ORIENTACIONES PASTORALES

2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jesús dijo a Simón: Rema hacia adentro del lago y

echen las redes para pescar

(Lc 5, 4)

 

 

INTRODUCCIÓN

 

1. Saludo a todos ustedes hermanas y hermanos laicos, a mis hermanos y hermanas de la vida consagrada, a mis hermanos y colaboradores en el ministerio diaconal, presbiteral y episcopal, me dirijo a Ustedes con aprecio de Pastor, y les expreso mi gratitud por su colaboración en el servicio al Evangelio en esta arquidiócesis. Un saludo muy especial a todos los jóvenes de esta ciudad, invitándolos a escuchar la llamada del Señor.

 

2. Con ocasión de la tradicional peregrinación anual de la Arquidiócesis al santuario guadalupano, a los pies de nuestra Señora del Tepeyac, presento a toda la comunidad arquidiocesana las orientaciones pastorales 2013. Con ellas quiero prestar mi servicio de fortalecer e iluminar el camino pastoral arquidiocesano, compartiendo con ustedes la preocupación de evangelizar las culturas de la Ciudad de México.

 

3. Quiero agradecer el trabajo de muchos de ustedes al responder a lo que yo mismo convoqué cuando manifesté mi deseo de hacer una amplia evaluación, dentro y fuera de la Iglesia, a los veinte años del II Sínodo diocesano. Aquí se encuentran recogidas buena parte de las consideraciones y aportaciones que se me han hecho y me parece que son expresiones del soplo del Espíritu del Señor que nos conduce a un crecimiento de nuestra opción pastoral arquidiocesana, que es la misión permanente.

 

4. La celebración del Año de la fe y la convocación del Sínodo de los obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe, son acontecimientos salvíficos que vivimos con toda la Iglesia, que nos iluminan y nos impulsan a responder mejor al llamado que el Señor nos hace para ser más fieles discípulos y misioneros. Queremos cumplir nuestra vocación como Iglesia que peregrina en la historia con nuestro mundo. Queremos renovar nuestra pastoral misionera de encarnación, de diálogo y de testimonio, expresando nuestra fe en la presencia del Señor que camina con nosotros.

 

5. Hago mías las palabras que mis hermanos los obispos reunidos en el Sínodo expresaron al Santo Padre, en su proposición número 25: la Iglesia reconoce que ‘la ciudad santa, la nueva Jerusalén’ (cf. Ap 21, 2-4) ya está presente, de alguna manera, en las realidades humanas. Al llevar a la práctica un plan pastoral urbano, la Iglesia desea identificar y comprender aquellas experiencias, lenguajes y estilos de vida típicos de las sociedades urbanas. Ella pretende hacer que sus celebraciones litúrgicas, sus experiencias de vida comunitaria y su ejercicio de la caridad se vuelvan importantes para el contexto urbano, con vistas a que el Evangelio se encarne en la vida de todos los ciudadanos.

 

6. Los invito a vivir esta nueva etapa de la evangelización que estamos empezando en nuestra Arquidiócesis, con el propósito de renovar la visión del II Sínodo diocesano, y su proceso postsinodal, actualizándolo con lo que hoy nos dice el mundo y la Iglesia para vivir el espíritu de la nueva evangelización; les pido poner especial empeño en la evangelización de las nuevas generaciones.

 

 

 

Los apóstoles dijeron al Señor: auméntanos la fe

(Lc 17, 5)

 

índice

 

 

I - LA FE, ENCUENTRO QUE DA VIDA

 

A. Una mirada a nuestra realidad

 

7. La fe es una gracia de Dios, por la cual tenemos la posibilidad de responder al don gratuito de la salvación. Por ello, es tarea de la Iglesia cultivar esa semilla de la fe para que tenga un sano desarrollo en la vida de cada uno de los bautizados y en las comunidades.

 

8. En los últimos tiempos hemos experimentado una crisis de fe en un gran número de bautizados de nuestra Iglesia arquidiocesana; por esta razón hace 20 años, en la celebración del II Sínodo diocesano ya se ponía el acento en la necesidad de que nuestro quehacer pastoral estuviera dirigido prioritariamente a los alejados del influjo del Evangelio. 9. El Concilio Vaticano II, particularmente en la constitución Gaudium et spes, nos invita a leer los “signos de los tiempos” y continuar con el esfuerzo que hemos hecho de “escuchar la voz de Dios en la Ciudad”; por eso, es necesario atender cuidadosamente a todos aquellos fenómenos sociales que aquejan la fe de nuestro pueblo y en ellos entender mejor las mociones del Espíritu que nos conduce a seguir adelante con el mandato misionero de Cristo.

 

10. Recientemente el Papa ha convocado el Sínodo sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, y desde los documentos preparatorios, se ha hecho un trabajo de análisis de la realidad de los cristianos en los tiempos actuales, sobre todo de aquello que afecta la vida de fe y confronta la evangelización como tarea vital de la Iglesia. En dicha preparación, la reflexión del Sínodo se sirvió del concepto de “escenarios” para indicar los principales ámbitos sociales en los cuales se desarrolla la vida de la sociedad y afectan directamente la vida y la fe de los creyentes. Es ahí en donde ahora nosotros debemos saber leer, con la sabiduría de Dios, los signos de los tiempos para ayudar a que todos los cristianos fortalezcamos nuestra fe y proyectemos nuestra acción evangelizadora.

 

11. Esos fenómenos sociales, alcanzan su dimensión teológica cuando como Iglesia nos dejamos interpelar por ellos y, a la luz de la fe, buscamos dar una respuesta que nos ayude a seguir siendo portadores de la Buena nueva con un espíritu renovado, y nos lleve a salir de los antiguos esquemas pastorales que no favorecen la transmisión de la fe.

 

12. La proclamación del Año de la fe y la convocación del Sínodo de los obispos manifiestan la preocupación del Papa por la “crisis de la fe” y de la evangelización, que se da de una forma en los países de antigua cristianización, especialmente de occidente, y de otra forma en los lugares en donde, por otras razones la fe es muy débil. La Porta fidei, nos habla de la necesidad de “conversión y renovación” (cf. n. 6) personal y comunitaria, que nos lleve a revisar la vivencia de la fe y los caminos de nuestra pastoral evangelizadora.

 

13. El concepto de “escenarios” nos recuerda la experiencia de Pablo al presentarse en el areópago de Atenas (cf. Hech 17, 19) como un ambiente hostil o al menos ajeno e indiferente a la religión, semejante a muchos de nuestros ambientes sociales a donde debemos llevar el mensaje del Evangelio con los valores del Reino. Con este mismo espíritu misionero el Papa nos invita hoy, a ir al “patio de los gentiles”, para dialogar con los no creyentes, apáticos y escépticos al tema religioso, indiferentes o incluso ateos; mirar estos nuevos escenarios, ir a los areópagos y salir al patio de los gentiles, es lo que nos ayudará a garantizar por parte de nuestra opción pastoral misionera, una nueva evangelización que fortalezca la misión permanente para la transmisión de la fe.

 

14. El II Sínodo de nuestra Arquidiócesis se pensó y se llevó a cabo teniendo como estructura de su reflexión un conjunto de desafíos que lo llevaron a descubrir los aspectos que dificultan el crecimiento de la fe, pero también muchos valores que son tierra fecunda para sembrar en ella la Palabra. De esta manera se trató de dar respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, este propósito lo vemos reflejado elocuentemente en la proposición cinco del reciente Sínodo de los obispos: la nueva evangelización exige prestar especial atención a la inculturación de la fe, que puede transmitir el Evangelio con su capacidad intrínseca para valorar lo positivo de cada cultura, purificándola a su vez de los elementos que se contraponen a la realización plena de la persona, según el designio de Dios revelado en Cristo. La inculturación implica el esfuerzo de encarnar el evangelio en las culturas de los pueblos.

 

15. En la pasada Asamblea diocesana se presentaron los principales resultados de lo que ha sido un año de evaluación: ad intra, a través de los “foros”, relacionados particularmente con las estructuras pastorales y la vida de los agentes de pastoral; ad extra, a través de la consulta externa, en la que se buscaron conocer algunas formas y criterios de la vivencia de la fe de los católicos y de religiosidad de otros no católicos. Estos resultados, aunque no son conclusivos, reflejan fortalezas, pero también fuertes carencias. Sigue vigente el “divorcio entre fe y cultura”, entre “fe y vida” (cf. GS 43; EN 20). Es aquí en donde nos preguntamos como Iglesia particular: ¿cómo estamos viviendo nuestra fe, qué frutos va dejando nuestra evangelización? Se pueden constatar importantes avances de vitalidad de nuestras comunidades, pero no podemos caer en una visión triunfalista. Hemos de continuar nuestro compromiso para buscar y llevar a la práctica formas que incidan más directamente en nuestras realidades para impregnarlas de la fuerza del Evangelio.

