ORIENTACIONES PASTORALES

2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CATEQUESIS,

CRECIMIENTO EN LA FE

 

ORIENTACIONES PASTORALES 2005

 

 

 

Siglas

Introducción

 

CAPÍTULO I

LA CATEQUESIS TRANSFORMADORA DE LA CULTURA

 

1. La Catequesis, necesidad urgente de la Iglesia

2. Inculturación y Catequesis

3. La Catequesis, comunión íntima con Jesucristo

4. Catequesis y testimonio de la caridad

5. Catequesis, escuela de oración

6. Catequesis y Liturgia

CAPÍTULO II

CATEQUESIS, CAMINO PROGRESIVO DE LA FE

 

1. Iniciación o reiniciación cristiana

2. Catequesis para la vida comunitaria

3. Catequesis, iniciación a la misión de la Iglesia

4. Perfil y formación del Catequista

CAPÍTULO III

POR UNA PASTORAL CATEQUÉTICA

 

1. Destinatarios e interlocutores de la pastoral catequética

2. Agentes de la pastoral catequética

3. Estructuras al servicio de la pastoral catequética

 

CONCLUSIÓN

INTRODUCCIÓN

 

1. EL II Sínodo Diocesano, soplo intenso del Espíritu en la Iglesia particular de la Ciudad de México, sigue alentando nuestro empeño en dar respuestas adecuadas a las necesidades de evangelización para los habitantes de esta gran ciudad.

 

2. Un Nuevo y Vigoroso Proyecto Misionero para poner al día la misión de la Iglesia arquidiocesana arrancó desde este Sínodo, siguiendo el pensamiento eclesiológico del Concilio Vaticano II y de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (Cf. ECUCIM 4167).

 

3. Este espíritu misionero tiende a la evangelización de las culturas como su objetivo, es decir, encarnar el Evangelio en las culturas de la Ciudad de México; favorecer que la Iglesia toda, especialmente los agentes evangelizadores, tengan una actitud de diálogo con las culturas y que, en consecuencia, los responsables de la evangelización se acerquen a las culturas para ser testigos de Cristo en medio de ellas; de ahí la formulación sinodal: la pastoral misionera es "una pastoral de encarnación, una pastoral de diálogo y una pastoral de testimonio".

 

4. Entendida como lo que identifica a un grupo humano, la cultura está formada por un conjunto de elementos de muy variada significación e importancia: lengua, historia, religión, tradiciones, entorno físico-ambiental etc.; asimismo, condiciona, transforma y proyecta a las personas hacia la realización de un estilo de vida en el conjunto de las relaciones sociales, económicas, éticas, políticas, artísticas (Cf. ECUCIM 4193).

 

5. En este contexto, al hablar de la evangelización de las culturas nos referimos primariamente a los ambientes externos al medio eclesial, en donde la fe no está presente de manera explícita. Podemos decir por ello que la evangelización consiste en la educación a la fe o educación para la fe, y que la misión evangelizadora implica abrirnos al diálogo con las culturas mediante una estrategia, una pedagogía y un lenguaje apropiados; de ahí la necesidad de interpretar los signos de los tiempos culturales e impulsar opciones pastorales desde esa lectura.

 

6. Al mantener vigente en el proceso evangelizador la relación misionera con las culturas para favorecer que ahí se encarne el Evangelio, durante el año 2005 y como proyección de la X Asamblea Diocesana, queremos privilegiar la aportación de la catequesis como "una catequesis transformadora de la cultura".

 

7. Desde que fue planteado el tema de la Asamblea, se tomó más clara conciencia de que la catequesis siempre ha sido en la Iglesia uno de sus grandes logros en el cumplimiento de su misión. Y en la Arquidiócesis, ella ha sido sostén de la fe en las familias y en las comunidades. De ahí que la queramos retomar en este momento como medio para impulsar más decididamente el proceso evangelizador, con sentido misionero.

 

8. En un ambiente en el que se manifiesta una gama tan variada de experiencias humanas, la Eucaristía sigue siendo un ejemplo de catequesis inculturada que partió del misterio de la encarnación, para unir lo humano con lo divino. Gracias a ella, Cristo recorre con nosotros el camino de la vida y hace experimentar a todo ser humano los efectos saludables de su redención, hasta que seamos admitidos en la plenitud del Reino.

 

 

 

 

CAPÍTULO I

LA CATEQUESIS TRANSFORMADORA DE LA CULTURA

 

1. La catequesis, necesidad urgente de la Iglesia

 

9. Ante los desafíos que enfrenta la catequesis en las comunidades evangelizadoras, principalmente parroquiales, debemos contemplar las culturas de la Ciudad de México con el Espíritu con que Jesús contemplaba la sociedad de su tiempo, interpretando la realidad y actuando a la luz del plan de Dios, su Padre.

 

10. El II Sínodo y la X Asamblea Diocesana han orientado el trabajo pastoral siguiendo este estilo de discernimiento, en el que hemos de proceder desde la fe, la esperanza y el amor, y desde el contexto dentro del cual viven las familias, los jóvenes, los pobres y los alejados del influjo del Evangelio.

