jóvenes para motivar la renovación de los agentes, de las estructuras y de la organización pastoral en todas sus áreas.

 

5. Ahora es el momento de precisar paulatinamente los programas que nos permitan traducir en acciones a corto, mediano y largo plazo, esta nueva etapa de la Misión Permanente, que es nuestra opción pastoral. Es por eso que quiero exhortarlos a reemprender el camino con gran entusiasmo y entrega: la misión nos apremia.

 

6. En la pasada Asamblea diocesana me congratulaba con nuestra Iglesia local, felicitando a todos los que directa e indirectamente fueron gestores, con el influjo del Espíritu, del proyecto sinodal para la Evangelización de las Culturas de la Ciudad de México. El Magisterio de la Iglesia, tanto Pontificio como del CELAM han confirmado las líneas eclesiológicas y pastorales propuestas por el Sínodo, al grado que debemos reconocerlas como un don providencial que nos hace sentir especialmente bendecidos, aunque también llamados a asumir un compromiso singular.

 

7. Por esa misma razón, hemos experimentado una fuerte sintonía con el Documento de Aparecida y su propuesta de la Misión Continental, entendida como un estado permanente de misión. También la iluminación acerca de la vocación de todos los bautizados como discípulos misioneros, ha potenciado nuestro trabajo en favor de los laicos, dándole mayor certidumbre con los criterios sugeridos para estructurar itinerarios de formación que respondan a todas las dimensiones de la persona y del cristiano, constituyéndose en procesos que comprometen vitalmente a los agentes de pastoral con las aspiraciones más profundas de nuestros pueblos.

 

8. Más recientemente, se respiraba un ambiente de expectativa acerca de la exhortación apostólica que había quedado pendiente después de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos del año 2012, sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

 

9. La espera ha tenido una gran recompensa en la Exhortación Apostólica del Santo Padre Francisco: Evangelii Gaudium, La alegría del Evangelio, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Seguramente tendrá un influjo muy positivo en la marcha de la Iglesia universal en los próximos años. Y, para nuestro proceso pastoral arquidiocesano vuelve a significar una palabra providencial, pues su contenido y espíritu conectan plenamente con nuestra necesidad de emprender esta nueva etapa sin temor a los desafíos que tenemos delante.

 

 

Los creyentes judíos que habían venido con Pedro

quedaron asombrados de que el don del Espíritu Santo

se hubiera derramado también sobre los paganos.

Hech 10, 45

 

 

 

II. Continuar a la escucha de la ciudad

 

10. Uno de los aprendizajes eclesiales más valiosos de nuestro proceso pastoral ha sido la decisión de escuchar la voz de la Ciudad. Esta actitud va de la mano con la encomienda de evangelizar las culturas de la Ciudad; por tanto, tendría que ser un rasgo constante en los agentes y en las instancias pastorales. Se han utilizado instrumentos de estadística y de análisis socio-religioso, pero la búsqueda no debe quedarse en la investigación y su análisis. La actitud de escucha es un elemento de espiritualidad misionera: con fe y esperanza escuchamos a los habitantes de la urbe. Esta escucha nos purifica y nos hace capaces de cercanía y diálogo, y es, ya, un testimonio que prepara los corazones a la Buena Noticia.

 

11. Para que sea posible la renovación pastoral es necesario que profundicemos nuestra capacidad de escucha y acogida hacia todos. Continuar a la escucha de la ciudad significa ser cuidadosos en programar los momentos de evaluación, hacerlos de forma participativa, escuchando siempre los ambientes extra-eclesiales y considerar los resultados como indispensables para la siguiente programación.

 

12. La evaluación realizada a los 20 años del II Sínodo que tuvo el propósito de valorar la profundidad de su puesta en práctica, debe ser punto de referencia para los siguientes años. Es una tarea que debemos continuar favoreciendo que la planeación y programación pastoral a sus distintos niveles: Arquidiócesis, Vicarías, Decanatos, Parroquias, Comunidades de Vida Consagrada, Movimientos y Organizaciones Laicales, cuenten con los elementos de iluminación necesarios para estar en sintonía con el propósito diocesano de renovación pastoral.

 

13. El ejercicio de evaluación nos va permitiendo identificar las prioridades y criterios para nuestro caminar inmediato y futuro. Sin temor a la autocrítica, buscaremos apoyar los programas de acción en tres criterios que son fruto de la experiencia del caminar juntos: privilegiar la comunión arquidiocesana, perseverar en dar continuidad a los programas y tener audacia para dar el paso de la renovación pastoral donde hay necesidad del anuncio evangélico.

 

14. Tenemos diversos instrumentos que están a nuestro alcance para continuar la reflexión y el análisis y realizar una constante revisión y proyección de nuestra práctica. Entre otros, están: los resultados de la evaluación realizada intra-eclesialmente, mediante los foros de consulta; la encuesta extra-eclesial sobre las culturas religiosas en la Ciudad de México; el Coloquio de reflexión y análisis sobre los resultados de la encuesta; los aportes de la XVIII y XIX Asambleas diocesanas para relanzar la Misión Permanente; el nuevo Directorio Pastoral para el Sacramento del Matrimonio, que propone un acompañamiento de los esposos en sus diferentes etapas; los documentos conclusivos de los últimos Congresos de laicos, que abordaron: el compromiso social del cristiano, la responsabilidad social católica y la apertura para escuchar la voz de los jóvenes; la Guía para la Misión Juvenil, que propone las estrategias para ir al encuentro de las nuevas generaciones; la reciente encuesta nacional sobre cultura religiosa, Creer en México, realizada por el IMDOSOC (Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana); y, ahora principalmente, la exhortación apostólica del Papa Francisco, Evangelii Gaudium.

 

Nueva actitud hacia los desafíos del mundo actual

 

15. Optar por la renovación pastoral es en sí misma una actitud positiva y esperanzadora. Con esa decisión hacemos a un lado la tentación de colocarnos a la defensiva delante del secularismo o de cualquier expresión cultural que no coincida con la fe en Cristo y sus consecuencias. Es muy luminoso el punto de partida que el Papa Francisco nos da para emprender una nueva evangelización: estar reconciliados con el mundo, al cual no debemos ver como nuestro enemigo sino como el lugar en donde tiene que ser sembrada la semilla del Evangelio. Así, la Iglesia debe estar muy atenta a las nuevas realidades, los nuevos escenarios sociales y culturales donde se expresan las aspiraciones de los hombres y mujeres. El reto de la Inculturación del evangelio sigue pasando por la lectura de las semillas del Verbo en las culturas.

 

16. Por tanto, hay que mirar la realidad como una oportunidad para crecer y no como un motivo para caer en depresión pastoral, hay que desterrar "el sentido de derrota" (EG3 85). Hay que revalorar a la persona por encima del desarrollo de la tecnología y los avances científicos que nos han llevado a la despersonalización. Con nuestras acciones pastorales hay que reafirmar que el Evangelio es una persona que se encuentra con otra persona (Cf. EG 52-60).

 

Es el momento de rejuvenecer la misión permanente

 

17. A la luz de esta nueva mirada hacia el mundo, también nosotros contemplemos con ojos nuevos nuestra ciudad. Vivimos un momento providencial para aprovechar la experiencia de los últimos veinte años y, con mayor madurez, profundizar en las líneas que se han venido reflexionando como necesarias para fortalecer la Misión Permanente.

 

18. El Documento Conclusivo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida en el año 2007, también nos permitió revalorar nuestra opción pastoral y cómo impulsarla. Confirmó la ruta misionera por donde caminamos y el carácter permanente que debe adquirir. Además, nos enriqueció con sus intuiciones en la formación de discípulos-misioneros y en la urgencia de que la vivencia de la fe incida en la transformación de la realidad social para favorecer la vida plena de nuestros pueblos.

 

19. El resultado de los foros de la evaluación interna pusieron de manifiesto la conciencia que ha logrado nuestra Iglesia local. Se reafirmó la opción misionera del II Sínodo: la nueva evangelización implica el compromiso de ir en busca de los alejados, pobres, familias y jóvenes; se resaltó el consenso en la renovación de todos los agentes de pastoral a través de la formación, impulsando especialmente a los laicos; se insistió en que los medios de evangelización deben estar al servicio del proceso evangelizador, que se mire a cada destinatario-interlocutor desde su realidad socio-religiosa y así la evangelización responda a sus verdaderas necesidades; también se insistió en la necesaria renovación de nuestras distintas estructuras pastorales, para que estén realmente al servicio de la nueva evangelización.