índice

 

 

B. Las Dimensiones de la fe y su vivencia

 

16. Cuando hablamos del año de la fe, con las directrices que el Papa nos plantea, es bueno que pensemos en afianzar bien nuestro conocimiento de ella, su respectiva profundización, y la forma con la que estamos tratando de vivirla, pero, al mismo tiempo, tenemos que plantearnos como la estamos compartiendo con nuestros hermanos a través de una acción misionera, que se vaya haciendo más fuerte en nuestras comunidades pastorales. Por esto, hagamos aquí unas breves reflexiones que nos recuerden las dimensiones de la fe en la vida personal, familiar y comunitaria, para luego decir algunas palabras en relación con algunas acciones para renovar la fe, para vivirla y transmitirla.

índice

 

 

Desde el Símbolo de la fe, el Credo

 

17. En el Símbolo expresamos las cuatro verdades fundamentales de la fe, centradas en el misterio de Dios trinidad, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, fe vivida en la comunión con la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

 

18. Recordar que la fe de la Iglesia se centra en la verdad revelada de un Dios que es comunión, que es familia, que es cercano a nosotros por el carácter cristocéntrico de la revelación divina, nos anima e impulsa para que esta experiencia de comunión revitalice la vida y misión de la Iglesia como camino, para hacer que otros conozcan y vivan esta experiencia del amor divino.

 

19. El misterio trinitario es fuente de inspiración de la comunión de la Iglesia; a nosotros nos ha llevado a poner énfasis en la “espiritualidad de comunión”. Así, durante el tiempo de evaluación frecuentemente se habló de la necesaria comunión, que exige corresponsabilidad y se expresa en una pastoral orgánica y de conjunto, que esté al servicio de la misión salvífica de Dios en el aquí y ahora, y sea testimonio de unidad ante los demás.

 

20. El fundamento de la misión de la Iglesia es trinitario, ya que la salvación de Dios se realiza a través de la misión del Hijo, quien la participa a la Iglesia. El gran protagonista en esta obra es el Espíritu Santo, no sólo como fuente de vida, sino también como fuente de acción, ya que por su aliento da vida y actúa el entramado de carismas y servicios que integran la Iglesia. 21. Renovar nuestra fe conlleva renovar nuestra pastoral, porque la fe de la Iglesia es una en la comunión de sus diferentes tareas y acciones; de ahí que la fe se expresa como una respuesta personal, “yo Creo”, pero también como una fe comunitaria de la Iglesia, “Creemos”. Revalorar estos aspectos que tienen que ver con lo fundamental de la fe, nos llevará a valorar la necesaria renovación de nuestra fe personal, para convertirnos en un medio eficaz de la transmisión de la fe, actuando necesariamente en comunión.

índice

 

 

Desde el Catecismo de la Iglesia Católica

 

1) La fe Profesada

 

22. Mirando al Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio y ahora otros catecismos como el YOUCAT catecismo joven, pensado para los jóvenes, descubrimos el sentido de la fe, no sólo como el conjunto de verdades doctrinales que hay que aprender y retener en la memoria, sino como la riqueza de una fe que se profesa y proclama, se celebra a través de los misterios cristianos, se vive a través de las actitudes cristianas ante el mundo y se ora, adquiriendo un sentido contemplativo de la fe (cf. DGC 122) de gran espiritualidad para iluminar la vida cristiana en su integralidad.

 

23. El catecismo desde su origen, como género literario, encontró en el Símbolo o Credo, los Sacramentos, los Mandamientos y el Padrenuestro los pilares que sostienen la fe de la Iglesia. Es necesario, sin embargo, pasar del sólo catecismo a una verdadera catequesis y no conformarnos con transmitir los conocimientos de la fe, sino ocuparnos de favorecer su provechosa vivencia.

 

24. En sintonía con el Catecismo de la Iglesia, tenemos que poner atención al Directorio General para la Catequesis (DGC), que ha sido importante fuente de inspiración para entender y promover la pastoral con sentido catecumenal a través del proceso evangelizador. Hoy estas directrices siguen siendo de gran actualidad en la renovación de una pastoral que quiere ser más misionera, pues nos lleva a adecuarnos a la situación de quienes se acercan a la fe. Será muy necesario cultivar estos enfoques en las prácticas de nuestra Iglesia particular.

 

25. El Catecismo y el DGC nos invitan a valorar el Credo o Símbolo como un medio indispensable para profesar y proclamar la fe, lo cual exige la profundización de las verdades en él contenidas, así podremos poner en práctica la exhortación de Pedro: estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones (1 Pe 3, 15), esta dimensión de la fe tiene una gran importancia en el mundo del relativismo doctrinal en el que vivimos y de muchas confusiones en cuanto a la verdad que sostiene el actuar del hombre.

 

26. Transmitir la fe desde la tradición cristiana, no se reduce a la simple transmisión de conocimientos. El conocimiento es para fundamentar nuestro actuar y pensar de cara a los problemas de pensamiento e ideologías que se nos presenten y también para poder dar ante el mundo razón de nuestra fe. Hoy contamos con el apoyo, especialmente de la pedagogía para transmitir el conocimiento de la fe con métodos que lleven a la convicción de ésta y se manifieste en la vida.

índice

 

 

2) La fe celebrada

 

27. La fe no se reduce a un cúmulo de doctrina que puede dar la apariencia de algo frío, la fe se celebra, la hacemos vida a través de la liturgia cristiana en donde celebramos los sacramentos, entre los cuales tiene un valor de primer orden la Eucaristía, especialmente la dominical, que, de hecho, es considerada un momento de encentro de la comunidad ahí presente.

 

28. En la evaluación realizada durante este año, la santa Misa aparece como una celebración relevante. Tanto para quienes la frecuentan habitualmente, como para quienes asisten a ella eventualmente es uno de los momentos que caracterizan y dan vida a la Iglesia como comunidad de fieles. 29. Es momento de recordar que la evangelización no termina con el anuncio de salvación en Jesucristo. Al anuncio sigue la celebración de esa misma realidad salvífica. El Cristo anunciado ha de ser celebrado. Este principio orientador de la misión debe aplicarse a toda acción de la comunidad cristiana, de tal manera que culmine en la celebración que nos hace vivir la presencia operante del Señor y nos lance a ser misioneros.

índice

 

 

3) La fe vivida en la moral cristiana

 

30. La vida en el Espíritu Santo realiza la vocación del hombre. Está hecha de caridad divina y solidaridad humana. Es concedida gratuitamente como una salvación (CEC 1699). Con estos enunciados del Catecismo de la Iglesia Católica para describir el contenido de esta dimensión, nos damos cuenta de la importancia que ella tiene como camino en el seguimiento de Jesús y la conexión directa de esas expresiones de la fe con el testimonio cristiano, pues vivir estos valores en la sociedad y en la propia comunidad es lo que convierte al discípulo en verdadero testigo de la fe.

 

31. Los documentos de la Iglesia, Evangelii nuntiandi, Redemptoris missio y nuestro II Sínodo diocesano, nos recuerdan la preponderancia que tiene el testimonio llamándolo el primer medio de evangelización, porque muchas veces es por este medio que se hace creíble la predicación del evangelizador como nos dice Juan Pablo II: El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías (RM 41). El entender así la fe y la vida cristiana toda, será un excelente camino para luchar por superar “el drama de nuestro tiempo”, la separación entre fe y vida.

 

32. Por eso, la insistencia en la conversión es recurrente, los agentes de evangelización deben vivir el proceso propuesto a los destinatarios-interlocutores que los lleve del encuentro con Jesucristo vivo, a la conversión, al discipulado, a la comunión y a la misión de los bautizados (cf. DA 278).

 

33. En actitud de evaluación hemos de reconocer muchas carencias en nuestra forma ordinaria de evangelizar, en la que se descuidan medios tan importantes como el testimonio. Hoy ante los retos que se nos presentan, esta dimensión de la fe se hace prioritaria para llevar a cabo nuestra pastoral con espíritu misionero y hacer más creíble la acción de la Iglesia. La fidelidad personal al Señor y el servicio misionero nos exigen coherencia entre la fe y la moral, es decir, la práctica cotidiana del Evangelio.