 

11. La situación compleja de tantos alejados del influjo del Evangelio nos hace pensar en la necesidad de un proceso evangelizador en el que la catequesis esté al servicio de la iniciación o reiniciación cristiana con sentido catecumenal. Por lo mismo, cuando hablamos de la catequesis debemos tener presente al destinatario e interlocutor que es ajeno al Evangelio o al que ya recorre el camino del creyente; y en este sentido se podrá hablar respectivamente de educación hacia la fe o de educación de la fe. Dicha educación abarca un proceso orgánico en el que la Sagrada Escritura, la Tradición, la celebración de la fe, el servicio del testimonio y la oración están íntimamente unidas en la vida de la Iglesia.

 

12. Al poner en práctica el proyecto de renovación catequística, las responsabilidades se reparten y se comparten dentro de una pastoral de conjunto: en efecto, es responsabilidad de la Iglesia particular impulsar planes pastorales de primer anuncio y catequesis. Dentro de la gran comunidad arquidiocesana los obispos, los presbíteros, los diáconos, los miembros de la vida consagrada, los laicos participan con funciones y ministerios diversos, pero complementarios y el mismo catequizando tiene la responsabilidad de participar en la propia formación. La familia, Iglesia doméstica, juega su papel como responsable primaria de la educación integral de sus miembros, mientras que la comunidad parroquial activa su capacidad de engendrar nuevos hijos a través del proceso de la iniciación o reiniciación cristiana.

 

2. Inculturación y catequesis

 

13. La catequesis tiene como objetivo educar la fe de las personas que viven en una determinada cultura; por eso el tema de la inculturación no puede estar ausente cuando de ella se trata. "La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" (EN 20c). "La evangelización tiene, así, en la inculturación, uno de sus mayores desafíos" (DGC 21).

 

14. Una catequesis transformadora de la cultura, además de referirse al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios como el más perfecto modelo de inculturación, debe proponer el acontecimiento Guadalupano como ejemplo excepcional de inculturación.

 

15. El Tepeyac y la imagen que la Virgen de Guadalupe dejó impresa en la tilma de S. Juan Diego son testimonio claro del Evangelio proclamado en las Américas. La llegada de Santa María de Guadalupe es ejemplo espléndido de evangelización e inculturación,[1] es la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo expresada con palabras, símbolos y elementos tomados de la riqueza cultural del mundo náhuatl. Y en el centro de este anuncio jubiloso está Cristo, Señor de la Historia. María de Guadalupe, la Virgen mestiza del Tepeyac, estrella del nuevo mundo,[2] no llega con un evangelio diferente al que predicaban los misioneros, su palabra y su presencia están plenamente centradas en la transmisión de la fe en el Dios único y verdadero y en la promoción de individuos y comunidades.[3]

 

3. La catequesis, comunión íntima con Jesucristo

 

16. El camino que recorrerá el catequista en su servicio a la Iglesia le procurará siempre una novedad, a saber, entrar en contacto íntimo y permanente con la persona de Jesús de Nazaret y seguir la pedagogía por Él utilizada en el desarrollo de su misión (Cf. Mt 13). Así, por una parte, en su persona encontramos el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, que proclama el Evangelio en una sociedad y un tiempo determinados. Por otra parte, encontramos cómo en su misión evangelizadora presenta simultáneamente el anuncio oral del Reino de Dios por llegar y la realización de este anuncio, desde Israel para todo el mundo, a través de hechos concretos (Cf. Mt 11, 2-11).

 

17. La Iglesia está evangélicamente urgida de catequizar al estilo de Jesús cuya conciencia era la de orientar todo hacia su Padre y lo realizó a través de hechos concretos, expresión de amor misericordioso: así su nacimiento en Belén se convierte en una catequesis de cómo se nace del Espíritu. Su vida pública nos muestra cómo se puede cumplir la voluntad de Dios, de acuerdo a la propia misión, saliendo a buscar al hermano, utilizando tan variados recursos pedagógicos de la cultura hebrea: recorría poblados y visitaba familias para encontrarse con la gente y hacerles sentir la cercanía del Reino; interpretaba en su predicación los acontecimientos de la vida diaria a la luz del proyecto de salvación; daba testimonio de cómo usar rectamente los recursos materiales; sembraba semillas de esperanza y de renovación en la sociedad con enfermos y pecadores rehabilitados; establecía un nuevo orden de cosas en lo social, basado en el respeto y promoción de la dignidad de cada persona; purificaba las tradiciones dándoles su justo sentido.

 

18. Con su muerte en cruz, Jesús de Nazaret, nos ofrece una catequesis sobre el sentido del dolor, del sufrimiento y de la muerte en el mundo. Su resurrección y glorificación a la derecha del Padre son la catequesis sobre cómo al triunfo y a la madurez de la existencia se llega a través de la cruz. Con su oración nos ofrece una capacitación catequética para vivir nuestra intimidad con Dios. La elección, capacitación y envío del grupo de los discípulos y de los Doce nos ofrece una catequesis de cómo formar colaboradores para continuar la misión. Su presencia entre nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos, especialmente en la Eucaristía, nos ofrece una catequesis de acompañamiento cercano y promotor. Todo lo ha realizado como el ungido del poder del Espíritu Santo.

