ORIENTACIONES PASTORALES

1997

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HACIA EL PLAN DE PASTORAL

 

DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

 

ÍNDICE

 

1. A manera de introducción (1-11)

 

2. Proceso sinodal y programa del jubileo

 

Primer Año 1997 (12-19)

 

La formación de los Agentes (20-27)

 

Segundo Año 1998 (27-32)

 

Tercer Año 1999 (32-35)

 

Año 2000. Año del Jubileo (35-36)

 

3. Marco de referencia del trabajo del plan (37)

 

4. Proceso de planificación (38-45)

 

5. A manera de conclusión (46-49)

HACIA EL PLAN PASTORAL

DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

PROCESO ARQUIDIOCESANO DEL II SÍNODO

Y DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000

1997 - 2000

 

A TODA LA COMUNIDAD ARQUIDIOCESANA,

ESPECIALMENTE A LOS AGENTES DE PASTORAL

 

1. A manera de introducción

 

1. La pastoral arquidiocesana a partir del II Sínodo quedó delineada en un gran proyecto de acción evangelizadora, válido -de acuerdo con la visión pastoral del Señor Cardenal Ernesto Corripio- para varios años de la Ciudad de México en los finales del siglo XX y en los inicios del XXI. Este gran proyecto quedó condensado en el libro que lleva atinadamente por título: Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México (ECUCIM).

 

2. Comparto la visión de mi predecesor y, más aún, en reiteradas ocasiones he expresado el compromiso de dar seguimiento al II Sínodo, a fin de que a través de su proceso se vaya poniendo en marcha el vigoroso programa misionero que reclama la Ciudad-Arquidiócesis de México.

 

3. Como es conocido, el proyecto sinodal tiene una gran opción pastoral que no se reduce a la prioridad de los destinatarios, sino que recoge los principales lineamientos de la visión estudiada a lo largo de las cuatro semanas de asambleas y que puede sintetizarse de la siguiente manera:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Esta gran opción se ha venido impulsando de manera diversa, ya sea por el Plan Inicial Arquidiocesano (PIA), las Asambleas Diocesanas y el trabajo constante de todos los agentes de la pastoral de la Arquidiócesis de México. Sin embargo, se hace sentir la necesidad de traducir los grandes propósitos arquidiocesanos, en un proyecto más global, que dé cauce a la gran riqueza de líneas de acción y ordenamientos de los trabajos sinodales.

 

6. La ocasión puede ser la exigencia de la comunión católica de la Arquidiócesis de México con otras Iglesias Particulares, a través de la íntima vinculación con la Iglesia que en Roma preside el siervo de los siervos de Dios, el Papa, y que nos invita a una seria consideración sobre el Jubileo del año 2000, con su periodo de preparación de tres años, y su relación con el proceso arquidiocesano emanado del II Sínodo.

 

7. En consonancia con el programa del Jubileo y en plena fidelidad al proceso de la pastoral arquidiocesana, se trazan en este documento las líneas fundamentales de un plan que integra los cauces del proceso sinodal en las orientaciones del Jubileo. Se trata de continuar nuestro 'caminar juntos' en el dinamismo de la Nueva Evangelización. Las acciones que ya se han empezado a realizar habrán de estar ahora animadas, inspira-das y potenciadas por la fuerza eclesial de la preparación hacia el jubileo del año 2000.

 

8. El Santo Padre, en efecto, nos invita a prepararnos con toda la Iglesia a la celebración de este Jubileo con ocasión de los 2000 años de nuestra redención. En su carta Tertio Millennio Adveniente del 10 de Noviembre de 1994, el Papa nos presenta un año de gracia, de perdón, de reconciliación y de salvación: "…La Iglesia se alegra por la salvación, invita a todos a la alegría y se esfuerza por crear las condiciones para que las energías salvíficas puedan ser comunicadas a cada uno". De todos los Jubileos que se han celebrado a través de la historia, el Jubileo del año 2000 será uno de los más grandes.

 

9. Nuestra Iglesia local se une a esta celebración de toda la Iglesia y se prepara también, con un proyecto concreto, a recibir e inaugurar no solamente un nuevo siglo -acontecimiento ya de suyo bastante significativo-, sino un nuevo milenio, el tercero de la historia cristiana. Nuestra forma de participar habrá de ser, —como ya se indicó—, siguiendo los lineamientos de nuestro II Sínodo Diocesano. En este sentido, no se trata de elaborar nuevos proyectos ni de realizar acciones específicas del Jubileo, sino continuar con fuerza, decisión y una buena organización en los planes y acciones tendientes a lograr la Nueva Evangelización en la Ciudad de México.

