ORIENTACIONES PASTORALES

2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Renovar nuestra Pastoral

desde la raíz

 

No eres tú quien sostiene la raíz,

sino la raíz la que te sostiene a ti

(Rom 11, 18b)

 

+ Cardenal Norberto Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México

 

 

 

Saludo

 

I. EL SEÑOR ACOMPAÑA NUESTRO CAMINAR [1-26]

 

A. Acontecimientos eclesiales significativos (5-8)

B. Para continuar e impulsar nuestro caminar arquidiocesano (9-26)

 

II. Actitudes pastorales como signos de renovación [27-50]

 

A. Nuevas actitudes pastorales, exigencia que nace del Evangelio (30-37)

B. El seguimiento, fuente de las actitudes cristianas (38-50)

 

III. El itinerario formativo: aprender a seguir los pasos de Jesús [51-77]

 

A. Mantenerse discípulo: la espiritualidad del itinerario formativo (55-58)

B. Relación del itinerario formativo con la misión permanente y la pastoral orgánica (59-62)

c. Necesidad de la pequeña comunidad para la experiencia de encuentro (63-65)

D. Facetas de la formación: ser, saber y saber hacer para renovar el ser (66-67)

E. Organización de la formación: etapas, niveles, itinerarios, servicios y ministerios (68-77)

 

IV. Iglesia participativa y corresponsable  [78-91]

 

V. Cauces prioritarios [92-128]

 

a. La misión en la ciudad (92-102)

B. La liturgia y la piedad popular, medios muy importantes para la misión (103-107)

C. Plan de formación permanente para los pastores (108-115)

D. Pastoral familiar y pastoral juvenil (116-119)

E. Prioridades para la CAFAP y las instancias formativas (120-121)

f. Consejo de Pastoral y Consejo de Laicos (122-124)

g. Vicarías Territoriales y Decanatos (125-126)

h. Consejo Episcopal (127-128)

 

Llamado a la unidad pastoral [129-133]

 

Peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe

 

 

 

 

Saludo

 

 

 

A todos los que mantienen en su corazón la esperanza de una ciudad más humana y fraterna.

 

A los padres de familia que buscan la luz de Dios para dar lo mejor a sus hijos.

 

A los jóvenes que desean encontrar caminos de realización verdadera.

 

A quienes han experimentado las carencias sociales y quieren colaborar en la construcción de una sociedad más justa.

 

A los bautizados y bautizadas con quienes comparto la misión de llevar el Evangelio a la Ciudad.

 

A todos los invito a reflexionar y a asumir los retos de la misión afianzados en Cristo Jesús.

 

 

 

 

I. EL SEÑOR ACOMPAÑA NUESTRO CAMINAR

 

¿cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe?

(Lc 12, 28b)

 

1. El año 2010, la primera década del nuevo siglo y del nuevo milenio, ha significado para todo México un momento de toma de conciencia profunda. La Nación que anhelaron nuestros próceres y que anhelan los mexicanos de hoy, aún es un proyecto en realización que necesita que nos involucremos todos pensando sólo en el bien común.

 

2. Hemos vivido la celebración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana en un escenario contrastante: por una parte, un gran deseo de paz e igualdad y, por otra, deshumanización, violencia e inseguridad desbordadas.

 

3. Pareciera como si esta situación hubiera rebasado todas las previsiones posibles. Sin embargo, es en esta realidad donde debe surgir una valoración de la fuerza que tiene nuestra sociedad mexicana en sus raíces, donde se identifica como un pueblo noble, humano, solidario y capaz de enfrentar con esperanza cualquier desafío.

 

4. Reconstruir el entramado social para que estos valores tengan vigencia en la convivencia diaria es trabajo de todos los ciudadanos y un compromiso especial de todos los miembros de la Iglesia, que debemos descubrir en esta circunstancia un signo del Espíritu para convertirnos en levadura que, en medio de la sociedad, realiza su influjo para generar un ambiente de respeto a la vida del semejante.

 

A. ACONTECIMIENTOS ECLESIALES SIGNIFICATIVOS

 

5. Gracias a Dios, he podido compartir con ustedes dos acontecimientos que marcan mi vida y mi ministerio: 25 años como obispo y 15 años de servicio en la Arquidiócesis de México. El Señor nos da la vocación como un regalo, siempre inmerecido, pero con su amor fiel que nunca nos deja, nos anima y acompaña a seguir adelante a pesar de nuestras fragilidades y pecados.

 

6. Estas celebraciones tienen su importancia en el contexto eclesial por el servicio pastoral que el Señor me sigue llamando a ejercer. Y así como es oportunidad para mí, pastor de esta Arquidiócesis, de renovar la entrega y generosidad para seguir al Señor, así puede ser de provecho para toda la Iglesia diocesana en el camino de renovación pastoral que hemos emprendido.

 

7. Un elemento que ha llamado la atención positivamente fue la iluminación recibida en la Asamblea Diocesana respecto a las macro-tendencias culturales que se prevén a mediano y largo plazo en el ambiente social y económico globalizado. Habrá que estar muy atentos para ampliar esa reflexión analizando el influjo directo e indirecto que las macro-tendencias tienen en nuestra misión eclesial. También, aprovechemos ese aporte recibido para considerar en los contenidos de nuestra formación los elementos necesarios para una visión de futuro.

 

8. En este contexto quiero proponerles las Orientaciones Pastorales 2011, de tal manera, que leyendo los signos del Espíritu en la Ciudad y en nuestro ambiente eclesial, reavivemos el compromiso de hacer realidad que nuestro servicio pastoral sea buena noticia para la Ciudad. Llamo a todos, hermanos y hermanas laicos, miembros de la vida consagrada y ministros ordenados, a que avancemos juntos en la misión de llevar el Evangelio al corazón de la urbe.

 

B. PARA CONTINUAR E IMPULSAR NUESTRO CAMINAR ARQUIDIOCESANO

 

9. El II Sínodo diocesano vino a darnos una orientación pastoral a la que debemos recurrir constantemente para mantener el rumbo de la opción misionera. Es ahí donde se aclaran las prioridades pastorales que nos plantea una sociedad en constante evolución, caracterizada por la secularización y el proceso de descristianización.

 

10. Nuestro proyecto pastoral ha encontrado en la expresión Misión permanente, el desafío de una renovación a fondo, que es sembrar la semilla de una Iglesia discípula misionera, como lo ha enriquecido el pensamiento de Aparecida.

 

11. Durante la etapa postsinodal, la cual se acerca a los 20 años, se ha ido clarificando el itinerario que hemos de recorrer para convertirnos en una Iglesia misionera y evangelizadora. En especial, debemos ahondar en las propuestas específicas que miran a la prioridad sinodal: los interlocutores-destinatarios, agentes, medios y organización pastoral.

 

12. En la capacidad de reflexión hemos avanzado significativamente, pero hay que reconocer que en la convicción y la acción nos hace falta mucho. De ahí, la necesidad de cultivar la cultura de la evaluación, así que los invito para que insertemos de forma sistemática una valoración periódica en nuestro método de trabajo conjunto, ayudándonos a intensificar el compromiso para concretar nuestro proyecto pastoral.

 

13. En la pasada Asamblea diocesana nos propusimos retomar el objetivo del II Sínodo: La Evangelización de las culturas de la Ciudad de México. La forma para hacerlo es abrir el diálogo con las distintas culturas que conviven en la Ciudad. La actitud de apertura es un paso importante para ir madurando el dinamismo que requiere una Iglesia que necesita hacerse cercana y solidaria con quienes viven en la urbe.

