ORIENTACIONES PASTORALES

2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EVANGELIZACIÓN INTENSIVA

 

 

INTRODUCCIÓN (1-3)

 

CONTEXTO DE LA MISIÓN 2000

 

Etapa de preparación (4-9)

Etapa de realización (10-14)

 

CONTEXTO ECLESIAL: AÑO DE LA TRINIDAD Y DE LA EUCARISTÍA

 

La Santísima Trinidad (15-21)

El Amor Misionero de Dios (22-26)

La Eucaristía, fuente y cumbre de la experiencia del Dios Amor y de la exigencia misionera (27-37)

 

CONTEXTO SOCIAL: REALIDADES Y DESAFÍOS MÁS URGENTES (38-40)

 

La opción por los pobres (41-42)

La conversión, la misericordia y la compasión (43)

La tolerancia que conduce a la convivencia pacífica y a la verdadera democracia (44-46)

La transición responsable (47)

La familia (48-50)

La Ética (51-52)

 

PROGRAMA PASTORAL PARA EL AÑO 2000 (53-57)

 

Obispos y Vicarios Episcopales (58-62)

Decanatos y Decanos (63-64)

Parroquias y presbíteros (65-69)

Diáconos Permanentes (70)

Vida consagrada (71-72)

Seminario y demás casas de formación (73-74)

Los laicos (75-77)

Movimientos y organizaciones laicales (78)

La Arquidiócesis (79-86)

 

CONCLUSIÓN Y ORACIÓN (87)

EVANGELIZACIÓN INTENSIVA

 

Introducción

 

1. Hermanas y hermanos todos en Cristo Jesús, en comunión con mis Vicarios Episcopales, los exhorto a continuar con entusiasmo la puesta en práctica del "Itinerario Pastoral para la Misión 2000". El año pasado les presenté este plan pastoral de conjunto y el sentido misionero de todas las acciones evangelizadoras en esta Arquidiócesis.

 

2. Les propuse el objetivo general de este proyecto pastoral y los criterios, que han de orientar las tres etapas de que se compone: preparación, realización y proyección.

 

3. Asimismo, les presenté, en la segunda parte de ese documento, el programa del trabajo para 1999, correspondiente a la etapa de preparación. Un programa tiene una estructura similar a la de un plan, pero de un nivel de menor alcance, en cuanto se refiere sólo al cumplimiento de una meta o etapa del plan. Conlleva otros criterios y orientaciones más específicos, en relación con las acciones estipuladas, que no suplantan, sino concretan y complementan los criterios generales. En este entendido, ofrezco en el presente documento el programa para el 2000 con sus criterios y orientaciones que responden a los contextos actuales y que han de ser leídos en el conjunto del Itinerario Pastoral, del que dimanan.

 

CONTEXTO DE LA MISIÓN 2000

 

Etapa de preparación

 

4. Con gran satisfacción he constatado en diversas ocasiones, particularmente en las visitas pastorales, cómo el proceso de la Misión ha ido despertando un interés creciente. En las 8 Vicarías y en los 43 Decanatos de la Arquidiócesis existe ya una preocupación y algunos esfuerzos serios de organización y capacitación de equipos, para llevar a cabo la Misión. Los Equipos Misioneros Decanales han impulsado, en las parroquias, la formación de agentes laicos para las acciones misioneras. Un buen número de parroquias cuentan ya con Equipos Misioneros y se disponen a emprender la etapa intensiva, mediante el visiteo y el primer anuncio, además de algunas otras, que ya desde antes venían trabajando con estos métodos de pastoral misionera.

 

5. Se va reafirmando, así, la necesaria corresponsabilidad entre pastores y laicos, para cumplir la común misión de los discípulos de Jesús.

 

6. Algunos movimientos eclesiales, organizaciones apostólicas, comunidades religiosas, universidades católicas y centros de educación superior, han aceptado la invitación para sumarse a este proceso misionero de la Arquidiócesis y han manifestado su determinación con palabras y acciones concretas.