índice

 

 

4) La fe orada y contemplada

 

34. No hay duda de la necesaria vida de oración de los bautizados que lleve a la contemplación, en diálogo con Dios e insertados en las realidades de nuestro mundo. En otro tiempo algunas espiritualidades llevaron a la fuga mundi, es decir, huir del mundo. Hoy nosotros estamos llamados a vivir una espiritualidad de encarnación alimentada por la oración continua que nos lleve a un compromiso con los demás.

 

35. La comunión con el misterio de Dios, a través de la oración y la contemplación, por el amor cristiano hace del discípulo una persona más sensible a las realidades de pobreza, marginación, injusticia, opresión, explotación… Una oración auténtica, al estilo de Jesús, compromete mucho más con una pastoral de inserción, de ambientes y sectores humanos específicos. La auténtica oración nos hace más misioneros.

índice

 

C. Algunas acciones a renovar

 

36. Nuestro quehacer pastoral tiene que ver con los interlocutores-destinatarios, los agentes, los medios que utilizamos y nuestras estructuras, que han de estar al servicio de la Misión y la tarea de transmitir la fe a todos, particularmente a las nuevas generaciones, a los no bautizados, a los bautizados especialmente alejados de la fe.

 

37. Durante la evaluación a la que he hecho referencia, hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre estos temas y de llegar a algunas conclusiones. Para continuar con el esfuerzo de concretar las reflexiones hechas, quiero remitirlos, una vez más, al material que se utilizó para los foros y, sobre todo, al que se presenta como “Guía de trabajo para la planeación, seguimiento y evaluación, a la luz de la evaluación arquidiocesana del año 2012”, por ahora solo me permito remarcar algunos aspectos.

 

38. En la transmisión de la fe siempre será prioritario el conocimiento y la inserción en las culturas que forman parte de nuestra sociedad, como lo hizo nuestra Iglesia particular en el II Sínodo que afrontó la “evangelización de las culturas de la Ciudad de México”. Efectivamente, vivimos en una ciudad pluricultural, lo que pide de nosotros una particular capacidad para inculturar el evangelio y realizar así una pastoral “en contexto”. Conocer y amar nuestras culturas es una exigencia para vivir y compartir nuestra fe.

 

39. Para llevar a cabo esta tarea es necesario recordar atentamente lo que nos dice nuestro II Sínodo diocesano: La evangelización es un proceso, una realidad unitaria pero compleja que se desarrolla de diversas maneras (RM 41) porque debe atender al caminar propio de las personas y de las comunidades; este proceso, para ser progresivo y eficaz, necesita los medios oportunos y adecuados (ECUCIM 2769). Y nos recuerda también que debemos adecuar los medios de evangelización con un continuo esfuerzo de verdadera inculturación que, según Redemptoris missio, n. 52, es un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano como la reflexión y praxis de la Iglesia.

 

40. La convicción de que la evangelización debe ser abordada como un proceso, forma parte de una de las riquezas de nuestra pastoral arquidiocesana. Una riqueza que, se decía en la evaluación, no debemos perder sino afianzar más sólidamente, teniendo en cuenta que los medios de la evangelización deben adecuarse según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura (EN 40); por esto, los medios de la nueva evangelización deben ser descubiertos en actitud de fiel contemplación de la Palabra de Dios y de las necesidades de la Iglesia y del hombre; sólo así la Iglesia trabajará por la extensión del Reino, según la voluntad del Padre (ECUCIM 2767).

 

41. Por lo que se refiere a los primeros pasos de la fe de las personas, un medio que tiene una particular trascendencia es la iniciación o reiniciación cristiana según la persona con quien se aplique. A este propósito quiero decir que hago mío el deseo, expresado en la Asamblea diocesana de que se haga un esfuerzo más serio por parte de las distintas instancias de pastoral, parroquias, decanatos, vicarías, comisiones, para que se tome como verdadero punto de referencia lo expuesto en el Directorio Pastoral para los Sacramentos de Iniciación Cristiana (DIPSIC) que, en lo sustancial, es un documento que conserva toda su vigencia.

 

42. Los momentos del proceso evangelizador de primer anuncio o kerigma y la catequesis tienen que estar íntimamente unidos, ya que son la base de una vida de fe. Cuando el primer anuncio y la primera conversión encuentran un medio de profundización y de madurez a través de la catequesis, se garantiza que las siguientes etapas del proceso lleguen como consecuencia, logrando la formación de un discípulo-misionero. Es por eso necesario que aún la catequesis con niños, que sigue siendo lo ordinario en la Arquidiócesis, se rija bajo la inspiración de la iniciación cristiana y el proceso catecumenal.

 

43. Una práctica que ayuda notablemente a renovar la tarea de la transmisión de la fe, es la catequesis con adultos. Hemos avanzado en este punto, pero aún no logramos que la catequesis con adultos se convierta en el paradigma de toda pastoral. La importancia de la catequesis de adultos radica en la rica experiencia que ellos pueden lograr del catecumenado en su iniciación cristiana; además ellos también pueden influir notablemente en la renovación de la pastoral por la gran responsabilidad que tienen en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.

 

44. Hace algunas décadas en la liturgia se acentuaba el aspecto ritual-cultual, se hablaba más bien de ceremonias y ritos religiosos, ahora hay que insistir más en su aspecto salvífico, la liturgia como celebración de la acción salvadora de Jesucristo en el “hoy” de la comunidad cristiana. Con esta orientación impulsada por el Concilio Vaticano II hay que considerar a la liturgia no solo como el culto que el hombre tributa a Dios, sino también como la manifestación de la acción salvadora de Dios en la comunidad y en el mundo. Para ello:

La liturgia ha de estar unida a la vida. El ejercicio litúrgico es la vida entera: alegría y dolor, fiesta y trabajo. Una celebración litúrgica desconectada de la vida y de la historia de los hombres, cae fácilmente en el ritualismo vacío y estéril.

La liturgia ha de expresar su fuerza transformadora. Las celebraciones litúrgicas son auténticas cuando transforman nuestros corazones, nuestra vida y nuestra sociedad, es decir, cuando nos comprometen a luchar por el Reino de Dios y su justicia entre los hombres, esta es la liturgia que se hace atractiva y amable para quienes desde hace algún tiempo se han desilusionado de una liturgia un tanto vacía y desencarnada.

45. Sin menospreciar ni soslayar el aspecto sacrificial de la Eucaristía, es muy conveniente que en ella, toda la comunidad experimente el sentido de fiesta y de celebración, el gusto por el canto y la música, el sentido de hermandad, la apertura al lenguaje simbólico y al clima de oración dinámica y meditativa que favorezca una participación más activa y fructuosa.

 

46. Por todo esto es necesario que, especialmente en la catequesis con niños, pero también con jóvenes y adultos, la formación litúrgica esté claramente presente (cf. DGC 85). Esto implica, entre otras cosas, un mayor conocimiento y acercamiento a los signos que puedan ser utilizados con una verdadera pedagogía litúrgica.

 

47. En nuestro empeño por activar la nueva evangelización para la transmisión de la fe, reviste una atención especial la homilía, sobre todo en las misas del domingo, para alimentar y profundizar en la fe. Sabemos que la homilía sigue siendo el principal medio de transmisión y comunicación del mensaje evangélico. Es necesario que los pastores tengamos cuidado para hacer de la homilía el medio que ayude a los oyentes a acercarse a Dios y a vivir esa presencia de forma actual. Que sea el anuncio y la proclamación de la Palabra de Dios que llame a la conversión y a buscar la respuesta de la fe.

 

48. En cuanto a la piedad y religiosidad popular, en primer lugar recuerdo la propuesta que me presentó la Asamblea diocesana de valorarla y aprovecharla como un medio de evangelización, que ayuda a recorrer el camino de fe tanto a los agentes de pastoral como a toda la comunidad, especialmente en la etapa kerigmática. Yo, con la Asamblea, pido a las comisiones mencionadas en tal propuesta, que se empeñen generosamente en trabajar en la consecución de las metas ahí presentadas para que, como agentes de pastoral sigamos recibiendo de Dios esa gran riqueza que ha dado a nuestro pueblo y, como buenos trabajadores del Evangelio sepamos hacer rendir esos “talentos”.