 

10. En esta perspectiva, todos debemos preguntarnos con sinceridad: ¿Qué imagen de Iglesia estamos presentando al mundo? ¿Cómo estamos tratando de adecuar nuestros sistemas evangelizadores, nuestras estructuras eclesiales y, sobre todo, nuestra mentalidad cristiana a las nuevas exigencias y retos que nos presenta la Ciudad de México? ¿Estamos dispuestos a superar nuestros esquemas, a veces bastante empobrecidos por la fragilidad humana, para orientarnos verdaderamente a una existencia evangelizadora a través del testimonio de fe y del servicio de la caridad?

 

11. Es este un momento de gracia para abrirnos a la acción del Espíritu, reflexionar, reconocer nuestras fallas, reconciliarnos con nuestros hermanos, alimentar y fortificar nuestra fe y nuestra espiritualidad y lanzarnos a dar un testimonio creíble y motivador, por medio de nuestra fidelidad al Señor, nuestra unidad eclesial y nuestra caridad operosa y servicial, especialmente con los más pobres y necesitados.

 

 

2. Proceso sinodal y programa del jubileo

 

Primer Año 1997: Centrado en la persona de Jesucristo. Formación de agentes evangelizadores. Participación responsable en la vida familiar, comunitaria y cívica.

 

12. Como sabemos, la propuesta del Jubileo integra tres grandes etapas que tienen como objetivo culminar en un auténtico año jubilar, que sea el inicio de un nuevo milenio inspirado en el Evangelio. La primera etapa, referida al año 1997, tiene como propósito evangelizar a todos por medio del anuncio de Jesucristo, suscitando la fe. Corresponderá este objetivo, de acuerdo al proceso evangelizador del Sínodo, dar un impulso más decidido a la formación de los agentes para que profundicen su fe y modelen su vida de acuerdo a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, misionero infatigable de los pobres y de los que se sienten lejos de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

14. De manera semejante, la prioridad de la formación de los agentes nos lleva a dar a la promoción vocacional al sacerdocio y a la vida consagrada una singular relevancia, particularmente en este año en que se cumplen 300 años de la inauguración del Seminario Conciliar de México. En esta perspectiva, la formación permanente de los presbíteros es igualmente Fundamental.

 

15. Los jóvenes podrán encontrar en la figura de San Felipe de Jesús, de quien celebramos este año el cuarto centenario de su glorioso martirio, un modelo a imitar en su proceso de seguimiento e identificación con Jesucristo. La celebración del 'Joven Creyente' ha de celebrarse dentro de este contexto.

 

16. Estos desafíos pastorales -utilizando el lenguaje sinodal- tienen que alimentarse de una exigencia teológica: conocer, vivir, seguir y anunciar a Jesucristo.

 

17. La propuesta del Jubileo invita a que el año 1997 sea un año centrado en Jesucristo, el Señor, quien es el contenido mismo del mensaje. Él es el enviado del Padre, el gran Agente, el que nos inspira, nuestro único modelo.

 

18. Considero que en la Arquidiócesis el año 1997 puede tener como contenido doctrinal fundamental el Seguimiento de Cristo. Esta expresión tantas veces citada en el Nuevo Testamento y en la literatura teológica y espiritual, sintetiza la exigencia del proceso arquidiocesano y la riqueza de los contenidos teológicos y espirituales del Jubileo.

 

19. Asimismo, de acuerdo a un necesario enfoque antropológico, propio de una evangelización de las culturas, en este primer año se tratará de imprimir al contenido teológico un sentido de participación responsable en la vida familiar, comunitaria y cívica, como virtud social para construir la democracia, pero no sólo en el día de las elecciones, sino en una actitud cotidiana de corresponsabilidad. La necesidad de tener nuevos agentes de evangelización y de formarlos en el modelo del seguimiento de Cristo, debe desen-cadenar una renovada conciencia de la necesidad de la participación social.

 

 

La formación de los Agentes

 

20. Intento dar un enfoque particular y más detallado en relación a los agentes de la Nueva Evangelización. Es necesario impulsar de una manera renovada su formación, a fin de que sigan a Jesús, Maestro y Pastor.