 

14. El diálogo con la cultura exige la conversión pastoral, sin ésta no lograremos que cada bautizado se convierta en una semilla del Reino en el mundo. Esa es la Misión, ser portadores del Evangelio, de la Buena noticia, en cada rincón, con cada persona que vive distintas situaciones y realidades.

 

15. Nuestra actitud debe ser de apertura, de comprensión, de caridad, que sigue siendo la mejor forma de testimonio cristiano, de compromiso con el mundo y, por lo tanto, de diálogo con las culturas. El Papa Benedicto XVI relaciona directamente la caridad y la misión diciendo: Vivir la caridad es la forma primaria de la actividad misionera. La Palabra anunciada y vivida resulta creíble si se encarna en comportamientos de solidaridad, de compartir, en gestos que muestran a Cristo como verdadero Amigo del hombre (Asamblea eclesial de Roma, 26-05-2009).

 

16. Esto implica hacer nuestra la convicción de que debemos abandonar las prácticas de una pastoral de conservación, como también lo ha señalado el Santo Padre, propia de ambientes de antigua cristianización (cfr. ‘Motu Proprio’ Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización, 21-09-2010), y asumir las actitudes que corresponden a una pastoral comprometida y solidaria.

 

17. Según la reflexión postsinodal nos damos cuenta que si no tomamos un camino nuevo de acción misionera, se irá agudizando cada vez más la separación existente entre la ideología, el lenguaje y la forma de vivir de las nuevas generaciones y nuestras formas de llevarles el anuncio cristiano.

 

18. Debemos tener confianza que el Espíritu Santo va moviendo e inspirando el camino de renovación. Cuando logramos esto, el siguiente paso es hacer nuestra la expectativa de cambio: realmente es el Espíritu del Señor quien nos está mostrando que debemos cambiar nuestras actitudes personales y, también, las estructuras que no son signo de sencillez y de servicio y que, por tanto, son inútiles para comunicar el Evangelio.

 

19. El 2011 nos encuentra a dos años del vigésimo aniversario de la presentación del Decreto Sinodal y de la amplia consulta y evaluación que haremos para iluminar nuestro caminar. Quiero motivar a todos los agentes de pastoral para que nos unamos en este propósito. El caminar juntos es fruto de la conversión a la misión, de la conversión a la comunión y de la conversión al servicio.

 

20. Los ministros ordenados tenemos especial responsabilidad en que se haga vida una Iglesia diocesana más comprometida en la misión de evangelizar, pues estamos llamados a encabezar ese caminar, aportando el testimonio de vida que ha madurado en la experiencia de servicio perseverante. A nosotros, la renovación pastoral nos apremia a volver a la raíz de nuestra vocación para avivar la disponibilidad que nos hizo responder al llamado del Señor y la voluntad de entrega al servicio de nuestros hermanos. Cualquier actitud o práctica que estorbe esta revitalización hay que abandonarla sin dudar.

 

21. Los laicos se han convertido cada vez más en una fuerza, por el empeño que ponen por encontrar nuevos caminos para llevar el mensaje evangélico a sus hermanos, asumiendo con un mayor compromiso las distintas orientaciones pastorales y aprovechando los recursos que van surgiendo de las instancias diocesanas y vicariales para realizar una Nueva Evangelización.

 

22. Sin embargo, aún nos falta camino para que los fieles laicos comprendan su vocación específica como inserción en los distintos ambientes culturales a los que no llegamos con la actividad habitual de nuestras comunidades parroquiales. Pero hacia allí están encaminados nuestros pasos: alcanzar que cada bautizado haga presente el mensaje de Jesús a los ambientes y sectores de nuestra sociedad que ahora son distantes a los valores evangélicos.

 

23. También es esperanzador y motivo de alegría el trabajo siempre comprometido de los hermanos y hermanas de vida consagrada en la pastoral diocesana. Ciertamente hay que seguir trabajando en aquellos aspectos mencionados en la Asamblea Diocesana, respecto al conocimiento mayor de las personas y de sus carismas comunitarios, y de una comunicación y programación más efectivas.

 

24. La riqueza de carismas presente en nuestra Iglesia local a través de la vida consagrada nos urge a clarificar proyectos de pastoral orgánica donde su aporte se haga presente y pueda significar la diferencia que está haciendo falta actualmente. Ejemplos de ello pueden ser la pastoral vocacional, la pastoral juvenil y la pastoral educativa, entre otros posibles cauces de comunión pastoral.

 

25. El reto sigue vigente: continuar construyendo las bases que nos lleve a convertirnos en una Iglesia misionera. Por eso, hago una invitación a todos para que, sin temores, asumiendo una actitud de humildad, nos dejemos conducir por el Espíritu, superando resistencias. No olvidemos que Él es el gran protagonista de la misión y nosotros sólo somos colaboradores. Dios es el que edifica (Cfr. 1Cor 3, 9).

 

26. Recordando la exhortación del Papa Juan Pablo II: ¡No tengan miedo!, así los animo a seguir avanzando, sin temor, porque aún el camino es largo. Reciban las presentes orientaciones como verdaderas directrices para la tarea eclesial en los distintos niveles, pues son resultado de lo que he considerado más importante en la reflexión conjunta recogida en la XVI Asamblea Diocesana.

 

 

 

 

II. ACTITUDES PASTORALES COMO SIGNOS DE RENOVACIÓN

 

Lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo

(2 Cor 5, 16)

 

27. Hemos hecho mención en varias ocasiones de la meta que nos propone el II Sínodo como signo de la opción misionera: una pastoral de encarnación, de diálogo y de testimonio. Ese es el objetivo a lograr en nuestra práctica pastoral.

 

28. Si bien ese objetivo nos da un horizonte luminoso para la renovación de nuestra práctica habitual, debemos traducir esas tres características de la pastoral que buscamos alcanzar, en actitudes concretas que las desarrollen y las hagan palpables, no sólo para nuestros interlocutores, sino para nuestras propias comunidades, que deben identificarse con ellas y cultivarlas constantemente. De tal forma, que se conviertan en su forma de ser, en su sello personal: comunidades abiertas al encuentro con todos.

 

29. Para ponernos en ese sendero evangélico de apertura al hombre de hoy, es indispensable aceptar que necesitamos de la conversión pastoral. El camino es confrontar nuestro proceder con las actitudes de Jesús para reconocer aquellas posturas que manifiestan más nuestro pensamiento y estilo de vida que las del discípulo que sigue el ejemplo de su Maestro.

 

A. NUEVAS ACTITUDES PASTORALES, EXIGENCIA QUE NACE DEL EVANGELIO

 

30. El evangelio de San Juan narra los sentimientos de Jesús antes de entregar su vida. Para Jesús, el amor entre sus discípulos es lo único importante:

 

  1. Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos… Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado (15, 9b-10a. 12): la fraternidad hace posible que se retroalimente la fe en los creyentes.
  2. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando… Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros (15, 14. 17); la fraternidad nos une con Jesús y entre nosotros. Son dos dimensiones que se funden en una sola cuando Jesús toma el rostro del desvalido.
  3. Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos (13, 35): el amor fraterno hace visible a la ‘Iglesia comunidad´ a los ojos del mundo; son las actitudes fraternas lo que realmente realiza la misión.

