CARTAS PASTORALES

 

 

 

 

Norberto Cardenal Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México

 

Carta Pastoral

 

"Sobre la Promoción Vocacional Sacerdotal"

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

INTRODUCCIÓN

"LA MIES ES MUCHA Y LOS TRABAJADORES POCOS"

 

I. REALIDAD DE NUESTRA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

 

A) Realidad Sociocultural

B) Realidad Eclesial

C) Proceso en La Formación del Seminario

 

II. LA IMPORTANCIA DE LA VOCACIÓN SACERDOTAL

III. EXPRESIÓN DE UNA FE ADULTA EN LA ARQUIDIOCESIS DE MÉXICO

IV. LLAMADA Y RESPUESTA DESDE LA FE TRINITARIA

 

A) Llamó a los que Él quiso

B) "Muchos son llamados y pocos escogidos"

 

V. FUNDAMENTACIÓN DOCTRINAL

 

A) La Vocación cristiana: llamado de Cristo y encuentro con Él

B) La Vocación Sacerdotal en la Iglesia

C) La Santísima Virgen María y las Vocaciones

 

VI. LINEAS DE ACCION

 

A) Promover una cultura Vocacional en el Presbiterio de la Arquidiócesis de México

B) Prioridad Juvenil Vocacional

 

VII.  CONCLUSIÓN

 

 

 

 

 

LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO NECESITA HOY MÁS SACERDOTES

 

INTRODUCCIÓN

 

 

"LA MIES ES MUCHA Y LOS TRABAJADORES POCOS"

(Mt 9, 37)

 

1. Las Vocaciones sacerdotales son la esperanza de la Iglesia en orden a su consistencia institucional y a su eficacia pastoral y espiritual.

 

2. Ante la necesidad de sacerdotes, surge la urgencia de intensificar la Promoción Vocacional, que dé respuesta a los nuevos desafíos y que favorezca la creación de una cultura vocacional en la ciudad de México.

 

3. El interés que se le debe dar a las vocaciones, emerge del valor excepcional que toda vocación sagrada lleva consigo, proyectado hacia el vasto campo de nuestra Arquidiócesis Primada.

 

4. La llamada vocacional es dirigida a todos, pero especialmente a los jóvenes que viven en nuestra ciudad capital, jóvenes que pertenecen a diferentes grupos juveniles parroquiales, que asisten a Misa, que están en Colegios particulares y en otros ambientes diversos insertados en una cultura religiosa principalmente.

 

5. Todos los ministros consagrados estamos llamados a trabajar en conjunto y hacer caso a lo que el mismo Jesús ordenó."Rogad al Dueño de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mt.9,38), de manera especial en la Arquidiócesis de México.

 

6. Al empezar una nueva aurora en la Iglesia, tenemos que ser conscientes, de la labor importante y necesaria de los fieles laicos en la Promoción Vocacional; por tal motivo, esforcémonos por formar "Grupos parroquiales Serra" para impulsar el trabajo de los laicos en nuestras Parroquias, Decanatos, Vicarías e instancias especializadas en dicho campo. Es por esto que envío esta exhortación.

 

 

 

I. REALIDAD DE NUESTRA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

 

A) REALIDAD SOCIOCULTURAL

 

7. El ambiente sociocultural en la ciudad de México y zona conurbada a la vuelta de treinta años se ha transformado radicalmente.

 

8. El tipo de jóvenes que resultan del estilo familiar actual (aumento de madres solteras, separaciones, divorcios, familia informal, internados, cuasi niños de la calle), del sistema educativo nacional (cambios de reformas educativas por sexenios; de orientación tecnológica, con desaliento a un humanismo) y de una cultura hedonista y superficial, resultado de los "Mass Media", es más vulnerable a los embates sociales, dispersos en las tendencias culturales y frágiles de voluntad ante una opción permanente de vida.

 

B) REALIDAD ECLESIAL

 

9. La proliferación de los movimientos eclesiales que cultivan hoy la vida cristiana del joven tienden a ser extra-parroquiales, en donde se guían por "sacerdotes de movimiento" y no por un pastor parroquial, esto puede provocar un desarraigo de su comunidad y atarse a movimientos y escuelas.