 

7. Durante este tiempo los pastores han de seguir ocupándose, en sus comunidades, de las actividades tradicionales hasta ahora, pero igualmente, o aún con más interés, habrán de hacerlo por los trabajos de la Misión.

 

8. Que las comunidades religiosas, los colegios católicos, los movimientos laicales, las organizaciones apostólicas, las universidades y los centros de educación superior, compartan este proyecto misionero y se vinculen así con mayor conciencia y determinación, a la Arquidiócesis de la que forman parte.

 

9. A la luz de estos hechos quiero invitar, con mucha insistencia, a quienes todavía no entran a este cauce de la Misión, a que se sumen ya a este gran proyecto arquidiocesano, a fin de que nuestra Iglesia particular profundamente renovada cumpla la misión del Señor Jesús en esta ciudad. Que por ningún motivo queden parroquias, comunidades o movimientos en donde todavía no se toma en cuenta la Misión 2000.

 

Etapa de realización

 

10. Ha llegado el momento de la segunda etapa del Itinerario pastoral: la realización y puesta en práctica de este proceso evangelizador con el que celebraremos, en esta Arquidiócesis, el Jubileo de la Encarnación, que es una invitación extraordinaria para corresponder al Amor con el que Dios nos ha amado, hasta al punto de enviarnos hace 2000 años a su Hijo Jesucristo que se hizo hombre como nosotros para redimirnos.

 

11. No olvidemos que el objetivo de la misión 2000 es el siguiente:

 

"En cumplimiento de la Misión que el Señor Jesús ha encomendado a esta Iglesia particular en la Ciudad de México y con motivo del Jubileo de la Encarnación, realizar una evangelización intensiva con un renovado espíritu y organización misioneros, teniendo en cuenta las prioridades del II Sínodo Arquidiocesano y la continuidad de sus programas pastorales,

 

· para que sea difundida y vivida la fe en los campos en que ahora está ausente,

 

· para que se revitalice la vocación apostólica de los Agentes

 

· y el espíritu de servicio de las instancias pastorales,

 

De tal manera, que fortalecido el proceso pastoral, de dimensión misionera, mayor organicidad y sentido catecumenal -de anuncio, formación en la fe y compromiso-, éste se convierta en la forma habitual de nuestra práctica pastoral" (Itinerario, 9).

 

12. Esta segunda etapa tiene dos énfasis: revitalizar las estructuras existentes y poner las bases para otras nuevas, de modo que la Iglesia pueda evangelizar las culturas de esta ciudad y transformar la vida de las personas a la luz del evangelio de Jesucristo.

 

13. Desde 1992 esta Iglesia Arquidiocesana se ha ido orientando en esta dirección, que yo he impulsado desde que asumí el ministerio que me fue encomendado en esta ciudad. Hemos ido dando diversos pasos que ahora es necesario completar y consolidar. Quiero insistir en la necesidad de la comunión de todos los diversos carismas, en continuidad con la experiencia de la V Asamblea Diocesana y las recomendaciones surgidas en ella.

 

14. Deseo reiterar, también, que no es mi propósito que la Misión 2000 sea sólo un programa ocasional, sino la puesta en práctica de un proceso de transformación de la manera de concebir y realizar el trabajo pastoral en esta ciudad, cuya característica sea un intenso compromiso misionero.

 

 

 

CONTEXTO ECLESIAL: AÑO DE LA TRINIDAD Y DE LA EUCARISTÍA

 

La Santísima Trinidad

 

15. En la fase celebrativa que está teniendo lugar en el año 2000, el objetivo es la glorificación de la Trinidad.

 

16. El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana... es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de la fe" (Catecismo de la Iglesia Católica, 234).

 

17. Al profesar este misterio afirmamos que Dios es amor, es comunidad y que si nosotros nos amamos en el amor de Dios, en él vivimos, nos movemos y somos (Act 17, 27-28).

 

18. Pero también Dios está con nosotros, en Cristo Jesús, en cada gesto humanitario de amor al prójimo, en cada gesto de comprensión, de servicio, de justicia, de tolerancia, de búsqueda de la verdadera paz.