 

19. Por lo mismo, una catequesis renovada requiere tener la Sagrada Escritura como su fuente principal, integrar la enseñanza de los Padres (tradición) y la praxis litúrgica y pastoral de la Iglesia desde la etapa apostólica hasta nuestros días. El Concilio Vaticano II y los documentos pontificios, particularmente la Evangelii Nuntiandi y la Catechesi Tradendae recogen esta rica tradición. La misma línea siguen el Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General para la Catequesis, como dos "instrumentos distintos y complementarios" que recogen y particularizan este caudal renovador.

 

20. En el pensamiento de la Iglesia la catequesis tiene como finalidad descubrir y escrutar el misterio de Cristo y, en la persona de Cristo valorar el designio eterno de Dios que se realiza en Él (Cf. CT 5) "El fin definitivo de la catequesis es poner a la persona, no sólo en relación, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo Él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad" (Ib.).

 

21. Todo ello nos abre un panorama muy amplio en el que la Iglesia debe recuperar el papel básico que juega una nueva concepción de la catequesis en la educación para la fe y en la educación de la fe de los miembros del Cuerpo de Cristo: podríamos entonces hablar de un "alargamiento del concepto de catequesis" (Cf. CT 17) que se traduce en hacer de ésta un proceso catecumenal[4].

 

22. Será, entonces, muy saludable para la Iglesia arquidiocesana el que todos los agentes evangelizadores colaboren, según su función, en el proyecto de renovación de la catequesis que apunta hacia dos direcciones: primera, expresar con el término teológico-pastoral de "catequesis" no sólo un acto puntual ni una actividad ocasional (con motivo de un sacramento), sino especialmente un conjunto de etapas sucesivas de formación integral, dentro del proceso total de evangelización, cohesionadas por una finalidad: conseguir la madurez en Cristo (Ef 4, 13). Y, segunda, asumir la catequesis de adultos como "forma principal de la catequesis" (DGC 59) y desde esta opción orientar la catequesis de niños, adolescentes y toda práctica catequística.

 

23. La importancia central de la catequesis de adultos es presentada por el Directorio General para la Catequesis de la siguiente manera: "La catequesis de adultos, al ir dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser considerada como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás, siempre ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan" (DGC 59; CT 43). Esto implica que la catequesis, según edades y ambientes, debe orientarse hacia ella como su punto de referencia y articularse con ella en un proyecto catequético de pastoral diocesana.

 

4. Catequesis y testimonio de la caridad

 

24. La conversión a Jesucristo se vive en su seguimiento: "Ven y sígueme" (Mt 19, 21). Es tarea de la catequesis "inculcar en los discípulos las actitudes propias del Maestro. El Sermón del Monte, en el que Jesús, asumiendo el decálogo, le imprime el espíritu de las bienaventuranzas, es una referencia indispensable en esta formación moral-social, hoy tan necesaria" (DGC 85). Por su carácter de experiencia de vida cristiana, la catequesis, junto a la "palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida. Este testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas" (Ib).

 

25. La catequesis tiene la tarea de promover en cada discípulo el compromiso por la promoción de las personas y la justicia al estilo de Jesucristo. Su amor por el Padre lo llevó a buscar diversos caminos de acercamiento a las personas, de promover en cada una de ellas un cambio de actitudes y de conducta para insertarse en la comunidad. En Él la liberación, la solidaridad, el colocar a la persona en el centro de su misión, no son sino expresiones de la misericordia del Padre (Lc 10, 37; Mt 7, 21; SRS 41). En efecto, la Iglesia -dice el Papa Juan Pablo II comentando la parábola del Buen Samaritano- "ha aprendido... que su misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre y que entre evangelización y promoción humana hay lazos muy fuertes de orden antropológico, teológico y de interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre"[5].

 

26. Parte integral de la catequesis es favorecer la participación del catequizando en el misterio de la redención como vocación y misión de toda persona y la consecuente transformación cristiana de la sociedad. Un recurso importante para lograr este fin es la promoción de las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

5. Catequesis, escuela de oración

 

27. "En todo dad gracias a Dios" (1 Tes 5, 18). Cualquier lugar y momento de la vida es espacio para dirigirse filialmente a Dios. El cristiano que ama a su Padre aprende a dirigirse a Él al estilo de Jesucristo. Impulsado por el Espíritu Santo sabe expresar sus diversos sentimientos: bendición y alabanza, acción de gracias y deseo de Dios, petición e intercesión, entrega a la voluntad divina; ante las obras de Dios y ante los acontecimientos humanos tiene la firme confianza de que será escuchado.

 

28. La catequesis se convierte en escuela de oración cuando enseña, tanto al catequizando como al catequista, a meditar la Palabra de Dios en la oración personal, a vivir la dimensión comunitaria de la fe en la liturgia, a proyectar el testimonio evangélico en la vida diaria. La oración en comunión con María, Madre de Jesús, non enseñará a cantar las maravillas que el Señor va realizando en su pueblo.

 

6. Catequesis y Liturgia

 

29. "La Liturgia, por cuyo medio se ejerce la obra de nuestra redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia" (SC 2).