 

31. Del amor fraterno surgen, con fuerza siempre nueva, las actitudes pastorales del pastor y de su comunidad que han elegido el dinamismo del seguimiento de Jesucristo:

 

  1. Tengo otras ovejas que no están en este rebaño (Jn 10, 16a). Puede ser una comunidad pequeña o marginal por sus limitaciones, pero la animará una preocupación universal por la humanidad, lanzándola a una comunión “más allá de sus fronteras”

  2. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos (Mt 28, 19a). Nosotros, por nuestra opción pastoral, tenemos marcada la prioridad de ir hacia los alejados. Para que maduren actitudes y decisiones acordes con esa prioridad debemos cultivar el sentido de universalidad que nos otorga la misión que Jesús nos ha encomendado. Para ir hacia los alejados necesitamos avivar la conciencia de ser enviados, entonces desaparecerán el miedo y la apatía
  3. Dichosos los que tienen hambre y sed… (Mt 5, 6). La rutina es uno de los peores enemigos de los discípulos de Jesús, porque para seguir sus pasos se requiere siempre pasión y entrega. Debemos examinar si nuestra atención pastoral ha mantenido su “tensión”. El discípulo misionero que sigue el impulso del Espíritu está dispuesto a empezar siempre de nuevo porque sabe que la tarea no está cumplida.
  4. Lleno de alegría, va, vende lo que tiene y compra aquel campo (Mt 13, 44). Quien anuncia el Reino tiene el sello de la alegría. Es una alegría profunda porque ha encontrado un tesoro invaluable. Ser cristiano no es una carga sino un don (cfr. DA 28). Una comunidad que vive el entusiasmo por el Reino es capaz de contagiar su alegría. Hay que revisar con cuánta alegría compartimos y decidimos ser solidarios.
  5. Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos (Mt 5, 16). Se necesita una pastoral de testimonio, es decir, que el estilo de vida de los cristianos hable del Evangelio por sí mismo. La fe y la vida aparecen en sintonía. Es la forma de hacerse creíble hoy.
  6. Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada (Mt 5, 13). El discípulo misionero está llamado a ‘perderse’ con sencillez para que los demás crezcan; a que se olviden de él para que aparezca Jesús.
  7. Echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla (Jn 13, 5). La actitud de servicio no es una opción para el discípulo, sino una forma de ejercer cotidianamente el seguimiento de Jesús, realizando con alegría aquello que nadie está dispuesto a hacer.
  8. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del maligno (Jn 17, 15). El Señor Jesús ruega por sus discípulos para que, protegidos por el Padre, puedan llevar la Buena noticia al mundo. Con esa seguridad, el cristiano está en el mundo y se involucra en lo que el ser humano vive para ser signo de esperanza.

 

32. Dejando que la voz de Jesús resuene en nuestra práctica pastoral, podremos ser portadores de los valores que necesita la convivencia social para recuperar su capacidad de humanizarse. El discípulo misionero confía profundamente en la acción del Espíritu y es por eso que cree en la capacidad de la comunidad humana para reencontrarse con el amor.

 

33. Escuchando a Jesús, se aclaran los criterios de la conversión a la que debemos avocarnos. Porque aunque hablamos de ‘conversión pastoral’, en realidad estamos hablando de nuestra propia conversión, pues el actuar pastoral es sólo reflejo de lo que llevamos dentro, de nuestras convicciones, dones y, también, de nuestras carencias y fragilidades.

 

34. Colocarnos en este camino de conversión pastoral significa mantener una inconformidad fundamental sobre lo que hemos alcanzado en nuestra vida, pues al tener nuestra mirada en Jesús y en la dirección en que camina, siempre nos daremos cuenta que estamos lejos de alcanzar su calidad de amor y de entrega.

 

35. En especial, hablando a mis hermanos que participan del ser pastor, —obispos, presbíteros y diáconos—, debo decirles que esta exhortación al cambio proviene del Espíritu y no podemos sino tomarla en serio y como un don providencial muy oportuno. También nosotros nos hemos contaminado de actitudes no evangélicas, en muchas cosas somos culpables que se estereotipe al ministro ordenado como funcionario y a nuestras parroquias como lugares de trámites administrativos y de comercio de lo religioso.

 

36. Muchas veces hemos caído en la tentación del individualismo y seguimos convencionalismos humanos y sociales que nos asimilan a una vida común y corriente, cuya rutina renuncia tácitamente a la espontaneidad y a la radicalidad del Evangelio. Hay que reavivar en nuestro corazón el llamado permanente a renunciar a todo lo que tenemos para entregarlo y poder así seguir a Jesús.

 

37. En ese sentido, de nosotros los pastores depende, en gran medida, que la Iglesia se mantenga discípula. Seamos valientes y sinceros, reflexionemos a fondo con nuestras comunidades la urgencia de impregnar de ese espíritu todo lo que realizamos como Iglesia. Sólo así, asumiendo las exigencias del seguimiento de Jesús, concretizaremos nuestro programa pastoral.

 

 

 

B. EL SEGUIMIENTO, FUENTE DE LAS ACTITUDES CRISTIANAS

 

38. En nuestra sociedad, marcada por fuertes tendencias individualistas, la exigencia para quienes queremos seguir a Jesús es construir un ambiente de comunidad. Esta tarea va más allá del ámbito eclesial, se trata de comprometerse en reconstruir el tejido social comunitario de base, en los distintos niveles de la sociedad y de las comunidades cristianas.

 

39. Hay que romper con una práctica de cristianismo cómodamente instalado y con frecuencia ajeno a las situaciones de carencia social. Nuestras comunidades no deben ser ambientes donde se escapa de la responsabilidad con el compromiso social.

 

40. El acercamiento y diálogo con las culturas de la Ciudad de México es un desafío importante para nosotros porque encierra la exigencia fundamental del seguimiento de Jesús que es desinstalarse de la ubicación que se tiene para entrar en el mundo de la marginación.

 

41. En nuestra sociedad de consumo, que también es parte de la forma de vivir de nuestras comunidades cristianas, el seguimiento de Jesús debe traducirse como sencillez y austeridad que nos permita compartir con los desamparados y poder ser signos constantes de humanización.

 

42. En nuestra sociedad, que parece rota por la violencia, los conflictos y las heridas que está provocando, la exigencia para los discípulos misioneros que quieren seguir a Jesús, es el trabajo por la reconciliación y la reconstrucción de la convivencia pacífica.

 

43. En nuestra sociedad donde domina el poder económico, la exigencia del seguimiento de Jesús es romper con la indiferencia hacia las víctimas, hay que practicar la misericordia y estar dispuestos a aliviar los sufrimientos.

 

44. En una sociedad que se ha acostumbrado a la corrupción, la dimensión comunitaria del seguimiento de Jesús exige a la comunidad cristiana caminar contracorriente, pues ese ambiente de relaciones corruptas impide que el ambiente democrático y participativo madure y se pueda enfrentar la desigualdad social siempre creciente.

 

45. En una sociedad donde quienes sufren pobreza extrema son millones de personas, la comunidad cristiana tiene la exigencia de comprometerse a reconstruir la esperanza de los pobres mediante la promoción humana.

 

46. En nuestra sociedad urbana, plural, multicultural, la comunidad cristiana, alimentada por su raíz evangélica que la sostiene, debe aprender a ser puente de comunicación y colaboración entre los diferentes. Ser promotora del bien común.

 

47. Nuestra pastoral necesita renovarse desde la raíz, desde el Evangelio, para dar respuesta a todas esas exigencias que nacen de ser discípulos del que tomó nuestra condición humana para compartir con nosotros todo lo que vivimos y enseñarnos un camino de libertad y de amor.

 

48. Reconozcamos los retos que nos plantean las culturas presentes en la Arquidiócesis de México como llamadas del Espíritu. A la luz de la Palabra y con la fuerza que nos da la Eucaristía afrontemos el desafío de presentarnos en los areópagos de hoy con la seguridad de ser enviados, como San Pablo.