 

19. La cruz de Cristo revela hasta el final el amor del Padre. En su muerte se expresa la justicia absoluta, porque Cristo sufre la pasión y la cruz a causa de los pecados de la humanidad, pero una justicia a la medida de Dios, es decir, procedente del amor y conducente a él.

 

20. El mensaje del Evangelio de Jesucristo se sintetiza en el doble mandato del amor caridad: Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ( Cf. Mt 22,39).

 

21. La vida íntima de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo, como Trinidad Santa de Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la vida del Amor. Esa inefable comunión del Ser divino, en la que el Padre engendra al Hijo, en la que el Hijo glorifica al Padre y en la que el Espíritu vincula a los dos eternamente, es el Amor mismo. El amor eterno y creador, por el que Dios es perfectamente feliz y absolutamente generoso en sí mismo, es el origen de todas las cosas y, en particular, de las personas que, dotadas de inteligencia y libertad, están también llamadas a vivir en comunión con Dios y los hermanos.

 

El Amor Misionero de Dios

 

22. Dios, que es amor, "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4). La verdad es el amor de Dios que, por su origen y destino es universal. Dios Padre ama a todos y hace hermanos a todos sus hijos. Del mismo modo, Jesús ama a todos, incluso exhorta a sus discípulos al amor a los enemigos.

 

23. La misión que nace del amor de Dios tiene que ser universal como el amor de Cristo Jesús que la inspira. Una Iglesia que se encerrara en los límites estrechos de la misma parroquia, de las propias estructuras eclesiales o, incluso de la propia Diócesis, no sería la Iglesia de Jesucristo.

 

24. Para los cristianos la fraternidad no tiene límites ni grupos cerrados; en este contexto se ha de expresar la misión esencial de la Iglesia, como una misión que se expresa en solidaridad, la cual, "no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos responsables de todos" (SRS 38).

 

25. La dimensión universal del amor de Dios, caridad misionera, puede contribuir a superar las discrepancias y divisiones entre las iglesias cristianas y avanzar en el diálogo entre las grandes religiones monoteístas; la coincidencia en el servicio y colaboración con los más pobres contribuyen a la unidad en el amor y pueden conducir a la unidad en la fe.

 

26. El programa misionero de la Arquidiócesis de México que estamos iniciando, en este año, debe llevarnos también a participar a los miembros de la comunidad arquidiocesana en proyectos de amplitud cada vez más universal; así ayudaremos a nuestras comunidades a contemplar la verdadera dimensión universal y ecuménica de nuestra fe, que los católicos hemos de asumir abriéndonos a la colaboración con los cristianos de otras confesiones, con los creyentes de otras religiones y con todos los hombres de buena voluntad, ya que en todos los bautizados está presente el Espíritu, en todos los fieles de otras religiones las semillas del Verbo y en todos los hombres de buena voluntad, la presencia del amor de Dios.

 

La Eucaristía, fuente y cumbre de la experiencia del Dios Amor y de la exigencia misionera

 

27. La Eucaristía es la oración trinitaria por antonomasia, es el "lugar" en donde está la fuente de la experiencia del amor cristiano y hacia donde convergen los esfuerzos y trabajos de construcción de la fraternidad. "Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios... por lo tanto de la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin" (SC 10).

 

28. Los cristianos alimentados en la Eucaristía han de cobrar entusiasmo para testimoniar la fe y hacer creíble el Evangelio luchando contra el hambre, la ignorancia y las enfermedades, esforzándose, junto con todos los hombres, en conseguir mejores condiciones de vida y en afirmar la paz para el mundo. Lo anterior no significa que la Iglesia, como tal, quiera mezclarse de modo alguno en el gobierno de la ciudad terrena; la Iglesia no reivindica para sí otra autoridad que la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y fidelidad (Cf. AG 12).

 

29. En toda Eucaristía hay al menos un mínimo de signos de amor y de comunión fraternal: la asamblea reunida, la oración y la alabanza común, el padrenuestro, el saludo mutuo, la participación del mismo pan en la mesa común del Señor, comunión eucarística que, para ser plena, ha de tener dos vertientes: la vertical y la horizontal, es decir, con Cristo y con los hermanos.