 

49. En la transmisión de la fe y el proceso evangelizador es esencial lo que se refiere a la pastoral social, para que así la vida del cristiano y la acción evangelizadora gocen de integralidad. Cuando llevamos a cabo la elaboración de nuestros planes de pastoral y, sobre todo, cuando evaluamos su realización, nos damos cuenta de muchas carencias en lo que toca al aspecto social y caritativo. La nueva evangelización es un fuerte llamado para dar un paso adelante en esta línea, la visión de la moral cristiana no es adecuada si no contempla este aspecto de la vida y expresión de la fe, la misión que estamos planteando hacia las nuevas generaciones, con los programas concretos que se están proponiendo, serán todo un aprendizaje. Comprometámonos con las distintas expresiones de caridad y de justicia social que se nos van abriendo como cauce.

 

50. En cierta forma, lo que se dice acerca de la transmisión de la fe sintetiza lo que se puede decir de la formación de agentes, en cuanto que el discípulo-misionero, es decir, todo agente de pastoral, es depositario y a la vez portador de esa transmisión. Su respuesta es recibir el don de la fe y crecer en ella para ser siempre un apóstol. El discípulo vive la experiencia del seguimiento, la comparte y la promueve con sus hermanos.

 

51. En las últimas asambleas diocesanas y en las correspondientes orientaciones pastorales que he dado con ocasión de ellas, hemos venido descubriendo más claramente la centralidad de la formación de los discípulos para responder a nuestro proyecto de la misión permanente. Por eso la hemos llamado columna vertebral del modelo de Iglesia que queremos y requerimos para nuestra Ciudad (OP 2009, 53).

 

52. Por ahora me parece oportuno remarcar algunos de los contenidos sobre la formación, que se han reflexionado en nuestro reciente proceso de evaluación y que están sintetizados en el cuaderno “sobre agentes” que se trabajó en la Asamblea. Algunas ideas como:

a) Que ayude a los presbíteros para que las actividades que realizan respondan a las necesidades de sus respectivas comunidades;

 

b) promueva la corresponsabilidad entre sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos;

 

c) al unificar los criterios de formación se logrará la pastoral orgánica y de conjunto;

 

d) apoyar a los movimientos y agrupaciones laicales en su formación, para que en su acción apostólica se integren abiertamente en el proceso evangelizador de la Arquidiócesis;

 

e) que la formación de los laicos los impulse y los sostenga para su inserción en las realidades temporales, desde su compromiso con la Iglesia;

 

f) revisar el proceso de formación en el Seminario Conciliar y demás casas de formación sacerdotal, que expresamente capacite a los candidatos para responder a los desafíos pastorales de las comunidades en la Ciudad.

 

53. Para afrontar los principales compromisos que requiere la formación de agentes en nuestra Arquidiócesis, pido a la “Coordinación Arquidiocesana para la Formación de Agentes de Pastoral” (CAFAP) que continúe y fortalezca su servicio de propuesta y animación.

 

índice

 

 

Jesús vio una multitud y sintió compasión de ellos,

porque andaban como ovejas sin pastor;

y se puso a enseñarles muchas cosas

(Mc 6, 34)

 

II – LOS ESCENARIOS PARA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

A. Renovación misionera para la nueva evangelización

 

54. La razón de ser de la Iglesia es evangelizar, por ello ha evangelizado siempre. El Concilio Vaticano II y el Magisterio de la Iglesia en otras de sus expresiones, universal, continental y nacional, nos recuerda una y otra vez la vocación misionera de la Iglesia. Con esta certeza que se fortalece con la celebración del año de la fe y del Sínodo universal de la Nueva Evangelización, en medio de los múltiples acontecimientos que vamos viviendo en nuestra Iglesia particular y en la sociedad, queremos renovar nuestros esfuerzos para anunciar a Jesucristo en el contexto de una ciudad que sigue cambiando.

 

55. Con gratitud a Dios vemos que nuestro caminar misionero avanza, pero al mismo tiempo observamos un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores humanos y cristianos fundamentales; esto es preocupante. En la actualidad gran parte de nuestra sociedad no encuentra en la evangelización cotidiana de la Iglesia el Evangelio, es decir, no encuentra una respuesta que le dé sentido pleno a su vida.

 

56. La nueva evangelización impulsada por el Papa Juan Pablo II y ahora presentada con nuevos rasgos y características por el Papa Benedicto XVI, nos da pauta para avivar el empeño misionero de cada discípulo y de cada comunidad. En los Lineamenta para el Sínodo de los Obispos del año pasado se nos dice: La nueva evangelización es una actitud, un estilo audaz. Es la capacidad de parte del cristianismo de saber leer y descifrar los nuevos escenarios, que en estas últimas décadas han surgido dentro de la historia humana, para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio (n. 6).

 

57. La tentación de la impaciencia, de encontrar inmediatamente el gran éxito, de lograr los grandes números, puede hacernos caer en la desesperanza o en la apatía, pensar que todo aquello que se ha realizado no ha servido o que pese a lo que hagamos todo seguirá igual. Nosotros queremos estar seguros de que esta forma de considerar la acción de la Iglesia nada tiene que ver con el cumplimiento del mandato misionero. La nueva evangelización no puede ser simplemente el atraer inmediatamente a muchos con nuevos y más refinados métodos. La nueva evangelización indica la exigencia de encontrar nuevas expresiones para ser Iglesia dentro de los contextos sociales y culturales actuales, en proceso de continua mutación (Ib.).

 

58. El esfuerzo tiene que ser cada vez más grande, de acuerdo a la necesidad de comprender y emprender, desde nuestra fe nacida en el encuentro con Cristo, una total renovación de nuestra vida cristiana y pastoral; la nueva evangelización tiene su genialidad y originalidad en la capacidad de convertirnos en testigos convencidos, creativos y creíbles frente a las nuevas realidades y situaciones en la humanidad en la época actual, muchas de ellas también verificadas en nuestra realidad urbana (cf. Lineamenta, Prefacio).

 

59. De ahí que no podemos renunciar ni dejar a un lado el nuevo y vigoroso proyecto misionero que ha mantenido a la Iglesia arquidiocesana en estado de misión permanente o en una actitud de nueva evangelización, buscando evangelizar las culturas mediante una pastoral de encarnación, testimonio y diálogo, pilares de nuestra mística misionera.

 

60. En ocasiones anteriores he reflexionado con ustedes en los desafíos que plantea la ciudad capital que es cada vez más pluricultural y cosmopolita; y he propuesto algunas actitudes a tener en cuenta para enfrentar estos desafíos, tales como la flexibilidad pastoral, paciencia apostólica, cercanía, amabilidad, sencillez, servicialidad, fraternidad, escucha y diálogo (cf. OP 2003, 33-43). La misión es relación y por eso necesita de la cercanía, de la creación de vínculos personales sostenidos en el tiempo. El que es amigo de Jesús se hace cercano a todos, sale al encuentro generando relaciones interpersonales que susciten el interés por la verdad. De la amistad con Jesucristo surge un nuevo modo de relación con el prójimo, a quien se ve siempre como hermano.

 

61. Sabemos que en muchas ciudades se nota la ausencia de Dios en los múltiples ataques a la dignidad humana, entre ellos: la violencia relacionada con el narcotráfico y la corrupción de varios tipos, pero estamos convencidos de que el anuncio del Evangelio ha de ser la base para restablecer la dignidad de la vida humana en estos contextos urbanos. La Buena Nueva de Jesús nos dice yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud (Jn 10, 10).

índice

 

 

B. Evangelización de las culturas

 

62. Desde el II Sínodo Diocesano, en sintonía con la Iglesia Universal, buscamos una nueva evangelización, capaz de hacerse escuchar por aquellos nuevos escenarios de nuestra ciudad que no están interesados en la evangelización “clásica”, llamada también “pastoral de conservación”, intentamos una nueva acción misionera centrada en la evangelización de las culturas de la Ciudad de México.

 

63. Siguiendo muy de cerca la documentación del Sínodo de los obispos en Roma, hagamos algunas reflexiones acerca de los escenarios que reclaman la voz y la presencia de la Iglesia, entendidos estos como “mundos y fenómenos sociales nuevos” y “áreas culturales o areópagos modernos”, según nos describe estas realidades el Beato Papa Juan Pablo II en Redemptoris missio 37-38. Démonos cuenta de que la caracterización que de ellos hace tal documentación sinodal responde en mucho a nuestras propias situaciones y por ello tiene mucho que decir, en lenguaje de desafíos, a nuestra tarea de evangelización.