 

20. La evaluación descubrió también algunas de nuestras carencias. La comunión en el objetivo pastoral está limitada por el conocimiento parcial y la movilidad de un sector importante de los agentes de pastoral; especialmente este hecho se refiere al clero regular, que es tan importante en la atención pastoral en nuestra Arquidiócesis, y a las comunidades femeninas de Vida Consagrada. También, se hizo evidente la necesidad de apoyar más en su formación pastoral a los sacerdotes diocesanos que experimentan limitaciones para asumir el impulso de una comunidad creyente participativa y corresponsable en la evangelización. Otra problemática son los diversos métodos pastorales que se realizan en nuestra Arquidiócesis pero, en esa comprensible pluralidad, se lamenta que no se coincida en las líneas fundamentales de la Misión para enriquecer el camino diocesano. En cuanto a los laicos, en general son entusiastas, pero hay que consolidar los itinerarios de formación para que tengan perseverancia en sus apostolados, ofreciéndoles también un mejor acompañamiento.

 

21. La evaluación confirma la urgencia de renovar las estructuras y organización de base en las parroquias; no existe un programa con estrategias adecuadas para acompañar a la familia en su misión de sembrar y realizar el primer cultivo de la fe; la experiencia de misión intensiva en el proceso postsinodal aún no ha permeado la práctica habitual; otro aspecto vital para la transformación eclesial es tener los subsidios para poner en práctica el proceso evangelizador con sentido misionero.

 

22. La evaluación realizada en el 2012, tiene su parte pro-positiva, optando por nuevas actitudes: de fe, abiertos a la misión con espíritu de servicio, testimonio, cercanía, compasión, sonrisa, con actitud de curar heridas. Se llama a la necesaria conversión pastoral y a encontrar las vías para fortalecer la disponibilidad al evangelio y transformar lo caduco. Les invito a utilizar la Guía de trabajo que se presentó como sistematización de la evalución referida que elaboró la Vicaría de pastoral, en donde se recogen los aportes de los foros, puede ser de gran ayuda para concretizar decisiones de renovación.

 

23. La encuesta sobre las Culturas Religiosas en la Ciudad de México es una ventana a los grandes retos pastorales que tiene nuestra Iglesia local. En primer lugar, la tarea pendiente de la gran mayoría de bautizados no evangelizados. La urgencia de transformar las formas tradicionales de transmisión de la fe para no seguir generando bautizados sin identidad cristiana profunda, débil capacidad de compromiso y de sentido de pertenencia. Sigue representando una gran oportunidad no aprovechada la multiforme religiosidad popular y la perseverancia de la piedad popular. A esto hay que agregar que a nivel social se mantiene el nivel de confianza hacia la Iglesia. Este dato debe ser recibido como una gran responsabilidad para promover una mayor conciencia y madurez de todos los bautizados.

 

24. La lectura, análisis e interpretación de algunos datos de la encuesta llevó a la realización del Coloquio llamado "Retos para la Evangelización, análisis de la encuesta sobre las Culturas Religiosas en la Ciudad de México", en el cual se abordaron algunos temas específicos que reclaman una atención pastoral urgente: la Familia, la Mujer, la Oración, la transmisión de la fe, la Piedad y Religiosidad popular, las Creencias mágicas, la Solidaridad, la Identidad cristiana, la Cultura y las culturas. Esta temática fue reflexionada en el Coloquio con la intención de abrir cauces de análisis y de posibles líneas de acción para el trabajo pastoral. La Vicaría de pastoral está preparando un libro como fruto de este Coloquio que será un instrumento de utilidad para que nuestros planes y programas pastorales sean más acordes a la realidad de los habitantes de esta gran urbe.

 

25. Una feliz coincidencia temática ha sido la cercanía entre la encuesta realizada por la Arquidiócesis y el estudio estadístico realizado por el IMDOSOC, ambos explorando las culturas religiosas. Por la importancia del estudio Creer en México, promovido por el IMDOSOC, he sugerido a la Vicaría de Pastoral acordar un diálogo que nos será de mucha utilidad para enriquecer y confrontar los resultados de nuestra encuesta y, así, ampliar el panorama del conocimiento de la realidad de nuestra Arquidiócesis.

 

 

El Espíritu dijo a Felipe:

-Acércate y ponte junto a esa carroza…

Hech 8, 29

 

 

III. LÍNEAS PROGRAMÁTICAS PARA NUESTRO

CAMINAR PASTORAL

 

26. Los elementos recogidos en los distintos momentos de evaluación van señalando la ruta a seguir. Aprovechando la actualidad de la exhortación apostólica del Papa Francisco, subrayando las coincidencias, enumeraré las líneas pastorales que considero debemos continuar, marcando los énfasis para las mismas, de tal manera que signifiquen un impulso de renovación en nuestra misión evangelizadora.

 

La transformación misionera de nuestra Iglesia
 

27. La Iglesia se renueva y se transforma por la Misión. Así ha sido la experiencia de estos años: cada vez que respondemos al impulso misionero, se ha renovado la confianza en que es posible el cambio hacia una pastoral de encarnación, de diálogo y de testimonio. Esa también es la insistencia del Papa: es posible transformar la Iglesia desde la clave misionera. La Misión a final de cuentas es el reflejo del amor misericordioso de Dios que sale al encuentro de cada persona para revelarse, es por eso, que la Misión significa provocar el encuentro con la plenitud de la Revelación, expresión máxima de la misericordia de Dios que es el encuentro con Jesucristo (Cf. EG 8).

 

28. Nuestra Iglesia local se puso en ese mismo movimiento de cambio misionero al caer en la cuenta que la realidad socio-religiosa en la ciudad había cambiado drásticamente, convirtiéndose la urbe en un lugar de misión. Por otro lado, la atención pastoral tradicional estaba anclada en la situación de cristiandad, siendo cada vez más ineficaz la transmisión de la fe y la cercanía con las nuevas generaciones.

 

29. Alimentemos el momento actual con la motivación que nos sirvió de luz para preparar la Misión 2000, en el ambiente del Jubileo de la Encarnación: conversión, comunión y misión. Pasos consecutivos que el Espíritu nos ha enseñado. Es un itinerario que forma parte de la experiencia eclesial que ha orientado nuestro caminar. La convicción de ese impulso es la necesidad de Salir para encontrar a los otros, la "dinámica del éxodo y del don de salir de sí, del caminar y del sembrar siempre de nuevo, siempre más" (EG 21).

 

30. Fue muy significativo el entusiasmo que generó la misión intensiva entre los agentes, especialmente en los laicos: en verdad se respiraba la alegría de llevar el evangelio y de ser alentados por el Espíritu. Debemos recobrar lo valioso de la experiencia vivida para rejuvenecer la opción por la Misión Permanente, en especial con los jóvenes, para asumir el desafío de ir al encuentro de las nuevas generaciones. Este llamado está en la misma sintonía de la reflexión del Papa: es una oportunidad para salir y transformar la pastoral de nuestra Arquidiócesis.

 

Renovar la conversión a la Misión

 

31. Otra clave es la necesaria conversión pastoral. Si aún tenemos temor de "ir al encuentro, buscar a los alejados y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos" (EG 24) se hace necesaria la conversión pastoral: y pasar de una Iglesia burocrática, estática y administrativa de servicios religiosos, a una Iglesia en estado permanente de evangelización (Cf. EG 25). Eso es dejar las "estructuras caducas" que ya no favorecen una nueva evangelización. Como signo de esa voluntad de conversión, aceptemos que el termómetro que mida el cambio que vayamos alcanzado sea la cercanía con las nuevas generaciones y la apertura hacia sus inquietudes y anhelos.

 

32. La conversión pastoral, para transformar las estructuras, debe primero proponer el cambio a los Agentes de pastoral a través de la espiritualidad misionera. Quien decide ser discípulo-misionero de Jesucristo, debe renunciar a toda actitud egoísta, y desarrollar una confianza generosa en quien nos envía, superando todo pesimismo estéril (Cf. EG 76-101).

 

33. En la espiritualidad misionera, los agentes de pastoral debemos optar por las relaciones nuevas que genera Jesucristo: "el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos… convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación" (EG 87). Una actitud así favorecerá enormemente nuestra opción pastoral, como agentes de pastoral renovados con nuevas actitudes.