 

10. Entre Presbiterio y Seminario, si bien hay comunicación y presencia, hay estilos heterogéneos en los criterios de formación sacerdotal, creando así una desarticulación de esfuerzos.

 

11. En la ciudad de México con un ambiente urbanizado y materializado no existe una cultura cristiana comprometida y por ende es más difícil el surgimiento de vocaciones sacerdotales.

 

12. El Párroco en general no valora suficientemente la Pastoral juvenil, no hay promoción del joven, por tanto no facilita la Promoción Vocacional.

 

C) PROCESO EN LA FORMACIÓN DEL SEMINARIO

 

13. El Seminario en su Reforma Postconciliar ha pasado de un predominio en la formación humana, académica y espiritual a un enfoque pastoral (60'-70's) que responda a nuevos desafíos: aspectos humanos, espirituales y psicológicos (80'-90's); se ha recurrido a otras dimensiones: familias, Parroquias, calle y mundo cibernético fuera del recinto de internado.

 

14. Por otro lado, le ha interesado más promover la vocación entre los jóvenes de Preparatoria y Universidad que entre de los grados inferiores de nivel secundaria. Ahora son más frecuentes las vocaciones de profesionistas, teniendo como resultado un ambiente plural que alienta una vida cristiana enriquecida en sus principios y en su práctica.

 

 

 

II. LA IMPORTANCIA DE LA VOCACIÓN SACERDOTAL

 

15. La Iglesia desde su nacimiento en Pentecostés se ha reconocido portadora del mensaje de salvación y continuadora de la obra de Jesucristo. En ella se prolonga la Historia de la Salvación desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento.

 

16. La Iglesia es el espacio privilegiado de la salvación de la humanidad, porque experimenta siempre la asistencia del Espíritu Santo, se siente acompañada por el mismo Jesús Resucitado, Pastor Supremo de los fieles, el Buen Pastor (Jn 10, 11). Este pastoreo se realiza a través del ministerio de los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y de los Presbíteros, sus colaboradores.

 

17. Sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, a saber, la obediencia al mandato de Jesús "Id pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt.28,19) y "Haced esto en conmemoración mía" (Lc 22, 18 cfr. I Cor 11,24), es decir, el mandato de anunciar el Evangelio y renovar cada día el Sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada.[1]

 

18. Jesucristo es el Único y Eterno Sacerdote, mediador por excelencia entre Dios y los hombres, cuyo sacerdocio está enraizado en su mismo ser, verdadero Dios (Heb 7, 27). Por tanto, el sacerdocio cristiano, tanto bautismal como ministerial, sólo tiene consistencia en su relación con Cristo.

 

19. El Sacerdote ordenado es, en la Comunidad cristiana y para el mundo, el Sacramento de Cristo Sumo Sacerdote y Buen Pastor.

 

20. El sacerdocio ministerial no es un privilegio ganado, no es un mérito adquirido por cuenta personal, es una llamada, una vocación (vocatio=llamada). Dios elige al que quiere por pura gratuidad.

 

21. Llama algunos individuos para una misión concreta como llamó, en la antigüedad, a Abraham, Moisés y a los Profetas; así Jesús llama a algunos a su seguimiento para identificarse con El de manera particular.

 

22. La vocación en sentido amplio indica la llamada a cada hombre a la salvación por parte de Dios, "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (Tim 2, 4).

 

23. Toda vocación personal tiene cuatro elementos.[2]

 

La Llamada. Es Dios quien tiene la iniciativa y marca la vida del elegido.

La Misión. Es llamado para desempeñar una tarea específica y especial.

La Respuesta. El hombre tiene que responder poco a poco por el don de la gracia.

La Consagración. Es la garantía de que el Señor sostiene al elegido en su misión.

La Revelación de Dios es siempre auto-comunicación que desborda nuestras posibilidades y previsiones.

 

24. Por otro lado, es el amor lo que determina que la fe sea operante y que el conocimiento de la Revelación se traduzca en obras. Es decir, que la respuesta del llamado tendría que estar fundamentada en un amor de donación, es una respuesta de amor generoso.

 

25. El candidato al Sacerdocio debe estar dispuesto para una entrega total y definitiva a Jesucristo y a su servicio para ser su presencia y mediación.