 

64. a) Cultural – Religioso. Se caracteriza por promover la vida sin referencia a lo trascendente, una existencia sin Dios. Se trata de un escenario en donde el secularismo toma señorío de la realidad humana. Todo se ve seriamente afectado, se debilitan los valores, no hay respuestas al sentido de la vida, no interesa tanto la verdad. La cultura que mantenía unidos a los pueblos se resquebraja y fragmenta. Podemos constatar, sobre todo en las nuevas generaciones, una mentalidad hedonista, consumista, relativista, individualista y neopagana (cf. Instrumentum laboris 53). La influencia de este escenario repercute también en los mismos cristianos. Por otra parte, se está dando en nuestra cultura un retorno al sentido religioso y una exigencia multiforme de espiritualidad que afecta a muchos y en particular a las generaciones jóvenes. Se afirma que una organización mágica de la vida es el criterio para conocer la realidad y dar un sentido a las cosas. Emergen nuevos cultos, que instrumentalizan en clave terapéutica las prácticas religiosas. Se presentan como religiones de la prosperidad y de la gratificación instantánea (cf. Ib. 58).

 

65. b) Social. Aquí se destacan dos fenómenos que van provocando más retos y desafíos a la nueva evangelización, uno es el de la movilidad humana, el fenómeno de la migración. El encuentro y desplazamiento cultural dan como resultado una falta o confusión de identidad; en las grandes ciudades como la nuestra, se verifica con mayor intensidad el ir y venir de hombres y mujeres en busca de un “sueño” que les ofrezca una vida más digna, pero el resultado es otro; la fluidez en las tradiciones y costumbres propias se ven alteradas en mayor grado. El otro fenómeno es el de la “globalización”, un tanto complicada de explicar claramente, que se ha percibido como una realidad negativa y determinista, sin embargo, puede tener un lado positivo desde donde se pueden innovar nuevos caminos de solidaridad para compartir el progreso de todos hacia el bien.

 

66. c) Económico. Hay una seria y grave constatación en este escenario. Son cada vez más notorias las desigualdades entre pobres y ricos, se da una injusta distribución de las riquezas. La falta de empleos y la falta de oportunidades en la educación y formación de muchos jóvenes trae como consecuencia la búsqueda de alternativas como son el comercio informal, la participación en la delincuencia organizada o incluso en la redes del narcotráfico, entre otras tantas situaciones provocadas por la realidad actual. Bajo esta óptica la construcción del Reino de Dios es un verdadero reto, la nueva evangelización nos pide realizar acciones audaces de acompañamiento y caridad cristiana, lo cual implica presencia y compromiso.

 

67. d) Político. El mensaje final del Sínodo de los obispos al abordar el papel político de la Iglesia evangelizadora respecto a los temas como aborto, matrimonio, libertad de educación, libertad religiosa, lucha por la justicia, oposición a la violencia, al racismo, al hambre, a la guerra, decía: un ámbito en el que la luz del Evangelio puede y debe iluminar los pasos de la humanidad es el de la vida política, y añade a los políticos cristianos que viven el precepto de la caridad se les pide un testimonio claro y transparente en el ejercicio de sus responsabilidades (n. 10). Para nosotros siguen vivas las palabras del Papa Benedicto XVI antes dejar nuestra patria, una exhortación para que todos juntos demos testimonio de nuestra fe frente a los deseos de control y poder: Aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la mentalidad utilitaria que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Una invitación a todos los agentes de pastoral para que en la vida política de la ciudad optemos por la participación ciudadana con un espíritu de nueva evangelización.

 

68. e) Los medios de comunicación social. En las últimas décadas hemos sido testigos de una serie de cambios en el ámbito de la comunicación que ni en el Concilio Vaticano II se imaginaba en su proyección en el tiempo; en pocos años la red informativa ha envuelto el mundo. La comunicación se realiza en tiempo real y está al alcance de todos, en especial de la nuevas generaciones, por eso bien podemos decir que los social media tienen un impacto cada vez más importante como lugar de información, pero también de socialización y de encuentro, y ya se han convertido realmente en nuevos areópagos de la evangelización. Ellos son también un instrumento de comunicación para la misma Iglesia, de hecho en cuanto se publiquen estas orientaciones, también ya las tendremos a disposición en un archivo electrónico en la red. Hay que aprovechar estos medios para hacer llegar el mensaje de Jesús a todos.

 

69. f) La ciencia y la tecnología traen ciertamente notables beneficios al hombre, pero se han convertido en un verdadero ídolo y en una especie de nueva religión, que suscitan los mitos de la prosperidad y de la gratificación instantánea. En las últimas décadas nuestra ciudad se ha convertido en el paraíso de los avances y novedades tecnológicas; es relativamente fácil dejarse atraer por aquello que significa “tener lo más avanzado”, creando así la cultura de la dilatación de las potencialidades humanas. La nueva evangelización requiere que se establezca un serio diálogo entre ciencia y fe.

 

70. Tener una noción de estos escenarios nos permite acercarnos a las realidades humanas que representan a nuestros interlocutores, reconociendo la necesidad de hacer una lectura crítica de los estilos de vida, del pensamiento y de los lenguajes propuestos a través de ellos. Dicha lectura servirá también como autocrítica que la Iglesia es invitada a hacer de sí misma y de su acción evangelizadora.

 

71. En la XVIII Asamblea diocesana recibimos los resultados preliminares de la encuesta sobre “las culturas religiosas de los habitantes de la ciudad de México”, en donde pudimos tener un acercamiento a la realidad que estamos viviendo. Algunos de los índices presentados nos pueden parecer desalentadores, especialmente los que se refieren a las modificaciones en los patrones familiares y morales, así como el paulatino alejamiento de los jóvenes de los ámbitos eclesiales. Pero también nos da esperanza constatar que la sed de Dios sigue presente en los habitantes de la ciudad, la cual se manifiesta en una religiosidad intensamente vivida, en la que la transmisión de la fe sigue teniendo un eslabón primordial desde el papel de la mujer en la sociedad y como madre de familia. Les pido que hagamos lo posible para no perder de vista en nuestro entorno, las semillas del verbo que siguen reclamando nuestra capacidad de escucha y la proclamación kerigmática.

 

72. Invito al equipo responsable de esta encuesta, configurado desde el Consejo Pastoral Arquidiocesano, que siga profundizando, analizando e interpretando los resultados presentados, para ofrecer a los agentes de pastoral elementos que ayuden a discernir los caminos y las acciones necesarias para hacer posible la nueva evangelización en los respectivos ámbitos pastorales que requieren nuestra atención.

índice

 

Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados,

y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición,

partió los panes y los fue entregando a sus discípulos

para que los distribuyeran.

También repartió los dos pescados entre la gente

(Mc 6, 41).

 

III - LA MISIÓN JUVENIL, CAMINO DE RENOVACIÓN PASTORAL

 

A. El proyecto de la misión juvenil

 

73. Con la Misión juvenil, a la que convoco una vez más a toda la comunidad arquidiocesana, quiero invitarlos a atender, con una amplia mirada de fe, a ese sector tan importante de nuestra población, que forma parte determinante del presente y del futuro de la historia y, por tanto de nuestra Iglesia. No sin razón el Magisterio reciente de los Papas, y antes el del mismo Concilio Vaticano II, el del episcopado latinoamericano, el de nuestra Patria y yo mismo, hemos hablado de esta exigencia de nuestra evangelización: los jóvenes. Exhorto a todos ustedes a que demos un paso decisivo para comprometernos en esta urgente necesidad, dando continuidad y poniendo al día lo pedido por nuestro II Sínodo diocesano.

 

74. En este proyecto es iluminador también el texto de Juan 6, 9, el de la multiplicación de los panes, en donde aparece la figura de un muchacho que porta los cinco panes y los dos pescados, poniéndolos al servicio de aquella multitud. Esto nos enseña que los jóvenes han de ser protagonistas de esta misión, por lo cual, debemos todos estar abiertos a acompañarlos en las distintas iniciativas que nazcan de ellos.

 

75. La forma de presentar esta misión juvenil, “al encuentro de la nuevas generaciones”, no sólo es un lema que indique un ideal más o menos lejano, sino es parte integrante de nuestro proyecto pastoral, porque partimos de la conciencia de que los jóvenes no son un sector aislado y un tanto diferente de nuestra sociedad sino que ellos son la expresión muy viva de lo que acontece en nuestra cultura y al mismo tiempo, en muchos casos, son los actores de los cambios culturales que se generan. Se trata de entender la misión con las nuevas generaciones como apertura a una nueva cultura que ya ha impregnado la forma de pensar y de vivir de toda la sociedad que formamos, convirtiendo, a veces, nuestra estructura eclesial en una referencia distante. Para muchos, inclusive practicantes, ya no es un lugar que les dé identidad, piensan y viven diferente a lo que ahí se dice. Asumir la misión con las nuevas generaciones es enfrentar un desafío global para la razón de ser de la Iglesia.