 

49. Sepamos discernir el valor de cada cultura escuchando su lenguaje, aprendamos a reconocer las semillas del Verbo. Cuando se ilumina una forma de pensar y vivir con el Evangelio nunca hay condenación, siempre se encuentra un camino para dialogar y proponer nuestra esperanza. Cada realidad y persona tiene su tiempo para abrirse al amor de Dios. El discípulo va adquiriendo esa paciencia de observar, escuchar, descubrir y sorprenderse de la obra de Dios en medio de la humanidad.

 

50. La acción del Espíritu trasciende nuestra acción pastoral dándole la profundidad con la que actúa Jesús, que no hace acciones de más, que no dice palabras que sobran. Es el Maestro para ir a lo esencial: la persona, su dignidad, su paz, su felicidad. En ese camino de Jesús debemos formarnos para que podamos colaborar con él.

 

 

 

 

 

III. EL ITINERARIO FORMATIVO:

APRENDER A SEGUIR LOS PASOS DE JESÚS

 

Es preciso renovar el esfuerzo en favor de una formación más atenta

y conforme a la visión de Iglesia de la que he hablado,

—pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo—,

tanto por parte de los sacerdotes como de los religiosos y laicos.

(Benedicto XVI, Asamblea Pastoral Diócesis de Roma, 26-05-2009)

 

51. En los últimos años de la vida pastoral diocesana hemos tenido la prioridad de atender de forma más eficaz los itinerarios de formación de los agentes de pastoral, elemento indispensable para que podamos asumir la opción misionera propuesta en el II Sínodo Diocesano, y lo hemos considerado la columna vertebral para la renovación pastoral que necesitamos.

 

52. De esa prioridad, hemos reafirmado que el encuentro personal con Jesucristo es lo que realiza el cambio en nuestra persona y nos hace capaces de dar testimonio de la Buena noticia.

 

53. De esta forma, cuando decimos formación queremos expresar el proceso de maduración de nuestra vocación cristiana. El itinerario se inicia con el llamado de Jesús a convertirnos al Evangelio y a seguir sus pasos. Este primer paso lo identificamos como la etapa misionera o kerigmática, que deja el terreno preparado para que la persona acepte a Cristo en su vida y pueda recibir la iniciación cristiana o viva el proceso de reiniciación, si ya recibió el bautismo; después vendrá la catequesis, que ayudará a madurar la opción por Jesucristo y su inserción a la comunidad eclesial; este camino progresivo se completa con las primeras experiencias de servicio apostólico. Así se integra el proceso evangelizador, la experiencia fundamental de encuentro con Jesucristo, que será punto de referencia en la maduración subsecuente, por medio de las siguientes etapas de formación.

 

54. Así, cuando se profundiza en la relación personal con Jesucristo va madurando el discípulo misionero. Por caminos diversos, el Señor va preparando a quienes enviará como sus apóstoles.

 

A. MANTENERSE DISCÍPULO: LA ESPIRITUALIDAD DEL ITINERARIO FORMATIVO

 

55. Jesús es el que está entre nosotros como el que sirve, sus pasos nos ponen delante de la opción de servir como forma de vida. Para ser testigos de Jesús debemos comprender los caminos en que se manifiesta el Reino de Dios: como una pequeña semilla, la más pequeña, pero que crece para dar refugio; como la levadura, que se pierde para fermentar. Hay que apreciar lo que es valioso por encima de todo, lo que no se puede substituir: la perla preciosa, la moneda de plata, el tesoro escondido, aquello por lo que se está dispuesto a dejarlo todo con tal de alcanzarlo.

 

56. Para mantenerse como discípulo hay que comprender que todo lo hemos recibido, que estamos llamados a vivir la experiencia de entregar gratuitamente lo recibido, de colocarse en el lugar del más pequeño.

 

57. No se trata, entonces, sólo de saber más sino, ante todo, de asumir el estilo de vida, los valores, los sentimientos, las actitudes de Jesús.

 

58. Con ese mismo espíritu, los Obispos en Aparecida en su mensaje final expresaron su deseo de buscar mantenerse como una Iglesia discípula. Ese deseo nace de la conciencia de que nos es indispensable la conversión pastoral volviendo a la sencillez del Evangelio, abandonando las estructuras caducas que ya no transmiten la Buena Noticia.

 

B. RELACIÓN DEL ITINERARIO FORMATIVO CON LA MISIÓN PERMANENTE Y LA PASTORAL ORGÁNICA

 

59. Una de las luces dadas en la Asamblea diocesana del 2009 fue el consenso de establecer una relación directa entre el itinerario formativo y la misión permanente, expresión que engloba el proyecto pastoral de nuestra Iglesia local. El objetivo es, entonces, formar discípulos misioneros en actitud de misión permanente —de diálogo, cercanía y testimonio— para la ciudad.

 

60. Además, este año se ha ido profundizando otra faceta igualmente importante para ir configurando el camino de formación de los agentes de pastoral: junto con la actitud de misión permanente, los discípulos misioneros necesitan buscar realizar su tarea con la conciencia de ser parte del Cuerpo de Jesús.

 

61. Por lo tanto, no puede haber comunidad evangelizadora si no hay sentido de pertenencia a la comunidad eclesial de parte de los bautizados; si no hay voluntad de complementación y decisión para construir vínculos de comunión que hagan evidente el testimonio de fraternidad.

 

62. Para que sea posible la formación de discípulos misioneros para la ciudad, con ese sentido de Iglesia-comunión, las instancias pastorales de la Iglesia arquidiocesana deben continuar el esfuerzo de pastoral orgánica, es decir, la voluntad de funcionar para llevar a cabo los objetivos prioritarios comunes, aportando la parte específica que les corresponde, pero nunca en detrimento de lo que es expresión conjunta. Esta es una de las facetas más importantes de la conversión pastoral.

 

C. NECESIDAD DE LA PEQUEÑA COMUNIDAD PARA LA EXPERIENCIA DE ENCUENTRO

 

63. En esta última exigencia, la fraternidad como ambiente para la formación, es donde se ve con claridad que no es suficiente circunscribir la formación a un ambiente académico bien organizado. Cumplir con créditos curriculares no garantiza por sí mismo forjar discípulos misioneros de Jesús.

 

64. En el 2008 les proponía que la formación debía tener como objetivo vivir como cristianos. La relación entre fe, forma de vivir y compromiso con la comunidad humana no puede estar ajena al itinerario formativo: el cristiano va madurando en la práctica del Evangelio, es decir, en el contacto cotidiano con sus semejantes y en el descubrimiento de la presencia de Jesús en ellos.

 

65. De esta manera, el ambiente habitual para hacer vida la formación es una pequeña comunidad, donde se va teniendo la experiencia de perdón, de fraternidad, de oración, de ayuda mutua, de celebración y de caridad. Sin este ambiente donde se pone en práctica lo que aprendemos de Jesús, la formación del cristiano toma una connotación teórica separada de la vida cotidiana y de los desafíos que permiten evaluar si la persona va madurando como testigo de Cristo.

 

D. FACETAS DE LA FORMACIÓN: SER, SABER Y SABER HACER PARA RENOVAR EL SER

 

66. La experiencia de los caminos de formación que desde hace tiempo se han implementado en nuestra Arquidiócesis nos da la claridad para diferenciar que este proceso tiene varias facetas que están interrelacionadas: elementos que tienen que ver con la identidad del discípulo misionero —el ser—; contenidos que configuran el conocimiento necesario del agente, el —saber—; capacidades que va adquiriendo el discípulo y que le permiten comprometerse en un servicio específico —saber hacer—; y, aquello que es cualitativo, que es acción del Espíritu en la persona que le responde con entrega al Señor, siempre con la conciencia de que la obra es de Dios y no nuestra.