 

26. Toda vocación se concede en la Iglesia y mediante ella, porque fue voluntad de Dios santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino construyendo un Pueblo.[3]

 

27. El modo de la llamada de Dios pasa necesariamente por la vivencia de una comunidad, porque Cristo está presente en ella. Dios llama personalmente a sus elegidos, no para un servicio individual sino comunitario.

 

28. El llamado al ministerio sacerdotal deberá incrementar su sentido de Iglesia, buscará ser disponible a la caridad pastoral y fortalecerá su espíritu de obediencia, virtudes necesarias para el servicio a la Iglesia, abrazando además el celibato por el Reino de los cielos, como un don para vivirse con alegría.

 

29. La elección divina, regularmente, se manifiesta por signos. No es común que Dios revele directamente su voluntad. Los signos se manifiestan en el contexto de una vida espiritual normal de: sacramentalidad, oración, espíritu de servicio, crecimiento en la fe, participación en la vida parroquial y un deseo fuerte de servicio.

 

30. Como conclusión podemos decir que el Sacerdocio ministerial y, concretamente el diocesano, se centra en una profunda espiritualidad de configuración con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Buen Pastor; el cual se vive en íntima relación con el Obispo Diocesano, en fraternidad Presbiteral y ejerciendo la función de Cabeza de la Comunidad cristiana. Todo esto para la santificación del Pueblo de Dios.

 

 

 

III. EXPRESIÓN DE UNA FE ADULTA EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

 

31. Al contemplar la realidad de la Arquidiócesis de México, bien podemos decir que las tres situaciones de la Misión evangelizadora (Misión Ad Gentes, Actividad o atención pastoral de la Iglesia y Nueva Evangelización [Rm 33]), están presentes de una u otra forma, ya que en ella encontramos expresiones de una Iglesia madura y adulta, pero todavía en un proceso de crecimiento en la fe, por lo que se vio la necesidad ya desde hace varios años de una Nueva Evangelización.

 

32. En el Organigrama de la Arquidiócesis de México, aparecen todas las dimensiones pastorales que debemos tener presentes y activas, garantizando de este modo el proceso de crecimiento de la misma.

 

33. Sin el deseo de privilegiar una pastoral sobre otra, es necesario concientizarnos todos en la urgencia de que la Pastoral Vocacional exige ser acogida, sobre todo hoy, con nuevo, vigoroso y más decidido compromiso por parte de todos los miembros de la Iglesia, con la conciencia de que no es un elemento secundario o accesorio, ni un aspecto aislado o sectorial, como si fuera algo parcial, aunque importante, de la Pastoral global de la Iglesia.

 

34. Los padres sinodales dicen que se trata de una actividad íntimamente insertada en la Pastoral general de cada Iglesia particular, de una atención que debe integrarse e identificarse plenamente con la llamada "cura de almas" ordinaria, de una dimensión connatural y esencial de la Pastoral eclesial, o sea, de su vida y de su misión.[4]

 

35. Siguiendo las orientaciones del Papa Juan Pablo II, es necesario que nuestra Iglesia Arquidiocesana, le dé el lugar justo a la Pastoral Vocacional Sacerdotal, ya que la Iglesia desde sus inicios, ha continuado con su Misión de responder a sus diferentes necesidades, particularmente de aquellas que derivan del Sacramento del Orden.

 

 

 

 

IV. LLAMADA Y RESPUESTA DESDE LA FE TRINITARIA

 

 

36. En la salvación Dios se vale de medios. Quiere hacer llegar su llamado a través de diversos canales, que pueden ser personales: los papás, un amigo, un sacerdote; o acontecimientos: una misa, una jornada vocacional, un familiar que fallece, una guerra que estalla, etcétera, o a través de circunstancias: una novia que nunca llegó, una carrera que no satisface, etc.

 

37. La iniciativa siempre es divina; no se trata simplemente de un deseo humano, o de una pura inclinación que hace al joven abrazar este camino. En el origen de toda vocación está Dios, está su llamada.

 

38. La vocación a la vida consagrada entra en el mismo misterio de Dios, en el misterio de lo que Él es, en el misterio de su designio salvífico y al mismo tiempo en el misterio de nuestra libertad.

 

A) Llamó a los que Él quiso

 

39. ¿A quiénes llama Dios? Llama a los que quiere, San Marcos lo dice con toda claridad al hablar de la elección de los doce "subió al monte y llamó a los que él quiso" (Mc 3, 13).