 

76. Con la realización de la misión juvenil podemos lograr la experiencia y el aprendizaje de una pastoral orgánica en nuestra Arquidiócesis. Efectivamente, un proyecto de esta naturaleza, que abarca un amplio sector de la población y que debe ser afrontado con una evangelización integral, no puede ser responsabilidad de unos cuantos, ni siquiera de una o dos instancias en cuanto a su coordinación. En los meses que llevamos de preparación de la misión, he visto con agrado como, a nivel arquidiocesano, se han venido organizando las vicarías funcionales con la participación de varias comisiones, -entre ellas, desde luego, la de pastoral juvenil-, para integrar la comisión central de la misión juvenil y diseñar el plan y los programas correspondientes. Igualmente he escuchado el propósito de las vicarías territoriales de llevar a cabo la misión, en sus propios ámbitos, con esta misma estrategia: que sea cada una de ellas en su conjunto, encabezada por el propio Obispo y su consejo de pastoral, quienes asuman esa responsabilidad.

 

77. El propósito fundamental de la misión juvenil es trabajar por la evangelización de las nuevas generaciones con todos los esfuerzos que esto implique, para suscitar en ellas la fe y hacer que ésta crezca de tal manera que vivan de forma madura su adhesión a Cristo y su comunión con la Iglesia. Se trata de propiciar el encuentro vital con Cristo, para que él sea el centro de la vida de cada persona y sea él quien anime e ilumine la vida de las familias y las comunidades. La evangelización exige como meta la referencia explícita al Señor, que lleve a la fe en él. Es favorecer en las personas y en las comunidades la obra del Espíritu que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan vida en Él” (DA 137).

 

78. Esta evangelización deberá hacerse según la inspiración y el modelo de la pedagogía de Jesús: que toca y asume la realidad de las personas para iluminarla y transformarla con el anuncio del Reino, que comporta los valores que Jesús predicó y vivió. Es fiel a la historicidad del hombre y por ello parte de su propia realidad. Esta evangelización misionera consiste en la transmisión de la fe de una manera nueva, creativa y encarnada.

 

79. En la realización de este proyecto debemos tener como criterio y como punto de referencia el proceso evangelizador con sentido misionero. Este proceso evangelizador en la Arquidiócesis, partiendo del Magisterio, especialmente del Decreto Ad gentes y Evangelii nuntiandi y tomando en cuenta la experiencia de algunos sistemas de evangelización, lo hemos adaptado en tres etapas: Etapa misionera, que abarca el kerigma y primer anuncio; la etapa catequética, en la que se tiene la formación permanente de la fe y la etapa apostólica, como preparación integral para comprometerse en la construcción del Reino.

 

80. En este conjunto de diversos momentos, que los evangelizadores debemos cultivar para propiciar el encuentro con Cristo en nuestros hermanos, para este esfuerzo misionero al que vamos a lanzarnos con más ímpetu, reviste una especial importancia el kerigma, que comporta el primer anuncio y el testimonio expresado con actitudes fraternas. Este clima de actitudes fraternas siempre debe acompañar al primer anuncio para que sea acogido, pero muchas veces deberá darse antes de él para prepararlo, en este sentido hablamos de etapa pre-kerigmática o pre­evangelizadora.

 

81. Efectivamente, el encuentro fraterno, en el que se expresa amabilidad, apertura, disponibilidad, servicio, es determinante para crear cercanía; cuando no se da o se da lo contrario, se provoca el alejamiento en los hermanos que, tal vez eventualmente, buscan algún servicio o alguna relación con nuestra Iglesia o acuden a una actividad comunitaria. Viene al caso recordar lo que dije en las orientaciones pastorales del año 2011: el amor fraterno hace visible a la Iglesia comunidad a los ojos del mundo; son las actitudes fraternas lo que realmente realiza la misión (n. 30); Este es el lenguaje que inequívocamente es entendido por toda persona de buena voluntad y, aun, los lejanos a la Iglesia se podrán sentir interpelados por él. Este es el verdadero sentido de aquel principio: el primero y más importante medio de evangelización es el testimonio. No hay testimonio cristiano en donde no hay caridad (n. 94).

 

82. El Documento de Aparecida nos hace algunas reflexiones en este sentido: Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces, la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos ‘no católicos’ creen, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales… nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos (n. 225).

índice

 

 

B. Actitudes para la misión

 

83. La misión con las nuevas generaciones nos pide realizarla con el espíritu, con las actitudes y con el lenguaje de la nueva evangelización, de tal manera que efectivamente estemos tratando de responder a la mentalidad y a las circunstancias de nuestro tiempo, guiados, antes que nada por la pedagogía de Jesús, el Buen Pastor.

 

84. Algunas exigencias importantes para realizar la misión juvenil: conocer, comprender y amar a los jóvenes, a los adolescentes. Estar presente en los lugares en que ellos viven, estudian, se divierten, opinan ... Descubrir y valorar sus intereses, preocupaciones y anhelos vitales, partiendo de sus necesidades y aspiraciones concretas (educación, trabajo, convivencia, seguridad). Integrar los valores del Evangelio en su vida cotidiana. Ofrecer la fe respetando la diversidad de situaciones y niveles religiosos en que se encuentran. Valorar sus expresiones de religiosidad popular en la Ciudad y otras manifestaciones de su búsqueda de lo divino.

 

85. Así mismo esta tarea de nueva evangelización requiere de algunos medios, recursos, subsidios y actitudes como: dedicar un tiempo a la realización de encuentros pre-evangelizadores. La creación de espacios de diálogo a partir de la simpatía con los valores cristianos. Estar atentos al descubrimiento de los valores que hagan alusión a las “semillas del Verbo”. Anunciar clara y explícitamente a Jesucristo y su Buena Noticia del Reino de Dios. Presentar el mensaje de Jesús, inculturado, es decir, teniendo en cuenta el ambiente socio-cultural de los destinatarios-interlocutores y, por ello, que ese mensaje sea expresado desde la propia cultura. Presentar el mensaje cristiano como respuesta que interpela y libera integralmente. Utilizar, en el anuncio de la Buena Nueva, un lenguaje más vivencial, histórico, narrativo, simbólico y festivo. Salir, como el Buen Pastor, en busca de los alejados y marginados de la Iglesia y la sociedad.

índice

 

 

C. Ámbitos de la evangelización con las nuevas generaciones

 

86. Es necesario seguir trabajando la pastoral juvenil desde el ámbito de la parroquia, como el espacio en el que las familias y las personas expresan y alimentan su fe, pero urge ir más allá con verdadero espíritu misionero, ya que la gran mayoría de los jóvenes están lejos de esas estructuras pastorales. Son muy pocos los que participan en las celebraciones litúrgicas y aun ellos permanecen distantes, les resulta difícil entrar en contacto con la comunidad parroquial. Aunque no siempre de forma muy aceptada personalmente, en todos ellos se da la necesidad de desarrollar la fe que de esta manera inicial están expresando.

 

87. En otro campo social podemos constatar, teniendo en cuenta los resultados de nuestra encuesta recientemente realizada, que en una buena parte de las generaciones jóvenes se descubre una búsqueda de Dios, aunque en la mayoría de las veces no saben esas personas cómo asumirla. En algunas ocasiones esa búsqueda se da a través de tradiciones populares, cuya motivación es la fidelidad a los antepasados, otras veces se da como esfuerzo de conservar el patrimonio cultural o las costumbres que hacen grata la vida de un gran sector de cada población particular de que se trate. Es necesario advertir también que, en algunas ocasiones para cultivar estas tradiciones populares, conservadas con un trasfondo religioso, se acude a expresiones festivas, culturales, artísticas, que están en boga en las costumbres de hoy. Resulta difícil encontrar el sentido de fe en muchas de estas expresiones, pero quienes las fomentan dicen hacerlas por motivaciones religiosas.

 

88. Por último, para ampliar este panorama, veamos lo que nos dice el Papa Benedicto XVI en su documento Porta fidei, n. 10: Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aun no reconociendo en ellas el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico preámbulo de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de lo que vale y permanece siempre.