 

67. De la conciencia de que en Cristo siempre tenemos algo que crecer, nace la visión de la formación permanente como un configurarse cada vez más en el Hijo de Dios, sabiendo que llevamos este tesoro en vasijas de barro.

 

E. ORGANIZACIÓN DE LA FORMACIÓN: ETAPAS, NIVELES, ITINERARIOS, SERVICIOS Y MINISTERIOS

 

68. El servicio para hacer accesible a todos los bautizados el encuentro con Jesucristo y el crecimiento en la vivencia del Evangelio, nos pide que paulatinamente se vayan entrelazando todos los recursos que con esa finalidad existen en la Arquidiócesis. Quizá como en ninguna otra Iglesia local contamos con distintas experiencias e instancias de todos los niveles para la formación de los agentes de pastoral.

 

69. Sin embargo, aún debemos trabajar mucho para darles organicidad, a fin de que esos numerosos recursos sean mejor aprovechados, especialmente fortaleciendo la plataforma que nos permita apoyar a las parroquias en la evangelización fundamental y, también, en la multiplicación de los agentes de pastoral que representan el primer nivel de desarrollo hacia los servicios y ministerios.

 

70. Teniendo siempre presente la relación directa entre la experiencia de encuentro con Cristo y la vida del discípulo, el itinerario de formación no debe olvidar la transmisión de los elementos constitutivos de la fe con esquemas kerygmáticos accesibles, una renovada catequesis donde la exposición del mensaje cristiano reactualice los contenidos necesarios de los diversos niveles de formación de los discípulos.

 

71. Todo proceso educativo está acompañado de contenidos y habilidades. La capacitación en la fe tiene como primer imperativo compartir lo que se ha recibido como don salvífico, recordemos los ejemplos evangélicos de todos aquellos que dieron testimonio de Cristo una vez que fueron recompensados con el don de la verdad, estos fueron a contar a los demás, hablaron de las maravillas de Dios que habían escuchado. Está claro que en nuestra realidad pastoral arquidiocesana el desafío es ¿cómo hablar a los demás de este mensaje? Es aquí donde el creyente debe crear nuevas formas de caridad creativa.

 

72. Es muy importante que los bautizados se hagan más capaces de su compromiso profético, hábiles por su espiritualidad, eficaces por el testimonio espontáneo y alegre, pero sobre todo necesitados de estar siempre al lado del Maestro que los instruye e impulsa.

 

73. Cuando el II Sínodo habló de evangelizar las culturas por medio de acciones específicas se propuso, con gran inspiración, que los miembros de esta Iglesia acudieran a iluminar las situaciones de la vida cotidiana con el Evangelio. Tanto los ministros ordenados como los laicos deben formar en su corazón la intención valiente de salir al encuentro de otras personas y hacer caminos de fe, como aquel desconocido que salió al encuentro de los que iban a Emaús, como Felipe que subió al carro del eunuco de Candace, como el ejemplo de tantos santos que realizaron algo diferente que creó soluciones y modificó la cultura y la historia de los hombres.

 

74. Muchos agentes de pastoral tienen que superar la actitud de autosuficiencia de pensar que por estar bien preparados, que por ser capaces de hacer algo muy bien, ya no necesitan formarse. A quienes así piensan, los exhorto a ser los primeros en aportar actitudes de cambio y a dar ejemplo de renovación, respondiendo a las expectativas de la evangelización.

 

75. Nuevas experiencias, acciones específicas que generen una inteligencia de la fe que sea tesoro de salvación. Estas habilidades no se generan en una lección por profunda e inspirada que sea, sino en el bautismo que debe llevarnos a salir y atrevernos.

 

76. En efecto, se requieren de nuevas expresiones de la evangelización, nuevas pedagogías que no se aprenden con los métodos tradicionales sino en la propia vivencia del amor de Dios que responde a su más auténtico destino: formar a Cristo en nosotros con la pedagogía del amor, de la promoción humana, de la obediencia y de la sumisión incondicional al Padre por su Espíritu.

 

77. La formación, por tanto, advierte la más profunda conciencia de fe cristiana y la madurez para continuar el seguimiento de Cristo.

 

 

 

 

IV. IGLESIA PARTICIPATIVA Y CORRESPONSABLE

 

Nuestras comunidades deben tener siempre

clara conciencia de que son "Iglesia",

porque Cristo, Palabra eterna del Padre,

las convoca y las convierte en su pueblo.

(Benedicto XVI, Id.)

 

78. Recién terminado el Concilio, el Cardenal Suenens escribía en un libro titulado “La corresponsabilidad en la Iglesia de hoy”: Si se me preguntase cuál es el 'germen de vida' más rico en consecuencias pastorales que se debe al Concilio, respondería sin dudarlo: el haber vuelto a descubrir el pueblo de Dios como una totalidad y, en consecuencia, la corresponsabilidad que de aquí se deriva para cada uno de sus miembros (p. 16).

 

79. En nuestra Iglesia local se nos sigue planteando la necesidad de construir una Iglesia con una pastoral orgánica, en donde todos los responsables de la acción evangelizadora sumen sus dones y carismas para entretejer una renovada planificación participativa en la construcción del Reino.

 

80. Sin duda, nuestra Arquidiócesis es una de las Iglesias locales con más recursos humanos y dones para realizar la misión de evangelizar. Sin embargo, en esta realidad plural y compleja, convocar a todos a este proyecto de corresponsabilidad no es sencillo. Un primer paso tiene que ser asumir firmemente el necesario proceso de cambio.

 

81. No podemos pensar en construir una pastoral orgánica sin que la comunidad eclesial en su conjunto revise a la luz del Evangelio el rostro que proyecta:

 

  1. ¿Cómo pueden corresponsabilizarse los bautizados en la institución eclesial si viven alejados y sin sentido de pertenencia?
  2. ¿Cómo corresponsabilizarse con una Iglesia en la que predomina lo cultual-devocional, y no lo profético y la práctica de la caridad?
  3. ¿Cómo corresponsabilizarse con una Iglesia que ofrece una doctrina abstracta y desarraigada de la vida, que no responde a los problemas del hombre?
  4. ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia donde se identifica Iglesia con clero, en detrimento del laicado que, en la mayoría de los casos, permanece como simple receptor, como en minoría de edad?
  5. ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia que parece estar más pendiente de ella misma que del Reino de Dios, confundiendo el fin con el medio?

 

82. La reflexión del Papa Benedicto XVI, en la Asamblea Pastoral de Roma del año 2009, nos puede dar una orientación importante en la dirección que deseamos avanzar. El Papa revisó el proceso que se ha vivido en la Iglesia para asimilar la propuesta que hizo el Concilio Vaticano II y presentó las condiciones y exigencias para concretizar la eclesiología de comunión y participación. El hilo conductor de esa reflexión es la corresponsabilidad en la Iglesia.

 

83. Para que podamos evolucionar en este camino, el Papa ve necesario una renovada toma de conciencia de nuestro ser Iglesia y de la corresponsabilidad pastoral que, en nombre de Cristo, todos estamos llamados a asumir. Es decir, un cambio de mentalidad, en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos "colaboradores" del clero a reconocerlos realmente como "corresponsables" del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido (ibídem).