 

30. Cristo hace presente su obra redentora en la vida de la Iglesia, especialmente a través de la Liturgia. Rito, Palabra, signos sacramentales, sacerdote, comunidad, comunión eucarística son símbolos que nos hablan y nos ponen en relación profunda con el misterio de Dios que ha querido permanecer con nosotros. Lo divino asume y respeta lo humano; todo lo nuestro es transformado.

 

31. El misterio de Cristo que nos es ofrecido como gracia, realiza su acción eficaz conquistándonos para que lo aceptemos, aceptándolo lo adoremos, adorándolo demos gracias y dando gracias lo compartamos con los demás, para que también ellos estén en comunión con Cristo y así el plan salvífico de Dios vaya realizándose en cada persona.

 

32. La Liturgia por sí misma es una escuela completa de catequesis: el Padre nos ofrece lo más precioso que es su Hijo, Jesucristo se ofrece a sí mismo y a todos nosotros como ofrenda agradable, el Espíritu Santo santifica con su acción, gestos y palabras; todo es favorable para que quien participa viva el encuentro con Dios Trino y Uno y con los hermanos, y a la vez sea instruido sobre los contenidos doctrinales ahí presentes.

 

33. La catequesis, en cuanto enseñanza de vida cristiana, favorece el conocimiento de los diversos elementos y contenidos doctrinales que constituyen la Liturgia, preparando al catequizando a una participación consciente y fructuosa en la acción redentora del Salvador. El intercambio es saludable, pues la Liturgia sin la catequesis correría el riesgo de convertirse en mero rito, mientras que la catequesis sin la Liturgia no pasaría de ser una adquisición intelectual.

 

34. A través de una actitud contemplativa y de interiorización, el cristiano profundiza en el significado de la vida de unión con Cristo y de su pertenencia a la Iglesia. En la práctica litúrgica, en relación con los sacramentos, especialmente con la experiencia de la Eucaristía, favorece la dimensión mistagógica de la vida cristiana, que debe ser preparada desde la catequesis.

 

35. En efecto, así como la Eucaristía es "cumbre y fuente de la vida y misión de la Iglesia", de manera análoga, la catequesis que es escuela y experiencia cristiana, encuentra su culminación en la oración y en la liturgia, cuando el discípulo puede experimentar, en actitud de unión y contemplación, la presencia del Señor en su vida y la relación vital con la Iglesia, especialmente en los sacramentos. Esto que la tradición de la Iglesia llama "la mistagogia" forma parte central del aprendizaje catequístico.

 

36. Al presentar así las tareas fundamentales de la catequesis (comunión íntima con Jesucristo, testimonio de la caridad, escuela de oración, vivencia litúrgica), hemos enfatizado lo que consideramos de importancia vital en el enfoque del proceso misionero en la Arquidiócesis de México. Contar con una catequesis orgánica y bien ordenada sobre el misterio de Cristo nos llevará a descubrir lo que caracteriza a la catequesis con relación a otras formas de proponer la Palabra de Dios. Aquí está presente lo que Juan Pablo II escribió para caracterizar la enseñanza típicamente catequética, a saber, una enseñanza sistemática (no improvisada, siguiendo un programa que le permita llegar a un fin preciso); elemental (que no entra a cuestiones discutidas); completa (que abarca lo esencial del misterio cristiano); integral (abierta a todas las esferas de la vida cristiana) (Cf. CT 21).

 

 

CAPÍTULO II

CATEQUESIS, CAMINO PROGRESIVO DE LA FE

 

1. Iniciación o reiniciación cristiana

 

37. El Magisterio de la Iglesia enfatiza la noción de catequesis como proceso (DGC 48-52. 143): que sigue al anuncio kerigmático, desarrollándolo, y desencadena un proceso de iniciación, de crecimiento y de maduración en la fe. La preocupación por atender adecuadamente a la pastoral de la iniciación cristiana en nuestra Iglesia particular está expresada especialmente en el c. 5 del Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, promulgado el 5 de marzo de 2003. Es necesario volver sobre esos contenidos, así como los del presente documento, leyéndolos a la luz de las orientaciones dadas por la Iglesia en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

 

38. Con el término iniciación o reiniciación entendemos la entrada en un proceso gradual y progresivo (realizado por etapas) por el que la persona es atraída por Dios para alcanzar la madurez cristiana. El proceso es diverso según se trate de un no bautizado, para quien será una iniciación en el pleno sentido de la palabra; o de alguien que ya ha sido bautizado, para quien se aplica el proceso de reiniciación cristiana.

 

39. La catequesis de iniciación o de reiniciación se coloca entre el primer anuncio misionero (kerigma) y la acción pastoral, "pone los cimientos del edificio espiritual del cristiano" (DGC 67). Es una formación orgánica y sistemática, básica y esencial. Es más que una enseñanza y no se reduce a lo meramente circunstancial. Es un proceso que lleva a la aceptación del ser cristiano y de la pertenencia a la Iglesia y a expresar dicha aceptación en el compromiso en medio de la sociedad; sigue un camino en el que se abandona algo de la vida pasada, para comenzar a vivir algo nuevo (Cf. DGC 67-68). Exige un itinerario para iniciar en la vida cristiana a los adultos así como a los niños y a los jóvenes. Ese itinerario asume y actualiza el carácter catecumenal de la catequesis de los primeros siglos de la Iglesia.[6]

 

40. En el II Sínodo encontramos la insistencia en una pastoral con sentido catecumenal. Dado que en nuestros ambientes el problema de bautizados no evangelizados es agudo, urge continuar con este enfoque referido directamente a la catequesis y así buscar que el catequizando vaya recorriendo distintas etapas en su experiencia de discípulo de Jesús, etapas marcadas por la renovación de su vida y expresadas a través de símbolos o celebraciones, a la manera como el RICA lo va indicando para el proceso que deben seguir los catecúmenos[7].