 

40. Los criterios de Dios no son los nuestros. Su llamada no es necesariamente a los más capaces, a los más inteligentes, a los más astutos o a los más fuertes, sino a los que quiere, por puro don gratuito.

 

41. En una vocación consagrada se descubre el Don Divino, a quien llama y a través de él a la humanidad. En esta llamada está en juego un movimiento del amor divino, que elige, sin méritos previos por puro amor. "¿Por qué a mí Señor?" -"Porque te amo".

 

42. Nuestra actitud, ante este Don y Misterio ha de ser de agradecimiento, de humildad y de confianza. No tratemos de entender el misterio, porque los misterios no se entienden, se paladean... en el silencio... en la contemplación...

 

43. Agradecidos por tal predilección nos queda responder a su llamada con lo poco que podamos, en realidad nunca podemos mucho; con nuestras limitaciones, achaques y frustraciones; y también con nuestras capacidades, energías y realizaciones.

 

44. Con la humildad de quien reconoce que en sí mismo no encuentra nada bueno que no haya recibido y con la confianza de quien sabe que todo lo puede en aquel que lo conforta.

 

45. Porque, además, en esta respuesta no está sólo el granito de arena que ponemos nosotros, está ante todo y sobre todo la potencia arrolladora de la gracia, que eleva la naturaleza, cuando ésta se dispone y es capaz de hacer maravillas, porque todo lo puede.

 

46. Así se lleva a cabo el misterioso coloquio entre Dios y el hombre; el maravilloso intercambio en el que el hombre pone su nada y Dios pone su todo, en el que el hombre pone su miseria y Dios su misericordia.

 

47. En la encarnación el Padre ha dado al Hijo una humanidad para que Él pueda tomarla como instrumento de salvación. Dios sigue necesitando prolongar su presencia en la historia, de modo que la humanidad del consagrado siga siendo en el tiempo "Instrumento de Salvación".

 

B) "Muchos son llamados y pocos escogidos" (Mt 22, 14)

 

48. En todas las épocas Dios ha llamado a una consagración al Evangelio, pero siempre han sido pocos los que se han decidido a responder a ella.

 

49. Es obvio que las circunstancias tienen mucho que ver, que en un ambiente religioso se darán más fácilmente las vocaciones consagradas, que en un ambiente irreligioso, materialista, hedonista. Que las plantas crecen donde se siembra la semilla y se abona la tierra.

 

50. Crear las condiciones para que se fomenten las vocaciones, en la casa, en la escuela, en los círculos de amistad, etcétera. Es nuestra tarea vivir con la mayor perfección que podamos las virtudes cristianas que harán el mejor ambiente del que se valdrá el Señor para seguir llamando.

 

 

 

V. FUNDAMENTACIÓN DOCTRINAL

 

A) La Vocación cristiana: llamado de Cristo y encuentro con Él

 

51. Una reflexión sobre la vocación cristiana y la promoción de las vocaciones sacerdotales ha de tomar en cuenta la enseñanza de Juan Pablo II, que nos invita a contemplar en oración el rostro de Cristo antes de cualquier actividad y planeación pastoral[5]; en efecto, la vocación cristiana ha de ser considerada a la luz del proyecto que Dios tiene para el hombre.

 

52. Más allá de las limitaciones propias del ser humano y por encima incluso de su pecado, Dios ha decidido amarlo, es decir, ha establecido una "estrategia" de amor, por medio de la cual quiere convertir a los seres humanos en hijos suyos, ayudándoles con su gracia a vencer el mal y capacitándolos a vivir en comunión. Dios en Cristo sale al encuentro del hombre y lo llama para llevarlo a una realización que sobrepasa cualquier expectativa puramente humana, de modo que pueda vivir en íntima unidad con Él, su Creador y Señor y en verdadera fraternidad con sus hermanos, los hombres. Así, el llamado fundamental que Dios hace a la vida a cada uno de los seres humanos se vuelve en Cristo un llamado a la santidad, una "vocación universal a la santidad".[6]

 

53. En realidad, la vocación constituye la dinámica propia de toda vida cristiana. En ella se reconoce la iniciativa original por parte de Dios, a la vez que implica por parte del hombre su capacidad de respuesta, su libertad.[7]

 

54. Sin olvidar la primacía de la gracia en la vida de la Iglesia[8], hay que tener en cuenta las estructuras humanas que posibilitan la respuesta al llamado divino.

