ORIENTACIONES PASTORALES

2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL SEÑOR JESÚS REALIZA LA MULTIPLICACIÓN

DE LOS PANES PARA LA CIUDAD

 

 

 

1. El 22 de noviembre de 1993, en la Basílica de Nuestra Sra. de Guadalupe, el Señor Arzobispo Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, entregó a la Arquidiócesis de México el Decreto General del II Sínodo.

 

2. Quedaron plasmados en él los cauces y líneas para la renovación pastoral de esta Iglesia local. El pastor actualizó así, para esta ciudad, el mandato de Cristo: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación" (Mc 16, 15).

 

3. Para dar seguimiento al proceso pastoral que habría de poner en práctica los señalamientos establecidos se constituyó la Asamblea Diocesana, como un organismo de consulta sistemática y solemne, integrado por representantes de los diversos estratos de la comunidad, con el propósito de revisar e impulsar los proyectos pastorales.

 

4. Desde que llegué a esta Arquidiócesis, después de escuchar la consulta de la Asamblea Diocesana y de atender las sugerencias de algunas instancias más y de otras personas cualificadas, he entregado a la comunidad Arquidiocesana un plan anual con el fin de fortalecer la continuidad y la comunión de nuestro compromiso pastoral. Buena parte del contenido de dichos planes ha consistido en señalar acciones que concreten e impulsen las orientaciones propuestas.

 

5. Es importante que mantengamos las líneas fundamentales en las que nos hemos comprometido anteriormente, para continuar con nuestro proceso postsinodal y adentrarnos en la evangelización de las culturas de la Ciudad de México.

 

6. Les pido ahora que tratemos de afianzar todo este trabajo en el ámbito parroquial, de acuerdo a lo reflexionado, sobre todo en las dos últimas asambleas. Por ello, más que abrir nuevos cauces, quiero que nos avoquemos a profundizar en la pastoral de las parroquias, ya que hablar de la parroquia es hacer referencia al espacio comunitario donde se concretiza el plan general de la Arquidiócesis. Se trata de llevar a la práctica el originario proyecto evangelizador (Cfr. PCT 4).

 

7. Para ese fin, quiero pedir la participación de todos los agentes de pastoral para elaborar un manual operativo de pastoral parroquial, subsidio en donde se plasme el rostro de la parroquia urbana, directrices y espiritualidad que orienten nuestro caminar e impulsen el trabajo orgánico a partir de la instancia básica de nuestra organización pastoral. He pedido a la Vicaría de Pastoral que elabore un primer proyecto, un documento de trabajo que nos sea útil para recibir ordenadamente las sugerencias. Las aportaciones serán útiles para este instrumento pastoral diocesano en la medida en que surjan de la experiencia pastoral, construyan comunión y renueven nuestro compromiso con el evangelio.

 

l. Valorar el presente a la luz del Espíritu

 

8. El 10º aniversario de la entrega del Decreto, como fecha significativa, nos ha impulsado a hacer en la 9ª Asamblea, no sólo una evaluación anual, sino a tener una mirada que nos ayude a comprender el significado del proceso postsinodal de estos años de caminar juntos.

 

9. La Vicaría de Pastoral en un documento de agosto del 2003 presentó una "Visión sintética del II Sínodo y de! Proceso postsinodal. A diez años de! Decreto Genera! Del II Sínodo".

 

10. Este documento ha sido un subsidio para que todos pudiéramos recordar el itinerario de los acontecimientos y la evolución de nuestras propuestas pastorales, que vistas de conjunto nos están brindando la posibilidad de comprender la relación de unas con otras, no sólo como acciones aisladas, sino como los diversos momentos de un proceso que, a la luz de la fe, es un medio providencial para transformar la práctica pastoral de nuestras parroquias.

 

11. Esta visión resulta útil tanto a quienes vivieron estos acontecimientos, como especialmente a quienes se han ido sumando más tarde a las tareas evangelizadoras de esta ciudad: presbíteros recién ordenados, religiosos y religiosas que han venido a nuestra Iglesia local, los nuevos agentes laicos que se han integrado a grupos y comunidades comprometidas en la nueva evangelización en nuestra ciudad.