 

21. Los medios para lograr este aspecto de la opción sinodal, arriba señalada, pueden ser múltiples. No pretendo coartar su iniciativa en este propósito. Sin embargo, quiero que todos los programas de formación para agentes laicos que se ideen tengan en cuenta los siguientes criterios, ya expuestos en mi Orientación Pastoral sobre este tema. Las directivas y materiales que ofrezca la Vicaría de Pastoral serán determinantes.

 

22. La Formación que se imparta en los Centros debe ser integral, es decir, debe tener en cuenta cuatro fases:

 

  • La fase general, que se refiere a aquellos contenidos doctrinales que todo agente laico de esta Arquidiócesis debe tener.
  • La fase de formación específica o diferenciada, que toma en cuenta las necesidades peculiares de cada decanato o vicaría y, en función de ellas, capacita a los laicos en el servicio específico requerido.
  • La fase espiritual, muy importante, gracias a la cual el laico se pone en camino para seguir a Jesucristo a través de la vida sacramental, la ascética cristiana y la oración.
  • La fase apostólica: todo laico que ingrese a los Centros de Formación debe estar en una acción apostólica o en posibilidad de comprometerse en forma real.

 

23. La formación debe ser gradual. La meta es lograr en 1977 el mínimo de este proceso de formación progresiva: establecer en todos los Centros, por lo menos, el Nivel básico. Por supuesto, nadie esta impedido a acceder a niveles superiores -intermedio y avanzado-.

 

24. Que los agentes sean de su ambiente y para su propio ambiente. Desde el principio debemos desarrollar en el laico, que es o quiere llegar a ser agente, la práctica de un compromiso con su propio ambiente -sea territorial o sectorial-. Que aprenda a dialogar con las personas y generar solidaridad en medio de los problemas de su propia comunidad. Esto le irá capacitando para evangelizar las diversas culturas de su entorno, llevando a su vida de fe los problemas de la comunidad, con miras a lograr una auténtica inculturación del Evangelio.

 

25. Que el espíritu, contenidos centrales y método sean los recomendados por el II Sínodo Diocesano, a saber: espíritu misionero que asume las prioridades sinodales y ser Iglesia, signo e instrumento del Reino de Dios, que usa el método del ver, juzgar, actuar, evaluar, celebrar.

 

26. Todos los niveles de Iglesia —Arzobispo, Vicarías, Decanatos, Parroquias y Movimientos laicales— debemos no sólo continuar haciendo lo que hemos hecho hasta ahora, en lo que respecta a la convocación de nuevos agentes laicos y a la formación de éstos, sino, en un verdadero discernimiento pastoral, mejorar con estos criterios la estructura y los contenidos de formación, de manera que en un proceso de planeación y realización participativa, ayudemos a que se preparen los laicos, a fin de que encaren los re-tos del tercer milenio.

 

27. Para así llegar a la Asamblea Diocesana, a celebrarse en el mes de octubre de este año 1977, con experiencias concretas de formación de agentes laicos para acciones específicas, que nos permitan partir de bases firmes para asumir el siguiente paso del trienio jubilar.

 

Segundo Año 1998: Centrado en la persona del Espíritu Santo. Proceso de Reiniciación Cristiana (Catecumenado). Construcción del "tejido social" a todos los niveles.

 

28. La segunda etapa, referida al año 1998, busca evangelizar a las comunidades por medio de una renovada experiencia de la esperanza cristiana. La esperanza se celebra en la vida sacramental bajo el impulso del Espíritu Santo. El proceso arquidiocesano en este año se centrará en la iniciación cristiana, pastoral de sentido neocatecumenal, como camino de formación de la comunidad cristiana que deben de impulsar los agentes de la pastoral, formados según el modelo de Cristo.

 

29. Desde la celebración del Concilio Vaticano II se renovó la práctica tan antigua del catecumenado, o sea, el camino de la iniciación cristiana que permite que el bautismo -más allá de un hecho cultural transmitido- sea un verdadero sacramento de fe consciente y comprometida. En nuestra realidad pastoral, más que hablar de un catecumenado en sentido estricto, es necesario hablar de una pastoral de sentido catecumenal, -una reiniciación cristiana-, o sea, que tome en cuenta que una gran mayoría de los bautizados necesitan de una reconversión y de un verdadero proceso de crecimiento y maduración cristiana.

 

30. Es importante tomar en cuenta que las expresiones catecumenales, hoy se pueden dar por ejemplo en la catequesis presacramental, en la tan necesaria catequesis de adultos y en la catequesis familiar. Asimismo no habrá que olvidar que las experiencias neocatecumenales pueden tener un gran éxito entre los grupos juveniles.