 

Que se haga vida la comunión fraterna

 

34. Una clave más que nos ilumina es el testimonio de la comunión, que se debe traducir en darle a los laicos y, particularmente a la mujer, el lugar que les corresponde en la Iglesia. La comunión eclesial, como participación y corresponsabilidad, es indispensable para que se dé la transformación de la Iglesia al servicio del evangelio.

 

35. Para que la evangelización sea en la práctica una tarea de todo el pueblo de Dios, es necesario superar una debilidad que tenemos frecuentemente los agentes de pastoral, de anteponer nuestra experiencia de conversión y de vivencia de la fe como el único referente, creando un "elitismo narcisista" (EG 94).

 

36. En una comunidad eclesial misionera se da la experiencia de ser parte del Cuerpo de Cristo. Todos los bautizados son indispensables para llevar a cabo la encomienda de hacer presente el Evangelio en cada ambiente social. Ninguno es más importante que otro en la construcción de la comunión fraterna. Y todos nos necesitamos para hacer presente al Salvador en el mundo.

Sentido de la espiritualidad misionera

 

37. Es necesario tener presente que somos evangelizadores con Espíritu, sólo somos siervos de la nueva evangelización (Cf. EG 260). Es el Espíritu Santo, a través de nosotros, quien realiza esta nueva etapa de Misión, es por eso necesaria la vida de oración y contemplación (Cf. EG 264).

 

38. En esta espiritualidad tenemos en la Virgen María un modelo, reconociéndola como "estrella de la evangelización". Aspiremos a que nuestra práctica pastoral sea actualizar el gesto de consuelo materno que hace María a Juan Diego, cuando le dice al oído: "No se turbe tu corazón… ¿No estoy yo aquí; que soy tu madre?" (Cf. EG 286).

 

Catolicismo popular: un precioso tesoro

 

39. Otra clave que descubro en gran sintonía con nuestro trabajo pastoral y que no podemos descuidar es la piedad y religiosidad popular. Como hizo el Papa Benedicto XVI y los Obispos en Aparecida (Cf. DA 4 258), el Papa Francisco la valora como patrimonio cultural de cada pueblo, de cada grupo humano, y como un medio de inculturación del Evangelio. "En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo" (EG 126).

 

40. Subrayo lo de una fuerza activamente evangelizadora, ya que, esta tiene que ser la actitud con la que hoy debemos retomar nuestro compromiso evangelizador aprovechando la gran riqueza que tiene nuestra ciudad en expresiones de piedad y religiosidad popular. Sigue como reto para nuestra Arquidiócesis el impulsar experiencias de procesos evangelizadores que tengan como base el lenguaje y la espiritualidad de la religiosidad y piedad popular, aprovechando las tradiciones y costumbres que siguen arraigadas en nuestro pueblo.

 

La novedad del Kerigma

 

41. Considero que una clave más para impulsar la nueva evangelización, es el Kerigma, entendido como el alma de toda la evangelización. Así, el kerigma significa la vivencia plena del misterio cristiano, porque actualiza de forma vivencial el encuentro de cada bautizado con Cristo. Subraya el sentido del seguimiento y del crecimiento. Por eso el Kerigma se tiene que seguir profundizando a través de una catequesis kerigmática y mistagógica (Cf EG 160-168).

 

42. "Hemos descubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o "kerigma", que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial" (EG 164). Hay que pensar el Kerigma desde una nueva perspectiva: "Cuando a este primer anuncio se le llama "primero", eso no significa que está al comienzo y después se olvida o reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos" (Ibídem). Comprendiendo esa fuerza del kerigma, el proceso evangelizador toma una especial vitalidad, que se reflejará en la conciencia e identidad de los creyentes.

 

Lo primero: anunciar el evangelio a los pobres

 

43. "El corazón de Dios tiene un sitito preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo <se hizo pobre> (2Cor 8, 9)" (EG 197). Existe una fuerte relación entre la evangelización y el compromiso por el Reino: "El kerigma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad" (EG 177).

 

44. El compromiso social no viene al final del proceso evangelizador. El llamado al servicio de nuestros semejantes surge desde el primer momento de encuentro con Jesucristo. Ahí se ubica el impulso del "voluntariado social", no sólo como práctica altruista, sino como maduración hacia el compromiso cristiano, que va más allá de ofrecer un espacio del tiempo propio, y que podrá llegar incluso a la entrega de la propia vida.

 

45. Ahí se ubica el proyecto de la Misión Juvenil al encuentro con las nuevas generaciones, el cual enfatiza el servicio como experiencia principal que prepara a los jóvenes al encuentro profundo con Cristo, que está presente de forma especial en los más necesitados. Pero esto no se limita a las experiencias individuales, sino que tiene un marco amplio, que es el compromiso de los bautizados en la promoción de la vida humana en todas sus dimensiones. Es la dimensión social de la fe: "una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo" (EG 183).

 

46. Ya el II Sínodo había optado por considerar el compromiso con los pobres como una prioridad eclesial, haciendo eco de la conciencia de la Iglesia Latinoamericana (Cf. EG 200). Como Iglesia local tenemos una gran responsabilidad por promover la paz en nuestra sociedad, pero siempre con la claridad que la paz es fruto de relaciones sociales más justas y equitativas.

 

Desafíos pastorales sobre la familia

 

47. Una última línea programática es la Familia, también prioridad sinodal, y que de forma explícita se ha significado como otra coincidencia providencial por la reciente convocatoria a un nuevo Sínodo de Obispos de parte del Papa Francisco. El Documento preparatorio que viene acompañado por un cuestionario para invitar a las Iglesias particulares a participar activamente en la preparación del Sínodo extraordinario, enfoca el tema relacionando de forma directa Familia y Evangelización.

 

48. Nuestra Arquidiócesis ha vivido experiencias que debemos aprovechar mejor para madurar una práctica de pastoral familiar y matrimonial que alcance a las bases parroquiales. A partir de que el II Sínodo incluye como prioridad pastoral a la familia, hemos vivido un proceso en el que el principal avance ha sido la formación de agentes laicos para esta acción específica.

 

49. La realización del VI Encuentro Mundial de las Familias en México, en el año 2009, trajo una motivación especial a nuestra Iglesia local para retomar el camino de atención y acompañamiento de la Familia, especialmente como lugar privilegiado para la iniciación en la fe. Ya en la conciencia de que en nuestra sociedad urbana conviven numerosas familias que no corresponden a la idea del núcleo familiar tradicional, y a las que también debemos acompañar y apoyar en la educación en la fe.

50. En mayo del año que acaba de concluir, presenté el Directorio Pastoral para el Sacramento del Matrimonio que, en buena parte, recoge las inquietudes y propuestas del proceso que hemos vivido en esta área prioritaria de pastoral. La propuesta central del Directorio es convocar a todos a unir esfuerzos en preparar y organizar un acompañamiento específico para los matrimonios en sus distintas etapas, de tal manera que los primeros responsables de la familia, que son los cónyuges, reciban de la comunidad eclesial el apoyo que necesitan para cumplir con su misión de sembrar la semilla de la fe y realizar su primer cultivo.

 

Configuremos una nueva etapa de misión evangelizadora

 

51. Este nuevo momento de la Misión Permanente, o como dice el Papa Francisco al hablar de la Nueva evangelización: una nueva etapa de la Evangelización, debemos configurarla participando todos, con la seguridad de que el Espíritu va delante de nosotros. Con la fuerza del Espíritu no hay desafío insuperable.

 

52. La dirección está clara: con apertura a la renovación pastoral debemos impulsar la transformación misionera de nuestra Iglesia local. Con espíritu de conversión y de comunión fraterna. Siempre dispuestos a escuchar, a acoger y a salir hacia los alejados, especialmente hacia los jóvenes. Teniendo como estrategia de base el acompañamiento cercano a las familias. Con el lenguaje, los signos y el sentir del pueblo sencillo. Con el anuncio vital de la Buena noticia, que comunica misericordia, alegría y esperanza. Con la decisión de planear y programar para llevar el evangelio, en primer lugar, a los más necesitados.

 

Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate,

entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.

Hech 9, 5b-6

 

 

 

IV. LA ALEGRÍA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS

 

53. La vocación a la misión es algo especial. En realidad es el Señor Jesús el que viene a nuestro encuentro. Y en ese encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo (Cf. DA 28).

 

54. La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades, deseamos que la Buena noticia del Reino de Dios llegue a todos cuantos yacen al borde del camino. La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar el amor de Dios (Cf. DA 29).