 

84. Realizar en la práctica ese cambio de mentalidad no es sencillo, principalmente porque lleva tiempo que los itinerarios de formación vayan provocando la asimilación de esta visión de Iglesia. Otra dificultad para este proceso de cambio es la incertidumbre que se crea en quienes encabezan la tarea pastoral en las comunidades. Pero, el Papa también reflexiona con los pastores: Esta conciencia de ser Iglesia, común a todos los bautizados, no disminuye la responsabilidad de los párrocos. Precisamente a vosotros, queridos párrocos, os corresponde promover el crecimiento espiritual y apostólico de quienes ya son asiduos y están comprometidos en las parroquias: ellos son el núcleo de la comunidad que se convertirá en fermento para los demás (ib.).

 

85. En esa dirección debemos tener nuestro horizonte y empeñarnos todos en ir lográndolo, recordando que es posible alcanzarlo porque la fuerza del Espíritu nos acompaña: el reino de Dios no consiste en una bebida o comida determinada; consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegría que proceden del Espíritu Santo (Rom 14, 17). Sin esta fe convencida sería imposible reunir a los “diferentes” y que logren funcionar como organismo vivo.

 

86. El cambio interior que implica la opción por Jesús, conlleva la identificación con la comunidad eclesial y la disposición para el servicio. Es por eso que también la pastoral orgánica se debe configurar con las actitudes de Jesús, cuya forma de ser es la gratuidad y la búsqueda del bien de sus hermanos. Se hace presente la lógica del Reino en el corazón de todos los que forman parte de una comunidad que se experimenta Cuerpo de Cristo.

 

87. De esta forma, la pastoral orgánica es también un itinerario, espiritual-comunitario-misionero. Quien lo quiere recorrer va contra la corriente del individualismo, del éxito por el éxito, de la indiferencia o descalificación del otro. Va en contra del autoritarismo y de todo tipo de exclusión. Quien va haciendo suya esta forma de entender la tarea de la Iglesia no deja a nadie afuera, se preocupa de que todos puedan ser corresponsables, incorpora todas las ideas, se alegra y hace propias las iniciativas de otros, aún a costa de abandonar la propia iniciativa si el discernimiento cristiano así lo requiere. Sabe dar las gracias, pedir ayuda y pedir perdón cuantas veces sea necesario. Procura que la diferencia de las funciones no disminuya la dignidad de nadie. Tiene los criterios de Dios y no de los hombres.

 

88. Tenemos que potenciar los dones ya existentes en los agentes de pastoral, promover y hacer madurar los carismas de cada uno en un sano discernimiento para la edificación de una comunidad arquidiocesana, signo creíble del Reino. La Pastoral Orgánica se nutre desde la espiritualidad de comunión, por la cual nos exige un cambio de mentalidad y una conversión radical de vida. Se trata de dejar que Cristo nos transforme, humanizándonos y dignificándonos. El mayor desafío para la Nueva Evangelización somos nosotros los Agentes que debemos actuar en comunión y corresponsabilidad para que la evangelización se realice como respuesta adecuada y generosa a los clamores de los destinatarios prioritarios de la opción sinodal (Evangelización de las Culturas de la Ciudad de México 2027).

 

89. En la espiritualidad de comunión tiene gran importancia la pedagogía del encuentro porque es Jesús mismo el que sale hacia nosotros. Esto nos exige que hagamos pastoral desde la primacía de la gracia, en el don de la integración al Pueblo de Dios, siempre por el camino del diálogo y con un testimonio convincente. La plenitud del encuentro entre las personas, las culturas y los pueblos, lo aprendemos a cultivar desde la contemplación del Rostro de Cristo, caminando desde Cristo y siendo testigos de su amor. La misión debe realizarse dentro del dinamismo de la pedagogía del encuentro que puede darse de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad. Nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha y el servicio a los demás (Misión Continental, CELAM p. 31).

 

90. En este empeño de discernir en comunión el plan evangelizador, trabajar coordinadamente y recrear la evangelización en sus métodos, en sus expresiones y en su ardor, se quiere enriquecer el aporte de todas las comisiones específicas. No se trata de eliminar, sino de integrar y renovar en función de una acción evangelizadora que debe estar en un continuo dinamismo de evaluación y capacidad de reacción.

 

91. Por este camino podemos ayudarnos a pasar de una pastoral fragmentada a una integrada. De la departamentalización a la armonía orgánica del Cuerpo eclesial. La Arquidiócesis de México se encuentra hoy ante la necesidad imperiosa de replantear a fondo su misión pastoral; así se lo ha propuesto el II Sínodo al tomar en cuenta, precisamente, la nueva situación que vivimos en esta Ciudad. Esta renovación pastoral se logrará en la medida en que a la acción evangelizadora se le dé un verdadero sentido misionero (ECUCIM 4219-4220).

 

 

 

 

V. Cauces Prioritarios

 

A. LA MISIÓN EN LA CIUDAD

 

92. El haber planteado el diálogo con las culturas de la Ciudad de México como tema de la pasada Asamblea Diocesana, ha sido la gran oportunidad de revivir en todos nosotros, discípulos y misioneros del Señor Jesús, la preocupación central de nuestro II Sínodo. Es necesario que al renovar ese compromiso también ahondemos en él y lo asumamos con mayor fuerza.

 

93. El tema es eminentemente misionero, pues hace manifiesta la razón de ser de la Iglesia: estar atenta a los reclamos de la sociedad para compartirlos, dejarse interpelar por ellos y entregar el mensaje del Evangelio, a la manera como nos lo dice el Papa:  Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres  (Deus Caritas 19).

 

94. Este es el lenguaje que inequívocamente es entendido por toda persona de buena voluntad y, aun, los lejanos a la Iglesia se podrán sentir interpelados por él. Este es el verdadero sentido de aquel principio: el primero y más importante medio de evangelización es el testimonio. No hay testimonio  cristiano en donde no hay caridad.

 

95. Es indudable que necesitamos estructuras para la pastoral caritativa, pero también es cierto que la caridad propia de la evangelización, ahora muy urgente, rebasa las estructuras y debe impregnar todas las acciones porque es la actitud fundamental que debe manifestar el agente de pastoral en todo lo que hace, como enviado del Señor. Se trata, antes que nada, de hacer sentir cercanía, amabilidad, sencillez, servicialidad, fraternidad.

 

96. Esto es lo que muchos hermanos nuestros que llamamos alejados, y también los que son reconocidos como practicantes, esperan de nosotros a quienes perciben como “la Iglesia” y a veces no lo encuentran en ella, tal vez porque no se ve con suficiente claridad. Por ello una y otra vez estamos llamados a la conversión, conscientes de que convertirnos significa reconocer que no hemos  actuado del todo bien y por ello debemos rectificar el camino.

 

97. Atendamos a la reflexión que nos hace el Documento de Aparecida: La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales… Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu (Documento de Aparecida 11).

 

98. Encarnar en la persona de todo discípulo el estilo de vida de Jesús, buen Pastor, es la necesidad que tiene la Iglesia para poder llevar a cabo en el momento presente la misión que él nos ha encomendado.

 

99. Hemos querido nuevamente detener nuestra mirada en las culturas  que conforman la gran ciudad en la que vivimos, con el fin de llevar a ellas el Evangelio. Ahora cada vez nos convencemos con mayor claridad de que ese propósito será posible sólo si actuamos con la conciencia de que nosotros, Iglesia, formamos parte de esas culturas y, por lo tanto, vibramos con ellas. Sin embargo del mismo modo hemos de luchar para erradicar de ellas todo aquello que contradice al Reino. Formar parte de las comunidades a favor de las cuales debemos ejercer nuestro servicio evangelizador, compartiendo su vida en todo aquello que es legítimo, es una exigencia hoy ineludible. Por ello hablamos de evangelizar la sociedad en diálogo con las culturas.