 

12. En torno a la 9ª Asamblea, otro elemento que ayudó a la comprensión del proceso fue una constatación de la realidad, mediante una encuesta escrita, cómo y en qué medida se está viviendo el nuevo proyecto misionero para evangelizar las culturas, en el nivel de las parroquias, los decanatos, las vicarías, así como el funcionamiento de las comisiones diocesanas.

 

13. Junto a los resultados positivos en relación con el II Sínodo y con muchas actividades postsinodales, encontramos también respuestas que muestran que este caminar no ha sido lo suficientemente dinámico como se esperaría que fuese.

 

14. Esta visión se completó con un estudio referido al ámbito extraeclesial, acerca de los efectos y fenómenos de la cultura actual que inciden negativamente en la vida de la Iglesia Católica y sus fieles.

 

15. Las conclusiones del estudio sobre la incidencia de la cultura contemporánea en la vida de la Iglesia, nos muestran que el ambiente se ha ido tornando adverso para la vivencia de la fe: muchos adultos y jóvenes han modificado la práctica de su fe, adoptando costumbres contrarias a la doctrina de la Iglesia católica.

 

16. Para la dinámica de reflexión, la comisión organizadora de la asamblea agrupó en diez temas los cauces pastorales que surgieron de las prioridades sinodales y aquellos que fueron trabajados en el proceso postsinodal: proceso misionero, pastoral familiar, pastoral juvenil, pastoral social, organización pastoral, sacramentos de iniciación cristiana, formación permanente de los presbíteros, formación de agentes laicos, vocaciones sacerdotales y religiosidad popular. Estos temas fueron estudiados para ver cuál era su avance y, por ello, valorar las respuestas que se están dando a las necesidades pastorales. También, la asamblea misma señaló cuáles eran las líneas de acción prioritarias en el futuro inmediato para cada cauce de trabajo, a fin de llevar adelante el proceso pastoral.

 

17. Para definir la forma de llevar a cabo las conclusiones de la asamblea, se vio conveniente que la reflexión resultante se continuara mediante la participación de algunos grupos significativos. Es por ello que convoqué para este fin a todos los decanos y vicedecanos; en un grupo posterior, al consejo pastoral arquidiocesano, a la comisión permanente de la Vicaría de Pastoral, al consejo episcopal y a la comisión organizadora de la 9ª Asamblea.

 

18. Los decanos señalaron que las áreas prioritarias para hacer avanzar la pastoral arquidiocesana son: el proceso misionero, la formación permanente de los presbíteros, la formación de los laicos y la organización pastoral. Con estas conclusiones se estaba indicando la columna vertebral de lo que ha de ser nuestro trabajo inmediato.

 

19. El segundo grupo llegó a la conclusión de que en este momento en que tenemos ya una visión muy rica y suficientemente clara de las líneas y criterios para nuestra pastoral, es urgente más bien insistir en la puesta en práctica de tales orientaciones. Para lo cual, asumió como oportuna la elaboración de un subsidio, a manera de manual pastoral parroquial. Este manual será el instrumento fundamental del trabajo que llevaremos a cabo en el presente año.

 

 

 

II. Manual Operativo para la Pastoral Parroquial

 

20. En nuestra actividad para el presente año invito a todos los agentes de pastoral a participar en la elaboración del manual operativo para la pastoral parroquial, utilizando el documento de trabajo que nos ha presentado la Vicaría de Pastoral. Entendámoslo como un instrumento que tiene la finalidad de encauzar e impulsar la evangelización en las parroquias, tanto en su ámbito general, como en cada una de sus principales áreas de la acción pastoral.

 

21. Este será un camino por el que, contando ya con un cauce común, se dé cabida a la creatividad de la comunidad arquidiocesana y, en una actitud de disponibilidad, nos abramos a las inspiraciones del Espíritu por las que va suscitando, en los pastores y en las comunidades, respuestas a las necesidades en esta Ciudad.

 

22. Se trata de que las parroquias y otras instancias diocesanas se sientan invitadas a dar sugerencias y a aportar experiencias significativas con base en las cuales, después de un periodo prudente de estudio, reflexión y práctica, se pueda llegar a conformar un manual cada vez más completo.