 

55. En el proceso de cambio para que la acción de la Iglesia sea misionera, los discípulos misioneros experimentan la exigencia del encuentro con Jesús que los llama a un seguimiento radical. Y, también, la exigencia que nace del Evangelio mismo que se les encomienda. En ese encuentro y envío que apremia, conocer a Jesús es el mejor regalo que pueden recibir; encontrarlo es lo mejor que les ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con su palabra y obras es su gozo (Cf. DA 29).

 

56. De esta manera, la vocación de ser discípulo y misionero de Cristo es siempre un don, nunca motivo de privilegio

humano. Se vive a la luz del Maestro y Señor que está dispuesto a ser el esclavo y el servidor de todos (Cf. Jn 13, 12-15). Es seguimiento que pide entrega generosa sin esperar recompensa, donde debe servir más quien más ha recibido.

 

57. La Iglesia de Cristo, así pensada, pide a nuestra experiencia eclesial un gran cambio, sobre todo en la forma cotidiana en que se relacionan los distintos miembros de las comunidades cristianas. Para el Señor Jesús el protagonismo evangelizador lo tienen los pobres y los humildes. No sólo porque son a los que se les anuncia primero la Buena noticia, sino también porque son los primeros enviados a proclamarla.

 

58. Con esa visión evangélica, nuestra Iglesia local tiene un potencial evangelizador enorme porque el patrimonio de fe que sigue sembrando el Espíritu es abundante y profundo. Pero, para aprovecharlo, debemos purificar los criterios con que ordenamos las relaciones pastorales, con que orientamos la formación de agentes y la manera en que procedemos en la práctica pastoral habitual.

 

59. Cualquier responsabilidad que se ejerce en la pastoral, no debe ser considerada como privilegio o coto de propiedad por la persona que se designa para llevarla a cabo. Toda responsabilidad debe entenderse como una oportunidad de servicio al Evangelio y a la comunidad. Eso mismo vale para los equipos de trabajo pastoral, de tal forma que evitemos que sean ambientes cerrados, incapaces de integrar nuevos miembros y de vivir el espíritu de servicio que es su razón de ser. La alegría de evangelizar será evidente cuando se es consciente de recibir como don algo que no se merece y se vuelve a hacer experiencia, un discípulo misionero se identifica por su entrega incondicional.

 

 

Míranos. No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo:

En nombre de Jesucristo Nazareno, camina.

Hech 3, 4b.6e

 

 

 

V. ESTRUCTURAS CLAVES PARA RELANZAR LA MISIÓN

 

60. Uno de los consensos importantes en la evaluación de nuestra tarea pastoral es la necesidad de poner en marcha un proceso de revisión de cada una de las instancias de coordinación y acción pastoral que existen en esta Arquidiócesis.

 

61. Apoyado en las conclusiones de la XIX Asamblea diocesana, enlisto los criterios que le dan cimiento misionero a las instancias pastorales: que iluminen su acción con la centralidad de la Palabra de Dios; cualquiera sea la especificidad de su acción, no olvide la impronta misionera del proyecto diocesano, dando prioridad al kerigma; que difunda una catequesis sistemática mediante el proceso evangelizador con sentido misionero; es indispensable que estructure y organice formación de agentes; que sus programas estén orientados a la búsqueda y acogida de los más alejados; que su acción evangelizadora sea personalizada, aplicando la estrategia de sectorización con la formación de pequeñas comunidades en diferentes modalidades, sean territoriales o ambientales; que su planeación pastoral no la realice de manera aislada, sino interconectada con el conjunto; que promueva la creación, fortalecimiento o evolución de centros de formación específicos; y sepa brindar apoyo, desde su ámbito, a la configuración de la parroquia misionera.

 

62. Los desafíos en este campo de la renovación de estructuras pastorales son múltiples y piden respuesta: impulsar y fortalecer el proceso misionero a partir de los nuevos contextos sociales; para lograrlo, ahondar en la identidad del Ministro ordenado, del consagrado(a) y de los laicos; promover la vivencia de una profunda espiritualidad misionera que anime todo el proceso; descubrir y atender los "nuevos areópagos"; valorar, potenciar, apoyar y proyectar la misión de los laicos en el mundo; encontrar nuevos cauces para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones; establecer procesos formativos en clave discipular misionera para el Seminario y casas de formación; descubrir y vivir en el ambiente eclesial la profunda interrelación entre comunión y misión.

 

63. El discurso del Papa Francisco en la recién pasada navidad a los miembros de la curia romana nos da tres claves para dar un paso consistente en la renovación. Las dos primeras son: profesionalidad y servicio. Esas dos pautas deben ser aplicadas para favorecer la tarea de conjunto, porque los objetivos arquidiocesanos sólo se pueden llevar a cabo con el aporte generoso de todos. En el servicio al pueblo de Dios no caben los protagonismos. La tercera clave no puede faltar, pues es la que da autenticidad a la praxis pastoral de las estructuras eclesiales: buscar siempre la santidad. Para ser dignos servidores del Evangelio hay que perseverar en el seguimiento del que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (Cf. 2Cor 8, 9).

 

64. De esa iluminación se desprenden varias consecuencias que pueden ser guía para la renovación de nuestras estructuras pastorales: deberían ser medios para la comunicación, el diálogo, el consenso, la corresponsabilidad. Tendrían que caracterizarse por ser flexibles, funcionales y dinámicas. Sus funciones deberían ser desempeñadas con espíritu de servicio, buscando ser fermento misionero para todos los agentes y comunidades con quienes interactúa. El ejercicio de la autoridad, con espíritu evangélico, debería ser garante de la unidad para la misión.

 

65. Otro elemento necesario es la inclusión de los laicos, hombres y mujeres, en las estructuras de la Iglesia. Pues "la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos" (EA5 44). Esto implica que se les dé más espacio de participación a los laicos y a sus peculiares carismas seculares en todo el proceso de planeación pastoral: análisis, discernimiento, programación, ejecución y evaluación.

 

Para renovar las estructuras y organización pastorales

 

66. En todo el proceso de evaluación y, en especial, en la última Asamblea Diocesana, se ha ido señalando que en la renovación de las estructuras y organización pastorales, algunas de ellas tienen mayor importancia para el conjunto de la tarea misionera. Me permito apuntar brevemente sus características y desafíos que deben enfrentar, y más adelante señalaré algunos lineamientos que deberán convertirse en programas.

 

La Parroquia y su responsabilidad misionera

 

67. Uno de los desafíos más urgentes para las parroquias de la ciudad es configurarse como comunidad evangelizadora capaz de propiciar el encuentro personal con Cristo y la conversión de los cristianos más alejados. Esto implicará privilegiar en toda acción pastoral el kerigma y emplear los métodos y las herramientas que sean más eficaces y flexibles ante las nuevas y diversas circunstancias.

 

68. La Comunidad parroquial debe ser consciente de la responsabilidad de sembrar la semilla del Evangelio y después acompañar el desarrollo, crecimiento y maduración de los bautizados. Por sí misma y también asociada en el Decanato, la Parroquia tendría que facilitar el acceso de todos los bautizados a itinerarios de formación integral, sistemática, procesual y permanente, y así ofrecerles una adecuada capacitación para vivir su vocación específica y ejercer sus carismas en la Iglesia y en el mundo.

 

69. Para que la Parroquia asuma su vocación de ser escuela en la fe se requiere impulsar un ambiente de comunión, participación y corresponsabilidad, buscando que todas las fuerzas de la comunidad participen. Es necesario que se organice la formación básica para todos los fieles y fomentar una espiritualidad de comunión misionera (cf. DA 203. 284). Como es comprensible, la dinámica de todo este proceso depende vitalmente del párroco, cuya convicción acerca de este camino eclesial permitirá que paulatinamente la comunidad responda como un solo Cuerpo.

 

70. Parece haber llegado la hora de estudiar, conocer en detalle y poner en marcha diferentes tipos de Parroquia o de instancias afines. La ciudad presenta realidades tan dispares y singulares que deben ser atendidas con estilos y formas pastorales que tengan consonancia y empatía para favorecer el encuentro. Algunas alternativas ya son sugeridas en el Código de Derecho Canónico y, en esos casos, se tiene un panorama de mayor certidumbre para tomar iniciativa. Pero, hay nuevas propuestas que se pueden explorar y preparar, como la sugerida con motivo de la apertura de la Misión Juvenil: en el Link 2013. Este evento permitió una experiencia de comunicación virtual con las nuevas generaciones a través de las redes sociales y de la web. ¿Sería posible tender puentes de atención para esa comunidad juvenil virtual por medio de un "Portal Parroquial" en la web? Invito a la Coordinación Pastoral Arquidiocesana y a la Comisión para la Misión Juvenil a implementar una respuesta para todos esos jóvenes y adolescentes que están esperando una segunda señal en esa misma clave de comunicación.