 

55. Toda persona realiza actos verdaderamente humanos cuando involucra su inteligencia y su capacidad de decisión.

 

56. Delante de realidades que reconoce como valiosas, se desencadena un proceso que parte del descubrimiento del valor a la convicción de que vale la pena luchar por él y a las acciones de vida consecuentes que le permitan asimilarlo y asumirlo.

 

57. Sólo el valor que se presenta con carácter de absoluto es capaz de involucrar al hombre de modo definitivo en orden a su realización plena y total; en este contexto se enmarca la repuesta libre y consciente de la persona humana.[9]

 

58. La Antropología Cristiana sabe que el hombre sólo halla lo más valioso de sí mismo cuando el amor le viene al encuentro, y que ese amor es nada menos que Cristo mismo.[10]

 

59. La Iglesia sirve a este único fin: "que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida, con la potencia de verdad acerca del hombre y del mundo contenida en el misterio de la Encarnación y de la Redención y con la potencia de amor que irradia de ella".[11]

 

60. El hombre, que no puede vivir sin amor, necesita que el mismo amor se le revele, lo llame, se encuentre con él, experimentarlo y hacerlo propio, participar en él vivamente.

 

61. La vocación cristiana no es un fenómeno enajenante o despersonalizador; en realidad, el encuentro con Cristo genera un proceso plenamente humanizante.

 

62. El primer encuentro con Él se vuelve el foco detonador de un camino que podemos llamar "conversión permanente". Más allá del enamoramiento del primer encuentro, se reconoce el llamado a un "vivir con Cristo" (Jn 1, 39), a un "establecerse en Cristo" (Jn 15, 5) escuchando sus enseñanzas, recibiendo los efectos benéficos de su fuerza y siguiéndolo fielmente en su camino pascual.

 

63. La convicción de luchar por asimilar el valor personal absoluto que se descubre en el llamado de Cristo, atrae a una constante actitud de nueva búsqueda, donde el corazón no termina de saciarse y el hombre, superando su pecado y su limitación, se acerca más a sí mismo en la medida en que emprende su camino personal hacia Dios.

 

64. Por último, el llamado del amor de Cristo se convierte, necesariamente, en un proceso de anuncio. Quien ha encontrado a Cristo como valor decisivo de su propia existencia, tiende naturalmente a compartir. Dicho compartir adquiere, desde el mismo Cristo, un valor imperativo de misión: quien ha compartido con Jesús su vida, recibe del Señor el encargo de comunicar a los hombres lo que él mismo ha experimentado (Lc 9, 1-2; Mt 28, 19-20).

 

B) La Vocación Sacerdotal en la Iglesia

 

65. El proyecto amoroso de Dios a favor del hombre incluye el misterioso designio de que el hombre mismo colabore como signo e instrumento del amor divino, para conducir a todos a la plenitud de su condición humana y, más allá, a la condición de hijos suyos.

 

66. En este sentido, cada cristiano está llamado a ser testigo desde su propia existencia del amor salvífico de Dios. El proceso que hemos descrito, común a todo cristiano maduro, se especifica en modos de respuesta; es lo que llamamos vocación específica, por ejemplo la vocación a la Vida Religiosa, Misionera o Laical.

 

67. Todos, desde su propio lugar, están llamados a la santidad y se hacen corresponsables de la santidad de sus hermanos.

 

68. De un modo particular hemos de considerar aquí la vocación del ministro ordenado, en especial del Presbítero.

 

69. También el Presbítero toma su identidad de un Sacramento, del Orden, vinculado estrechamente desde su institución con el de la Eucaristía. Tomado de entre los hombres como un miembro más del pueblo de Dios, el sacerdote queda establecido a la vez como servidor de la comunidad.

 

70. Se trata de la identidad del pastor felizmente descrita por San Agustín: "Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano".[12]

 

71. Esta identidad implica una dinámica propia, retomada magistralmente por Pastores Dabo Vobis: el Sacerdote se ubica, por una parte, en la Iglesia y, a la vez, al frente de la Iglesia, como su servidor.[13]

 

72. Esto se expresa de modo claro en la Celebración Eucarística, pues en ella se percibe la acción del ministro como miembro de la Asamblea, a la vez que representa para ella a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo.