 

31. El contenido del año es el Espíritu Santo, de acuerdo a la propuesta del Jubileo. El Espíritu de Jesús es el alma de la comunidad cristiana, el que va modelando la personalidad del cristiano y la identidad de la Iglesia. La vida litúrgica, sobre todo en relación a los sacramentos de iniciación cristiana, -y más específicamente la Confirmación-, es la llave de entrada y de referencia fundamental del proceso catecumenal o de re iniciación cristiana.

 

32. El enfoque antropológico en este año nos llevará a resaltar la importancia de la formación del "tejido social", es decir, de la vertebración sociocomunitaria a nivel de calle, de barrio, de asociaciones profesionales, escolares, universitarias, etc. La Octogésima Adveniens de Paulo VI sigue teniendo una gran vigencia en nuestra Ciudad-Arquidiócesis: urge reconstruir el "tejido social" en donde la persona se sienta persona y en donde la sociedad se vaya construyendo con rostro de persona.

 

Tercer Año 1999: Centrado en la persona del Padre. El Amor del Padre y el Proyecto de la Pastoral Caritativa en la Ciudad de México. Vivir el Amor en nuestras comunidades cristianas.
 
 
 

 

 

 

 

 

34. Dios es Padre Nuestro, y la paternidad de Dios se expresa y se experimenta de modo particular en su amor, decimos en su caridad, para con ello connotar que el amor de Dios es un amor de calidad sin límite. El contenido teológico, por lo tanto de este tercer año, es el Padre y su Amor - Caridad. Desde luego, en este año se procurará dar un impulso especial a la pastoral caritativa y a la promoción humana.

 

35. El enfoque antropológico resaltará las prioridades de la pastoral social arquidiocesana: la salud y calidad de vida de las familias, la educación y promoción de los jóvenes, la organización comunitaria e impulso al trabajo creativo y la educación en los derechos humanos. Estas prioridades que ya se están trabajando en la pastoral social de la Arquidiócesis, tomarán en este año un sentido particularmente importante. Podemos decir que este es el año especialmente dedicado a la pastoral social.

 

Año 2000. Año del Jubileo: Centrado en la Vida Trinitaria. La Eucaristía, centro de la Comunidad Cristiana. La Iglesia, servidora del mundo de la Ciudad: Gran Misión de la Ciudad de México.

 

 

 

 

 

En este año se realizará una vez más, pero con un renovado vigor y espíritu, la Gran Misión de la Ciudad de México.

 

 

 

Lo anterior lo expresamos ahora en un cuadro de referencia

 

3.    Marco de referencia del trabajo del plan

 

37.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4. Proceso de planificación

 

38. Cuando se habla de un plan para la Arquidiócesis de México, podemos pensar que se trata de un documento acabado y elaborado por un grupo más o menos capacitado para este efecto. O bien, se piensa, se trata de algo sólo hecho por la autoridad, sin ninguna representación eclesial.

 

39. El propósito en esta ocasión es el de propiciar un proceso de planificación que parta desde las comunidades en donde se trabaja de forma directa con las personas y los grupos e integre, de esta forma, los diversos niveles de la comunidad arquidiocesana en una visión de organicidad pastoral. Dicho de otro modo, los lineamientos anteriores acerca del proceso pastoral arquidiocesano y el Jubileo deberán servir como marco de referencia para que las parroquias, los movimientos, los apóstoles seglares, los decanatos, las Vicarías Episcopales, el Seminario, y los organismos arquidiocesanos en sus di-ferentes campos, hagan sus planes concretos.

 

40. A fin de orientar este proceso, menciono los diferentes niveles de la planificación pastoral, para ubicar el sentido de la participación de cada uno de los involucrados y su necesaria complementariedad.

 

41. Podemos decir que el Nivel 1 de la planificación es el de la activación concreta. En este sentido las parroquias, las comunidades educativas, los movimientos y otros grupos o estructuras de trabajo directo son las responsables de este nivel. Se trata de programar acciones concretas, en tiempos determinados.

 

42. El Nivel 2 es el de la programación, el de la coordinación, el de proponer la combinación de recursos para que el Nivel 1 cuente con el apoyo suficiente. Los decanatos, los grupos naturales de coordinación, sean territoriales o funcionales, tienen a su cargo este nivel. Se trata de buscar la complementariedad de las acciones.