índice

 

 

D. Nuestra respuesta

 

89. El proceso evangelizador, como lo hemos afirmado, no es rígido, sino debe tener la flexibilidad pastoral para responder a las distintas circunstancias de las personas, de los grupos y de las comunidades. Sabemos muy bien que nuestra ciudad es eminentemente pluricultural y ahora lo hemos confirmado al considerar la situación que se nos presenta en los nuevos escenarios y en los diversos ámbitos de nuestra acción pastoral. Es por ello que con esa visión plural debemos proceder a llevar a cabo la evangelización con las nuevas generaciones. No es posible pensar en un modelo para cada grupo humano, pero sí podemos intentar distintos cauces por los cuales podamos acercarnos a nuestros hermanos y por los cuales los invitemos a encontrarse con el Señor.

 

90. Desde esta consideración, me parece pertinente la propuesta general que ha presentado la comisión central de la misión y a la que han calificado como “multimodal”, precisamente porque pretende ofrecer diferentes modos y momentos para acercarse a la vivencia de los valores evangélicos e ir avanzando en la aceptación de la fe que conduzca a un encuentro vivo con el Señor. Esto así pensado, sobre todo para los que están lejos de la evangelización.

 

91. Teniendo como presupuesto las advertencias anteriores, la realización de la misión juvenil se ha planeado en tres vertientes que abarcan varios modos concretos para que los evangelizadores, en actitud de diálogo y propuesta de los valores evangélicos, nos acerquemos a los jóvenes y, en general a quienes, de alguna forma, integran las nuevas generaciones. Esto constituye como los puentes que queremos tender para que podamos ir a las nuevas generaciones y colaboremos para que ellos se acerquen a Cristo y fortalezcan la comunión de la Iglesia. Las tres vertientes son las que siguen:

 

92. a) De expresión artística y cultural. Por medio de estas manifestaciones del arte y de la cultura, se trata de establecer vínculos con los jóvenes y otras personas que lo deseen, con el fin de fomentar el intercambio y la colaboración en este tipo de actividades. Quienes promuevan y encabecen estas actividades manifestarán siempre su identidad católica, de tal manera que esa presencia suya en estos grupos y actividades sea una presencia de Iglesia. Con estas relaciones interpersonales se irá creando un clima de confianza y amistad entre los grupos y, hasta donde es posible, con quienes formen parte de las redes sociales que para tal efecto se crearán. También hacia la Iglesia, como comunidad, se espera que se acreciente una confianza por su interés en promover los valores que hacen crecer a las personas. Coordinará e impulsará este trabajo la comisión arquidiocesana de pastoral de la cultura.

 

93. b) Pastoral social y voluntariado. Con el lenguaje de la solidaridad se quiere fomentar el encuentro con quienes tienen ese tipo de sensibilidad: la ayuda al hermano necesitado. Hoy por hoy el voluntariado no sólo se está promoviendo en algunas sociedades del mundo, sino también por algunas Iglesias particulares, de esta forma contamos con su experiencia y con su estímulo. La práctica de la pastoral social se convierte así en un medio de valoración y comprensión mutua entre grupos de Iglesia y grupos de la sociedad civil que tengan esos mismos fines. Igualmente los agentes de pastoral encontrarán aquí una oportunidad y un incentivo para crecer en su compromiso por la pastoral social y nuestra Iglesia particular podrá mostrar mejor el rostro de Jesús, siempre solidario con el pobre y el necesitado. Cáritas arquidiocesana con la colaboración de las comisiones que forman el secretariado de pastoral social, instrumentará programas de capacitación y realización con estos objetivos.

 

94. c) Formación misionera y catequética. La meta es que todos los que participen en algunas otras expresiones de la misión con las nuevas generaciones, de alguna forma recorran esta vertiente de formación tanto para vivirla en sí mismos, como para favorecerla en otros hermanos. Se trata de recibir explícitamente el mensaje de la Palabra de Dios y de profundizarlo en sus distintas etapas de formación: inicial, básica, específica, permanente. Ser objetos de la misión y ser misioneros, recibir la catequesis y ser catequistas. Para esta vertiente las comisiones arquidiocesanas de pastoral misionera y de catequesis elaborarán subsidios para cursos, talleres, retiros, y también ofrecerán capacitación para manejar dichos subsidios y para ejecutar tales actividades.

 

95. La ejecución de estos programas no sólo corresponderá al nivel arquidiocesano de las respectivas comisiones, sino que se deberán ir ejecutando también en las vicarías, decanatos y parroquias, para lo cual estas instancias podrán pedir apoyo y asesoría, especialmente en lo que se refiere a cursos de capacitación y de contactos para relacionarse con otras instituciones.

índice

 

 

CONCLUSIÓN

 

96. Ante este complejo panorama de reclamos para la nueva evangelización, que es la misión permanente en nuestra Arquidiócesis, valorando también las riquezas en los agentes de pastoral y en las estructuras arquidiocesanas, con esperanza queremos lanzar nuestras redes para dar respuesta a este nuevo llamado que el Señor nos hace. Para ello se ve la necesidad de definir adecuados programas de acción en los que se involucren orgánicamente las debidas instancias pastorales, en sus diversos niveles. Encomiendo a la vicaría de pastoral que, en coordinación con las demás vicarías funcionales, dé seguimiento a la definición de tales programas y su puesta en práctica. En este trabajo se mantendrá el criterio de consolidar las acciones en las que ya hemos logrado cierta experiencia y vienen dando buenos resultados. Tendrán ciertamente un lugar prioritario la formación de agentes y la misión juvenil.

 

97. Como fruto del análisis y reflexión tenidos en la Asamblea diocesana y recogiendo globalmente los resultados de los momentos anteriores de evaluación, la vicaría de pastoral ha confeccionado una “guía de trabajo” como un instrumento que estructura las aportaciones y conclusiones. Se ha pensado como un servicio para la planeación y evaluación del trabajo ordinario, así como para el necesario seguimiento de las instancias pastorales: parroquia, decanato, vicarías y comisiones. Con este mismo fin también puede ser muy útil para las agrupaciones laicales y para los agentes de pastoral en lo personal, pido su lectura y estudio, de tal manera que los planteamientos ahí propuestos sirvan también como elemento unificador en la pastoral arquidiocesana. También resultan valiosos los demás materiales que se generaron en el transcurso de la evaluación, como los que se utilizaron en los foros, en la última reunión de decanos, en la evaluación de las vicarías. No hay que dejarlos sin utilidad. Se dispone de ellos en la página web de la vicaría de pastoral. Confrontados con lo ahí expuesto las instancias y los agentes de pastoral podrán lograr un renovado dinamismo.

 

98. Nuestra evaluación ha sido, sin duda, una oportunidad de crecimiento porque nos fortalece al valorar nuestros logros y nos desafía ante lo que nos falta por hacer. Esta experiencia que hemos hecho también significa para nosotros un aprendizaje que debemos practicar de forma permanente en nuestro actuar pastoral como equipos, como grupos y como comunidades en las diversas instancias de la Arquidiócesis. Debemos crecer también en la cultura de la planeación, en actitud de sencillez, de esperanza y de acción de gracias. El compromiso que queremos renovar con la nueva evangelización nos pide fortalecer la comunión eclesial expresada en organicidad y corresponsabilidad. La fe se fortalece dándola, por ello en la medida en que nos lancemos al mundo, en diálogo decidido con las culturas de nuestra Ciudad, lograremos una mayor solidez en nuestra espiritualidad de comunión. 99. Pidamos a Santa María de Guadalupe, fiel protectora de nuestra Arquidiócesis, que bendiga y nos dé fortaleza en estos trabajos que queremos reemprender, que nos ayude a crecer en la fe y que sepamos traducirla en la nueva evangelización en bien de nuestra Ciudad.

 

12 de enero del 2013

Peregrinación de la Arquidiócesis de México

a la Basílica de Guadalupe.

 

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera

 

Arzobispo primado de México

 

índice

 

 

Homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera,

Arzobispo Primado de México,

en la Celebración Eucarística

con motivo de la Peregrinación Anual de la Arquidiócesis de México

a la Basílica de Guadalupe.

 

12 de enero de 2013

 

Con la alegría de venir a encontrarnos con nuestra Madre Santa María de Guadalupe que siempre nos acoge con ternura, saludo a todos ustedes, a la sombra de la casita del Tepeyac:

 

A ustedes, hombres y mujeres, laicos que cada vez se integran con mayor decisión y entusiasmo al proyecto de la nueva evangelización.

 

A ustedes hermanos y hermanas de la vida consagrada, que con su testimonio ofrecen el mensaje del Evangelio en esta gran Ciudad.

 

A ustedes diáconos y presbíteros, que hacen presente al Buen Pastor en las más diversas comunidades de nuestra Arquidiócesis.