 

73. Con amor de esposo, con solicitud de pastor, pero también haciendo las veces de Cristo cabeza, el ministerio sacerdotal se pone al servicio de todo otro ministerio dentro de la Iglesia, a fin de que todos y cada uno puedan ejercitar su propia función en el cuerpo místico de Cristo. En este sentido, el sacerdocio ministerial es el promotor del sacerdocio común.[14]

 

C) La Santísima Virgen María y las Vocaciones

 

74. La Santísima Virgen María, siempre ha estado presente en la vida de la Iglesia, desde su nacimiento en Pentecostés (Cfr. Hech.1, 14) hasta nuestros días, cuidándola, alentándola e intercediendo por ella. La Inmaculada Virgen María es la Patrona de nuestro Seminario y será siempre su protectora.

 

75. La Virgen María es a la vez modelo e inspiradora de la formación de los futuros sacerdotes. María, Madre del Redentor, introduce en la comprensión de fe del misterio de Cristo y en la comunión con su ofrenda Pascual.[15]

 

76. María es madre de los Apóstoles animados por el Espíritu de la Misión, por tanto, María es madre de los sacerdotes, animados por el Espíritu de su ministerio.

 

77. A ella se le puede confiar filialmente el ministerio de Pentecostés, que es el de la Iglesia naciente, de nuestra Iglesia hoy y dirigida hacia el futuro, el trabajo de la formación de los Sacerdotes.[16]

 

 

 

 

VI. LÍNEAS DE ACCIÓN

 

A) Promover una Cultura Vocacional en el Presbiterio de la Arquidiócesis de México

 

78. La Promoción y la Cultura Vocacional tocan a todos, de una manera muy directa a la Comisión de Promoción Vocacional Sacerdotal Arquidiocesana y a los Promotores de Vicaría, a éstos les corresponde de manera concreta:

 

79. Fomentar las vocaciones sacerdotales en la Arquidiócesis de México, mediante el fortalecimiento de una cultura Vocacional y el acompañamiento cercano a los jóvenes candidatos o aspirantes, para que vivan su proceso de discernimiento Vocacional y acepten su vocación cristiana y específica dentro de la Iglesia.

 

80. Organizar jornadas de trabajo dirigidas y propuestas por los Señores Obispos, Vicarios Episcopales, para hacer conciencia en el Presbiterio de la urgente necesidad de promover las vocaciones sacerdotales y religiosas. Los Obispos y Vicarios Episcopales exhorten en sus respectivas Vicarías, a todos sus Sacerdotes a participar en diferentes actos (Semanas, Misas, Horas Santas y retiros vocacionales), para que resalte la importancia de las vocaciones sacerdotales.

 

81. Incluir en las publicaciones oficiales de la Arquidiócesis artículos o mensajes vocacionales (ensayos, spots, información estadística, etc.) que motiven su promoción.

 

82. Suscitar una conciencia de que el "testimonio de vida presbiteral" es el elemento más importante para ser efectivos en la Promoción Vocacional.[17]

 

83. Escribir testimonios de vida que ayuden a descubrir como hombres de vida ejemplar han sido pilares en la Iglesia.

 

84. Lograr una mayor difusión de la Promoción Vocacional Sacerdotal a través de diferentes acciones: Material promocional (carteles, trípticos, calendarios, fichas, etc.), o eventos masivos (retiros, exposiciones, charlas, encuentros, etc.)

 

85. Incursionar en algunos medios masivos de comunicación (radio, televisión y prensa escrita) así como utilizar el sistema "Internet".

 

86. Armar muestrario de material Vocacional y presentarlo en las diferentes Parroquias de la Arquidiócesis, así como fomentar en los diferentes grupos de monaguillos, adolescentes y jóvenes una visita guiada al Seminario Conciliar de México.

 

87. Crear y fomentar en todas las Parroquias, Decanatos y Vicarías los Equipos Parroquiales Serra en la Promoción Vocacional, ya que estas personas comprometidas ayudarán a cada Sacerdote en ésta importantísima labor pastoral, que es la Promoción Vocacional Sacerdotal.