 

100. Con la finalidad de hacer presencia evangelizadora en los ámbitos concretos de nuestra sociedad, en el II Sínodo Diocesano y en el proceso postsinodal se ha hablado de la sectorización  que se desprende de la conciencia de una Iglesia misionera, que encarna y actualiza en los diversos tiempos y lugares la misión de Jesús para los hombres en sus circunstancias históricas (ECUCIM 4881). Es el momento de renovar esta práctica impulsada por el Sínodo y, en algunos casos, reorientarla ya que no sólo es un medio de organización, ni menos de facilitar las cosas. Es un medio excelente para irradiar la luz y la fuerza del Evangelio mediante el anuncio explícito y, sobre todo, mediante el testimonio con los que  la nueva evangelización  busca penetrar capilarmente los diversos ambientes y grupos (Ib. 4887).

 

101. Otro camino para adentrarnos en las culturas de la Ciudad de México, con fines de evangelización, es ir identificando algunos ambientes en los que, mediante un análisis inicial, se vea la posibilidad de llevar a cabo algunas experiencias de diálogo con grupos representativos de esos ambientes, a través de actividades de primer anuncio, pastoral social, de preevangelización o algunas otras, según se vea más oportuno. En este sentido será muy conveniente que las comisiones diocesanas, cuyo cometido resulte pertinente para este objetivo, inicien un sondeo y propongan las líneas de un plan de trabajo en esta dirección. No se trata de que haya tantos planes, cuantas comisiones, sino que bajo la coordinación de las respectivas vicarías funcionales descubran algunas prioridades y respecto a ellas se diseñe un trabajo de conjunto. Este trabajo deberá contar con el apoyo expreso de algunas  parroquias directamente implicadas, sea por su territorio sea por opción pastoral; deberá contar también con la colaboración de las comisiones de las vicarías territoriales que el desarrollo del plan vaya exigiendo.

 

102. En este contexto quiero agradecer la iniciativa de las personas que en la pasada asamblea diocesana fueron reconocidos como grupo de académicos, varios de los cuales y otros más que ellos representan, tienen el deseo de participar en la pastoral juvenil, a nivel arquidiocesano. Específicamente han manifestado su deseo de colaborar en la formación cristiana de adolescentes y jóvenes estudiantes y de los ambientes e instituciones educativas en que éstos realizan sus estudios. Cuenten con mi respaldo que concretamente daré a través de la vinculación, para este trabajo, con el Vicario episcopal para los laicos y el Vicario de Pastoral; con ellos se hará el plan correspondiente y se buscará la relación que vaya siendo necesaria con otras instancias diocesanas.

 

 

 

B. LA LITURGIA Y LA PIEDAD POPULAR, MEDIOS MUY IMPORTANTES PARA LA MISIÓN

 

103. Agradecemos al Señor, y los invito a sentirnos responsables en lo que implica,  que todavía contamos con un medio de evangelización muy significativo  por el número de personas a las que normalmente alcanza (más del 10% de la población católica): me refiero a la asistencia y participación en las acciones litúrgicas, principalmente en la Eucaristía.  Por ello debemos reflexionar qué tanto nos esforzamos y qué tanto logramos que en nuestras celebraciones litúrgicas  los fieles participen de una forma “activa y fructuosa”.

 

104. Nos encontramos ante grandes retos por la pluralidad cultural de nuestra Ciudad, por el lenguaje o los lenguajes hoy en boga, por la simbología que se utiliza especialmente en los medios de comunicación. Ante estas realidades y otras de esta índole, debemos de tratar de avanzar en la búsqueda de una liturgia verdaderamente inculturada, según la orientación que hace casi cincuenta años nos daba el Concilio Vaticano II: los textos y los ritos se ordenen de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria (SC 21).

 

105. Si atendemos con seriedad a la valoración que el Documento de Aparecida hace de la piedad popular como medio para expresar y cultivar la fe, podremos concluir que servirá de mucho también para dar un mayor dinamismo a la liturgia. He aquí dos textos: Esta manera de expresar la fe (la piedad popular) está presente de diversas formas en todos los sectores sociales… La religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana (DA 258). La llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera (DA 263).

 

106. Encomiendo al secretariado diocesano de pastoral litúrgica, con sus comisiones, que elabore algunos subsidios para favorecer en las parroquias y rectorías algunas experiencias que se realicen con los criterios arriba enunciados.

 

107. Los responsables del secretariado y comisiones mencionados impulsen dichas experiencias en algunas parroquias y rectorías concretas, mismas que se llevarán a cabo con el conocimiento y la animación del señor obispo, vicario episcopal de la vicaría correspondiente.

 

 

 

 

C. PLAN DE FORMACIÓN PERMANENTE PARA LOS PASTORES

 

108. Principalmente los agentes de evangelización se dan muy bien cuenta de que no hay conversión pastoral cuando no hay conversión de los pastores. En las comunidades se percibe alegría cuando  algún presbítero, obispo o diácono anima la misión y participa en ella, como expresión de su conversión pastoral. Por el contrario hay desaliento o estancamiento en el trabajo de evangelización cuando de parte de los pastores hay desinterés o falta una dirección entusiasta. Es por eso necesario que continuemos con el plan de formación de agentes en el que nos hemos empeñado en estos últimos años.

 

109. Todos somos testigos de que ha habido avances muy notables en los laicos, sobre todo en el ámbito de las parroquias y de los decanatos. Yo lo he podido corroborar en diversos momentos, especialmente durante la visita pastoral. Nosotros, los pastores, no podemos posponer un esfuerzo más significativo y más estructurado para hacer un plan de formación con sentido fuertemente misionero.  En este año, nos avocaremos a hacer un plan arquidiocesano de formación integral para los presbíteros, —incluyendo las responsabilidades que en ello tenemos los obispos y las implicaciones para la vida y misión de los diáconos—, que nos lleve a responder mejor a las necesidades evangelizadoras en medio de la transformación cultural que nuestra ciudad está viviendo.

 

110. Este plan estará fundamentado en una espiritualidad misionera, entendida como el dinamismo interior que, a partir de la vivencia de la oración, la Palabra y la Eucaristía, impulsa a la acción pastoral con sentido misionero. Se trata de una experiencia de vida ministerial que se expresa en la entrega a los hermanos y, por ello, se convierte en testimonio. Exige la vida de comunión con el obispo, con los otros hermanos pastores y con los demás bautizados que forman parte de la propia comunidad, principalmente con quienes comparten las responsabilidades apostólicas. En fin de cuentas será un plan que reproduzca sustancialmente las  enseñanzas expuestas en el presente documento.

 

111. Para favorecer la utilidad de este plan deberá incluir en su contenido formas de aplicación concreta del proyecto misionero de la Arquidiócesis y algunas experiencias de búsqueda para lograr parroquias cada vez más misioneras.

 

112. La elaboración de este plan tomará en cuenta los avances logrados en los programas de formación para los presbíteros en sus cinco primeros años de ministerio, que ha venido organizando la comisión diocesana para el presbiterio; también acudirá a los aportes que sobre este tema ha dado el Senado presbiteral. Igualmente serán consideradas, como convenientes oportunidades de formación, las diversas experiencias de acompañamiento que recientemente se han venido implementando en la Arquidiócesis. Otro recurso que deberá aprovechar son los criterios y prácticas de formación sacerdotal, expresados de forma sintética, utilizados en el seminario conciliar, para que dicho plan sea como su prolongación, en lo que resulte conducente.