 

43. El Nivel 3 es el de la orientación de conjunto, el de la integración en planes de sentido orgánico de los programas distintos por la naturaleza tan diversificada de la realidad sociocultural de la Arquidiócesis. Son las Vicarías territoriales y los organismos de acción las estructuras propias de trabajo de este nivel. Se trata de definir objetivos, de crear consensos de mentalidad y enfoque sobre las líneas de acción.

 

44. El Nivel 4 es el nivel de la dirección, es decir, el nivel que señala el rumbo de la pastoral de conjunto. Es el nivel propio del Consejo Episcopal, del Arzobispo propiamente y de sus organismos de consultoría.

 

45. Vamos a procurar que la planificación pastoral ponga en marcha estos diversos niveles de acción de manera dinámica, de modo que se propicie más que un plan, una acción planificada a lo largo de los próximos cuatro años de trabajo evangelizador.

 

 

5. A manera de conclusión

 

46. Al invitar a todos, -presbíteros, religiosos y religiosas y laicos- a sumarse a este gran proyecto de la Iglesia en la preparación del acontecimiento Jubilar del año 2000, dentro del caminar de nuestra Iglesia Arquidiocesana, tenemos que tener en cuenta que la tarea es inmensa, porque los retos son muchos y difíciles, pero en todo tenemos que poner nuestra confianza en el Señor Jesucristo que, como Señor de la Historia, está presente en su Iglesia con su fuerza y con su gracia 'ayer, hoy y siempre...'

 

47. Deseo que todos tomemos en serio y con mucho entusiasmo el compromiso evangelizador de estos próximos cuatro años, poniendo todo lo que esté de nuestra parte, con la seguridad de ver, en los albores del nuevo milenio, una Iglesia nueva, renovada según el Espíritu de Dios y preparada mejor para ser un signo eficaz de la acción salvadora de Jesucristo en el mundo.

 

48. La preparación y celebración del gran jubileo del año 2000, nos permite experimentar la comunión con el Papa Juan Pablo II y con toda la Iglesia y sabernos, al mismo tiempo, miembros activos, en estrecha comunión con nuestra Iglesia Arquidiocesana, que 'caminamos juntos' hacia la gran Pascua definitiva, en el Reino del Padre.

 

49. María, modelo de la Iglesia, llena de esperanza y de fe, acompañe nuestro caminar con la confianza y la alegría de saber que estamos haciendo lo que Él nos dice...

 

A los doce días, del mes de enero, del año de mil novecientos noventa y siete

Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo

 

+ NORBERTO RIVERA C.

Arzobispo Primado de México

 

 

4. Evangelizar preferentemente, por medio de una pastoral misionera, es decir de encar-nación, testimonio y diálogo, a las familias y jóvenes de los sectores más pobres y ale-jados del influjo del Evangelio, impulsando de una manera renovada la formación de los agentes de y para los diversos ambientes de la Ciudad, a través de una pastoral de sentido catecumenal -o lo que es lo mismo, de reiniciación cristiana- enfatizándose el medio testimonial de la evangelización. Todo esto a través de una organización pas-toral que fomente la sectorización o inculturación del Evangelio en los ambientes con-cretos de la gran metrópoli.

13. La formación de los agentes en función de ambientes, es una cuestión de singular importancia que hemos venido estudiando y actuando desde la última Asamblea Diocesana. Quiero que continuemos en esta dirección, que se pongan en marcha y consoliden los Centros de Formación para que se haga posible una formación sistemática y fundamental de los agentes laicos y, al mismo tiempo, se concretice su formación para acciones específicas.

33. La tercera etapa, correspondiente al año 1999, tiene un propósito evangelizador: vivir la caridad, la cual, además de ser anunciada, ha de ser verificada en obras. La comunidad cristiana es la gran protagonista de la caridad, ella tiene por vocación ser testigo del amor del Padre. De acuerdo al proceso pastoral del II Sínodo en la Arquidiócesis, el medio privilegiado de la evangelización de las familias, de los jóvenes, de los que están lejos y de los pobres es precisamente el testimonio caritativo, el cual se anuncia sobre todo con los hechos.

36. Por último, el año 2000, tratará de ser año de la plenitud de la vida comunitaria, de la vivencia eucarística, de la experiencia trinitaria. Según el proceso pastoral de la Arquidiócesis, se tratará en este año de impulsar claramente el sentido de la Iglesia como comunidad misionera y de servicio al mundo de la Ciudad.