 

B) Prioridad Juvenil Vocacional

 

88. Cabe destacar que una auténtica Pastoral Vocacional parte necesariamente de una Pastoral Juvenil; por eso, cualquier proyecto o actividad Vocacional tendrá que tener en cuenta la actividad juvenil. Para esto es necesario:

 

89. Asignar la realización de páginas vocacionales a cada una de las Vicarías para su publicación en los Medios de la Arquidiócesis.

 

90. Fomentar la realización de semanas vocacionales por Decanatos con un enfoque de vida sacerdotal. Contar con material promocional para las Parroquias.

 

91. Elaborar materiales didácticos (fichas, catecismos) vocacionales y difundirlos entre los colegios y centros educativos juveniles.

 

92. Participar en los Programas de Orientación Vocacional Preuniversitarios para que los estudiantes de tercero de Preparatoria tengan un conocimiento de la opción por la vida consagrada. Contactar con las escuelas Preparatorias (particulares) para lograr dicho objetivo.

 

93. Platicar con los Directores de las Preparatorias para coordinar una charla vocacional en los procesos de orientación Vocacional y preparar pláticas para los jóvenes, con temas bien definidos y material de apoyo que tenga impacto.

 

94. Promover la Oración como medio eficaz para fomentar las vocaciones sacerdotales (Veladas, semanas, Horas Santas, distribuir oraciones, rezar la oración vocacional después de las misas [Mt 9, 38]).

 

95. Incluir en la Catequesis y en el trabajo con grupos juveniles y con adolescentes una formación permanente para fomentar las vocaciones sacerdotales.

 

96. Fomentar y atender de manera especial a los grupos de monaguillos de las Parroquias.

 

97. Darle importancia al trato y formación de los jóvenes y adolescentes, ya que son los posibles candidatos a ingresar al Seminario, en especial cuando tienen cercanía con los Sacerdotes.

 

98. Animar a los Párrocos a que cultiven las Vocaciones Sacerdotales en sus Parroquias.

 

 

 

VII. CONCLUSIÓN

 

99. Podemos concluir esta reflexión señalando que el Señor Dios sigue llamando a muchos hombres de distinta condición y edad al servicio sacerdotal.

 

100. El entorno cultural no favorece hoy en especial una respuesta positiva a este llamado, debido tanto al secularismo, a la realidad social, como la dificultad psicológica de asumir compromisos.

 

101. Pero como la Vocación es un "Misterio de Amor", el Señor sigue llamando y seguirá habiendo respuestas. A nosotros nos toca descubrirlas y fomentarlas.

 

102. Por tanto, una adecuada Promoción Vocacional debe favorecer ambientes que propicien una respuesta positiva de quienes son llamados por el Señor.

 

103. La Primera y más urgente Promoción debe venir desde las familias cristianas, que educan y responsabilizan cristianamente a sus miembros.

 

104. La vocación es un Don de Dios que hay que pedir, por eso es insustituible la Oración de toda la Comunidad y en esto hay que reconocer en especial la que realizan religiosas contemplativas consagradas a pedir por los Sacerdotes y los candidatos al sacerdocio; y la oración de la Asamblea al final de la Celebración Eucarística.

 

105. El testimonio sacerdotal es primordial. Los Sacerdotes deben ser los primeros que lancen una invitación franca a los jóvenes y adolescentes, acompañando a la vez su respuesta con una oportuna dirección espiritual y humana.

 

106. La urgencia eclesial de pastores idóneos, santos y sabios, nos apremia. En buena medida, de ellos depende que cada uno de los cristianos asuma y viva su propio proceso de santificación y comparta en la comunidad sus dones.

 

107. Esta labor Pastoral es, en realidad, un ulterior acto de fe, la fe operativa en el Dios que quiere que todos los hombres se salven y que lleva adelante su proyecto con la colaboración de sus hijos.

 

108. Que la Inmaculada Virgen María de Guadalupe interceda ante su Hijo, para que haya más y mejores Vocaciones y Sacerdotes santos.

 

+ Norberto Card. Rivera Carrera

Arzobispo Primado de México

 

Fiesta Litúrgica de la Epifanía del Señor,

México-Tenochtitlán a 4 de Enero de 2004.