 

113. A fin de definir dicho plan de formación para los presbíteros y diáconos, se partirá de criterios comunes a nivel arquidiocesano, consensados por el consejo episcopal, con la dirección de un servidor y la coordinación del Vicario de Agentes, responsable de la formación del ministerio ordenado.

 

114. La preparación del plan estará a cargo del Vicario de Agentes con la participación de los responsables de la comisión del presbiterio, del encargado del diaconado transitorio y del diaconado permanente. Ellos como responsables podrán pedir la colaboración de otras personas si lo juzgan conveniente. Una vez elaborado el plan me lo presentarán para darle la aprobación correspondiente junto con mi Consejo episcopal.

 

115. Por último, la aplicación de este plan en cada Vicaría territorial estará bajo el cuidado de  los señores obispos auxiliares y del respectivo responsable de la comisión del clero, así como de las personas que cada señor obispo vea conveniente.

 

 

 

D. PASTORAL FAMILIAR Y PASTORAL JUVENIL

 

116. En consonancia con la reflexión y las directrices de pastoral orgánica propuestas, en las prioridades de familia y jóvenes se debe continuar con las metas que ya había indicado el año pasado.

 

117. La colaboración con las áreas de pastoral profética, litúrgica y social se debe llevar adelante, con el objetivo de generar y acompañar programas conjuntos que miren a apoyar el trabajo de base de las parroquias y grupos apostólicos específicos.

 

118. También, es de suma importancia, proponer diversas alternativas de itinerarios formativos para los agentes de estas pastorales. La Coordinación Arquidiocesana para la Formación de Agentes de Pastoral debe acompañar esta tarea para que se mantenga la visión y criterios de conjunto del proyecto formativo.

 

119. El análisis sugerido en la Comisión Permanente de Pastoral para la pastoral juvenil debe programarse y llevarse a cabo de la manera más amplia posible. Considero que también deben tomarse en cuenta las etapas subsiguientes sugeridas por ese mismo organismo pastoral: integración de un equipo amplio para la pastoral juvenil y acuerdo de los objetivos a lograr estando involucrados los distintos niveles de coordinación diocesana.

 

E. PRIORIDADES PARA LA CAFAP Y LAS INSTANCIAS FORMATIVAS

 

120. Para la Coordinación de Formación hay dos tareas prioritarias en este año. La primera se refiere al desarrollo de los itinerarios formativos específicos, de tal manera que se dé un paso adelante en la explicitación del Marco General de Formación. La Comisión de Catequesis y el Secretariado de Pastoral Social darán la pauta, presentando los itinerarios formativos para los catequistas y los agentes de pastoral caritativa, de tal forma que sirvan como incentivo y referencia para los demás itinerarios formativos.

 

121. Además, durante el 2011, el Equipo de Ediciones Pastorales iniciará el trabajo de revisión y reedición de los materiales propios del ámbito parroquial y del proceso evangelizador (Manual Parroquial; etapa misionera; proceso de reiniciación cristiana; catequesis de iniciación cristiana y catequesis de adultos). Por la importancia de estos instrumentos, la CAFAP prestará especial cuidado a la supervisión de dicho trabajo, realizando las consultas que consideren pertinentes, tanto con especialistas en la materia, como con los agentes de base, de tal forma que las reediciones representen un verdadero impulso a la etapa inicial de la tarea evangelizadora.

 

F. CONSEJO DE PASTORAL Y CONSEJO DE LAICOS

 

122. Una de las experiencias pastorales que van alimentar la corresponsabilidad de forma significativa es el inicio del funcionamiento de los Consejo Arquidiocesanos de Pastoral y de Laicos.

 

123. En el caso del Consejo de Pastoral, deberá proceder a estructurarse para poder realizar las diversas funciones que son necesarias para dinamizar las distintas áreas de pastoral, en especial las que corresponden a las prioridades sinodales.

 

124. Una vez que ha sido constituido, el Consejo de Laicos, a través de su comisión permanente, debe realizar una difusión amplia para dar a conocer el objetivo, su espiritualidad y organización. Esto permitirá iniciar la convocatoria a los posibles miembros que integrarán los equipos sectoriales de forma amplia y plural, para que esté a su alcance la relación con los distintos ambientes sociales que están presentes en la ciudad.

 

G. VICARÍAS TERRITORIALES Y DECANATOS

 

125. Retomar el desafío de dialogar con los ambientes culturales de la Ciudad nos regala una ocasión providencial para robustecer la identidad pastoral de nuestra Arquidiócesis. Es por eso que exhorto fraternalmente a los equipos pastorales de las Vicarías Territoriales y de cada Decanato a valorar que la fuerza de la acción pastoral de nuestra arquidiócesis radica precisamente en la conciencia de ser una sola Iglesia local. Alimentemos esa unidad.

 

126. Entre más énfasis demos a lo peculiar de los ambientes urbanos que atendemos, más tenemos que fortalecer los vínculos de organicidad con las instancias diocesanas, es decir, con la figura del obispo, que es el signo de comunión. De esta manera, cada acción pastoral específica en cualquier parte de la Ciudad, hace presente a toda la Iglesia diocesana y su fuerza evangelizadora está directamente relacionada con la voluntad y conciencia de unidad con la comunidad eclesial que todos formamos en la Arquidiócesis de México.

 

H. CONSEJO EPISCOPAL

 

127. En el presente documento, junto con otros temas importantes, he querido recalcar la necesidad del espíritu de comunión que se expresa en la organicidad y corresponsabilidad. Dentro de las estructuras de comunión de la Arquidiócesis quiero poner el debido énfasis, para animar e impulsar la puesta en práctica de estas orientaciones en el Consejo Episcopal, integrado por los señores Obispos Auxiliares y los otros Vicarios Generales.

 

128. Según la organización pastoral de la Arquidiócesis, por su naturaleza, este Consejo es la instancia que tiene la mayor responsabilidad para la unidad pastoral y el fortalecimiento de nuestra identidad diocesana. Exhorto a los señores Obispos y a los Vicarios Generales, que para bien de la misma Iglesia en nuestra Ciudad, nos empeñemos con generosidad en lograr este propósito.

 

 

Llamado a la unidad pastoral

 

129. Ruego al Padre que nos permita valorar profundamente el ser Iglesia, familia que él va formando. Que el Espíritu infunda en nuestros corazones un profundo amor por nuestra Iglesia arquidiocesana y, en ella, por la Iglesia universal.

 

130. Pido al Señor Jesús que nos haga sentirnos Iglesia, corresponsables de la construcción de la casa común para la humanidad. Hermanos y anfitriones de todos los que el Espíritu logra encenderles el corazón.

 

131. Encomendamos al Espíritu la unidad de todos los esfuerzos pastorales. Para que no permita que sean acciones dispersas de muchas individualidades. Que busquemos más la fuerza de la comunión que el número de actividades. Que el fuego de su amor las reúna para el bien de la comunidad humana a la que servimos.

 

132. Descansemos en el regazo materno de nuestra madre, María de Guadalupe. En ella reconocemos la raíz de fe que nos sostiene; en ella encontramos lo que nos une e identifica como hermanos. En ella experimentamos cómo el Espíritu completa lo que no alcanzamos a realizar.

 

133. A nuestra Madre de Guadalupe le encomendamos la comunión pastoral de nuestra Arquidiócesis, para que nuestro testimonio sea signo del Salvador.

 

15 de enero de 2011

Peregrinación de la Arquidiócesis de México a la Basílica de Guadalupe

 

 

 

 

 

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México