 

41. La catequesis de iniciación o de reiniciación cristiana es un período transitorio: tiene su principio y su fin. Lo que es permanente es la maduración de la fe, que se lleva a cabo a través de la catequesis permanente y otras formas de acción pastoral como el estudio de la Sagrada Escritura, la lectura orante de la Biblia ("lectio divina"); la interpretación cristiana de los acontecimientos (indispensable para la doctrina social de la Iglesia y su vocación misionera), la catequesis litúrgica, las iniciativas de formación espiritual, la profundización sistemática del mensaje cristiano (Cf. DGC 71) y el estudio de la teología, que desarrolla la inteligencia de la fe.

 

2. Catequesis, educación para la vida comunitaria

 

42. La experiencia de la vida en Cristo impulsada por la catequesis se proyecta espontáneamente en un compromiso comunitario a ejemplo de Jesús que, con su enseñanza, puso las bases de la comunidad de los creyentes y de la comunidad apostólica, como nuevo estilo de participar en la transformación de la sociedad y en la construcción del Reino.

 

43. Según los Evangelios, en una y otra, la intención del Maestro era educar a sus discípulos para ir hacia los alejados, para la vida fraterna, para la oración en común, para el perdón mutuo, para el amor fraterno. Si la catequesis promueve esta mentalidad y favorece esta práctica de vida comunitaria, estará cumpliendo la razón de su ser en la Iglesia.

 

44. Esta dimensión comunitaria del aprendizaje catequístico adquiere una particular importancia en nuestro ambiente, a veces deformado por una concepción individualista de la vida cristiana y en el que, en el campo del trato social aumenta el fenómeno de despersonalización y masificación (ECUCIM 3241-3244).

 

3. Catequesis, iniciación a la misión de la Iglesia

 

45. La evangelización de las culturas en la Ciudad de México requiere la colaboración de discípulos de Jesucristo suficientemente capacitados. Su participación en la vida profesional, social, cultural, económica y política es requerida como fermento de renovación para la sociedad. Por su parte la Iglesia, para cumplir su misión evangelizadora dentro de ella misma requiere también de laicos, con su gran diversidad de vocaciones, pero con una formación orgánica y sistemática. Desde los primeros tiempos de la comunidad del resucitado la transmisión de lo que Jesús había dicho y hecho, de lo que había dejado para realizar en memoria suya, se convierte en contenido de enseñanza para que la comunidad y sus pastores cumplan el mandato misionero.

 

46. La catequesis ayudará a que el catequizando vaya adquiriendo conocimientos, virtudes y habilidades para que ya desde el mismo aprendizaje catequístico los vaya poniendo en práctica, como viene señalado en el texto de Lc. 10, 1-20: ir en el nombre de Jesús y correr su misma suerte; riesgo por ser enviados como ovejas entre lobos; riesgo de ser rechazados; aceptación del ofrecimiento de hospitalidad; con espíritu de pobreza; compartir el mensaje del Reino (paz y salud).

 

4. Perfil y formación del catequista

 

47. En la reciente X Asamblea Diocesana hemos reflexionado detenidamente acerca del perfil del catequista; por ahora tengamos en cuenta lo más sobresaliente con el propósito de que, a través de diversos medios, habrá que volver sobre el tema, una y otra vez, para ahondar más sobre el ser del catequista, entendido como el discípulo de Jesús que quiere ayudar al hermano en el crecimiento de su fe a través de un proceso orgánico.

 

48. Ser catequista es una vocación: se es catequista por un llamado de Dios para el servicio de la Iglesia. Esta vocación brota del sacramento del Bautismo y es robustecida por la Confirmación (DGC 231).

 

49. El catequista recibe de la comunidad y del pastor, "primer responsable de la catequesis", el envío para ejercer un ministerio en nombre de la Iglesia y al servicio de su misión evangelizadora. Si el catequista valora lo específico de su vocación y servicio y vive el sentido de pertenencia a la Iglesia, asumirá su misión y se preocupará por cultivarla.

 

50. El catequista es el cristiano que comparte con otras personas su experiencia de fe en Cristo muerto y resucitado, con el compromiso de una continua formación espiritual, doctrinal y pedagógica.

 

51. Como miembro de la comunidad el catequista lleva a cabo la iniciación de los catecúmenos y catequizandos (Cf. RICA) en la vida comunitaria de la Iglesia, de tal manera que "sean introducidos en la vida de fe, de liturgia y de caridad del pueblo de Dios" (AG 14), al mismo tiempo que aprenden a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia" (Ib.) y en "las luchas por la justicia y la construcción de la paz" (CT 29).