 

71. Otro de los elementos a incorporar paulatinamente en el ambiente parroquial para crear identificación con las nuevas generaciones es la utilización de la tecnología para la comunicación y la enseñanza. Hay instrumentos que están cada vez más a nuestro alcance y de manera sencilla abren posibilidades que antes ni se podían imaginar: en imagen, en sonido, en proyecciones, en presentaciones. Nada de ello suple la acción del Espíritu Santo, sino que es el mismo Espíritu el que nos está impulsando a hacer uso de estos recursos y a sembrar la fe en los nuevos escenarios que se nos presentan con un lenguaje más acorde.

 

72. Ese propósito necesita ser impulsado por las parroquias: organizando programas de promoción social de quienes sufren marginación, convocando a los jóvenes a participar y fomentando en toda la comunidad una conciencia de solidaridad y corresponsabilidad por el bien común. Igual importancia tiene promover la conciencia de cuidar y proteger el medio ambiente.

 

73. Para ello, hay que generar una catequesis que forme para el servicio y la caridad, que es la principal manera de realizar la Misión. No desaprovechemos la gran oportunidad de atender a las familias que tienen hijos pequeños, involucrando activamente a los padres de familia en ese proceso educativo. Y, realicemos nuestro mejor esfuerzo para estructurar y organizar la atención de los adolescentes, es un vacío que debemos revertir urgentemente. Ya la Comisión de Catequesis ha presentado subsidios para esa etapa y las guías para los catequistas. Atendiendo a los niños y adolescentes de forma esmerada habrá una base bien cultivada para la pastoral vocacional.

 

Que la Homilía en la Liturgia comunique Evangelio

 

74. Para la pastoral parroquial la predicación es muy importante. El Papa Francisco describe la problemática existente con gran precisión y sencillez: "…son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos. La homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo. De hecho, sabemos que los fieles le dan mucha importancia; y ellos, como los mismos ministros ordenados, muchas veces sufren, unos al escuchar y otros al predicar" (EG 135).

 

75. Hay que renovar la confianza en la predicación, pero hay que prepararla. Es una gran responsabilidad para el ministro, que tiene que disponerse para hacer eco de la Palabra proclamada, y ayudar a que continúe el vínculo del diálogo del Señor con su pueblo, para que la escucha de fe se encamine a dar el fruto eucarístico: una comunidad dispuesta a servir y amar como Jesús.

 

76. El predicador debe hablar al corazón del pueblo y hacerlo de corazón. Evangelizar con la síntesis de la fe, es decir, con la experiencia de amor que ha recibido del Padre. Hacer que el pueblo se sienta entre los dos abrazos del Padre: el recibido el día del bautismo y el de la misericordia, con el que nos espera en la gloria (Cf. EG 143-144).

 

Sectorizar para personalizar la evangelización

 

77. La Parroquia tendría que facilitar y asegurar la experiencia comunitaria de cada bautizado. Hay que replantearnos el objetivo de organizar la parroquia como Comunidad de Comunidades. Impulsar ese modelo permite que las comunidades menores o pequeñas comunidades eclesiales sean auténticos espacios de experiencia de Dios, de encuentro con la Palabra, de discipulado y de servicio misionero. Es un camino para que los bautizados "se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión" (DA 172).

 

78. La Parroquia como Comunidad de Comunidades se hace más asequible cuando se ha dado el proceso de sectorización: "Teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias, es aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas, con equipos propios de animación y coordinación que permitan una mayor proximidad a las personas y grupos que viven en el territorio" (DA 372).

 

79. La división en sectores, organizando al Pueblo de Dios en porciones menores, fue ya una indicación del II Sínodo a los pastores: sectorizar sus Parroquias para favorecer la vida comunitaria de los fieles y su evangelización, mediante la corresponsabilidad en los diferentes ministerios, de manera que reconstruyan a escala de calle, de barrio o de grandes conjuntos el tejido dentro del cual el hombre puede dar satisfacción a las exigencias justas de su personalidad. Organizar su atención pastoral por sectores e implementar acciones de atención según la opción prioritaria del II Sínodo con el objetivo de poder atender y pastorear mejor al pueblo (Cf. Decreto II Sínodo, nn. 386-387).

 

El Equipo Misionero Parroquial y la reactivación de la Misión

 

80. Durante la preparación de la Misión intensiva que llamamos Misión 2000, la célula para la organización de la Misión fue el Equipo Misionero Parroquial (EMP). Una estrategia vital para reactivarlo es la vinculación del EMP con el Consejo de Pastoral Parroquial (CPP), para colaborar en el diseño del Plan misionero parroquial, para dar seguimiento, apoyo y promoción de las acciones misioneras. Son dos instancias distintas pero complementarias en la organización y seguimiento de la pastoral misionera en la parroquia. La reactivación o renovación de EMP es muy importante en esta nueva etapa de la Misión Permanente. La sectorización será el campo ideal para una comunicación intraeclesial más ágil y más eficaz. El poder de convocatoria de la Arquidiócesis crecería en forma insospechada.

 

Equipo Misionero Decanal expresión de comunión misionera

 

81. Funciona como equipo formador y articulador de las acciones misioneras inter-parroquiales. Anima la labor misionera en las parroquias donde ya existen EMP y es, además, responsable de promover y acompañar la formación del EMP en las parroquias en las que no existe. Se conforma por representantes de cada parroquia.

 

82. Como sucedió en los primeros veinte años de proceso post-sinodal, el Decanato seguirá siendo el ámbito privilegiado de coordinación y apoyo para los programas inter-parroquiales. En gran medida, la renovación en la atención pastoral de base depende de que continuemos avanzando en la maduración de la coordinación decanal, que implica: fomentar un ambiente de fraternidad sacerdotal, de estrechar la comunión con los miembros de vida consagrada y de favorecer una mayor integración de los laicos a los equipos de trabajo.

 

Posibilidad para madurar la acción misionera urbana

 

83. Sigue siendo una tarea pendiente tener una presencia evangelizadora constante dirigida a ambientes o sectores específicos: jóvenes, políticos, médicos, matrimonios jóvenes, comerciantes, comunicadores, taxistas, maestros, etc. Esos son los ámbitos para dar origen a Equipos Misioneros Específicos (EME), para la implementación de acciones misioneras en uno o varios ambientes específicos. Sectores de personas que no están delimitados por territorio sino por su oficio, lugar de trabajo, intereses o tipo de movilidad.

 

84. Las características del programa de la Misión Juvenil, que busca llegar a las nuevas generaciones, apunta a la necesidad de integrar y preparar Equipos Misioneros Específicos, pues dentro de los interlocutores jóvenes o que identificamos como nuevas generaciones, hay una gama muy amplia de personas, intereses y aspiraciones que hacen necesarias acciones muy específicas.

 

 

Al terminar la oración, todos quedaron llenos

del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar

la palabra de Dios con toda valentía.

Hech 4, 31

 

 

VI. PROGRAMAS DIOCESANOS PRIORITARIOS

85. La renovación pastoral que debe comenzar en la vida de todos los agentes evangelizadores y que paulatinamente debe transformar nuestras estructuras y organización, tiene un alcance de largo plazo. Y es que la conversión es un proceso que va purificando desde la raíz nuestra práctica habitual. Esto es obra del Espíritu.

 

86. Sin olvidar ese amplio horizonte, quiero pedirles que demos los siguientes pasos comprometiéndonos en concretar a corto plazo algunos programas que son prioritarios, para que en este año y en el próximo afiancemos la plataforma de renovación de la Misión Permanente, reforzando algunas dimensiones específicas de nuestra pastoral.

 

87. En continuidad con las Orientaciones pastorales de los últimos años y, particularmente, con lo propuesto por la reciente XIX Asamblea diocesana, centremos nuestra atención y esfuerzo en las siguientes prioridades: los agentes de pastoral, los jóvenes, la familia en sus distintas realidades, las vocaciones, la parroquia, los equipos misioneros y la sectorización territorial y ambiental.