 

30. Está en manos del hombre la posibilidad de multiplicar los panes, por la eficacia en el trabajo y por el reparto más equitativo de los bienes. Es posible también practicar la solidaridad con los más desheredados, multiplicando el pan del amor y del cariño que a tantos falta.

 

31. Ponerse del lado de cuantos necesitan el pan de cada día quiere decir empeñarse en que sea realidad en nuestro entorno cuanto el término "pan" encierra: alimento, vivienda, familia, trabajo, cultura, libertad, religión, dignidad personal y derechos humanos. Todo esto no se aviene con las discriminaciones de cualquier tipo, sea de personas o de grupos, ni con la opresión y explotación de los semejantes.

 

32. Creer no es solamente ser miembro de la Iglesia y continuar siéndolo inconscientemente. Tiene que ver con el momento presente. Es creer que Dios tiene poder en este momento para no dejarnos solos, que puede cambiar el curso de las cosas, que puede ahora mismo hacer un milagro de su amor. Esta fe es una gran fuerza en el progreso de la humanidad.

 

33. El proyecto de Dios es la comunión. La humanidad tiene derecho a poseer el mundo en común y por el hecho de haber una igualdad de dignidad entre los hombres, también la distribución de la riqueza ha de ser proporcionada. No es bueno que unos sean muy ricos y otros miserables. El primero y fundamental acto de caridad para con el prójimo necesitado es reconocerle sus derechos: a la vida y a su dignidad. En este sentido, la justicia es como la vanguardia del amor. Por eso la lucha por los intereses sociales no está en contra de la convicción cristiana.

 

34. El cristiano que lucha por un poder justo debe tener presente que el poder alcanzado debe desembocar en lo que aparentemente es su contrario: el servicio.

 

35. Algunos, en nuestros días, se hacen la pregunta que ya formuló el salmo 115 hace muchos siglos: ¿dónde está tu Dios? Tal interrogante ha de ser un estímulo para todos los misioneros de esta ciudad. En ocasiones los cristianos hemos "velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo" (GS, 19).

 

36. La infidelidad al Dios que es fiel en el amor es una de las causas principales del eclipse de Dios en la cultura contemporánea. Lo es también la idolatría "al poder" y al "tener", que ha provocado entre otras consecuencias la alteración del equilibrio ecológico, la desesperanza y el vacío existencial que conduce a los jóvenes a las más variadas formas de alienación.

 

37. A la pregunta ¿dónde está tu Dios?, los cristianos podemos responder: en todos los lugares en los que están y por donde pasan los hombres.

 

 

CONTEXTO SOCIAL: REALIDADES Y DESAFÍOS MÁS URGENTES

 

38. Dios conduce la historia por medio de su Espíritu. La situación actual de nuestro país y más concretamente de la Ciudad de México son lugares teológicos que es necesario escrutar, para descubrir, también ahí, la voz apremiante de Dios que invita a todos a cooperar con su esfuerzo en la construcción de la única historia, que es también historia de la salvación. Mirar desde la fe la realidad social es un deber de los pastores y de los cristianos, a fin de dialogar con ella y aceptar su interpelación (cf. LG 5-7). Al hacerlo estamos cumpliendo con la Misión que Jesús nos ha encomendado. En los "Pregones" de la Misión intensiva habrá de hacerse constante referencia a la realidad social.

 

39. Los anhelos que se expresan en el rechazo y las denuncias contra la violencia, la impunidad, la corrupción y otros males igualmente graves y generalizados hacen referencia a un nuevo proyecto de país que deseamos construir, donde las relaciones estén armonizadas por un real estado de derecho, reconocido y respetado por todos, y donde sea habitual el respeto, la aceptación y el diálogo.

 

40. Hay algunas urgencias apremiantes por las que el país parece, al fin, querer transitar y es necesario defender y consolidar: la democracia, la justicia social y la lucha contra la corrupción.

 

La opción por los pobres

 

41. Una de las realidades más cuestionantes para creyentes y no creyentes, en nuestros días, es la condición de pobreza de tantos mexicanos hermanos nuestros, que en los campos y las ciudades y, por consecuencia, en la gran metrópoli de México, viven en condiciones de penuria, de sufrimiento, de ofensa a la dignidad humana.