 

52. El perfil ideal del catequista viene presentado como una persona dotada de equilibrio psicológico, madurez de acuerdo a su edad y capacidad para saber relacionarse normalmente con las demás personas. Sabe escuchar al otro, aceptar de buen grado sus puntos de vista e integrarse al trabajo de grupo. Posee una justa autoestima, espíritu de responsabilidad y sensibilidad social que le permiten descubrir las necesidades ajenas e interesarse por su solución. Procura ser buen comunicador y crear a su alrededor un clima de confianza.

 

53. Desde el punto de vista cristiano, el catequista es un profeta, un maestro y un testigo. Profeta, porque su servicio específico es anunciar la Palabra, presentando el misterio de Cristo de modo situado. Es un maestro, porque enseña el camino de la fe y los signos bíblicos y experienciales a través de los cuales Dios se revela. Es testigo, porque no habla de cosas que sabe de memoria, sino de su propia experiencia del misterio de Cristo (EN 46). Comunica la fe de la Iglesia y no sus opiniones personales[8].

 

54. La formación del catequista comprende varias dimensiones: la más profunda hace referencia al ser del catequista; después está lo que el catequista debe saber para desempeñar bien su tarea; finalmente viene la dimensión del saber hacer, ya que la catequesis es un acto de comunicación (DGC 238) y de pedagogía.

 

55. Algunos aspectos fundamentales a tomarse en cuenta en la formación del catequista son los siguientes: cuidar que el ejercicio de la catequesis alimente la fe del catequista, haciéndole crecer como discípulo; fomente su espiritualidad y su conciencia apostólica. Para ello el catequista ha de conocer y vivir el proyecto de evangelización concreto de ésta Iglesia diocesana y el de su comunidad, a fin de sintonizar con el proyecto evangelizador de nuestra Iglesia particular (DGC 239).

 

 

 

CAPÍTULO III

POR UNA PASTORAL CATEQUÉTICA

 

1. Destinatarios e interlocutores de la pastoral catequética

 

56. Durante su ministerio terreno Jesús anuncia el Reino de Dios destinado a todos los pueblos y es la encomienda que deja a sus discípulos; de ahí que los destinatarios de la pastoral catequética son todas las gentes.

 

57. La Iglesia arquidiocesana se inserta en esta tradición misionera de hacer llegar el Evangelio a todos los ambientes y personas de la ciudad, con la colaboración de los bautizados, especialmente de los catequistas.

 

58. Los destinatarios de la pastoral catequética son diversos según se les considere desde la óptica de quien se orienta hacia la fe (catecumenado), del desarrollo de la fe bautismal (fundamentación y profundización), del desarrollo físico y psíquico (por edades), de la situación socio-cultural (por categorías). Por lo mismo es de gran importancia que como Iglesia Arquidiocesana nos comprometamos a abrir nuevos espacios de pastoral catequística incluyente, para superar el reducir la catequesis a la preparación previa a los sacramentos.

 

59. En nuestro contexto evangelizador insistiremos orgánicamente para que la catequesis de adultos se convierta en el prototipo de toda catequesis y la referente necesaria para todas las demás expresiones de catequesis. Así, desde el II Sínodo, el trabajo pastoral en la Arquidiócesis ha pensado particularmente en los alejados del influjo del Evangelio, en donde los adultos y los jóvenes constituyen un sector muy amplio. Además, el Proceso Evangelizador Arquidiocesano de inspiración catecumenal, aplica de manera mucho más clara las orientaciones del RICA, ayudando a ubicar la relación entre la evangelización en un sentido amplio y la catequesis en su relación con las diferentes etapas de dicho proceso. Finalmente no debemos olvidar que la atención a los adultos es una urgencia pastoral que no podemos postergar, por el papel que éstos desempeñan en la sociedad, en la cultura y en la vida de la misma Iglesia.

 

60. Sabiendo que la situación de alejamiento del Evangelio se aplica a todos los sectores de la población, los jóvenes y las familias también son destinatarios prioritarios del trabo evangelizador y catequético. Para ello búsquense métodos y subsidios que con lenguaje y símbolos adaptados a los ambientes de la ciudad hagan posible la evangelización de estos sectores (Cf. DGC 189 y ss).

 

61. La catequesis hacia los pobres y necesitados implica insistir en los pasos previos de promoción humana básica y testimonio de la comunidad eclesial, de modo que el servicio ofrecido para educar su fe sea más creíble y aceptable. Para muchos de estos hermanos la actitud de parte de los agentes evangelizadores hará que surja o se renueve en ellos una "búsqueda religiosa" (ChL 4c) y se vuelvan a colocar en una condición de "simpatizantes" (RICA 12. 111).

 

62. En los últimos tiempos la sociedad ha ido adquiriendo una mayor conciencia para atender a las personas con capacidades diferentes o personas que sufren alguna discapacidad que los limita a participar en los diferentes ambientes de la vida diaria. La Iglesia debe hacer sentir su voz a través de una catequesis adecuada a este sector (Cf. DIPSIC 125)

 

63. En estas diversas situaciones es de tenerse muy en cuenta la gradualidad del proceso evangelizador, de tal manera que la catequesis ofrecida a cada grupo o persona corresponda a la etapa según el camino recorrido; así la catequesis permanente se tendrá una vez que se ha asegurado la catequesis de iniciación o reiniciación; del mismo modo la catequesis especial se dará a quienes corresponda, pero sin suplir las etapas fundamentales previas.