 

23. La transformación de nuestras parroquias no se puede hacer de la noche a la mañana, pero tampoco debemos permitir que este cambio se posponga indefinidamente, como dejándonos llevar por la inercia de muchos años. El manual nos ayudará a tener un caminar más firme y eficaz, contando con la decisión de todos los agentes de pastoral en cada parroquia. La solidez de la acción pastoral en cada parroquia se irá logrando gracias a la apertura de mente y corazón para recibir las iniciativas y las experiencias de otras comunidades parroquiales.

 

24. En la evaluación que hicimos con ocasión de la pasada asamblea diocesana, verificamos que las líneas, por donde debemos avanzar, están suficientemente definidas, aunque a veces se carece del adecuado conocimiento de ellas. Hace falta llevar a la práctica tales líneas de acción. Para ello, se suele decir, "nos hacen falta los cómos".

 

25. En efecto nos encontramos con pastores que, junto con sus equipos colaboradores, están dispuestos a trabajar poniendo en práctica las directrices de la Arquidiócesis, pero tienen necesidad de encontrar los caminos concretos, así como las herramientas para operar en comunión con los demás. Es esto lo que pretendemos lograr con este manual, cuya validación queremos que se lleve a cabo con la participación de las mismas comunidades parroquiales y tomando en cuenta experiencias que iluminen y que impulsen fraternalmente a otras comunidades. Su objetivo es fortalecer la estructura operativa de cada parroquia, así como el dinamismo de sus principales áreas de evangelización.

 

26. En su primera parte, el documento de trabajo del manual contiene una reflexión eclesiológica, una caracterización de la parroquia urbana y algunos criterios para la pastoral parroquial; presentada de manera sucinta que da espacio a las aportaciones del mayor número posible de los agentes de pastoral.

 

27. Enseguida se presenta un modelo de organización parroquial, con énfasis en aquellas instancias que se consideran indispensables para el funcionamiento básico de toda parroquia. La estructuración interna y los detalles de funcionamiento están presentados como una propuesta que fácilmente pueda ser enriquecida con las sugerencias que puedan recogerse al respecto.

 

28. Por último, este manual en un apartado eminentemente práctico, contiene lo que podemos llamar manuales particulares de las principales áreas de la pastoral parroquial. Cada manual particular es una ayuda para que el párroco y sus equipos pastorales definan el ámbito propio de esa área, sus destinatarios, las particularidades de la formación de los propios agentes, los procesos de formación requeridos y algunos subsidios disponibles.

 

29. Veamos en este instrumento la oportunidad de trabajar más orgánicamente y de conjunto, fortaleciéndose el sentido de unidad diocesana, de corresponsabilidad en los decanatos y en las vicarías. Que sea también un impulso para multiplicar los proyectos parroquiales e interparroquiales.

 

30. Les recomiendo que en la planeación que habitualmente tienen las vicarías, tomen muy en cuenta este manual y definan cómo van a trabajarlo sistemáticamente a lo largo del año. Invito a todos los párrocos a que vean en este manual la oportunidad de clarificar las prioridades del ambiente pastoral en que se encuentran, a jerarquizar así sus esfuerzos y el de sus equipos pastorales, e identificar las áreas en que es indispensable la cooperación y coordinación con las parroquias vecinas o afines.

 

 

 

III. Considerar con agradecimiento el proceso postsinodal arquidiocesano

 

 

31. Hoy renuevo mi convicción de que la acción del Señor se ha manifestado y sigue haciéndose presente en nuestro "caminar juntos". Es indispensable apreciar la reflexión y la práctica pastoral realizada en diez años de camino como parte sustancial del trabajo del Espíritu en todos.

 

32. Lo ocurrido entre nosotros exige ser considerado y, en cierto sentido, interpretado, para escuchar lo que el Espíritu nos ha dicho a lo largo de estos diez años (Cf. NMI 2).

 

33. En nuestro ambiente eclesial la puesta en práctica del proyecto sinodal ha significado esperanza de renovación; también exigencia creciente para profundizar en la vocación bautismal y eclesial.