 

Su situación contradice, en verdad, nuestra condición de cristianos.

 

42. El desafío para la Iglesia arquidiocesana es no dejar de lado, en sus programas pastorales, a los pobres, excluidos y marginados junto con sus justas demandas, sino tomarlos en cuenta y asumir el compromiso de buscar caminos para hacer realidad el mensaje del Papa: "Miramos a los pobres no como un problema sino como los que pueden llegar a ser sujetos y protagonistas de un futuro nuevo y más humano para todo el mundo" (cf. Jornada mundial de la Paz n° 14).

 

La conversión, la misericordia y la compasión

 

43. El año santo jubilar es por naturaleza un momento de llamada a la conversión, que conduce a la comunión fraterna y mueve a la solidaridad. Nunca es una meta plenamente alcanzada. Es necesario que todos los cristianos busquemos, en la línea de la justicia, que se abran nuevas posibilidades de solución y de esperanza a quienes, en esta ciudad, han quedado encadenados por las deudas, evitando que la única salida sea el agobio de los más débiles y desheredados.

 

La tolerancia que conduce a la convivencia pacífica y a la verdadera democracia

 

44. La intolerancia es incapacidad para entender y convivir con los que son diferentes. Lleva a la desintegración y a la polarización en cuanto considera al que es distinto como un enemigo real o potencial. Propicia el autoritarismo, la violencia y el retroceso del espíritu participativo en el ámbito social, político o religioso.

 

45. La aceptación implica, por el contrario, una actitud de apertura para no sólo soportar al que es distinto, sino aprender de él y así construir la verdad y convivir pacíficamente.

 

46. Este desafío de la realidad, no puede ser olvidado en el contexto de nuestro programa pastoral, cuando vivimos en un clima que por momentos quiere recurrir a soluciones autoritarias, por la necesidad de dar salida a la violencia personal o por impaciencia y desesperación. Estas soluciones, a fin de cuentas, lesionan el bien común.

 

La transición responsable

 

47. Vivimos, también, tiempos de transición, en lo social, en lo político, en lo cultural, en lo religioso, en lo pastoral. La transición debe ser administrada con un hondo sentido de responsabilidad, sin fracturas que conduzcan a la inestabilidad, sino con sentido de historicidad, es decir, asumiendo y valorando el pasado, respondiendo a las exigencias del presente, integrando las diferencias y proyectando el futuro.

 

La familia

 

48. Las familias en la ciudad están sufriendo cambios muy profundos. Las políticas economicistas y el relativismo moral presentan continuamente, por muchos medios, modelos que atentan contra la dignidad de la familia y la transmisión responsable de la vida.

 

49. La pastoral de nuestra arquidiócesis tendrá muy en cuenta que la familia es la base del desarrollo de la sociedad, forjadora de las personas y educadora de la fe.

 

50. En relación con el respeto a la vida, será necesario recordar que la dignidad humana no puede ser menospreciada en aras de un desarrollo que se ve impedido por otras causas entre las que se encuentra el injusto reparto de los bienes de la tierra que están destinados para todos.

 

La Ética

 

51. Es indispensable fortalecer los valores fundamentales en la convivencia y en el ejercicio responsable de la propia misión.

 

52. Estas tareas son responsabilidad de todos y cada uno. La Iglesia de esta Arquidiócesis quiere sumarse al compromiso de conseguir estos horizontes para el país.

 

 

PROGRAMA PASTORAL PARA EL AÑO 2000

 

53. En el presente año, durante la etapa intensiva de la Misión 2000, además de un servicio más esmerado en la pastoral ordinaria de nuestras parroquias, habremos de consolidar nuevos instrumentos y métodos para impulsar el primer anuncio, la reiniciación cristiana, el catecumenado, la comunión fraterna y el compromiso apostólico de comunidades menores, la formación y capacitación de los laicos, el compromiso por la justicia y la pastoral de la caridad, como partes fundamentales del proyecto evangelizador.