 

64. Un especial interés, en nuestros ambientes de alejamiento del Evangelio tendrá la catequesis kerigmática con el fin de afianzar y ahondar los contenidos del primer anuncio; de ésta manera, para la mayoría de los cristianos esa será la puerta para un camino de formación propiamente catequística. Nuestra situación de nueva evangelización hace que "el primer anuncio y una catequesis fundante constituyan una opción prioritaria" (DGC 58c).

 

65. Hay que recordar asimismo que "el hecho de que la catequesis, en un primer momento, asuma estas tareas misioneras, no dispensa a una Iglesia particular de promover una intervención institucionalizada del primer anuncio, como la actuación más directa del mandato misionero de Jesús. La renovación catequética debe cimentarse sobre esta evangelización misionera previa" (DGC 62). Es por ello que habremos de intensificar la práctica ya iniciada de promover en nuestras comunidades periodos de "acción misionera intensiva" (Cf. MP 169).

 

66. Así pues, dado que los ambientes son tan variados como variadas son las realidades de la Arquidiócesis, invito a todos los agentes de pastoral para que en su programación evangelizadora sean integrados dichos ambientes en los que debemos hacer presencia con una catequesis dosificada y diversificada, según la realidad del destinatario.

 

2. Agentes de la pastoral catequética

 

67. Las comunidades de los tiempos apostólicos son siempre un punto de referencia en el quehacer evangelizador. Su sentido de oración en común, la práctica de la dimensión comunitaria de los bienes materiales, su empeño misionero, su fidelidad en conservar la tradición recibida, su organización en diversos servicios y ministerios inspiran las actitudes y acciones de los agentes de pastoral catequética hoy día.

 

68. El obispo, como cabeza de la acción pastoral en la Diócesis ejerce su responsabilidad sobre la catequesis fundamentalmente a través de los presbíteros, coordinándolos e impulsándolos en esta labor. Cuida de que las estructuras tengan siempre un sentido pastoral. Destina los medios económicos pertinentes y promueve la realización y difusión de subsidios. En el cumplimiento de su ministerio profético se vale de documentos oportunos, de la predicación desde su cátedra, de su presencia en las comunidades y de intervenciones en los medios de comunicación social.

 

69. Los presbíteros, colaboradores de los obispos en la tarea pastoral, son los primeros responsables del desarrollo de la catequesis en sus respectivas comunidades: convocando agentes idóneos para la catequesis, cuidando de su formación, siguiendo de cerca su apostolado, programando y evaluando con ellos su trabajo, integrando su actividad en el conjunto del programa de pastoral comunitaria. Siendo el Espíritu Santo quien da testimonio en nosotros, el testimonio del pastor es esperado y requerido como el primer medio de evangelización (Cf. DGC 224. 225).

 

70. Uno de las recursos catequísticos más a su alcance y más amplio en cuanto a posibilidades y que debe saber aprovechar creativamente es la homilía en la celebración eucarística.

 

71. Los diáconos, como colaboradores de los sacerdotes en el ministerio de la evangelización, participan también de las actividades que le competen al presbítero de animación, coordinación y formación de los catequistas. Este es uno de los campos privilegiados del ministerio diaconal.

 

72. Por su misma consagración los miembros de la vida consagrada son ya testimonio vivo del Reino en cuya construcción colaboran. Por su formación y experiencia tienen una función particular en la catequesis, sobre todo como formadores de catequistas y animadores de comunidades no siempre cercanas a las estructuras ordinarias de evangelización. Una mayor coordinación entre estas experiencias, las parroquias y la diócesis hará más fructuosa la misión evangelizadora.

 

73. Los catequistas ocupan un lugar preponderante en el proceso de la educación de la fe y hacia la fe en cuanto que con su presencia y actividad acompañan al catequizando en su camino hacia la madurez en Cristo.

 

3. Estructuras al servicio de la pastoral catequética

 

74. Para que la obra de Jesús pudiera perpetuarse en el tiempo, desde los orígenes apostólicos, se fue viendo necesaria la creación de diversas estructuras; en este contexto las iglesias particulares adquirieron importancia y significación ante las culturas en las que estaban inmersas.

 

75. Especialmente a partir del II Sínodo, la Iglesia arquidiocesana ha tomado conciencia del valor de sus estructuras en su "nuevo y vigoroso proyecto misionero". Para que la catequesis logre su objetivo, necesita contar con estructuras eficazmente coordinadas que garanticen una pastoral de conjunto.

 

76. Desde la óptica territorial, tanto la Vicaría como sus decanatos y parroquias deben promover una coordinación dinámica y orgánica de sus actividades y recursos para que la catequesis se convierta en fuerza renovadora de los diversos ambientes presentes en dichas circunscripciones.