 

34. Aspiramos a que nuestra práctica pastoral responda mejor a las necesidades y características de la ciudad. En nuestra Iglesia local esta práctica se renueva paulatinamente y no de forma inmediata. La diversidad de procesos y de realidades culturales en que está inserta hace necesarias la paciencia y la perseverancia pastorales (Cfr. PCT 42-43).

 

35. Los frutos aflorados en diez años de renovación son sólo para alimentar nuestra marcha, no para detenernos a gustarlos. Es un ejercicio que nos ha estado capacitando para cultivar las semillas sembradas.

 

36. Debemos reconocer que el proyecto sinodal aún no ha renovado nuestra práctica pastoral cotidiana. Nuestra capacidad sigue estando rebasada por la realidad urbana que continúa evolucionando. La opción sinodal con sus consecuencias todavía no ha sido asumida como tal por cada agente, ni insertada en nuestra estructura de funcionamiento.

 

37. La renovación de la Arquidiócesis pasa a través de la conversión de cada sacerdote, de cada consagrado, de cada laico que ha sido llamado por el Señor a la tarea de construir la comunidad eclesial y el Reino de Dios en esta ciudad.

 

38. La pedagogía pastoral de mirar constantemente la realidad con el lente de la ciudad; de no olvidar que el programa sinodal es renovación interior antes que actividades; y de comprometerse con las acciones de evangelización y el acompañamiento con el espíritu del Buen Pastor, son elementos que se han constituido ya en puntos de apoyo para avanzar en la renovación pastoral.

 

39. Para que exista continuidad, la experiencia ha mostrado que, quienes tienen responsabilidad de autoridad deben comprometerse en el seguimiento pastoral de lo planeado, impulsando y acompañando con el testimonio personal. La forma de dar seguimiento de parte de quien tiene autoridad pastoral es muy importante: el primer factor a considerar debe ser el agente de pastoral antes que el programa de acciones.

 

40. Una semilla importante que deberá seguirse cultivando es la planeación. Un plan es el piso donde se apoyan la corresponsabilidad y la continuidad. Sin una planeación compartida se frena la participación real de todas las fuerzas existentes. La conciencia de ser Iglesia se alimenta en el ejercicio de la corresponsabilidad.

 

41. El desglose en programas de los diferentes aspectos del proyecto sinodal ha dejado a muchos la impresión de tener enfrente un conjunto de propuestas sin conexión ni objetivos claros. Esta percepción ha hecho patente la necesidad de simplificar y sintetizar las diversas acciones pastorales y darles mayor precisión y profundidad.

 

42. El proceso evangelizador que de manera sintética propusimos como el primer anuncio, la catequesis y el apostolado, es una luz que nos guía hacia una práctica pastoral más integral.

 

43. Junto con la búsqueda de la simplificación, ha ido también creciendo la inquietud por concretizar y poner en práctica el trabajo fundamental de evangelización, sobre todo en las instancias de base, como la parroquia.

 

44. Una característica que se va reafirmando como distintivo de la pastoral urbana es ya no hacer depender de una sola persona o comisión la marcha del conjunto. Teniendo como meta la pastoral orgánica, es conveniente favorecer la participación y la corresponsabilidad para que se manifiesten los distintos carismas para el bien común.

 

45. Evangelizar las culturas, propuesta del II Sínodo, comienza a transformarse en reto pastoral cuando a cada cultura la ubicamos en rostros concretos, en hermanos, en grupos, que piden cercanía, diálogo y testimonio para poder creer. El planteamiento sinodal pasa de ser un concepto a hacerse vida cuando nos comprometemos con los hermanos que peregrinan en la Ciudad de México.

 

46. Para esos distintos ambientes y personas es para quienes hay que formar apóstoles. La formación de los laicos no es algo opcional, es una necesidad urgente. Para encontrar la forma de realizarla hay que insistir en que la espiritualidad del laico es sencilla, por su naturaleza lo lleva al compromiso concreto, arraigado en su medio y con capacidad para interactuar con las realidades cotidianas existentes.

 

47. De esta manera, el camino que seguramente nos permitirá evolucionar en la pastoral urbana es avanzar en el aprecio por la vocación y espiritualidad de los laicos. Son los laicos la presencia eclesial más eficaz que puede llevar el Evangelio a todos los ambientes urbanos.