 

54. La pastoral ordinaria ha estado recibiendo ya, durante los últimos meses, un impulso fraterno para su renovación con la visita pastoral. Habremos de ir consolidando esta dinámica para el futuro de nuestra Iglesia local, con cambios indispensables en las estructuras pastorales, las actitudes y las acciones, en los diversos niveles.

 

55. Durante la evangelización intensiva, realizaremos con los equipos parroquiales dos tandas del primer anuncio de la Salvación: la primera del 8 de marzo al 11 de junio y la segunda del 15 de agosto al 28 de noviembre, con visiteo y pregones. En la etapa del 12 de junio al 14 agosto habrá oportunidad de evaluar la primera etapa, afianzar los grupos y estar listos para la segunda tanda de primer anuncio.

 

56. Mientras tanto será necesario acoger a quienes respondan acercándose a los misioneros, para ofrecerles los pregones de una primera explicitación del kerigma y de la primera conversión, invitándolos a incorporarse al proceso de la reiniciación cristiana y a la formación de comunidades menores, para vivir la experiencia de ser Iglesia misionera en la ciudad de México.

 

57. El complemento y la consolidación de la dimensión misionera hacia los alejados exigen, en los diversos niveles de nuestra Arquidiócesis, la transformación de algunas estructuras y de las actitudes en los agentes de la pastoral:

 

Obispos y Vicarios Episcopales

 

58. Mi visión primera, en orden a la organización de esta arquidiócesis fue la descentralización de los servicios pastorales, para llevarlos con mayor cercanía y eficacia a todos los fieles esparcidos por las ocho vicarías episcopales. Para ello he delegado mi autoridad de la manera más amplia en mis obispos auxiliares y vicarios episcopales, de acuerdo con las normas establecidas en mi Decreto sobre la "Organización y Gobierno pastoral de la Arquidiócesis de México".

 

59. Esta perspectiva exige que los Vicarios episcopales, a su vez, busquen esta misma orientación en sus respectivas vicarias territoriales y sectoriales, para promover un amplio movimiento de participación responsable de cada vez más amplios sectores; propiciando específicamente que los Decanos, los Delegados de pastoral, Secretarios, Directores y responsables de las diversas comisiones participen en el ejercicio de la autoridad y promuevan una amplia coordinación de los diversos servicios.

 

60. La atención y el acompañamiento cercano de los presbíteros es una de las principales responsabilidades de los Vicarios episcopales. Es necesario que todos los que han recibido la encomienda de presidir una comunidad, experimenten este apoyo constante, pues de esta manera se favorecerá la comunión en el proyecto pastoral.

 

61. He insistido, igualmente, en la urgencia de mantener la corresponsabilidad y coordinación, atendiendo a las exigencias que se desprenden de la comunión indispensable como signo y como instrumento de una auténtica y eficaz evangelización

 

62. Durante la V Asamblea Diocesana, insistí en que la pluralidad de ministerios y carismas es riqueza con la que Dios ha bendecido a esta arquidiócesis; que es necesario dar testimonio de unidad para que el mundo crea; y que nadie se sienta dueño de la Iglesia con pretensiones de exclusión de algunos, sino por el contrario habrá que extender la comunión con todos, aún los que no pertenecen a la iglesia, pero que promueven los valores evangélicos.

 

Decanatos y Decanos

 

63. El Decanato deberá ser la unidad básica de coordinación y de ejecución de los programas arquidiocesanos. Los Decanos habrán de asumir con mayor consciencia y responsabilidad el ejercicio de la autoridad episcopal para el seguimiento de los programas de pastoral y del ministerio de fraternidad en favor de sus hermanos sacerdotes, en estrecha colaboración con los Vicarios episcopales.

 

64. Los Decanos deberán estar más cerca de los sacerdotes de su jurisdicción, acompañarlos como verdaderos hermanos e impulsar el nuevo proyecto evangelizador de la Misión 2000.