 

A ustedes mis queridos hermanos obispos, que prestan el servicio de la unidad en cada una de las vicarías y con esta Iglesia particular de la Arquidiócesis de México.

 

Un saludo especial a ustedes jóvenes de esta Ciudad. En la convocatoria de la Misión Juvenil que estamos a punto de iniciar el próximo mes, descubran ustedes el llamado del gran Amigo y siéntanse invitados a llevar ese llamado a todos sus amigos y amigas.

 

¡Jóvenes sean bienvenidos, ustedes alegran nuestra Iglesia, nuestra Iglesia los necesita a ustedes!

 

“Ninguno que crea en Él quedará defraudado”nos ha recordado el apóstol san Pablo. La fe es fortaleza, es confianza, es seguridad en bienes definitivos, porque es experimentar la presencia del que siempre nos acompaña, de Aquel que nunca nos defrauda, de Aquel que nos conduce en nuestra vida para que nos desarrollemos, para que alcancemos nuestras metas más anheladas y siempre nos acompaña infundiendo su espíritu de amor en nosotros, ese amor que le da sentido a nuestra vida.

 

Con esta seguridad venimos hoy aquí para retomar con más entrega el proyecto de la Nueva Evangelización en esta Ciudad de México. Con la mirada de Jesús, queremos estar muy atentos a nuestro mundo siempre cambiante, en el que hay multitudes que vagan sin un sentido profundo de la vida, pero también hay otros muchos que llevan importantes proyectos en nuestra gran Ciudad que en sus corazones van cautivando grandes ideales. Muchos hombres y mujeres, adultos y jóvenes, ancianos que quieren llenar sus vidas y que, en fin de cuentas, porque Él los llama, por eso buscan a Dios. Lo sabemos por experiencia y, recientemente, nos lo ha corroborado la encuesta de investigación en nuestra Arquidiócesis, sigue habiendo una gran sed de Dios, una gran sed de lo infinito, de lo trascendente, de ese amor de Dios que sólo Él mismo puede satisfacer. “Nos hiciste Señor para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.

 

El II Sínodo Diocesano, con el espíritu de la Nueva Evangelización, nos lleva a hablar a nuestro mundo con una actitud de testimonio cristiano y de diálogo, para lo que requerimos de un lenguaje que pueda ser entendido por quienes viven las culturas de hoy, llenas de tecnología y con una nueva simbología, expresada especialmente a través de los medios de comunicación social. De todos modos, aunque este esfuerzo es válido y necesario, tenemos que hacerlo, pero no debemos olvidar que el amor fraterno es lo que hace visible a la Iglesia ante el mundo, son las actitudes fraternas con las que principalmente podremos evangelizar, podremos realizar esta gran misión. Ese es el lenguaje que inequívocamente es entendido por toda persona de buena voluntad. El lenguaje del amor, el lenguaje del espíritu del amor.

 

Cuando Jesús vio aquella multitud “Se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”. Nosotros le damos gracias porque nos llama para ser nuestro Pastor, por eso estamos aquí, porque Él nos ha llamado a su Iglesia, a su redil.

 

Y a nosotros nos pregunta el Señor lo mismo: “¿Cuántos panes tienen?” Nos hace la invitación y nos da la oportunidad de poner en juego los dones y las capacidades que Él mismo nos ha dado para transformar nuestro mundo, para superar la escasez y, a veces la carencia de amor, de justicia y de paz. Por eso con su misma pedagogía nos anima: “Denles ustedes de comer” así, por ser sus discípulos, porque somos sus discípulos quiere hacernos sus misioneros, “Denles ustedes de comer”.

 

“¿Cuánta gente hambrienta de la Palabra de Dios vaga por nuestra Ciudad? ¿Cómo van a invocar al Señor, si no creen en Él? ¿Y cómo van a creer en Él, si no han oído hablar de Él? ¿Y cómo van a oír hablar de Él, si no hay nadie que se lo anuncie? ¿Y cómo va a haber quienes lo anuncien, si no son enviados?”

 

Como Iglesia diocesana hemos de continuar nuestro esfuerzo para que la vivencia de la fe en el Señor Jesús nos lleve a construir un más fuerte ambiente de fe: invocar, oír, anunciar, ser enviados. La experiencia de la fe, en comunión con el Maestro, en lo íntimo de cada persona será el sustento para que realicemos esa gran misión a la que somos llamados. El Señor Jesús nos ha llamado no por nuestros méritos, aquí no estamos los que somos más buenos, ni los que somos más sabios simple y sencillamente estamos aquí porque el Señor ha tenido misericordia de nosotros y nos ha llamado, nos ha invitado a que pongamos nuestros peces, nuestros panes y Él los multiplicará, Él nos hará llegar a la multitud.

 

En el contexto del envió y de la participación en la misión, a la luz del relato de la multiplicación de los panes, nos resulta muy elocuente la escena en la que en el texto paralelo de San Juan (6, 9), Andrés presenta precisamente a un joven, a un muchacho, “un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces”. Los jóvenes tienen talentos, tienen recursos personales y culturales, que deben ser aprovechados y puestos al servicio del progreso humano y para implantar el Reino de Dios. Los dones que el Señor les ha dado pueden servir para que Cristo sea conocido, para zacear el hambre de esa multitud que no tiene que comer y que tiene esa sed, esa hambre de lo infinito.

 

Con esta finalidad de motivar a los jóvenes, de pedir su participación y colaborar con ellos, estoy convocando a la Misión Juvenil, cuyo lanzamiento lo tendremos el próximo día 9 de febrero, aquí precisamente, en un lugar cercano, la Arena de la Ciudad de México y al que invito especialmente a ustedes jóvenes, a ustedes adolescentes, a todos los muchachos y muchachas de esta Ciudad.

 

Les he escrito en las Orientaciones Pastorales de este año, los señores obispos ya vi que tienen el cuadernillo ahí en sus manos, les he escrito las Orientaciones Pastorales de este año: “El propósito fundamental de la Misión Juvenil es trabajar para misión de las nuevas generaciones, con todos los esfuerzos que esto implica, para suscitar en los jóvenes esa fe, esa fe que tiene que crecer, esa fe que tiene que madurar, esa fe que tiene que llegar a dar frutos y sobre todo esa fe que les va a dar el sentido de la vida que están llevando, porque esa fe los va a llevar a un encuentro vital con Cristo, para que Él sea el centro de su vida. Sea Él quien los ilumine, los anime a ustedes en lo personal, a sus familias, a sus compañeros de estudio o de trabajo, ustedes pueden contagiar esa fe en Cristo Jesús”.

 

Unámonos todos en la evangelización de estas nuevas generaciones, no es competencia solamente de los jóvenes, todos tenemos que apoyarlos para que ellos sean los protagonistas de esta nueva evangelización, ellos son actores principales de esta nueva cultura que ya ha impregnado la forma de pensar y de vivir en nuestra gran Ciudad, en este clima de peregrinación que nos hace vivir la experiencia de ir en continua búsqueda de los caminos que nos conducen al Padre en comunión con todos los hermanos, ciudadanos de este suelo, la nueva Tenochtitlan, a través de las celestiales manos de Santa María de Guadalupe, entrego a toda la comunidad arquidiocesana las Orientaciones Pastorales para el presente año. En ellas se han recogido las expresiones más importantes de lo que, especialmente los agentes de pastoral, aportaron el año pasado como etapa de evaluación, en donde nos dedicamos a escuchar las voces de nuestra gran Ciudad. Necesitábamos escuchar esas voces y esas voces nos surgen a 20 años del Sínodo Arquidiocesano, que pongamos más empeño en llegar a nuestros hermanos alejados, en llegar a nuestras familias, en llegar a los jóvenes y sobre todo en llegar a los más pobres.

 

En sus planes y proyectos, que continuamente deben estar revitalizando, acudan a estas orientaciones, sí, es la voz de su Pastor, pero también el Señor nos ha hecho escuchar la voz de los hermanos, la voz de aquellos que por algún motivo se alejaron de la influencia del Evangelio. Con el debido sentido de su corresponsabilidad y discernimiento ustedes los agentes de pastoral con espíritu de fe, también ahí encontrarán un importante instrumento para la comunión diocesana.

 

Que Jesús el Buen Pastor mire siempre con bondad a todos ustedes, a esta porción de su Iglesia, a cada una de las vicarías, a cada uno de los movimientos eclesiales, a cada uno de los grupos que organizadamente están comprometidos en el anuncio del Evangelio.

 

Que el Señor los bendiga, que el Señor haga fecundo su trabajo.

 

¡Felicidades!

 

índice