 

48. La opción por la Misión ha generado múltiples inquietudes y exigencias. Los alejados del influjo del Evangelio se han convertido en el punto de referencia para valorar si nuestra reflexión y acciones pastorales están correspondiendo al impulso del Espíritu. Renovar constantemente nuestra opción por la misión nos replantea la propia conversión, el llamado a la comunión y nos actualiza el envío que recibimos del Señor. Esa dinámica espiritual ya no debemos perderla.

 

 

 

IV: Una espiritualidad para la pastoral en la ciudad

 

49. Cuanto más avanzamos en el proceso que estamos realizando, más valor y generosidad necesitamos. Pidamos con insistencia el don de la fortaleza, pues vivimos un tiempo de retos. Si bien las realidades que nos presenta la ciudad, y que descubrimos al interior de la Iglesia, son complejas y casi nunca tenemos todas las respuestas, no hay que desorientarse ni desanimarse. Dar respuesta pastoral a la Ciudad de México requiere iniciativa, creatividad, abrir nuevos caminos, siempre con el Evangelio como punto de apoyo. Nuestra labor habitual debe continuar, pero con un esfuerzo de profundidad y renovación a la altura de la exigencia que nos presenta el ambiente urbano.

 

50. EI II Sínodo al hablar de la evangelización de las culturas de la Ciudad de México abrió de manera definitiva una faceta de búsqueda en nuestra tarea pastoral, que implica aceptar que los nuevos areópagos piden que incursionemos donde diariamente se juega la suerte de los jóvenes, donde se difunden los valores que mueven a la familia y a la sociedad, donde están los pobres en soledad... Ya no podemos prescindir de ponernos a la escucha de la voz de la ciudad, porque es el Espíritu, que antecede nuestros pasos, quien nos habla en todas las situaciones que impactan a quienes viven en la ciudad. No tengamos miedo a los retos, enfrentarlos es lo que nos hará estar más unidos a Cristo, que es el único que puede alimentar a tanta gente.

 

51. La pobreza de nuestros medios nos coloca en la misma situación en que se encontraron los apóstoles cuando había necesidad de dar de comer a más de cinco mil gentes (Cfr. Lc. 9, 10-17). El Señor les dijo: Denles ustedes de comer. Los discípulos contestaron: sólo tenemos cinco panes y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?

 

52. Así, con esa pobreza, nos descubre la voz de la ciudad, voz que son las personas que la habitan, que le dan rostro. Pero, a pesar de su dureza, la voz de nuestros hermanos nos purifica, nos impulsa a una mayor fe. Si escuchamos esos anhelos con atención nos revelan el lenguaje en el que tendríamos que proclamar el Evangelio para la ciudad.

 

53. El secularismo y otros aspectos de la modernidad impactan negativamente a todos los sectores sociales, y la comunidad de bautizados no es ajena a esa problemática. La voz de la ciudad pide ayuda, parece que no hay alimento capaz de saciarla.

 

54. Esa voz se expresa con anhelos fuertes respecto a lo que espera de los pastores, de los consagrados, y de todos los bautizados.

 

55. La mirada de los habitantes de la ciudad está principalmente sobre los pastores. Nos están pidiendo coherencia, sencillez en nuestro estilo de vida, opción verdadera de estar para la comunidad y con la comunidad, ser presencia de espiritualidad y promotores de unidad.

 

56. La vida precaria de una buena parte de la población urbana necesita de la comunidad eclesial comprensión, voluntad de compartir, de escuchar.

 

57. En las parroquias que son los lugares donde la Iglesia se hace visible, los habitantes de la ciudad quisieran encontrar actitudes de acogida para todos. La comunidad parroquial por su vivencia de fe tendría que ser capaz de convocar a todos al servicio de caridad.

 

58. Los jóvenes parecen estar en una búsqueda frenética de algo que dé sentido a su existencia. La mayoría, aún los bautizados, no lo están encontrando en el ambiente eclesial. Parece no haber cabida para ellos, porque comúnmente se salen del esquema, rompen el ambiente habitual, quieren construir relaciones nuevas, un ambiente propio.

 

59. En su mayoría, las familias de la ciudad tienen una integración irregular. Necesitan fortalecer su capacidad para transmitir valores que proporcionen un cimiento a quienes empiezan a vivir. Las familias necesitan ser aceptadas, buscadas con paciencia y amistad, con solicitud paternal.

 

60. Los laicos requieren ser tratados con dignidad, necesitan ser tratados con respeto y verdad, con amistad y confianza. No son inferiores, son indispensables en el Cuerpo de Cristo. Sin los laicos es impensable la evangelización de la ciudad.

 

61. Sin embargo, toda esta problemática que rebasa nuestras fuerzas humanas sí tiene una respuesta. Al ver Jesús que las posibilidades de sus apóstoles eran insuficientes para las necesidades, pidió que le trajeran "los cinco panes y los dos pescados". Dio gracias, los partió y los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran. Todos, a pesar de ser tantos, comieron hasta saciarse. Y, todavía, recogieron doce canastos con lo que sobró.

 

62. Ese signo de Jesús revela la espiritualidad que debemos ejercitar constantemente: escuchar y ver las necesidades de la ciudad, decidirnos a poner en las manos de Jesús nuestros cinco panes y dos pescados, para después recibir de Él el alimento que tenemos que distribuir y que puede alcanzar y saciar el hambre de nuestros hermanos.

 

63. Debemos animar intensamente esa motivación para que se multipliquen los verdaderos discípulos de Jesús, que quieren poner en práctica su ejemplo, se esfuerzan en transmitir sus enseñanzas y tienen sinceros deseos de estar íntimamente unidos a Él. En favor de este esfuerzo la Eucaristía es inspiración y es camino para que cada vez más bautizados asuman su vocación apostólica. Así, resulta providencial el acontecimiento que se realizará este año en nuestra patria, el 38º Congreso Eucarístico Internacional, es una oportunidad para que la Eucaristía esté cada vez más en el centro de nuestro proceso de crecimiento como Iglesia. Porque la fracción del pan es fuente de evangelización y suscitadora de evangelizadores.

 

64. Nuestras comunidades parroquiales tendrían que vitalizar su vivencia eucarística como lugar donde los misioneros, los catequistas, los ministros extraordinarios de la eucaristía, los animadores de grupos juveniles, los que atienden a los enfermos y a los hermanos de la tercera edad, los agentes de pastoral de la caridad, los que forman nuevos agentes, quienes realizan un servicio a algún grupo necesitado y, antes que todos, los mismos diáconos y sacerdotes, experimenten la misericordia de Dios, al participar de un mismo pan se unan como hermanos y se preparen, así, a dar testimonio del Amor, que es el único alimento que puede saciar el hambre del ser humano hasta saciarlo.

 

65. La Eucaristía es también fuerza generadora de unidad. ¡Cuánto necesitamos de la unidad entre nosotros! Entre los sacerdotes. Entre los religiosos. Entre los laicos. Entre todos los miembros y grupos de la Iglesia. "Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos" (Jn 13, 35). Ese es el distintivo de la Iglesia de Cristo. Vivamos la Eucaristía con la conciencia de que es la fuerza que edifica la Iglesia. Lugar de la reconciliación con Dios y con el prójimo. Medio privilegiado para crear comunión y educar para la comunión.

 

66. Cuando la fuerza de la Eucaristía impulsa a la comunidad, sus miembros van madurando la opción misionera: se sienten enviados por Jesús. Porque participan de un mismo pan, enviados a edificar relaciones más fraternas. Porque el Señor los acompaña todos los días, enviados a dar testimonio de una esperanza siempre nueva.

 

67. El Señor ya realiza la multiplicación de los panes para la ciudad. Es lo que sostiene la fe de los más sencillos y el testimonio apostólico de los creyentes. Por eso, la eficacia de nuestra misión depende de que actualicemos diariamente la opción para entregar en las manos de Jesús lo poco que somos y tenemos.

 

68. El Señor Jesús, que por su muerte y resurrección da vida a cada cristiano y a toda la Iglesia en el sacramento eucarístico, nos guíe para continuar adelante en la renovación de nuestra práctica pastoral.

 

 

10 de enero de 2004

Peregrinación de la Arquidiócesis de México a la Basílica

de Ntra. Sra. de Guadalupe.

 

+ Norberto Card. Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México