 

Parroquias y presbíteros

 

65. El presbítero es hombre de fe, hombre de lo sagrado y es también hombre de comunión.

 

66. Urge en los presbíteros de nuestra arquidiócesis un cambio de mentalidad y de actitudes para no ser en la parroquia rémora u obstáculo hacia sus hermanos laicos en el proceso de transformación de la pastoral en esta arquidiócesis. Por el contrario, sean personas comprometidas en el proceso evangelizador, para que la parroquia sea una vital comunidad de comunidades.

 

67. Esto exige que vayan dejando en manos de los laicos muchas de las actividades administrativas de que se ocupan actualmente y que no son estrictamente esenciales a su ministerio específico.

 

68. Los presbíteros deberán respaldar y fortalecer los Equipos misioneros.

 

69. Favorezcan también una actitud de acercamiento y diálogo con las familias, con los más alejados, con los pobres y con los jóvenes, a fin de que puedan todos reecontrarse con Cristo.

 

Diáconos Permanentes

 

70. La pastoral misionera proyecta gran luz sobre el ministerio y formación de los Diáconos Permanentes, al privilegiar el trabajo de evangelización para todos los agentes de la Arquidiócesis. Los diáconos habrán de ser líderes en la animación y capacitación fundamental de agentes. Además, como el testimonio de la caridad es el primer instrumento evangelizador, tendrán que revalorar con toda fuerza su misión de promotores y organizadores del ejercicio de la caridad en las comunidades. Este será un camino seguro para romper con la tentación de ubicarse sólo como ministros de ceremonias litúrgicas y sacramentales, y dar preferencia al potencial de testimonio que tiene el ministerio diaconal.

 

Vida consagrada

 

71. Es necesario que la vida consagrada dé testimonio de su misión peculiar: mantener en los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Reino. Y para esto conviene que los miembros de estas comunidades se inserten adecuadamente con los otros miembros del pueblo de Dios.

 

72. En las diversas Vicarías episcopales establézcanse lazos de comunicación y participación que permitan a los miembros de la vida consagrada y a los responsables de la pastoral, reconocer el lugar que ocupan los diversos carismas en la pastoral sectorial o territorial y encontrar caminos para una colaboración más estrecha.

 

Seminario y demás casas de formación

 

73. Deberán acrecentar su inserción en las preocupaciones y proyectos arquidiocesanos para descubrir y cultivar las nuevas actitudes pastorales que requieren los candidatos al sacerdocio.

 

74. La pastoral misionera es un desafío para la formación de los futuros pastores. Exige cultivar, en el espíritu y en la acción, una verdadera disponibilidad y capacidad para llegar a los alejados; una actitud eclesial que se concrete en el trabajo de equipo; y la integración en un ambiente de corresponsabilidad y promoción interactiva, especialmente hacia los laicos.

 

Los laicos

 

75. La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. En la actualidad, recae en ellos gran parte de la responsabilidad del futuro de la Iglesia, como ha sido señalado en la reflexión sinodal y he remarcado en el Itinerario Pastoral.

 

76. Su protagonismo de servicio en los diversos ministerios, al interior de la comunidad eclesial, es señal de vitalidad y hace posible la vida de la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, en donde todos son importantes y participan del proyecto de Dios.

 

77. Pero el laico también ha de proyectar su dignidad de profeta, sacerdote y rey hacia el exterior de su comunidad, en el ámbito ordinario de su vida, trabajo y esparcimiento con una actitud misionera, que lo impulse a buscar siempre nuevos caminos y ámbitos para dar testimonio de la Buena Nueva del Reino y cumplir su tarea específica de consagrar el mundo a Dios.

 

Movimientos y organizaciones laicales

 

78. Como promotores de diversos carismas en la Iglesia los miembros de los diversos movimientos y organizaciones laicales deberán conocer los planes y programas arquidiocesanos, respetarlos y buscar que el carisma que promueven sea una colaboración y complementación en la comunión.

 

La Arquidiócesis

 

79. La nueva pastoral misionera tiene que respaldarse en una Iglesia mayoritariamente laical.

 

80. Considerar a los laicos como animadores, promotores y corresponsables en la elaboración y no sólo en la ejecución de los planes de la pastoral orgánica.