 

88. Acerca de cada uno de estos campos quiero señalar algunos lineamientos, en base a los cuales las respectivas instancias responsables deberán diseñar programas específicos, con el fin de que todo esto se traduzca en acciones concretas que dinamicen nuestra pastoral.

 

89. En este mismo documento, hemos recordado las razones pastorales de por qué se eligen estos campos y en qué perspectivas tienen una especial prioridad. Cada una de las instancias, en los distintos niveles de planeación, decidirán los acentos y las modalidades para su concreción. Lo importante es que en toda la Arquidiócesis se tome el compromiso de privilegiar los campos pastorales señalados.

 

Renovar la entrega de los agentes de pastoral

 

90. Para la formación de los agentes, particularmente para cultivar y fortalecer su espiritualidad misionera, será muy útil acudir de forma cuidadosa a la reciente exhortación apostólica del Papa, procurando que ese documento sea difundido ampliamente y sirva de inspiración y de guía para retiros, cursos y otras formas de reflexión y de estudio. Además, como he dicho en otras ocasiones, es muy estimulante para nosotros ir descubriendo cómo las enseñanzas del Santo Padre fortalecen la práctica pastoral que hemos venido trayendo, al mismo tiempo que nos impulsan hacia nuevos horizontes en los que debemos avanzar con una respuesta más comprometida.

 

91. Encomiendo a la Vicaría General para el Ministerio Ordenado, a la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada y a la Vicaría Episcopal para los Laicos que organicen y programen las actividades conducentes a este fin y, además, que estas actividades tengan su efectiva repercusión en los distintos niveles de la Arquidiócesis.

 

92. En esta misma línea, es necesario continuar con la elaboración de los subsidios para la formación de agentes de pastoral. Hay que tener presente que la difusión de los mismos no sólo depende de una determinada comisión, sino que está en manos de todos los encargados de fomentar la formación pastoral y misionera. Un recurso muy útil es el de seguir promoviendo los cursos y talleres para facilitadores que, desde luego, favorecen el conocimiento y manejo de dichos materiales.

 

93. Exhorto especialmente a los vicarios episcopales, a los delegados de pastoral y a los decanos, en la animación que de forma permanente deben llevar a cabo en relación con la formación, tengan el debido cuidado de velar para que los subsidios preparados en la Arquidiócesis sean aprovechados. Este es un medio muy importante por el cual los agentes de pastoral van expresando y construyendo la unidad arquidiocesana.

 

El futuro hoy: los Jóvenes y las nuevas generaciones

 

94. Hemos dicho en varias ocasiones que el trabajo de evangelización con los jóvenes comporta necesariamente mirar hacia la evangelización de las culturas actuales y del futuro próximo, es decir, de las nuevas generaciones, de ahí la gran importancia de este compromiso evangelizador.

 

95. En este sentido nos ha hablado insistentemente el Papa cuando se refiere a este tema, como en su reciente exhortación apostólica: "Los jóvenes nos llaman a despertar y acrecentar la esperanza, porque llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y nos abren al futuro, de manera que no nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que no son cauces de vida en el mundo actual" (EG 108).

 

96. Con este horizonte, el año pasado convoqué a toda la comunidad arquidiocesana a llevar a cabo la Misión Juvenil, un proyecto evangelizador que poco a poco se va asimilando y se va lanzando con una amplitud de miras que permita ser el camino para rejuvenecer la Misión Permanente. Esto implica fundamentalmente que involucre a todos los agentes de pastoral y a sus estructuras mismas, que abarque todos los aspectos de la persona y que vaya dirigido a todos, como destinatarios-interlocutores, teniendo como centro de atención a los jóvenes.

 

97. Con la misma finalidad, hace unos meses presentaba la "Guía para la Misión Juvenil: Conexión, al Encuentro con las Nuevas Generaciones", un instrumento de trabajo pastoral que todos deben seguir conociendo, difundiendo y llevándolo a la práctica. En él se expresa la orientación amplia de la Misión Juvenil, también se describe el sentido del enfoque en las "nuevas generaciones". Les hacía ver que "la secuencia pedagógica sugerida es el proceso evangelizador, especialmente la etapa misionera y su preparación con acciones pre-evangelizadoras". Convencidos de que esto responde en mucho a nuestras situaciones pastorales, les invito a seguir compenetrándose con los lineamientos que hemos empezado a impulsar:

 

98. a) - Cultura del encuentro: El fin primordial para el cual nosotros debemos ejercer nuestro compromiso evangelizador es para favorecer en nuestros hermanos, en los jóvenes, en las nuevas generaciones, el encuentro con Cristo. Se trata de un encuentro que, para que sea verdadero, debe ir acompañado y, en cierta forma, ser la culminación de otros encuentros: encuentro con el hermano, encuentro con la Palabra, encuentro con los sacramentos, encuentro con una pequeña comunidad, expresión de la Iglesia.

 

99. Estos son distintos momentos y distintos pasos del proceso evangelizador que hay que vivir con los hermanos, al estilo y con la pedagogía de Jesús.

 

100. En los subsidios arquidiocesanos para la misión tenemos el material requerido para ir realizando los distintos

pasos del proceso evangelizador. Pero es necesario que todos traten de conocerlos y utilizarlos, adaptándolos a los momentos y circunstancias correspondientes. Por su parte, los responsables de las Ediciones pastorales de nuestra Arquidiócesis, estarán al pendiente de ir actualizándolos en la medida de lo necesario y ver la oportunidad de preparar los que se vayan requiriendo.

 

101. b) - Cultura del voluntariado: Es apremiante que nosotros nos preguntemos si en nuestra realidad diocesana podemos verificar lo que se señala en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, y si no es así, nos preguntemos por qué, y trabajemos para que lo que haya de positivo crezca con nuestro apoyo y acompañamiento. El Papa nos dice: "Cabe reconocer que, en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean "callejeros de la fe", felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!" (EG 106).

 

102. c) - Espacios para la expresión artística y deportiva: La Comisión arquidiocesana de la pastoral de la cultura, con la colaboración de algunos grupos y personas que participaron en el evento de lanzamiento de la Misión Juvenil, han venido ofreciendo algunas propuestas y su participación para eventos similares que puedan ser realizados en vicarías, decanatos, parroquias, escuelas, etc. Tratemos de aprovechar esas formas de acercamiento a las nuevas generaciones y de ejercitarnos en nuevos lenguajes para presentar los valores humanos y evangélicos. Eso ayuda a disponer los ánimos para acercarse a la acción evangelizadora de la Iglesia.

 

103. Es sabido que también en algunas vicarías y decanatos ha habido iniciativas de esta índole que se han realizado con un buen grado de éxito inicial. Continuemos con estas actividades que llevamos a cabo con sentido pre-evangelizador, poniéndolas en práctica especialmente con los jóvenes, pero no sólo con ellos, ya que resultan beneficiosas para casi todos los tipos de población, pues en muchas personas se necesita suscitar esa disponibilidad para el encuentro con Cristo y con la comunidad eclesial.

 

104. Les recuerdo que en la visita pastoral, que próximamente realizaré a los decanatos, quiero que revisemos cómo va la Misión Juvenil, con los rasgos que aquí la he recordado, y juntos alentemos su marcha. Como parte de este impulso, no se dude en involucrar a los jóvenes en la planeación pastoral parroquial, sean interlocutores o agentes. Ese será un paso estratégico para acortar la distancia con el sector juvenil y motivar su participación.

 

La Familia, atención pastoral que involucra a todos

 

105. El Santo Padre nos lleva de la mano para adentrarnos en "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización", nombre que se le ha dado al documento preparatorio para el Sínodo sobre la familia, que tendrá dos momentos importantes, la asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, de 2014 y la asamblea general ordinaria, de 2015.

 

106. En atención a esta convocatoria que nos hace el Papa Francisco y dando continuidad a una de las prioridades de nuestro II Sínodo diocesano, tenemos el compromiso de poner nuevamente en el primer plano de nuestras preocupaciones pastorales el tema de la familia. Es necesario detenernos a reflexionar sobre la situación de las familias en nuestros ambientes para retomar la renovación y fortalecimiento de las acciones evangelizadoras en favor de esta realidad vital para la Iglesia y para la sociedad.

 

107. Ya en la pasada Asamblea diocesana pedí a los asistentes que participaran en la consulta que nos viene de la Secretaría del Sínodo de los Obispos y para ello se les entregó el documento arriba citado. Las respuestas no han sido muy numerosas, pero ya son una expresión de la situación que vivimos a ese respecto. Ahora pido que ese documento sea utilizado como medio de estudio y reflexión: Dada la temática que aborda es muy útil para tomar conciencia de la situación que vivimos y para valorarla en sus distintas dimensiones. Ese estudio será una oportunidad muy valiosa para que los pastores y otros agentes debidamente preparados ilustren e informen sobre aspectos poco conocidos para la mayoría de los feligreses. Los movimientos de familia tienen una oportunidad privilegiada para este trabajo. La Vicaría para los laicos difundirá este material y promoverá su estudio respectivo, con la posibilidad de recabar algunas aportaciones para la pastoral familiar y, aunque dichas aportaciones ya no estén orientadas a hacerlas llegar a Roma, serán de mucha utilidad para mí y mis inmediatos colaboradores en ese servicio.

 

108. Otro medio para dinamizar nuestra pastoral familiar en este clima de preparación al próximo sínodo, será continuar con la difusión, estudio y aplicación del Directorio Pastoral Arquidiocesano para el Sacramento del Matrimonio, que promulgué el mes de mayo pasado. Ahí se señalan algunos puntos problemáticos sobre la familia y el matrimonio, así como riquezas y potencialidades, pero, sobre todo, pistas de trabajo. Se requiere el esfuerzo de todos para no dejar eso en el papel, sino convertirlo en acciones concretas.

 

109. En el contexto de la familia, un sector poco atendido específicamente es el de los adolescentes que, por otra parte, ocupan un lugar muy importante, ya que, por la forma como se va desarrollando este sector de la población, tiene una influencia cada vez más determinante en la configuración de la sociedad y de la familia y, ojalá, de la Iglesia. Por eso pido a los pastores y demás agentes de pastoral, así como a los padres de familia, que crezca su interés por la formación cristiana de los adolescentes. En la Arquidiócesis se cuenta con unos subsidios apropiados para este fin; la comisión central de la Misión Juvenil se encargará de promover su difusión y su provechosa utilización.

 

110. Las comisiones de pastoral familiar a nivel arquidiocesano y de vicaría tienen una responsabilidad particular para activar estas líneas de trabajo, tomando especialmente en cuenta a los movimientos cuyo carisma es la pastoral familiar. Es muy provechoso para esto consultar las aportaciones dadas en la Asamblea diocesana, éstas se encuentran sintetizadas y ordenadas en el sitio web de la Vicaría de Pastoral o pueden ser solicitadas a la oficina de la misma Vicaría.

 

Las Vocaciones: el Espíritu del Señor sigue llamando

 

111. La misión tiene como raíz la vocación: "Yo Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús" (1 Cor 1, 1); de este presupuesto caemos en la cuenta de que no podemos aspirar a una acción evangelizadora fuerte e importante si, como parte de esta acción, no trabajamos por una pastoral vocacional que nos lleve a responder, como comunidad y como personas, al llamamiento que Dios nos hace continuamente.

 

112. Ahora que nos hemos propuesto tener una promoción más intensa de las vocaciones a la vida sacerdotal, debemos llevarla a cabo en un ambiente eminentemente eclesial, es decir, ha de incluir a todos tanto como sujetos como destinatarios. Es necesario avanzar en esta toma de conciencia ya que, generalmente las comunidades todavía ven la necesidad de vocaciones y valoran el servicio que dan quienes responden a ese llamamiento, pero de forma personal parecería que rehúyen o, al menos, quieren evadir el ser llamados para un apostolado comprometido, como agentes laicos, como misioneros, a la vida religiosa o a la vida sacerdotal.

 

113. Sabemos muy bien la responsabilidad que los sacerdotes tenemos en el surgimiento y cultivo de todas las vocaciones en la Iglesia, especialmente en las vocaciones sacerdotales, pero ahora siguiendo la inspiración del Santo Padre, todos, sacerdotes y laicos, hagamos todo lo posible por convertir a nuestras parroquias, movimientos, grupos apostólicos en comunidades fecundas en espíritu vocacional. Nos dice el Papa Francisco: "Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias en donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración" (EG 107).

 

114. Una vez más pido a los encargados de las comisiones arquidiocesanas de la pastoral vocacional y de la promoción vocacional sacerdotal, que tomen un renovando empeño para cumplir sus encomiendas, cada uno en sus propias responsabilidades y tratando de apoyarse y coordinarse para ser más eficaces en su trabajo. Así mismo, es necesario que los responsables de estos mismos trabajos en otros niveles acudan a los arriba mencionados para coordinarse y buscar subsidios, con el fin de llevar actividades vocacionales concretas y de promoción a la vocación sacerdotal. No debe haber parroquias y comunidades apostólicas en las que, además de la oración, no se promuevan las vocaciones.

 

115. Los señores vicarios episcopales, los delegados y los decanos estarán permanentemente animando este trabajo en sus respectivos ámbitos de responsabilidad. Tengan en cuenta, además, que este ha sido otro de los temas centrales del que nos ocuparemos en mi visita pastoral a los decanatos.

 

La Parroquia: espacio de encuentro y de envío en la fe

 

116. La parroquia fue uno de los temas que se trataron en la Asamblea diocesana de la que quieren ser eco las presentes orientaciones pastorales. Me parece muy conveniente que una y otra vez pongamos nuestra atención en esta estructura pastoral, pues sigue siendo motivo de esperanza para la evangelización en el mundo de hoy. Es por ello que siempre debemos de estar en actitud de búsqueda para renovarla y fortalecerla en todo aquello en que sigue manifestando su potencial evangelizador.

 

117. Debemos partir de su condición de una comunidad inserta en la realidad social que le toca vivir: "Ella es la última localización de la Iglesia; es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas" (ChL6 26), por lo tanto no vive para sí misma, sino para hacer presente en "su" mundo el misterio salvador de Cristo que se hace presente en la Iglesia por la Eucaristía y por toda la obra evangelizadora. Es decir, por su naturaleza la parroquia es una comunidad eminentemente misionera.

6 Juan Pablo II, Ehhortación Apostólica Pos-Sinodal, Christifideles Laici (ChL), sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el Mundo, Roma 1988.

 

118. Esa fue una voz que muy claramente se volvió a oír en la Asamblea diocesana: Poner al centro de la pastoral parroquial la acción misionera y que el párroco sea el primer misionero.

 

119. Esta propuesta puede convertirse todavía en una generalidad si no la concretamos con otras consideraciones que también fueron recordadas en la Asamblea:

 

a. Se requiere la formación misionera en todos los agentes de pastoral, también en los ministros ordenados.

 

b. La elaboración del plan parroquial y su necesaria evaluación deben tener como centro la misión permanente.

 

c. El Consejo parroquial, con el párroco a la cabeza, han de tener como su principal preocupación la misión, que darán sentido a todas las acciones pastorales de la parroquia.

 

d. La misión permanente se realiza a través del proceso evangelizador con sentido misionero que, a su vez requiere de procesos particulares. Un proceso, en sentido análogo, del que se habló con cierto énfasis en la Asamblea, es el que se necesita para dar continuidad al proceso pastoral cuando hay cambio de párroco.

 

e. El verdadero proceso pastoral debe estar cimentado y animado por la conversión pastoral, que requiere de una espiritualidad misionera.

 

f. El párroco con el Consejo parroquial impulsarán y animarán la pastoral orgánica y de conjunto, por la cual integrarán al proyecto evangelizador parroquial a todos los agentes de pastoral, a los grupos y sectores.

 

g. En el Consejo parroquial directamente, o bien por medio del equipo misionero, estarán integrados algunos jóvenes y, ojalá, adolescentes, que representen ese sector de la comunidad y, con su presencia e intervención, ayuden a abrir la mente de todos a las nuevas generaciones.

 

h. Como recursos privilegiados para llevar a la práctica la pastoral misionera en la parroquia, se integrará y fortalecerá su propio equipo misionero y se instrumentará la práctica de la sectorización pastoral. Temas que trato un poco más adelante.

 

120. Todo esto implica que las parroquias se planteen un proyecto de pastoral con objetivos claros, a desarrollarlo en etapas, con sus momentos de evaluación y con metas que busquen transformar la realidad social. En la pasada Asamblea diocesana hubo un amplio consenso respecto a lo que debe identificar a nuestra pastoral misionera: la promoción de la conciencia de ser Iglesia y de la responsabilidad que el cristiano tiene en la transformación de la sociedad.

 

121. Las directrices aquí enunciadas van encaminadas de forma directa al fortalecimiento pastoral de la parroquia, sin embargo deben ser también tomadas en cuenta por las otras instancias, principalmente los decanatos y las vicarías, en la medida que éstas tienen también como función apoyar a las parroquias. Como estructura pastoral prototipo, la parroquia está llamada a nutrir su práctica habitual con el conjunto de lo dicho en estas orientaciones pastorales.

 

Los Equipos Misioneros, animadores de toda la Comunidad

 

122. Nuestro proceso pastoral arquidiocesano ha tenido momentos de un marcado impulso misionero en muchas parroquias. Esto se tuvo principalmente gracias al servicio prestado por los equipos misioneros, según lo constatamos en su momento. A estos equipos se les vio un buen grado de eficacia y por eso se fomentaron también a nivel decanato, más aun, casi todas las vicarías llegaron a tener su equipo misionero con un buen funcionamiento. Ahora que estamos empezando una nueva etapa de la Misión Permanente resulta muy oportuno volver a retomar esta iniciativa con mayor fuerza y con mayor entusiasmo, de tal manera que efectivamente impulse la marcha de la evangelización en nuestras comunidades.

 

123. El objetivo fundamental de este equipo es ser el animador e impulsor de la misión en su propio ámbito, es decir, hacer que no decaiga el interés por la misión y tenga sus expresiones concretas. En su video mensaje a la peregrinación-encuentro continental en la Basílica de Guadalupe, de noviembre pasado, el Papa lo expresa de forma muy clara: "poner a la Iglesia en estado permanente de misión, realizar actos de índole misionera sí, pero en el contexto más amplio de una misionariedad generalizada: que toda la actividad de las iglesias particulares tenga un carácter misionero y esto en la certeza de que la salida misionera, más que una actividad entre otras es paradigma, es decir, es el paradigma de toda la acción pastoral". Como una sencilla analogía, las palabras del Papa se aplican muy bien al ser y quehacer de los equipos misioneros de los que estamos hablando.

 

124. Mantener el espíritu y el ímpetu misionero y promover actividades sensiblemente misioneras es lo que le toca a este equipo, en al ámbito del que se trate: parroquia, decanato, vicaría. Podría pensarse en un grupo así por ejemplo para las casas de formación, comunidades de religiosas, organizaciones laicales, escuelas, etc.

 

125. Esto implicaría como exigencias especiales, entre otras:

a. Que haya una formación y espiritualidad especialmente misionera en los miembros de ese equipo y que el equipo la promueva para los otros miembros de la comunidad.

b. Que este equipo coordine y estructure adecuadamente su trabajo con otras instancias de la comunidad de que se trate, por ejemplo con el consejo pastoral, refiriéndonos a la parroquia.

c. Que el equipo sea debidamente reconocido por la comunidad y sobre todo por los pastores o la autoridad correspondiente.

d. Normalmente es la autoridad de que se trate la que debe presidir y coordinar ese equipo, sin embargo, ella también debe estar dispuesta a ser estimulada para ejercer algunas acciones que favorezcan el espíritu o el ambiente misionero que el equipo debe fomentar.

 

126. La Vicaría de Pastoral actualizará y difundirá el directorio-manual que ya existía para el funcionamiento de estos equipos, de tal manera que así enriquecido responda mejor a las exigencias que hoy se tienen en la pastoral de la Arquidiócesis.

 

La sectorización territorial y ambiental: hacia la evangelización capilar

 

127. Desde sus inicios, la reflexión postsinodal (Cf. ECUCIM7 nn. 4283–4290; 4881–4895) nos habla de la sectorización como un medio muy importante para la evangelización, describiéndola como:

a. La acción de dividir en partes el territorio y los ambientes para hacer más operativa la acción evangelizadora; para inculturar el Evangelio y como un instrumento para evangelizar la cultura.

b. Un camino para acercarnos a la gente, conocer su realidad y sensibilizarnos a ella. Es una forma de entrar en contacto con los alejados, con los jóvenes, con las familias.

c. La sectorización nos evangeliza porque aviva en nosotros la conciencia misionera.

d. Es un camino para construir las comunidades menores que revitalizan y expresan la gran comunidad.

e. También favorece la vida comunitaria por la interrelación que puede crear entre las familias a nivel de calle, de edificio, de barrio, para promover los centros evangelizadores de promoción humana, a partir de las necesidades concretas del sector.

f. Promueve el apostolado de los laicos en el seno de la comunidad eclesial y en su proyección a la sociedad, penetrando capilarmente diversos campos culturales, tanto en los territorios como en los medios ambientes.

 

128. Descrita la sectorización con estas características evangelizadoras, que por experiencia sabemos que son posibles de llevarlas a la práctica, nos llevan a la convicción de que debemos volver a ella con más esfuerzo y cuidado.

 

Cercanía al servicio de los más pobres

 

129. Refiriéndonos a los pobres, que es otra de las prioridades sinodales que debemos atender también mediante la sectorización, el pensamiento del Papa nos pide un paso adelante que hay que dar con mayor generosidad: "La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos (a los pobres) en el centro del camino de la Iglesia" (EG 198). "La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria" (Ibídem 200). Esto se hará posible sólo si "salimos", porque va a ser muy difícil que los pobres vengan a nuestras instituciones, a veces ni siquiera a nuestros templos; y una forma organizada y estable de salir es la sectorización.

 

130. También para este tema de la sectorización la Vicaría de pastoral deberá ofrecer los subsidios convenientes, como un material sencillo, que ayude a dar pistas para llevar a la práctica lo propuesto en estas orientaciones. Hay que tener muy en cuenta lo referente a la sectorización ambiental. Significará un gran avance en nuestra pastoral si cada decanato elige un ambiente, según sus circunstancias y prioridades, para llevar ahí una evangelización específica.

 

Oportunidad de consolidar una coordinación pastoral misionera

 

131. Como es evidente en los lineamientos para los programas diocesanos prioritarios, los campos o áreas pastorales están interconectados. La misma problemática impacta a uno y otro; y, las acciones pastorales tienen influjo sobre varios interlocutores. Así, por ejemplo, sucede con la familia – los jóvenes – y las vocaciones. Lo mismo podemos decir de la parroquia – los agentes de pastoral – los equipos misioneros – y la sectorización. Otro vínculo posible es entre: jóvenes – sectorización – pobres. Por otro lado, resulta también necesaria la interrelación: misión – catequesis – biblia – formación de agentes – laicos.

 

132. La tarea pastoral que tenemos enfrente hace indispensable que la planeación, programación y evaluación, en los distintos niveles de trabajo, se realice habitual y sistemáticamente mediante un entrelazamiento de comisiones y sus respectivos equipos de trabajo. En este sentido hemos hablado de la transversalidad e interlocución. Sólo así se configurarán los programas adecuadamente. Esto se debe cuidar desde el nivel diocesano, fortaleciendo la Coordinación Permanente de la Pastoral Arquidiocesana (CoPPA), donde todas las Vicarías Episcopales Funcionales y Territoriales deben participar activamente. Una nueva etapa de la Misión Permanente depende, en buena medida, de este aprendizaje de la pastoral orgánica, que es el camino para que se profundice la identidad pastoral de nuestra Arquidiócesis, en el espíritu de comunión que el Señor nos pide.

 

Recordando las palabras de Jesús, el Señor, que dijo:

'Hay más felicidad en dar que en recibir'.

Hech 20, 35b

 

VII. ENVIADOS POR EL ESPÍRITU

 

133. El Amor de Dios nos sobrepasa siempre. Nuestro caminar pastoral es una manifestación constante de ello: ¡Cuántas bendiciones inesperadas! ¡Cuántos dones inmerecidos! Es el impulso del Espíritu que nos apremia con amor a renovar nuestra entrega en la misión evangelizadora de la Ciudad.

 

134. Al iniciar este nuevo año, meditábamos la actitud de María que guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2, 19). Realmente podemos aprender de María a reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y en aquellos que parecen imperceptibles (Cf. EG 288).

 

135. Hoy, le pedimos a nuestra Madre, María de Guadalupe, que nos ayude a decir nuestro 'sí', ante la urgencia de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús. Que nos ayude a recibir del Espíritu la audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la belleza que no se apaga (Cf. Ibídem).

 

136. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños. Ruega por nosotros (Cf. Ibídem).