 

77. Las Vicarías funcionales y sectoriales, por su responsabilidad de coordinación y subsidiariedad a nivel arquidiocesano, están llamadas a colaborar, desde su competencia, para presentar la imagen actual de lo que se va logrando del proceso misionero e insertar dinámicamente en él programas catequísticos, de acuerdo a la etapa en que se encuentra cada uno de sus ámbitos particulares.

 

78. Los Secretariados y Comisiones Arquidiocesanas, en su papel de responsabilidad especializada según el campo que les compete, ofrezcan su asesoría para conocer lo mejor posible la problemática de sus realidades y, mediante propuestas y subsidios, presenten caminos para que la pastoral catequética logre su objetivo.

 

79. Especial empeño se espera de las Comisiones que por su finalidad tocan más directamente ciertos ámbitos culturales como son Centros de Estudios Superiores, Medios de Comunicación, ambientes artísticos y del comercio etc., de modo que a través del diálogo con estos sectores se vayan creando espacios para que laicos capacitados hagan presencia en ellos del mensaje evangélico.

 

80. Particularmente la Vicaría de Pastoral, en coordinación con los organismos apropiados, elaborará un instrumento que en el campo de la pastoral catequística dé continuidad al trabajo iniciado por el subsidio "Hacia un Manual Operativo para la Pastoral Parroquial".

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

81. Con este Documento he querido presentar las orientaciones que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, hemos reflexionado como Iglesia diocesana, especialmente desde la X Asamblea, para proseguir el plan pastoral en la Arquidiócesis, teniendo en cuenta que ya se han ido dando pasos concretos en los que hemos trabajado con entusiasmo y afianzan la esperanza de que, colaborando todos con mentalidad sinodal, veamos actualizada una etapa más de la realización del proyecto salvador de Dios.

 

82. Bajo la mirada materna de María, estrella de la evangelización, iniciamos este nuevo año pastoral ofreciendo nuestro servicio a la misión que el Señor Jesús nos ha encomendado.

 

15 de enero de 2005, Peregrinación Anual Arquidiocesana

a la Basílica de Santa María de Guadalupe.

 

 

 

SIGLAS

 

AD

Decreto sobre la acción misionera de la Iglesia Ad Gentes, del Concilio Ecuménico Vaticano II.

ECUCIM

Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México, II Sínodo Diocesano, Arquidiócesis de México, 1995.

DGC

Directorio General para la Catequesis, Congregación para el Clero, Librería Editrice Vaticana.

DIPSIC

Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, Norberto Cardenal Rivera Carrera, Arquidiócesis de México, 2003.

ChL

Exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici, Juan Pablo II.

CT

Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, Juan Pablo II.

EN

Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, Pablo VI.

MP

La Misión Permanente en nuestra Iglesia Local, Norberto Cardenal Rivera Carrera, 2000.

SC

Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrocanctum Concilium, Concilio Ecuménico Vaticano II.

SD

IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Santo Domingo, 1992.

SRS

Carta encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Juan Pablo II.

RICA

Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

 

 

NOTAS

 

1 "Evangelizar al hombre significa también evangelizar su cultura, su ética y sus valores, sus ideales de justicia y verdad. De ahí que la nueva evangelización consiste precisamente en transformar la cultura desde dentro, enriqueciéndola con los valores cristianos que derivan de la fe y haciendo que el mensaje de Cristo penetre en las conciencias de los pueblos". SÍNODO DE LOS OBISPOS. ASAMBLEA ESPECIAL PARA AMÉRICA, Instrumentum Laboris, n. 9.

2 JUAN PABLO II, 4ª Visita a México Homilía en la Basílica de Guadalupe (23 de enero de 1999) n. 4. Cf. J. L., GUERRERO, Flor y canto del nacimiento de México, Ed. Clavería, México 1990, 11; El Nican Mopohua, un intento de exégesis, Ed. UPM, México 1996, 456.

3 "La visión no sólo señala una de las etapas iniciales más significativas de la evangelización de América Latina. Ella indica también el verdadero principio formal de toda nueva evangelización cristiana, la cual habla de encarnación total de la fe en el espacio y en el tiempo, en el lenguaje, en los símbolos culturales y en la carne de los nuevos pueblos. Y es significativo el hecho de que justamente María es la protagonista de esta mediación cultural; ella parece entregar a Cristo al nuevo continente". A., AMATO, La encarnación y la inculturación, p. 186. Un comentario en el mismo sentido lo refiere el Papa JUAN PABLO II, 4ª Visita a México, Angelus Domini (24 de enero de 1999) n. 4.

4 CT 18d; SD 33; 41;49.

5 Discurso a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, México, 28-01-1979.

6 El kerigma o primer anuncio se dirige a los no creyentes y a los que, de hecho, viven en la indiferencia religiosa. Esta etapa kerigmática es previa a la catequesis: ella "asume la función de anunciar el Evangelio y llamar a la conversión" (DGC 61). Por su parte "La catequesis hace madurar esta conversión inicial, educando en la fe al convertido e incorporándolo a la comunidad cristiana" (Id.). Sin embargo, la catequesis ha de tener siempre una dimensión kerigmática (DGC 52).

7 Un ejemplo de esto lo tenemos en el método de reiniciación cristiana "Camino de Emaús".

8 CELAM: La catequesis en América Latina, Bogotá, 1999, n.187-188.