 

81. Promover liderazgos laicales.

 

82. Fortalecer el sistema arquidiocesano de los centros de formación de agentes laicos para acciones específicas.

 

83. Encontrar nuevas formas de presencia de la Iglesia en medio de los diversos ambientes.

 

84. Fomentar entre los responsables de la pastoral una clara conciencia de la necesidad e importancia de destinar suficientes recursos para las acciones pastorales.

 

85. Estudiar diligentemente el fenómeno de los movimientos religiosos libres y las causas que motivan su rápido crecimiento, para responder a los planteamientos que tales grupos pretenden atender.

 

86. En las parroquias donde ya se viene trabajando en la línea de la sectorización, de promoción de comunidades menores en sus diversas expresiones, hágase un estudio cuidadoso, para que se aproveche la experiencia lograda y se garantice su continuidad.

 

 

 

Misión 2000

Conclusión y Oración

 

87. Aun resuenan las palabras con las que, hace un año, el Papa Juan Pablo II dio gracias por su IV visita a nuestro país y, al mismo tiempo, bendijo a todos sus habitantes: "Dios te bendiga, México..." Ese mensaje nos recordó que el Espíritu Santo con su trabajo silencioso es el principal evangelizador, haciéndose presente en todos los acontecimientos y en el corazón de cada persona. Hoy nos debe mover a acompañar con un constante espíritu de oración, el esfuerzo por concretar una pastoral misionera para nuestra ciudad.

 

Señor, Jesús, la primera oración es por tu Iglesia que peregrina en la Ciudad de México, pues al querer asumir con todas sus consecuencias la misión de evangelizar que nos encomiendas, nos sentimos pequeños y temerosos, porque ha aparecido la tentación de argumentar excusas, de eludir el seguimiento, de no aceptar este tiempo de gracia.

 

Pero tu Espíritu no nos abandona y nos acompaña en el caminar juntos:

 

por medio de tantos laicos sencillos que se están constituyendo en pilares de los equipos misioneros; por muchos hermanos que se habían alejado y al escuchar lo que se está haciendo a favor del trabajo misionero han regresado a comprometerse; por los presbíteros que están renovando su cercanía contigo y su servicio a la comunidad; por el signo de comunión de muchos movimientos y grupos apostólicos que están respondiendo al llamado de unidad para evangelizar.

 

Señor, has que no tengamos miedo a reconocernos pecadores y a convertirnos, porque sólo así será creíble tu mensaje en nuestros labios.

 

En este Año Santo abre nuestros ojos para reconocer tu presencia en los más pobres; abre nuestros corazones para compartir lo que somos y tenemos; has surgir entre nosotros actitudes nuevas que nos permitan tratarnos como hermanos; que así entendamos lo fundamental de la Misión.

 

Que nuestra acción en común siempre sea generosa para alcanzar a todos, porque nuestra Ciudad necesita reencontrar confianza en la buena voluntad, en las actitudes solidarias, en la búsqueda del bien común.

 

Te pedimos por cada habitante de esta gran ciudad, porque todos resienten problemas que parecen no tener solución. Por los jóvenes que están luchando por encontrar un camino positivo de realización, por los padres de familia que se desviven para impulsar a sus hijos, por los empleados y obreros de salario mínimo que ya no sienten esperanza, por los líderes sociales y gobernantes para que no olviden a los que deben servir, por aquellos empresarios que necesitan sensibilidad social, por todos los que se sienten con hambre de paz... Señor, aumenta nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad. Porque ¿cómo podremos lograr ser luz de Dios en nuestra Ciudad, ante esta realidad que nos rebasa? Hemos sentido tu mirada providente en nuestro Caminar Juntos que nos ha hecho llegar a la Misión 2000, ponemos en tus manos nuestra acción eclesial para que sea cada vez más cercana a nuestra Ciudad.

 

Gracias por darnos en Santa María de Guadalupe un ejemplo evangelizador y una presencia protectora; que su amor maternal mantenga encendida la luz de la fe que estamos llamados a testimoniar. Amén.

 

5 de febrero del 2000, Año Jubilar

 

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera